La tercera fitna ( fue una serie de guerras civiles y de revueltas contra el Califato omeya que empezó con el derrocamiento del califa Walid II en 744 y acabó con la victoria de Marwán II sobre varios rebeldes y rivales que le disputaban el califato en el 747. Aun así, la autoridad omeya no se recobró plenamente con Marwán II, y la guerra civil continuó incluso tras el levantamiento abasí (746-750), que puso fin al dominio omeya y estableció en su lugar el abasí en el 749/50. La mezcla entre los dos conflicto hace imposible fijar una fecha clara para el fin de la fitna.

Usurpación de Yazid III alt=Old map of western Eurasia and northern Africa showing the expansion of the Caliphate from Arabia to cover most of the Middle East, with the Byzantine Empire outlined in green|miniaturadeimagen|upright=3|La expansión del califato musulmán hasta el 750. La provincia en la que Nasr desempeñó la mayor parte de su carrera, el Jorasán, era la más nororiental del imperio árabe. La guerra civil empezó con el derrocamiento de Walid II (743-744), hijo de Yazid II (720-724). Yazid había designado a Walid sucesor de su propio hermano, Hisham ibn Abd al-Málik (724-743), tío, por tanto, de Walid; a pesar de que su ascensión al trono había sido bien recibida en principio debido tanto a la antipatía que había despertado Hisham como a la decisión del nuevo califa de aumentar la paga de los soldados, la opinión sobre él cambió pronto. Se afirma que Walid estaba más interesado en los placeres terrenales que en la religión, reputación que quizá confirma la decoración de los llamados «palacios del desierto» (entre ellos, Qusair Amra y Jirbat al-Mafjar), cuya erección se le atribuye. Algunos omeyas tampoco habían visto con buenos ojos su entronización, y esta hostilidad se agudizó cuando el califa designó herederos suyos a sus dos hijos, menores de edad, e hizo azotar y apresar a su primo, Sulayman ibn Hisham. La persecución a la que sometió a la secta qadariya también avivó la oposición a su autoridad, al igual que su participación en la larga competencia entre los grupos tribales qaisíes (o mudaríes) norteños y kalbíes (o yemeníes) sureños. Como su padre, a Walid se le consideraba favorable a los qaisíes, especialmente tras el nombramiento en calidad de gobernador de Irak de Yusuf ibn Umar al-Thaqafi, y de la tortura y muerte del predecesor yemení de este, Jalid al-Qasri. En todo caso, los bandos no estaban estrictamente delimitados, y hombres de cada uno se pasaban habitualmente al contrario.

En abril del 744, Yazid III, hijo de Walid I (705-715), entró en Damasco. Sus seguidores, animados por muchos kalbíes de los alrededores, se apoderaron de la ciudad y le proclamaron califa. Walid II, que estaba a la sazón en uno de sus palacios del desierto, huyó a al-Bajra, cerca de Palmira. Allí reunió un pequeño ejército de kalbíes y qaisíes de la comarca de Homs, que se desbandó cuando llegó al lugar el ejército de Yazid III, mayor, al mando de Abd al-Aziz ibn al-Hajjaj ibn Abd al-Malik. Walid II fue asesinado, y su cabeza se envió a Damasco. Estalló entonces un levantamiento proqaisí en Homs, acaudillado por el sufianí Abu Muhammad al-Sufyani, pero Sulayman ibn Hisham, que había recobrado la libertad, desbarató su marcha contra Damasco. Abu Muhammad fue encarcelado en Damasco junto los hijos del difunto Walid II.

