Época georgiana
La segunda y más notable novela de Jane Porter (1776-1850), The Scottish Chiefs, fue escrita en el transcurso de un año y publicada en cinco volúmenes en 1810. Su tema lo constituyen las andanzas de William Wallace, el patriota escocés, de quien había escuchado historias en su infancia. Para preparar la novela buscó información por todas partes. Sin duda conocía el viejo poema sobre el tema, de Henry the Minstrel (Harry el ciego). The Scottish Chiefs tuvo un éxito inmenso en Escocia. Traducida al alemán y al ruso, alcanzó fama en toda Europa, fue proscrita por Napoleón y llegó a la India. La tradición según la cual Scott reconoció en una conversación con Jorge IV que este libro fue el germen de las novelas de Waverley debe considerarse apócrifa. El libro ha conservado su popularidad (fue reeditado en nueve ocasiones entre 1816 y 1882) y es una de las pocas novelas históricas anteriores a Waverley que han pervivido.
Si bien Walter Scott (1771-1832) fue también un destacado poeta, su mayor gloria reside, desde luego, en sus novelas.Cousin (1910), p. 331. Scott fue el novelista más famoso de su tiempo, tanto en Gran Bretaña como en Europa, y poderosa fuente de influencia literaria, para bien o para mal, del .Barnard (2002), p. 164. Por la variedad, la verosimilitud y la vitalidad de sus personajes, probablemente no tenga parangón desde Shakespeare.
Bajo la pluma de Scott, Escocia se convirtió en el país romántico por excelencia para toda Europa: la agreste grandiosidad de sus paisajes, la fortaleza e independencia de sus campesinos, el carácter violento y al tiempo conmovedor de gran parte de su historia contribuyeron a aumentar el atractivo de estas tierras. Scott instituyó la novela histórica como forma de ficción honrosa y viable, contextualizando históricamente los dilemas personales de sus personajes y apuntalando todo en el denso transcurrir de la vida de la comunidad. Por eso, cuando mejor está es cuando trata hechos que suceden en su propio país siglo y medio antes del momento en que Scott coge la pluma. Scott se mueve con facilidad en los años finales del y en el ; se encuentra vinculado a la vida de aquella época a través de sus antepasados, de historias que se han ido contando en su familia de generación en generación. Y aunque era conservador de carácter y simpatizaba con el partido tory, tenía la capacidad instintiva de comprender todos los puntos de vista políticos y religiosos de la compleja y alterada historia escocesa.Barnard (2002), pp. 164-165.
Toda Europa le amaba por las románticas historias de tono desenfadado que escribía, pero puede que los lectores también estuvieran respondiendo a la dignidad que Scott confería con su prosa a su propio país y a sus gentes. En un periodo nacionalista esto era algo que les calaba hasta los huesos, sobre todo a pueblos pequeños y oprimidos.Barnard (2002), p. 166.
Puede muy bien decirse que, aunque Scott tuvo algunos antecedentes, entre los que se incluye la descripción que de la vida irlandesa hace Maria Edgeworth en Castle Rackrent (1800), fue el creador de la novela histórica. En lugar del ambiente de la época y el estudio detallado de la vida de las clases medias, se vuelve hacia el pasado, utilizando con frecuencia personajes bien conocidos, y construye una narración que es a un tiempo aventura y descripción de un mundo anterior. Allí donde Fielding y Jane Austen quedaban satisfechos con la descripción de personajes y de lo que rodeaba a éstos, Scott creó toda una ambientación para sus escenas, en las que aparecen descripciones paisajísticas y de la naturaleza, así como todos los detalles pintorescos de tiempos pasados.Evans (1985), p. 223.
Scott iguala a Shakespeare por la variedad de las escenas y la riqueza de personajes, pero al comparar sus artes respectivos, hay muchos elementos de los que Scott adolece. Tampoco llegó a penetrar como Shakespeare en los lugares más recónditos de la mente de sus personajes. La conducta y las emociones de éstos están gobernadas por motivos sencillos. Sus relatos están llenos también de boato, sin comprender en profundidad aquellas instituciones que han ido afectando a las vidas de los hombres; es muy significativo que, en el tratamiento que hace de la Edad Media, sea precisamente la Iglesia ―la institución dominante― aquella que escapa a su consideración.Evans (1985), p. 224.
Aunque es conveniente utilizar con Scott la etiqueta de «novelista histórico», este concepto es equívoco si se deja sin analizar. Su primera novela, Waverley (1814), trata del levantamiento jacobita de 1745 y, aunque de alguna manera es histórica, fue capaz de construir el escenario de la acción a partir del recuerdo de personas aún vivas con las que se había encontrado en las Highlands. Este elemento escocés, unido al jacobitismo (el último movimiento medieval de Europa) como tema principal, es la más importante característica de toda su obra y a la que recurre con frecuencia, por ejemplo en Guy Mannering (1815), The Antiquary (1816), Old Mortality (1816), The Heart of Midlothian (1818) y Rob Roy (1818).
Su segunda novela, Guy Mannering, fue escrita en seis semanas, hacia la Navidad de 1814. Cuando Scott abandonó la Escocia que tan bien conocía para trasladarse a la Edad Media, en el traslado perdería una buena parte de su ciencia. Ivanhoe (1819) y The Talisman (El talismán), 1825), una historia de las cruzadas, se cuentan entre sus novelas más populares, pero son superficiales y muy teatrales si se las compara con la seguridad y profundidad de las novelas escocesas. Aunque sea menos obvio, sucede lo mismo cuando cruza la frontera para narrar la suerte de Isabel y de Jacobo I en Kenilworth (1821) y en The Fortunes of Nigel (1822).
