El Imperio del Brasil ( ) fue un Estado existente entre 1822 y 1889 que precedió a la República de los Estados Unidos del Brasil. Correspondía en su casi totalidad al actual territorio de Brasil (con la mayor salvedad, la ausencia del estado de Acre), sumado entre 1822 a 1825 el de Uruguay, en ese entonces bajo la denominación de Provincia Cisplatina.
El Imperio del Brasil fue instaurado al final de la Guerra de la Independencia, que separó al Reino de Brasil del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, y perduró hasta la Proclamación de la República, golpe militar tras el cual fue disuelto en 1889. Se divide a su vez en los períodos Primer Imperio, Período Regente y Segundo Imperio. Con la llegada de este periodo, ya no se usa el título de rey de Brasil pasando a tomar su monarca el título de emperador de Brasil.
Historia
Elevación a imperio miniaturadeimagen|276px|Pintura denominada "Independência ou Morte" mostrando a Don Pedro proclamando la independencia del Brasil en las márgenes del Ipiranga, por Pedro Américo. Tras la disolución del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve en 1825, el título de príncipe de Brasil fue desvinculado de los príncipes aspirantes al trono portugués, pasando estos a usar únicamente el título de duque de Braganza. Nominalmente, Pedro I de Brasil fue el último en tener ambos títulos, habiendo sido príncipe regente de Brasil por un corto período poco antes de la Independencia. Pedro I, a su vez, inicia el linaje de emperadores de Brasil a partir de su coronación como emperador de Brasil en la Capilla Imperial (Río de Janeiro) el 12 de octubre de 1822. Sin embargo, aún con el título de príncipe imperial de Brasil, apenas Pedro de Braganza y su hijo estuvieron en el trono imperial.
Tras la renuncia de Pedro I al trono, se inicia el Periodo Regente, que estuvo en vigor hasta que Pedro II alcanzó su mayoría de edad y fue apto para ejercer el derecho nato de ascensión al trono.
Emperador titular de Brasil — Dinastía de Braganza thumb|276px|Palacio Imperial de la Casa de Braganza en Río de Janeiro, hoy convertido en museo. Al concluir la Guerra de Independencia de Brasil, el 29 de agosto de 1825 Portugal y Brasil establecieron el Tratado de Río de Janeiro. Según este tratado, la Corona portuguesa reconocía la independencia del antiguo reino del Brasil, pero reservaba a Juan VI de Portugal, padre de Pedro I, el título de emperador del Brasil. Dicho tratado, en principio, anulaba la norma anterior a la Constitución brasileña de 1824, la cual prohibía que el gobernante ejerciese poder sobre Portugal y Brasil simultáneamente. No obstante, Juan VI no fue emperador de facto, ya que no fue ungido como tal, ni emanó ningún acto político, y mucho menos Pedro I se declaró como exemperador. La situación sui generis de haber dos emperadores brasileños duró poco, pues siete meses después falleció Juan VI.
Continuidad jurídica Con el Imperio brasileño surge Brasil como Estado soberano, que ha tenido y tiene continuidad jurídica con los siguientes nombres: República de los Estados Unidos del Brasil (República Velha / República Vieja) y, actualmente la República Federativa del Brasil, más conocida como Brasil.
Reinado de Pedro I
Reconocimiento de la independencia 276px|thumb|Imperio del Brasil entre 1822-ca. 1828, en rojo la llamada Provincia Cisplatina. miniaturadeimagen|276px|Pedro I de Brasil . El reconocimiento de la independencia era una cuestión crucial para el Imperio brasileño. Las monarquías absolutas europeas eran hostiles a la independencia de Brasil. Estados Unidos fue el primer país en reconocer al gobierno brasileño en mayo de 1824. Algunos meses antes fue divulgada la doctrina Monroe, por la cual el presidente James Monroe declaraba que Estados Unidos no aceptaría ninguna intervención de Europa en el continente americano. Gracias a la mediación de Gran Bretaña, en agosto de 1825, la Corona portuguesa reconoció la independencia del Brasil. A cambio, Portugal obtenía la condición de «nación más favorecida» en las transacciones comerciales y obtuvo una indemnización de dos millones de libras.
El Reino Unido también reconoció la independencia de Brasil en 1825. Solo a partir de 1826 la soberanía fue reconocida por Francia, el papa y otros Estados europeos, concluyéndose la independencia. Las repúblicas hispanoamericanas, por el contrario, veían al Imperio brasileño como un instrumento de los intereses europeos y condenaron la acción brasileña en la Cisplatina cuando en 1821, el Reino Unido luso-brasileño se anexionó la Banda Oriental, actual Uruguay, y pasó a llamarla Provincia Cisplatina.
Un imperio con problemas Los primeros años de la independencia de Brasil fueron complicados. Pedro I asumió el título de emperador en lugar de rey, tanto para remarcar la diversidad entre las diferentes provincias brasileñas como para emular a Napoleón que unió la idea del Imperio con la Revolución francesa y la modernidad. Sin embargo, Pedro I se encontraba entre la sociedad relativamente cosmopolita de Río de Janeiro y el resto del país, mucho más conservador y patriarcal. Pedro dejó pronto a un lado sus ideales liberales con una Constitución (proclamada el 24 de febrero de 1824) que le proporcionaba un destacado poder, algo que se consideraba necesario para mantener el control en las zonas interiores, particularmente en el norte del país. En numerosas provincias, especialmente en las del norte, empezó a crecer el sentimiento republicano. En 1825 surgió una revolución independentista en la platense Provincia Oriental (hoy Uruguay), que había sido anexada por Portugal y unida a Brasil desde 1821 bajo el nombre de Provincia Cisplatina. La provincia proclamó no solo su independencia de Brasil, sino también su reincorporación a las demás provincias platenses. Esto desencadenó en diciembre de ese año la guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata (hoy Argentina).
