Enrique Klein (Colonia, Alemania, 9 de agosto de 1889 - Plá, Argentina, 10 de agosto de 1970) fue un Ingeniero Agrónomo alemán que se dedicó principalmente a la investigación y al mejoramiento genético del trigo (fitogenética), primero en Uruguay y luego en Argentina.

El 1° de mayo de 1919, fundó el primer Criadero Argentino de Plantas Agrícolas (CAPA) -en una superficie arrendada de 100 hectáreas- en Alfonso, Partido de Pergamino. En 1921 trasladó su criadero de 205 hectáreas a Plá, Partido de Alberti, ya que contaba con obtener mejores condiciones ecológicas favorables para el cultivo de trigo.

El Ing. Klein perteneció a una generación de inmigrantes pioneros en la Argentina -entre los cuales se destacaron también el inglés Guillermo Backhouse y el alemán José Buck- que lograron obtener variedades de trigo más rendidoras, sanas y de mayor calidad y duplicar así el rendimiento unitario del cultivo en tan solo cuatro décadas.

Los trabajos y aportes de Klein a la fitogenética han sido distinguidos en numerosas ocasiones tanto en su país de origen como en la región latinoamericana y el mundo. Actualmente, su legado continúa en la empresa familiar argentina Criadero Klein, dedicada a la producción agrícola ganadera y el mejoramiento genético del trigo, gestionada en su totalidad por descendientes de Klein y miembros de la segunda, tercera y cuarta generación.

Orígenes Enrique Klein nació el 9 de agosto de 1889 en la ciudad de Colonia, Alemania. Hijo de Friederich Klein (1856-1908) y Elisabeth Bauschen Bernardy (1854-1944), quienes se casaron el 26 de septiembre de 1883 y tuvieron seis hijos: Elisabeth, Federico, Karl, Enrique, María y Regina. Si bien su núcleo familiar no tenía relación directa con el campo (su padre era comerciante mayorista de café, uno de sus hermanos era contador y otro ingeniero), de chico solía pasar los veranos en el campo de un tío, ubicado a 50 km de Colonia. Allí tuvo la oportunidad de estar en contacto y ayudar en las tareas rurales, donde ya utilizaban abonos y técnicas modernas para aprovechar las tierras con distintos tipos de cultivos. Por estos años comenzó a despertar su interés por la agricultura y al finalizar sus estudios secundarios decidió estudiar la carrera de Ingeniería Agrónoma.

En 1911, participó del primer curso de Fitotecnia en el Instituto de Agricultura de la Universidad de Bonn, dictado por el Prof. Theodor Remy, un destacado genetista de la época que redescubrió las Leyes de Mendel -olvidadas hasta 1900- y su ayudante, el Dr. Alberto Boerger, un joven investigador que se dedicaba a los estudios fitotécnicos del trigo. Solo fueron admitidos cinco alumnos, entre los cuales se destacó Klein.

En los estudios universitarios de ciencias rurales, era indispensable el conocimiento de la economía política, en sus clases, el Dr. Wygodzinski hablaba de la Argentina como un “país con magníficas oportunidades trigueras”. Mientras se celebraba el centenario argentino, en países como Alemania, en las universidades, se preocupaban por los países de producción de materia prima y en las posibilidades de aumentarla y mejorarla. Estas ideas quedaron grabadas en la cabeza de Klein, quien al enterarse de que el Dr. Boerger viajaría a Uruguay no dudó en postularse como ayudante y fue aceptado.

En 1912, se graduó de Ingeniero Agrónomo en la Academia Real Prusiana de Agricultura de la Universidad de Bonn, Alemania.

Sus inicios en Uruguay El 5 de marzo de 1912, Klein llegó a Uruguay para desempeñarse como ayudante técnico y colaborador del Dr. Boerger en los trabajos de fitotecnia contratados por el gobierno de Uruguay. Primero, trabajaron en el Vivero Nacional de Toledo, hoy conocido como Vivero Nacional “Dr. Alejandro Gallinal” (Departamento de Canelones, Uruguay).

