La campaña de Crécy fue una gran cabalgada que hizo un ejército inglés por el norte de Francia en el 1346, en la que devastó la campiña francesa y que culminó con el batalla homónima, durante la guerra de los Cien Años. La campaña empezó el 12 de julio de 1346, con el desembarco de las huestes inglesas en Normandía, y acabó con la capitulación de Calais el 3 de agosto de 1347. Mandó el ejército inglés el rey Eduardo III, y el francés, de su enemigo Felipe VI de Francia.

El Parlamento inglés acuciaba a Eduardo para que acabase con la contienda, bien por las armas o mediante negociación. Mientras reunía el ejército que iba a marchar a Francia, el rey dudaba aún acerca de dónde desembarcarlo. Finalmente decidió marchar a Gascuña para socorrer al conde de Lancaster, que contendía con un ejército enemigo mucho mayor. Pero los vientos contrarios entorpecieron la travesía y el soberano decidió entonces cambiar de objetivo y desembarcar por sorpresa en el punto más cercano a donde se hallaba detenida la flota, que resultó ser la península de Cotentin.

En su avance posterior, los ingleses talaron gran parte de Normandía, asaltaron y saquearon Caen, y pasaron a cuchillo a la población. Seguidamente pillaron los arrabales de Ruan y continuaron por la orilla izquierda del Sena hasta Poissy, a unos treinta kilómetros de París. Viraron luego al norte y se vieron atrapados en un territorio que los franceses habían dejado sin abastos. Para salir de él, tuvieron que cruzar el Somme y batir a un ejército francés que trató de impedirlo. Dos días después, en un lugar que habían elegido para la lid, debelaron al enemigo en la batalla de Crécy, el 26 de agosto de 1346; seguidamente, marcharon al norte a asediar Calais. Tras once meses de cerco que casi agotaron los recursos financieros y militares de los dos países, la ciudad cayó.

Poco después, los dos bandos pactaron la Tregua de Calais; tenía una duración de nueve meses y caducaba el 7 de julio de 1348, pero se prorrogó varias veces, hasta 1355. La tregua, empero, no puso fin a los combates, aunque estos fueron de menor entidad que los que se habían librado durante la cabalgada del rey Eduardo. Calais sirvió de puerto inglés en territorio enemigo durante los siguientes doscientos años.

Antecedentes alt=A Medieval image of Philip VI seated, wearing a blue robe|miniaturadeimagen|Felipe VI de Francia, en cuyo reinado comenzó la dilatada guerra de los Cien Años con Inglaterra. Desde los tiempos de la conquista normanda de Inglaterra del 1066, los monarcas ingleses habían conservado títulos y tierras en Francia, por cuya posesión eran vasallos de los reyes de Francia. La situación de los feudos del rey inglés en Francia fueron motivo de disputa continua entre los dos reinos durante toda la Edad Media. Los soberanos franceses trataron de limitar el poder de los ingleses, privándoles de parte de sus tierras cuando tenían oportunidad. En 1337 los reyes ingleses apenas tenían ya Gascuña, en la Francia suroccidental, y Ponthieu, en el norte. Los gascones, con inclinaciones independentistas, preferían depender del lejano rey inglés que no intervenía en sus asuntos que del francés, que sí lo hubiese hecho. Tras una serie de desavenencias entre Felipe VI de Francia (1328-1350) y Eduardo III de Inglaterra (1327-1377), el 24 de mayo de 1337 el Gran Consejo de Felipe acordó arrebatarle a Eduardo la Gascuña, alegando para ello el incumplimiento por parte de este de sus deberes de vasallo. Esto marcó el comienzo de la guerra de los Cien Años, que duró ciento dieciséis años.