Durante su breve reinado, Yazid demostró ser un gobernante ejemplar; tomó por modelo al piadoso Umar II (717-720). Favorable a la qadariyya, trató de alejarse del estilo autocrático de gobernar que los críticos atribuían a los califas omeyas. Por ello, prometió acabar con los abusos —fundamentalmente, los impuestos onerosos, el enriquecimiento de los omeyas y sus partidarios, la preferencia por el Levante frente a otras regiones del califato y la larga ausencia de los soldados de sus hogares, por estar empeñados en campañas distantes— e insistió en que no solo había sido escogido por la comunidad en asamblea (shura) en vez de ser designado sin más, sino que esta tenía derecho a destronarlo si desatendía sus obligaciones o si encontraba un candidato más apto para encabezarla. Al mismo tiempo, en su reinado creció nuevamente la influencia de los yemeníes; Yusuf ibn Umar fue destituido y encarcelado tras intentar infructuosamente alzar en rebelión a los qaisíes de Irak. A Yusuf le sucedió en el gobierno de Irak y del este el kalbí Mansur ibn Jumhur, que fue pronto sustituido por el hijo de Úmar II, Abdallah ibn Umar ibn Abd al-Aziz. Durante su breve gobierno, Mansur trató de destituir al gobernador de Jorasán, Nasr ibn Sayar, pero este consiguió conservar el puesto. Yazid falleció en septiembre del 744, al cabo de apenas seis meses en el trono. Había nombrado heredero a su hermano, Ibrahim aparentemente por consejo de la qadariyya, pero este contaba con exiguos apoyos y tuvo que afrontar inmediatamente la rebelión de Marwán II (744-750), nieto de Marwán I (684-685) y gobernador de la Mesopotamia superior.

Ascenso al poder de Marwán II derecha|miniaturadeimagen|250x250px|Dírham de planta del califa Marwán II Marwán, que llevaba varios años supervisando las campañas contra el Imperio bizantino y los jázaros en las fronteras noroccidentales del califato, ya había sopesado reclamar el trono a la muerte de Walid II, pero una rebelión kalbí había amenazado su retaguardia y le había obligado a abandonar la marcha hacia la capital. Yazid III le nombró gobernador de la Mesopotamia Superior, y Marwán se instaló en Harrán, ciudad que dominaban los qaisíes.

Levante derecha|miniaturadeimagen|upright=1.5|Mapa del Levante, con sus ciudades principales y divisiones administrativas (yunds) a comienzos del periodo islámico. Tras el fallecimiento de Yazid, Marwán penetró en Siria, al principio en calidad de adalid de los hijos de Walid II, cautivos. Los qaisíes de los distritos septentrionales de Qinnasrin y Homs se le unieron; siguió avanzando hacia Damasco hasta que, pasado Baalbek, le cortó el paso Sulayman ibn Hisham. Este también era un veterano militar, que mandaba un ejército de partidarios dhakwaniyas y kalbíes del sur de Siria; el choque que siguió acabó con la victoria de Marwán, pero Sulayman pudo escapar a Damasco. Marwán obligó a los cautivos del ejército vencido a prometer lealtad a los hijos de Walid II. A estos y a Yusuf al-Thaqafi los asesinó Yazid ibn Jalid al-Qasri, por orden de Sulayman. Este y sus partidarios, incluido el califa Ibrahim, huyeron seguidamente a Palmira.

Merced a ello, Marwán pudo entrar en Damasco sin combatir en diciembre del 744, y fue proclamado califa. Evitó aplicar represalias y siguió una política conciliadora, dejando que los distritos sirios (ajnad) escogiesen a sus propios gobernadores. Poco más tarde, Sulayman ibn Hisham e Ibrahim claudicaron y volvieron a Damasco a someterse a nuevo califa. La posición de Marwán parecía asegurada, pero entonces decidió trasladar la capital de Damasco a Harrán, centro militar importante. Como indicó Gerald Hawting: «Por primera vez, un califa parecía haber abandonado Siria por completo», pero esto solamente sirvió para atizar la desconfianza y el resentimiento de los vencidos kalbíes hacia Marwán. Como resultado, los kalbíes de Palestina acaudillados por su gobernador, Thabit ibn Nu'aym, se alzaron contra él en el verano del 745. La revuelta se extendió por el Levante, incluso por zonas que se creían leales al califa, dominadas por lo qaisíes, como Homs. Marwán tuvo que volver al Levante y sofocar el alzamiento ciudad por ciudad. Después de subyugar Homs, socorrió Damasco, sometida al asedio de Yazid ibn Jalid al-Qasri, que fue asesinado. A continuación acudió en auxilio de Tiberíades, que cercaba Thabit ibn Nu'aym; venció, apresó y ajustició a este y a sus hijos. Tras atacar Palmira, importante núcleo kalbí, el dirigente kalbí Abrash al-Kalbi también pactó con él.

