miniaturadeimagen|Altar de los Reyes en la Catedral de Puebla Los retablos dorados de Nueva España o retablos novohispanos son los altares de los templos católicos ubicados en México, Guatemala, y Honduras, y que fueron realizados durante el periodo colonial entre los siglos y . Estos altares, especialmente los del periodo tardío o barroco mexicano, se caracterizaron por la profusión de sus adornos, así como por una innovación decorativa, que fue la pilastra estípite.
Materiales y función Un retablo es una estructura arquitectónica, pictórica y escultórica que se sitúa en los altares de los templos católicos, los cuales pueden ser de diversos materiales, pero en el contexto de la Nueva España solían hacerse de madera dorada en detrimento de otros materiales como el mármol en la retablística Italiana. Se alzan sobre el muro en el que se apoya el altar del templo, y contiene esculturas y/o pinturas con representaciones sagradas.
Para realizar un retablo, se requería del trabajo de diferentes artesanos, desde carpinteros, ensambladores, escultores, pintores de imagenería y pintores doradores, aprendices, maestros oficiales, lo que hacía que su manufactura fuera muy costosa. El Retablo de los Reyes de la Catedral Metropolitana tuvo un costo de treinta y cinco mil pesos, de los cuales, al pintor de la imagenería, Cristóbal de Villalpando, le correspondieron dos mil trescientos pesos; una suma considerable para la época.
Los retablos en la Nueva España tenían una función decorativa y didáctica, y reemplazaron a la pintura mural de principios de la colonia. Los retablos relatan, sobre todo, la historia de la Iglesia, y sus elementos (las esculturas y pinturas) estaban al servicio de dicha función. La estructura reticular solía ser sencilla, en la que se situaban a los santos, los relieves y pinturas realizadas sobre tela o tabla. Los retablos renacentistas solían estar escasamente decorados, pero los salomónicos se volvieron mucho más decorados y suntuosos. miniaturadeimagen|268x268px|Composición básica de un retablo dorado de la Colonia.
Estructura de un retablo La estructura básica de un retablo es la siguiente:
Remate o ático: Es la parte superior del retablo. Banco: La base o basamento del retablo. Es la parte inferior. Cuando está dividida en dos secciones, la de abajo se le denomina «sotabanco» o «predela». Cuerpo: Son las divisiones horizontales o pisos del retablo. Calle: Las divisiones verticales, separadas por partes más estrechas denominadas «entrecalles». Casa: Los espacios cuadrangulares o rectangulares que forman la retícula de cuerpos y calles y donde se suelen encontrar las esculturas o pinturas Entrecalles: Las secciones verticales estrechas que separan las calles. Guardapolvo: La pieza o saledizo que enmarca el retablo de forma lateral o superior; también se denomina «polsera».
Antecedentes históricos La palabra retablo proviene del latín retro (detrás) y tabula (mesa o altar). Los antecedentes de los retablos datan del , cuando se colocaban en las basílicas cristianas primitivas, frontales en la parte posterior del altar, justo en los tiempos en los que los sacerdotes comenzaron a darle la espalda a la gente durante la misa.
Durante la Edad Media, los retablos comenzaron a adornarse y enriquecerse. Pero fue hasta el barroco, en el que alcanzan todo su esplendor.
Los retablos castellanos y andaluces de los siglos y pueden considerarse como los antecedentes de los retablos mexicanos. Los arquitectos que llegaron a Nueva España, para construir los templos, procedían de Valencia, Andalucía, Extremadura y Castilla. miniaturadeimagen|200x200px|Retablo del convento de San Esteban, en Salamanca, de 1692, el cual originó el adjetivo churrigueresco. En los retablos españoles del barroco, se reemplazaron algunos símbolos religiosos y personajes bíblicos por los modernos "adalides del catolicismo", como Santo Domingo y San Francisco, así como santos como San Ignacio, Santa Teresa y San Javier. La figura de José de Churriguera también fue importante, pues colocó al barroco salomónico como sello de sus obras arquitectónicas. Francisco de la Maza señala que el apelativo de 'churrigueresco' que se le da al barroco mexicano del , está mal empleado, pues “tanto México ignoró la obra de Churriguera, como Churriguera ignoró a México.”