Las operaciones militares de 1345 A pesar de que la posesión de Gascuña había desencadenado la guerra, Eduardo apenas pudo enviar socorros a la región, y siempre que un ejército inglés pudo pasar al continente combatió en la Francia septentrional. A comienzos del 1345, el soberano inglés decidió atacar el país vecino en tres frentes: un contingente modesto cruzaría a Bretaña, a las órdenes de Guillermo, conde de Northampton; otro ligeramente mayor marcharía a Gascuña a las órdenes de Enrique, conde de Derby; y el ejército principal acompañaría al propio Eduardo al norte de Francia o a Flandes. Por las mismas fechas, los franceses decidieron mantenerse a la defensiva en el suroeste. Sus espías habían descubierto el plan inglés, pero carecían de dinero para reunir tres ejércitos en las zonas que Eduardo pensaba atacar. Previeron atinadamente, sin embargo, que la principal acometida de los ingleses sería la que estos pensaban llevar a cabo en el norte de Francia. Por ello concentraron sus recursos en esta zona; el ejército debía reunirse en Arras el 22 de julio. Mientras, dejaron que el suroeste del país se defendiese por sus propios medios del esperado embate enemigo.

El ejército inglés zarpó el 29 de junio. Ancló frente a La Esclusa, en Flandes, hasta el 22 de julio, mientras Eduardo despachaba asuntos diplomáticos. Cuando los barcos partieron de nuevo, probablemente con rumbo a Normandía, fueron desperdigados por una tempestad y tuvieron que volver a puertos ingleses a lo largo de la semana siguiente. Tras pasar embarcados más de cinco semanas, se decidió que hombres y caballos pasaran a tierra. Durante la semana que siguió, el rey y su consejo decidieron qué hacer, pero para entonces la estación propicia para la guerra estaba acabando y se tuvo que abandonar toda ofensiva hasta pasado el invierno. Consciente de ello, Felipe envió refuerzos a Bretaña y Gascuña. Durante 1345 Derby había llevado a cabo una campaña relámpago por Gascuña al frente de un ejército anglo-gascón. Derrotó con contundencia a dos grandes ejércitos franceses en las batallas de Bergerac y Auberoche, conquistó varias ciudades y fortificaciones a lo largo del Périgord y del Agenais y ensanchó las posesiones inglesas en Gascuña. Posteriormente se apoderó de la ciudad de Aiguillon, de gran importancia estratégica y logística, apodada «la llave de Gascuña». En octubre el conde de Northampton emprendió una campaña en el norte de Bretaña; los intentos de expugnar una serie de ciudades en poder del enemigo resultaron infructuosos y Northampton y la mayoría de su contingente se retiraron en la primavera siguiente.

Preludio alt=a head and shoulders drawing of Edward III, in armour and bearing a sword|izquierda|miniaturadeimagen|Retrato tardío de Eduardo III de Inglaterra

Preparativos franceses Como era habitual, el erario francés disponía de escasos fondos en 1346. Pese a haber recibido un préstamo papal de más de trescientos treinta mil florines, los funcionarios habían recibido órdenes de recaudar todo lo posible, de cualquier fuente disponible, para sufragar la siguiente campaña. La hacienda francesa se hallaba, en efecto, en graves apuros. Pese a todo, los franceses lograron reunir dos ejércitos, en Orleans y Toulouse. Juan, duque de Normandía, hijo y heredero del rey Felipe VI, obtuvo el mando de las tropas del suroeste, que ya había ostentando el otoño anterior.

En marzo de 1346, los efectivos franceses (entre quince y veinte mil soldados, con un gran tren de asedio y cinco cañones), enormemente superiores en número a las fuerzas que podían aprestar los anglogascones, se dirigieron a Aiguillon, que asediaron a partir del 1 de abril. Al día siguiente se hizo una leva general (arrière-ban) en la región. Los recursos financieros, logísticos y humanos del reino se destinaron a la ofensiva. El conde de Derby, ya conde de Lancaster tras la muerte de su padre, envió una petición urgente de socorro a Eduardo. Este estaba obligado tanto moral como legalmente a auxiliar a su vasallo; su pacto indicaba que si a Lancaster lo acometían fuerzas abrumadoramente superiores, el soberano se comprometía a sacarlo del aprieto, sin importar los medios que hubiese de emplear para ello.

