miniatura|Poema Fernan González Se conoce como poesía taurina la manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa, así como el género literario constituido por esas composiciones cuyo tema versa sobre todo lo racionado con la fiesta de los toros y todo lo concerniente a la misma.

Los inicios de la poesía taurina se remontan hasta la poesía épica, lírica o dramática, incluso a los cancioneros y elementos folclóricos del siglo en los que surgieron las primeras alusiones a acontecimientos relacionados con los festejos taurinos o a los toros tales como Estoria del Cid o Crónica del Cid, el Poema de Fernán González o las Cántigas del Rey Sabio entre otros. La poesía taurina se desarrolló a partir de estas primeras manifestaciones hasta llegar a su momento de máximo esplendor a finales del siglo e inicios del coincidiendo con el siglo de oro del toreo español, este momento de esplendor fue conocido como el siglo de oro de la poesía taurina.

A lo largo de los siglos y la casi totalidad de los poetas de la generación del 98, la de generación del 14 y la generación del 27 mostraron su interés por la tauromaquia donde encontraron la inspiración para sus creaciones literarias, por un lado como reflejo del pensamiento de la sociedad tras los conflictos bélicos de 1898 y 1936, por otro debido a que la poesía taurina es testigo de los dramáticos acontecimientos sucedidos dentro del mundo taurino como los fallecimientos de los toreros Joselito El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Manolete en los ruedos; y por último la amistad desarrolla por un buen número de poetas con toreros unida a la participación de ambos grupos en tertulias y en eventos sociales facilitó que lo taurino fuese un recurso ineludible para los poetas.

Contexto miniatura|Cantiga CXLIV de las Cantigas de Santa María, referida al Toro de Plasencia|alt=Toro de Plasencia.jpg

La poesía y la tauromaquia han estado unidas desde su existencia, al toro mitológico se le cantaban odas y se le recitaban poemas; gracias a la poesía épica, lírica y dramática es posible remontarse hasta los orígenes de la fiesta de los toros. Manuel Machado en Los toros en la poesía de España, decía que «(…) mucho antes de que España fuera España... ya era torera».

Al igual que lo hiciera la literatura, la poesía, a través de sus versos, ha ido plasmando los diferentes acontecimientos sucedidos a lo largo de la historia de la tauromaquia. Esta narración poética, según indicó Manuel Machado quedó dividida en tres etapas:

Primera etapa hasta el siglo El primer periodo poético sobre la tauromaquia comprende las canciones de gesta, los elementos folclóricos tales como canciones, estribillos y coplas, y los romances de los siglos ; a parte del teatro. Serían un ejemplo Estoria del Cid o Crónica del Cid, el Poema de Fernán González o las Cántigas del Rey Sabio entre otros.

Entre esta poesía taurina primigenia el ejemplo más destacado se encuentra entre las estrofas de las Cántigas de Santa María de Alfonso X, en la parte manuscrita conservada en el monasterio de El Escorial pueden leerse tres referencias a temas taurinos, en concreto en las cántigas XXXI, XLVIII y CXLIV. La cántiga CXLIV representa una corrida de toros nupcial tradicional de Plasencia en el siglo , en la que el novio corría un toro bravo hasta la casa de la novia, para ello los mozos empleaban una capa de vestir similar por su forma al capote de torero al tiempo que trataban de enfurecer al toro lanzándole arponcillos:

Segunda etapa siglo miniatura|Retrato de Baltasar del Alcázar siglo Entre los autores de esta época destaca la obra del sevillano Baltasar de Alcázar. En el poema A la fiesta de toros en Los Molares se describe la fiesta de los toros en Los Molares (Sevilla) en el año 1574, donde se realizó un festejo taurino con motivo de las celebraciones en honor del nacimiento de Juana Cortés de Zúñiga hija del conquistador Hernán Cortés.

A mediados del siglo se inicia el llamado siglo de oro de la poesía taurina de la mano de autores como Lope de Vega, Luis de Góngora, Quevedo como claras referencias a las que les siguen las plumas de Bartolomé Leandro de Argensola, Esquilache, Medinilia, Ruíz de Alarcón, Mira de Amescúa, Valdivieso, Vélez, Quiñones de Benavente, Gabriel Bocángel, o Zárate y figuras tan importantes como Juana Inés de la Cruz o Villamediana. Todos ellos escribieron sobre los toros, unos a favor y otros en contra, pero todos con sentido.

Luis de Góngora miniatura|Luis de Gongora De Luis de Góngora es la décima «de un caballo que le mató un toro» que en 1611 escribe el poeta dirigida a su amigo Pedro de Cárdenas y Angulo, picador cordobés aficionado a las artes y la poesía. Tres años más tarde, en 1614 Góngora volvió a escribirle a Pedro Cárdenas, esta vez el soneto «A Don Pedro de Cárdenas, en un encierro de toros» inspirado por la afición a los toros demostrada por su amigo, en el que vuelve a mencionar otro caballo de Cárdenas de nombre Zagal. Pedro de Cárdenas recopiló durante veinte años todas las estrofas manuscritas de Góngora con las que formó la primera colección de versos impresa que fue publicada por López de Vicuña en 1527.