Según lo que señala Francisco De La Maza, es con los retablos dorados del en Nueva España “donde puede estudiarse y sentirse (...) el verdadero Barroco Mexicano.”
Primeros retablos Los españoles recién llegados al territorio mexicano, establecieron el primer altar en las playas de Veracruz, como una mesa improvisada adornada con ramas y flores. Bernal Díaz señala que ahí se celebró la primera misa, oficiada por Fray Bartolomé de Olmedo. En Tlaxcala también se realizó otro altar provisional para el culto católico, donde ofició Juan Díaz. Conforme se fueron tomando las ciudades, se fueron construyendo los templos religiosos, con la necesidad de instaurar un arte religioso. En todos los retablos que se hacían, participaban artistas indígenas, los cuales eran dirigidos por frailes. El Colegio de San José de Belén de los Naturales, dirigido por el fray Pedro de Gante, cumplía este propósito.
En 1550, las construcciones tuvieron reformas, pues se comenzaron a realizar iglesias majestuosas con una sola nave, que apuntaban en su testero a un gran retablo que llegaba hasta la bóveda. Algunos ejemplos de estos retablos se encontraron en Santo Domingo, Tiripitío, Michoacán de 1548; el de Yuriria, destruido en 1725; el de Cuitzeo de 1550, que permaneció hasta 1825; el de Tlatelolco de 1609. Muchos de estos primeros retablos fueron destruidos durante el periodo neoclásico.
Tipos de retablos Según la tipología de Francisco De La Maza, se pueden distinguir los retablos novohispanos en dos grandes grupos, de acuerdo a las columnas que emplearon: renacentistas y barrocos. En el primer grupo están los creados durante el y principios del , que corresponden a los del tipo renacentista y plateresco; y en el segundo grupo están los retablos de la segunda mitad del y el , de estilo barroco, salomónicos y estípites.
Los retablos centrales de los templos en el presbiterio, pueden ser denominados como Colateral Mayor, mientras que los retablos de los cruceros y cuerpo de los templos, son colaterales. Además, también se hacían retablos a los lados del presbiterio, como el que está en la capilla del Rosario en Atzcapotzalco.
Además de las clasificaciones indicadas anteriormente, Francisco de la Maza señala que hay retablos «anástilos», pues carecen de elementos de soporte, y también los hay «neóstilos» que, según Jorge Alberto Manrique, son los retablos de la segunda mitad del que vuelven a usar columnas.
Clara Bargellini realiza una clasificación de los retablos a partir de su narrativa. Cronológicamente hablando, los pocos que se conservan del tienen un componente narrativo importante, pues cuentan "una historia en pintura alrededor de las imágenes centrales esculpidas". Los retablos novohispanos del también solían tener ciclos narrativos. Sin embargo, los retablos estípites y anástilos construidos en el eran de tipo «icónico», es decir, son "una colección de imágenes, objeto de veneración", casi siempre de tipo escultórico, las cuales poseen una relación entre sí, pero no narran un acontecimiento.
Retablos del y principios del miniaturadeimagen|Vista del retablo del Convento de San Miguel Arcángel en Huejotzingo.|269x269px miniaturadeimagen|Vista del retablo del Templo de San Bernadino de Siena en Xochimilco.|269x269px De los retablos creados en el , quedan pocos, entre ellos los conventos de Huejotztingo, Xochimilco, Huaquechula, Cuauhtinchan, entre otros. La mayor parte fueron destruidos, según Francisco de la Maza, por el "barroco y la ignorancia".