Cuando agotaba el atractivo que para la gente tenía una época, se daba prisa en buscar otra. Entre estas novedades se le debe conceder un digno lugar en Quentin Durward (1823), localizada en la Francia de Luis XI, pues con esa novela conseguiría llamar la atención de Europa. Su narración nunca fue tan viva, y en la figura de Luis nos presenta un personaje mucho más ingenioso de lo que en él era normal.
Redgauntlet (1824), en la que se despide del tema jacobita, nos muestra hasta qué punto era Escocia su motivo principal.Evans (1985), p. 225. El conocimiento del pasado ha ido aumentando desde su época, pero las inexactitudes de los personajes que retrata es imposible que molesten a nadie que no sea un especialista. En el la novela desarrollaría en profundidad su forma y su estructura y, como consecuencia de ello, la reputación de Scott se resentiría. Son innumerables los seguidores que tuvo por la novela histórica, y entre ellos se incluyen Bulwer-Lytton, Dickens, Thackeray, Reade y George Eliot; y su influencia no se vería confinada solamente a las fronteras de Inglaterra, pues sería admirado desde Francia y Rusia hasta América, cruzando el Atlántico.
Época de Guillermo IV y época victoriana
George Payne Rainsford James (1801-1860), novelista y escritor histórico,Cousin (1910), p. 209. publicó alrededor de un centenar de volúmenes que gozaron de una considerable e inmediata popularidad.Cousin (1910), p. 210. Influenciado por el estilo de Sir Walter Scott, pronto comenzaría a escribir novelas, que tuvieron cierto éxito en las revistas. James emprendió la escritura de novelas históricas en un momento afortunado. Scott había establecido firmemente la popularidad del género, y James en Inglaterra, como Dumas en Francia, cosechó la recompensa del trabajo de su maestro, así como del suyo propio. Entre sus títulos se cuentan Richelieu (1829), Felipe Augusto (1831), El hugonote (1838), El salteador (1838), Enrique de Guisa (1839), etc. Otras de sus obras más conocidas son: Henry Masterton (1832); The Gypsy (1835); Atila (1837); El hombre armado y The King's Highway (ambas de 1840); Agincourt y Arabella Stuart (ambas de 1844); El contrabandista (1845); Henry Smeaton (1851), y Ticonderoga (1854).
Endebles y melodramáticas como resultan ser las novelas de James, fueron éstas muy populares. El marco histórico resulta en la mayoría de los casos laboriosamente preciso, y aunque los personajes no tienen vida, el tono moral es irreprochable; en las tramas hay un agradable sabor aventurero, y el estilo es claro y correcto.
James ha sido comparado con Dumas, y la comparación se sostiene bien con respecto al género, aunque de ninguna manera con respecto al mérito. Ambos poseían cierto don para separar de las partes pintorescas de la historia aquello que pudiera sin gran dificultad ser convertido en ficción pintoresca. Sin embargo, ahí acaban las semejanzas. James tenía escaso talento puramente literario. Sus tramas resultan mediocres, sus descripciones débiles, sus diálogos a menudo por debajo incluso de una media razonable, y era deplorablemente propenso a repetirse. No obstante, aunque no se le puede conceder a James un rango muy alto entre los novelistas, poseía un genuino talento narrativo, y, si bien sus mejores libros están muy por debajo de Los tres mosqueteros y La reina Margot, existe cierto nivel de interés que se encuentra en todos ellos.
William Harrison Ainsworth (1805-1882), un prolífico escritor tan oscuro en la actualidad como famoso llegó a ser en su tiempo, reinventó la novela de ambiente gótico en un entorno inglés, una revisión radical del modelo scottiano de novela histórica y un antecedente del gótico urbano contemporáneo de Dickens y Reynolds. La zona residencial de Mánchester en la que creció ―en un ambiente histórico y romántico de estilo georgiano― y sus lecturas de infancia (obras románticas repletas de aventuras o temas sobrenaturales) influyeron notablemente en su ingente obra posterior. Desde mediada la década de 1830 continuó produciendo hasta el año 1881 un torrente de novelas, hasta llegar a 39,Cousin (1910), p. 6. de las cuales cabe destacar La Torre de Londres (1840); Old St. Paul's: A Tale of the Plague and the Fire (1841) y El alguacil de la torre (1861). Sus novelas del ciclo de Lancashire abarcan por completo un período de cuatro siglos de historia de Inglaterra e incluyen los siguientes títulos: Las brujas de Lancashire (1847), su mejor obra y la última de sus novelas góticas "originales"; Vida y aventuras de Mervyn Clitheroe (1857-58) y The Leaguer of Lathom (1876). Otras novelas suyas, ambientadas en diferentes épocas de la historia de Gran Bretaña, son: Crichton (1837), que es un buen ejemplo de novela histórica; Guy Fawkes o la traición de la pólvora (1840); La hija del avaro (1842); El castillo de Windsor (1843) y Saint James's o la corte de la reina Ana: un romance histórico (1844). La inconclusa Auriol o el elixir de la vida, una de sus mejores novelas, fue parcialmente publicada por entregas entre 1844 y 1845.