Siglo A lo largo del siglo aún estaba presente el toreo a caballo del siglo anterior, las hazañas de los nobles caballeros lanceadores así como los detalles de la fiesta fueron recogidos por la poesía tanto la española como la mexicana, destacan los versos que María de Estrada Medinilla escribió en su obra Descripción en octavas reales de las fiestas de toros, cañas y alcancías, con que obsequió Mégico a su virrey, el Marqués de Villena (México, 1641), con estos versos la poetisa obsequió al virrey de México Diego López Pacheco, marqués de Villena; una muestra de la importancia de la tauromaquia en América. En otra de sus obras Estrada Medinilla diría: «que aun en lo frívolo, como son los toros, (…) las que se celebran aquí serán mejores que las que puedan celebrarse en España»(sic.) en clara alusión a la forma en la que en América se había asumido la fiesta de los toros a la que desde México se le dio una nueva identidad capaz de rivalizar con el toreo de España.

siglo miniatura|Rafael Landivar La poesía del siglo sigue el estilo neoclásico que recuperó el modo clásico grecolatino con el que surgieron creaciones más racionales y reales que mostraron la nueva sociedad ilustrada donde se buscó un equilibrio entre la razón y el sentimiento. A mediados del la tauromaquia ha evolucionado de forma que las corridas de toros se hicieron populares, este fue un periodo en el que además se establecieron las reglas del toreo y este se hizo profesional. La poesía épica, lírica y dramática llegó a la tauromaquia y a su fiesta, es el momento en el que el torero ha puesto el pie en tierra, los picadores ocupaban aún un lugar preferente en los carteles taurinos que anunciaban los festejos, sin embargo el torero matador de toros dirigía ya su propia cuadrilla y había adquirido todo el protagonismo de la lidia. El toreo fue la inspiración de la poesía, las faenas de los toreros en el ruedo se describieron al detalle y a ello se le añadió la creatividad propia de cada autor. Los poetas se centraron en los toreros más importantes del momento como Pepe-Hillo, Pablo Romero o Costillares. Es el momento del nacimiento de la poesía taurina con el rigor de un género o subgénero dentro de la poesía, en el que destacaron los versos de Nicolás Fernández Moratín a quien el poeta Gerardo Diego considera el iniciador de esta nueva poesía, y de otros autores como Juan Bautista Arriaza, Mor de Fuentes, Diego de Torres Villarroel o Jovellanos.

El poeta guatemalteco Rafael Landívar S.J. retrató con precisión las fiestas de los toros en su obra Rusticatio Mexicana, (1782) el poeta escribió en hexámetros, el verso épico —el 'hexámetro' en la poesía griega y latina, es el verso que consta de seis pies, cada uno de los cuatro primeros espondeo, o dáctilo, dáctilo el quinto, y el sexto espondeo—. En el libro X el poeta detalla la vida del toro bravo en el campo, el libro XV denominado Los juegos, entre otros, versa sobre las corridas de toros en detalle, el libro publicado en latín se articula de la siguiente forma:

119-126 La plaza de lidia, 127-134 Salida del toro, 135-148 Lidia de a pie, 149-165 Lidia de a caballo, 166-179 Condena a muerte del toro, 180-186 Muerte ocasional del torero, 187-210 El toro enjaezado, 211-222 Lidias en que el torero cabalga sobre otro toro, 223-233 Un jinete sobre dos caballos

Tercera etapa siglo -

siglo En el siglo la poesía taurina ya está consolidada como género. A lo largo de este siglo poetas como el duque de Frías, José María de Heredia, Juan María Maury, duque de Rivas, Arolas, José Zorrilla, Ramón López Velarde, Palacio o Salvador Rueda Santos, entre otros, buscarán en la tauromaquia una referencia para sus creaciones, tanto desde posiciones a favor de la misma como desde posiciones contrarias al arte taurino.

siglo . miniatura|Gerardo Diego, poeta soriano La poesía y la tauromaquia se enlazan estrechamente a lo largo del siglo , Gerardo Diego relaciona la tauromaquia con la poesía al comparar el ritmo de los versos con las series de lances que desarrolla el torero en el ruedo, el poeta asemeja el orden de la lidia, articulada en tercios, con la estructura de los versos de un poema y la perfección de la lidia con la lección de poética; la realidad y riqueza de la fiesta de los toros con el valor de la poesía.: Es por tanto la plasticidad del toreo la que ha motivado y ha sido fuente de inspiración para los poetas no solo españoles sino del todo el mundo.

A lo largo del siglo la casi totalidad de los poetas de la generación del 27 mostraron su interés por la tauromaquia influenciados por el sentimentalismo del movimiento vanguardista miran la realidad centrando su atención en temas como el dolor, la melancolía, la alegría o los recuerdos que generaron los recientes conflictos bélicos. Entre estas realidades la tauromaquia y sus aspectos ejercieron una fuerte influencia sobre los escritores y poetas del 27 así como en los de los años posteriores atraídos por el espectáculo de los toros. Al afloramiento de los primeros poemas taurinos se le une por un lado el drama de la muerte de los toreros Joselito El Gallo, Ignacio Sánchez Mejías y Manolete en los ruedos; y por otro lado surge de nuevo la controversia sobre los riesgos de la fiesta de los toros, ambas situaciones unidas a las vivencias de la postguerra generaron un importante números de creaciones poéticas de temática taurina. Otro factor importante que aportó a la poesía una fuente inagotable de recursos fue la rivalidad que mantuvieron dentro y fuera de los ruedos los diestros Joselito «el Gallo» y Juan Belmonte, un enfrentamiento que se mantuvo hasta la muerte de Joselito, a esta pugna se le dedicaron importantes versos por parte de los grandes poetas del siglo . Por último la amistad entre los poetas y los toreros dio lugar a destacados eventos sociales, entre ellos destacó una cena ofrecida a Belmonte en 1942 y otra a Manolete en 1944 en el restaurante Lhardy de Madrid, en ambas ocasiones se reunieron los intelectuales más destacados de la cultura y la sociedad para homenajear a los diestros.