Retablo del Convento de Huejotzingo El retablo del convento de Huejotzingo fue construido después de 1580, esto se sabe porque el pintor de los cuadros del retablo, Simón Pereyns, firmó las pinturas en 1586. Las esculturas fueron, en su mayor parte, de Pedro de Requena. El retablo se divide en retículas; horizontalmente posee tres cuerpos y un remate. Cada cuerpo tiene distintas columnas, el primero posee columnas de orden dórico, aunque están adornadas con ángeles y festones en el primer tercio y con anillos de querubines antes del capitel. El segundo cuerpo tiene columnas de orden jónico. El tercer cuerpo tiene capiteles jónicos, aunque las columnas son de estilo plateresco. Así como el retablo del convento de Huejotzingo, en esta época, el diseño de los retablos novohispanos del era renacentista y plateresca, con antecedentes españoles muy claros.
Los retablos de este periodo tienen una composición regida sobre todo por el sentido teológico e histórico, para engrandecer a la Iglesia Católica. En el retablo del convento de Huejotzingo, su base contiene los medallones que representan a los apóstoles en grupos de tres, como símbolo de que son discípulos de Cristo y que son los primeros predicadores de la iglesia, sus cimientos. Arriba van los cuatro escritores de la iglesia: San Ambrosio, San Agustín, San Pedro Damiano y San Gregorio. En el segundo cuerpo, en la parte media aparecen San Jerónimo y San Buenaventura, quienes crearon la doctrina de la Iglesia.
En los extremos del retablo, en el segundo cuerpo y al centro del tercero, están representados los frailes fundadores de las primeras órdenes religiosas, es decir, San Antonio de Padua y San Bernardino de Siena, así como San Bernardo y Santo Domingo de Guzmán, quienes fundaron las órdenes regulares de los cistercienses y los dominicos. Entre estos dos está representado San Francisco de Asís.
En el retablo también se pueden apreciar los martirios de San Lorenzo y San Sebastián, así como la penitencia de San Juan Bautista y San Antonio Abad. La función de propaganda y adoctrinamiento aquí se cumple, pues para la religión católica era indispensable difundir la idea del sacrificio. Las pinturas del retablo narran las etapas de la vida de Cristo, desde su nacimiento, su presentación en el templo, la resurrección y su ascensión. La representación de Cristo crucificado aparece en lo alto, en el bulto del retablo y debajo del padre eterno.
Otros retablos El retablo mayor de Xochimilco, dedicado a San Bernardino, se asemeja al de Huejotzingo por su diseño que alterna calles con pinturas y calles con esculturas.
En el valle de Puebla-Tlaxcala, los retablos de los conventos franciscanos de Huaquechula, Tecali y Cuautichán fueron realizados hacia 1570, en estilo plateresco pictórico, enmarcando las pinturas con detalles como grutescos, motivos vegetales o medallones. El retablo de Huaquechula conserva su estructura del siglo XVI, aunque sus pinturas originales fueron sustituidas en 1675 por lienzos pintados por Cristóbal de Villalpando. En Tecali, tanto el retablo mayor como el retablo dedicado a san Francisco de Asís, fueron trasladados en el siglo XVII desde el exconvento a la parroquia de Santiago Apóstol de la misma localidad. El retablo de Cuautinchán fue creado originalmente para el templo de San Francisco de la ciudad de Puebla. En 1597, el retablo fue adquirido por Juan de Arrué y renovado en sus "figuras y columnas" para destinarlo al convento franciscano de Tehuacán. No obstante, a raíz de un sismo, la iglesia de Tehuacán quedó inutilizable y el retablo terminó siendo vendido al convento de Cuautinchán.Cordero Zorrilla, Andrea. (2019) El origen de la producción retablista en Puebla durante el siglo XVI. Los casos de Huejotzingo, Cuauhtinchan, Huaquechula y Tecali. CR. Conservación y Restauración 17: 9-24.
Por su parte, el retablo de Maní, Yucatán, se caracteriza por tener cariátides en vez de columnas, que posiblemente provengan del imafronte de la casa Montejo.