En 1913, este trabajo se trasladó a la Estación Agronómica de Bañados de Medina, hoy conocida como Estación Experimental “Prof. Bernardo Rosengurtt” (Cerro Largo). En este primer período, las investigaciones se vincularon con la selección de trigos, por problemas de adaptación de los trigos extranjeros que ellos habían traído a las condiciones de Uruguay. Llegada a La Estanzuela El 5 de marzo de 1914, el Dr. Boerger fue designado Director y el Ing. Klein fue nombrado Jefe de la Repartición Fitotécnica del Instituto Fitotécnico y Semillero Nacional “La Estanzuela”, actualmente conocida como Estación Experimental Alberto Boerger INIA La Estanzuela (Colonia del Sacramento, Uruguay).

Durante estos años, realizaron los primeros cinco cruzamientos artificiales de combinación consciente entre las mejores selecciones individuales de trigo. El acervo genético de dichos cruzamientos se encuentra presente en las múltiples variedades de trigo Klein producidas hasta hoy.

En 1918, luego de seis años de esfuerzos y trabajo, el equipo de investigación del Dr. Boerger liberó las primeras variedades uruguayas de trigo.

thumb|Enrique Klein junto al Dr. Alberto Boerger analizando variedades de trigo en 1950.

Consultoría en Cervecería Argentina Quilmes Con la autorización del gobierno uruguayo, en 1917 Klein fue contratado por Cervecería Argentina Quilmes como consultor técnico y criador para el mejoramiento del cultivo de su cebada cervecera. Con cebadas importadas de Chile, obtuvo en Argentina un rotundo éxito. Dado a estos trabajos, tuvo la oportunidad de recorrer el país y constatar la existencia de tierras favorables para sus cultivos.

Llegada a la Argentina Tras la experiencia acumulada en las estaciones experimentales de Uruguay, una vez finalizado su contrato con el gobierno de ese país, Klein se radicó en Argentina en 1919.

De personalidad inquieta y gran iniciativa, Klein tenía posición tomada en las doctrinas del famoso genetista sueco Nilsson Ehle, quien había demostrado que con cruzamientos y combinaciones planeadas con elementos probados se obtenían resultados que no se tenían actuando con los factores de origen desconocido. Bajo estos principios, el 1° de mayo de 1919 fundó el primer Criadero de Plantas Agrícolas (CAPA) en Alfonso, Partido de Pergamino y, luego de haber ensayado en otras localidades de la zona triguera de la Provincia de Buenos Aires, trasladó su criadero a Plá, Partido de Alberti, en 1921. En el viaje en barco de Europa a Sudamérica, había conocido a un alemán, Otto Wulff, gracias a un préstamo que éste le hizo pudo comprar en un remate judicial un campo allí con una superficie original de 205 hectáreas.

Según Klein, en Alfonso había exceso de fertilidad para el desarrollo del cultivo de trigo y Alberti reunía mejores condiciones agroecológicas para el funcionamiento del criadero. Su visión sería confirmada años más tarde por el Dr. Juan Papadaskis.

Los primeros años no fueron fáciles. Klein se instaló junto a su mujer Amalia María Reisch Schölderle en un rancho precario con piso de barro, detrás construyó un pequeño galpón de chapa y realizaba experimentos en el campo experimental en búsqueda de nuevas variedades de trigo, girasol, maíz, lino, sorgo y hasta avena, pero los ensayos eran muy costosos y tener resultados inmediatos hacían difícil el progreso de su emprendimiento.

Perfil emprendedor e innovador Enrique Klein se caracterizó por su gran pasión y convicción -tanto sobre sus conocimientos como de lo que estaba haciendo-, y se arriesgó por algo que muchos científicos del momento conocían, pero que no llevaron a cabo en un emprendimiento en concreto.