Además, Pedro se vio envuelto en una serie de negocios ilícitos para obtener dinero, haciendo además pública la relación con su amante Domitila de Castro Canto y Melo, a la cual concedió el título de Marquesa de Santos, eventos que le restaron popularidad. Esto se agravó con su indecisión personal entre defender los intereses de Brasil y su lealtad familiar hacia Portugal, donde aún reinaba su padre y sobre cuyo trono mantenía derechos sucesorios.
Abdicación de Pedro I
Tras su viaje a Portugal de 1826 el autoritarismo de Pedro fue aumentando, creyendo el monarca que el otorgamiento de libertades políticas a sus súbditos de Brasil causaría el riesgo de desintegración del país, por lo cual persiguió toda oposición al extremo de enviar al exilio a José Bonifacio, el científico y prócer que le había estimulado a proclamar la independencia en 1822. Tras una crisis política que terminó con la dimisión de los ministros, y en medio de una fuerte crisis económica por las deudas del Imperio y el crónico déficit de la Corona, Pedro abdicó del trono de Brasil en favor de su hijo de cinco años, el príncipe Pedro de Alcántara, el 7 de abril de 1831.
En esta época hubo un período de regencia de nueve años, también llamado de «experiencia republicana», cuando Pedro I de Brasil sorpresivamente abdicó de la corona en 1834 para marcharse a Portugal y combatir allí contra su hermano Miguel I de Portugal, en defensa de los derechos de su hija mayor María de la Gloria al trono lusitano.
Como consecuencia, la corona de Brasil recayó en el hijo mayor de Pedro I, Pedro de Alcántara, de apenas cinco años de edad. Ante ello el gobierno fue asumido por una Regencia hasta que el príncipe Pedro de Alcántara tuviera edad legal para asumir el trono.
Regencia Trina y Regencia Una
Pedro II tenía cinco años cuando heredó el trono imperial de Brasil. La Constitución de 1824 preveía que, de no existir un descendiente real apto para gobernar el Imperio, Brasil sería gobernado por una regencia de tres miembros. La regencia trina provisional fue convocada el 17 de julio de 1831, y tenía un representante de cada una de las tres vertientes políticas del país: los liberales (Senador Campos Vergueiro), los conservadores (Carneiro de Campo) y los militares (general Francisco de Lima e Silva). A ellos correspondería la realización de las elecciones para elegir la Regencia Trina Permanente.
Los electos fueron João Bráulio Muniz, Costa Carvalho, y el mismo general Francisco de Lima e Silva. Gobernaron el país durante tres años. Posteriormente, el sacerdote Diogo Feijó consiguió influencia política suficiente para, en 1834, crear el Acto Adicional, que convirtió la Regencia Trina en una Regencia Una, o sea, un solo regente. Diogo Feijó fue elegido Regente Uno en unas elecciones democráticas y asumió el cargo el 12 de octubre de 1835.
El regente Feijó se mostró democrático, pues creó asambleas legislativas provinciales, para dar mayor autonomía a las provincias brasileñas. Además de eso, dio a la ciudad de Río de Janeiro el estatus de municipio neutro. Al no poder controlar las revueltas populares como la Farroupilha, y hacerse impopular al no implementar las reformas prometidas a los líderes políticos liberales, debió dimitir el 19 de septiembre de 1837. En su lugar quedó Pedro de Araujo Lima, Marqués de Olinda como único regente, quien también debió lidiar con la Rebelión Farroupilha, a la cual trató de combatir abrogando varios derechos de las asambleas provinciales; este paso, no obstante, causó dos nuevas revueltas, la Sabinada en Bahía y la Balaiada en Pernambuco, agravando la situación de la regencia.
Los elementos liberales presionaron entonces en el Parlamento para forzar la dimisión del Marqués de Olinda, lo cual lograron en junio de 1840, y en consecuencia de determinó acabar con la Regencia declarando la mayoría de edad del príncipe Pedro de Alcántara. Este príncipe asumió el trono con el nombre de Pedro II, al ser proclamado mayor de edad en julio de 1840, teniendo apenas catorce años y medio de edad.
Reinado de Pedro II
Política interna en el Segundo Reinado Parlamentarismo al revés thumb|276px|Pedro II de Brasil En 1847 el emperador creó el Consejo de Ministros, órgano que aconsejaría al emperador para dirigir el gobierno, inspirado en el parlamentarismo británico. Pero la jerarquía del parlamentarismo británico y brasileño estaban invertidas, a diferencia de Brasil, donde el emperador poseía más poder que el Parlamento.
En 1847 también fue creado el cargo de presidente del Consejo de Ministros (primer ministro), que sería el jefe del ministerio, encargado de organizar el Gabinete de Gobierno. Así, el emperador, en vez de elegir a todos los ministros, pasó a nombrar solamente el presidente del Consejo, y este elegía los demás miembros del Ministerio, retirando el elemento de desgaste político del emperador, sin que disminuyese su autoridad.
Modelo parlamentarista brasileño En Brasil, el emperador era el poder máximo, acumulando los cargos de jefe de Gobierno y de Estado, hasta la década de 1840, en que el emperador no poseía ya esos dos poderes, sino solo el poder moderador. El Poder Ejecutivo quedaría a cargo del presidente del Consejo de Ministros, elegido por el emperador. El cargo de presidente del consejo era equivalente al de primer ministro, cargo creado en 1847, por el decreto 523 del 20 de julio y que existió hasta la proclamación de la República.