Preparativos ingleses El parlamento inglés había aprobado un generoso presupuesto bélico para 1344. Gran parte se había gastado ya, pero otra se estaba recaudando aún. El fisco carecía de capacidad para recaudar más fondos. Escaso de financiación como sus enemigos franceses, el monarca obligó a la Iglesia a concederle un préstamo forzoso de quince mil libras, a algunas ciudades otros similares y confiscó los beneficios eclesiásticos anuales de los extranjeros en el reino. La Corona hizo enormes pedidos de equipo militar y vituallas, además de lo que expropió. Desde antiguo, los ingleses en edad militar tenían la obligación de defender el país en caso de invasión; a principios de 1346 esta obligación se modificó para obligarlos también a servir en el extranjero. Sin embargo, la población estaba harta de una guerra que parecía infructuosa y sin sentido, y el Parlamento anterior, en junio de 1344, había reclamado al rey que le pusiese fin, bien por las armas o mediante una paz honrosa negociada con el enemigo.

Los ingleses querían reunir en 1346 un ejército aún mayor que el de 1345, de más de veinte mil hombres. Este debía concentrarse junto a Portsmouth en febrero, pero la reunión se pospuso primero dos meses, y luego otro más. Hacía tiempo que los escoceses, incitados por Felipe, suponían una amenaza; dos años antes el lord canciller había afirmado en el Parlamento que aquellos admitían sin tapujos que estaban prestos a rescindir la tregua que tenían con los ingleses tan pronto como lo deseasen los franceses y que entonces invadirían Inglaterra. En consecuencia, Eduardo eximió a los condados al norte del río Humber de enviar hombres al ejército que debía servir en Francia, al tiempo que se les concedían algunos medios económicos para que pudiesen asegurar la defensa de la frontera septentrional. La Corona temía asimismo que la marcha del ejército a Francia dejase inerme la costa sur ante posibles incursiones enemigas, como había sucedido en 1338 y 1339. Para evitarlo, se aplicó una serie de medidas defensivas, como encuadrar a la población costera (hasta veinticuatro kilómetros tierra adentro) en grupos con jefes locales. La protección de la frontera escocesa y de la costa meridional menguó el número de soldados disponibles para la campaña francesa, a lo que se unió una cierta resistencia al reclutamiento. Para compensar esta pérdida, se repitió la promesa del año anterior de indultar a los presos que se alistasen y sirviesen en la campaña, lo que permitió reclutar mil soldados más. Finalmente, parece que a finales de junio el rey había logrado reunir a la mitad de los soldados previstos.

Preparativos navales A pesar de esfuerzos ingleses para encubrir sus preparativos, los franceses los conocían. Dada la dificultad extrema de desembarcar un ejército fuera de los puertos, y puesto que los ingleses carecían de ellos en Flandes, pero sí contaban con algunos en Bretaña y Gascuña, los franceses supusieron que Eduardo se dirigiría a alguna de estas dos regiones, probablemente a la segunda, para socorrer Aiguillon. Para impedir que los ingleses desembarcasen en el norte del país, Felipe confiaba en su potente marina. Formaban esta mercantes requisados y galeras arrendadas. Los mercantes eran cocas, barcos de casco redondo y mucho calado, que impulsaba un única vela fijada en el único palo, sito en el centro de la nave. Los habían transformado en navíos de guerra mediante la colocación de castillos de madera a proa y popa y la protección de la cofa del mástil. Al menos setenta y ocho habían sido requisados para el servicio del rey en la Baja Normandía, a los que había que sumar los que lo fueron en Picardía y la Alta Normandía. Las galeras contaban con remos y eran muy maniobrables, lo que hacía de ellas naves ideales para las incursiones y los combates navales, pero eran buques bastante caros. Los franceses habían alquilado treinta y dos de ellas a Génova, que debían llegar a Boulogne antes del 20 mayo. En realidad, las galeras aún no habían pasado el Tajo en julio. Se afirma que la extrema lentitud del avance genovés pudo haberse debido a haber recibido sobornos de los ingleses.