Además de adherir a las ideas de fitomejoramiento, Klein fue también un firme convencido de que la Argentina tenía un potencial enorme y condiciones muy buenas para la producción agrícola, lo cual quedó confirmado cuando el país se convirtió en “el granero del mundo”. Sus aportes a la mejora de la competitividad del trigo nacional sin duda son parte de la explicación de este gran hito en la historia de la Argentina.

Klein también fue un importante innovador de la época. Mientras que la preocupación de los fitomejoradores de entonces era obtener mayor rendimiento y resistencia a las enfermedades, él instaló en 1930 su propio laboratorio para estudiar la calidad industrial de sus hibridaciones, incorporando nuevos métodos de análisis a medida que se desarrollaban en Europa. Klein era un investigador “de alma”, pasaba la mayor parte de las horas de sus días trabajando en su laboratorio, rodeado de innumerables aparatos que marcaron la larga historia de la investigación en trigos. Klein decía con picardía: "Cuando me entero de que la Junta (Nacional de Granos) va a comprar un aparato, lo compro primero yo".

Klein planteó un gran cambio en la modalidad de producción: mientras la mayoría de los productores vendían el mejor trigo y guardaban el peor para resembrar, su modelo proponía exactamente contrario, es decir, analizar rigurosamente las mejores semillas para estudiar sus características, plantear los cruzamientos y así dar vida a nuevas variedades (Nota: Esto mezcla la producción con la genética: a nivel productivo Enrique hacía énfasis en guardar buena semilla para la implantación, pero sin meterse en la genética; era más bien un ejemplo para demostrar la poca importancia que el productor le daba a la semilla, ya que no le daba importancia ni a su calidad física/exterior; y menos a la genética).

Su apuesta a invertir en maquinaria e investigación para trabajar en la calidad del trigo (en lugar de focalizarse solamente en rendimiento y resistencia a enfermedades) también demostró ser la correcta cuando, en 1935, el gobierno argentino dictó la Ley de Granos (Ley 12.253), estableciendo que el mejoramiento debía darse en este orden de prioridades: calidad, resistencia a enfermedades y rendimiento.

Criadero Klein bajo su liderazgo Durante los primeros años de la empresa, Enrique Klein se concentró en los experimentos con semillas de origen rioplatense que había seleccionado previamente en Uruguay. En esta etapa el criadero lanzó 17 variedades que se adaptaban fácilmente a las condiciones del suelo y que daban rendimientos muy superiores a los trigos comunes (40% al 50%).

La primera variedad exitosa fue Klein Favorito en 1921, que rápidamente alcanzó una gran difusión y llegó a ocupar 1,5 millones de hectáreas sembradas en el país. Pero los problemas no tardaron en llegar. Los molineros, encantados con el aspecto de la harina que se obtenía, usaron las semillas en porcentajes demasiado altos en sus mezclas de molienda, y eso llevó a que más tarde los panaderos se quejaran de su baja tolerancia a la fermentación. Esto generó una campaña masiva en contra del Favorito y el concepto de “trigos de pedigree” o “mejorados” en general. Enrique llegó a estar tan preocupado que hasta ofreció vender su establecimiento al Ministerio de Agricultura para que sus avances pudieran salvarse, pero su pedido fue rechazado.

Su revancha no tardó en llegar. En 1924, durante la Exposición Feria de Semillas Seleccionadas de la Sociedad Rural Argentina, presentó las variedades Récord, Sin Rival y Vencedor, por las que el ministro de Agricultura, el Dr. Tomás Le Bretón, le otorgó una medalla de oro reconociendo el éxito de sus ensayos, lo que también se tradujo a precios de venta de gran magnitud en el remate de la exposición. Todo esto condujo a que los productores argentinos reconocieran finalmente la importancia de los nuevos trigos de pedigree y, en la campaña 1928/29, se sembraron más de 9 millones de hectáreas de estas variedades en el país -de las cuales un porcentaje eran variedades Klein-, una superficie récord.