Tras pacificar aparente el Levante, Marwán reunió en torno a sí a los miembros de la dinastía omeya y ante ellos proclamó herederos a sus dos hijos. Seguidamente pasó a ocuparse de Irak, donde un ejército al mando de Yazid ibn Hubayra intentaba ya someter la provincia a la autoridad del califa. Marwán reunió un nuevo ejército para enviarlo en ayuda de Ibn Hubayra, pero en Rusafa la hueste se amotinó y se sometió a Sulayman ibn Hisham. El ejército rebelde se apoderó de Qinnasrin, y de nuevo gran cantidad de sirios descontentos con Marwán se sumaron a sus filas; el califa, no obstante, hizo venir al grueso de sus fuerzas de Irak y lo venció en los alrededores de Qinnasrin. Sulayman ibn Hisham volvió a refugiarse en Palmira, desde donde pasó luego a Kufa, pero la mayoría de sus tropas se retiró a Homs a las órdenes de su hermano Sa'id, donde pronto la asediaron las fuerzas de Marwán. El sitio duró el invierno de 745-746, pero al final Homs se rindió. Disgustado por las sucesivas revueltas que habían estallado pese a su magnanimidad, Marwán decidió prevenir futuros alzamientos y en el verano del 746 ordenó la demolición de las murallas de las principales ciudades levantinas como Damasco y posiblemente también Jerusalén.

Egipto e Irak En Egipto también se agitaron los adversarios de Marwán y de los qaisíes. El gobernador Hafs ibn al-Walid ibn Yusuf al-Hadrami, miembro de la poderosa comunidad árabe, aprovechó la guerra civil para restaurar la antigua hegemonía de esta en los asuntos egipcios: los levantinos fueron expulsados de la capital, Fustat, y Hafs reunió un ejército de treinta mil hombres, al que en su honor se llamó hafsiya, reclutado entre los conversos no árabes (maqamisa y maulas). Marwán envió a Hasán ibn Atahiya para reemplazarlo y ordenó la disolución del ejército hafsiya. Este rehusó hacerlo y se amotinó, asediando al nuevo gobernador en su residencia; este y su sahib al-shurta tuvieron que abandonar Egipto. Hafs, aunque renuente, recuperó el gobierno provincial de manos de los amotinados, que se lo entregaron. Al año siguiente, el 745, Marwán despachó un nuevo gobernador a la región, Hawthara ibn Suhayl al-Bahili, al que acompañó un gran ejército levantino. Aunque sus partidarios querían resistir, Hafs se mostró dispuesto a ceder el cargo. Hawthara tomó Fustat sin resistencia y al punto emprendió una purga de la región; Hafs y varios jefes del hafsiya fueron víctimas de ella. miniaturadeimagen|250x250px|Dírham de plata de Abdallah ibn Mu'awiya, acuñado en Jayy en torno al 746/747. Mientras, en Irak, la rebelión de Marwán coincidió con un levantamiento álida en Kufa, que acaudilló Abdallah ibn Mu'awiya en octubre del 744. La revuelta fue pronto sofocada por el gobernador fiel a Yazid III, Abdallah ibn Umar, y sus tropas levantinas, pero Ibn Mu'awiya pudo huir a Jibal. Allí reunió a opositores a los omeyas, y fue extendiendo su autoridad por gran parte de Persia, incluyendo la mayor parte del Jibal, Ahvaz, Fars y Kermán. Fijó su residencia primero en Ispahán y luego en Istajr. Marwán II nombró gobernador de Irak a uno de sus partidarios, el qaisí Nadr ibn Sa'id al-Harashi, pero Abdallah ibn Umar mantuvo la lealtad de las tropas levantinas, en su mayoría kalbíes, y durante varios meses los dos gobernadores rivales se enfrentaron en una serie de escaramuzas en torno a al-Hira. El levantamiento jariyí que estalló entre los Banu Rabi'ah de la Mesopotamia Superior puso fin abruptamente a la disputa. Aunque «norteños», los Rabi'a, y especialmente los Banu Shayban, eran enemigos de los mudaríes y qaisíes y rechazaban la autoridad de Marwán II.