La extensión universitaria, iniciada en el en Europa, se proponía llevar conocimientos universitarios a los sectores sociales que no accedían a la universidad por medio de cursos, conferencias, grupos de lectura, etc. En 1956 la Universidad de Buenos Aires elaboró e implementó una concepción de la extensión acorde con los tiempos que corrían. Para contribuir a remediar problemas sociales no era suficiente llevar “afuera” los conocimientos ya existentes en la Universidad; era necesario que se produjeran cambios importantes “dentro” de ésta. La universidad misma debía transformarse y abrirse a los problemas del país; debía investigarlos y formar estudiantes con sensibilidad social y capacitados para afrontarlos.

Extensión universitaria

Extensión universitaria y educación popular (1956-1966) Hago votos por que la Universidad argentina adopte como lema el obstinado rigor que Leonardo preconizaba como la regla para los trabajos del espíritu…Que profesores, graduados y estudiantes coincidan en este designio de servir con fidelidad al país, a la justicia y a la verdad.— José Luis Romero

En esta nueva etapa de la UBA se originó un cambio sustancial en la concepción de su misión social y de la extensión universitaria que debía implementarse. Se consideró que la Universidad debía transformarse para dar cabida, en su enseñanza e investigación, a los grandes problemas sociales y a las necesidades del país. Desde entonces se da así la misma importancia a la Extensión Universitaria que a la Enseñanza y la Investigación, como pilares de la Universidad.

Extensión Universitaria debía proporcionar a las cátedras oportunidades de acercarse a algunas de estas necesidades del entorno del que la UBA formaba parte. Debía brindar servicios para atender a sus requerimientos, pero al mismo tiempo investigar estos problemas y posibilitar la formación de profesionales deseosos y capaces de abocarse a su solución.

Uno de los primeros cambios producidos “dentro” de la UBA consistió en la puesta en práctica de la educación popular en los programas de extensión universitaria.

El trabajo debió interrumpirse tras el golpe militar de 1966 que derrocó al Presidente Arturo Umberto Illia, intervino las universidades y reprimió a profesores y estudiantes en la Noche de los Bastones Largos.

Antecedentes La actividad de extensión universitaria se inició en Inglaterra en el S XIX y se expandió a varios países. Consistía en llevar afuera conocimientos universitarios, con cursos y conferencias destinados a sectores que no podían concurrir a la Universidad. En la actualidad este criterio prevalece en Europa y EE. UU. y la Encyclopedia Britannica la define en esos términos.

En nuestro país esta modalidad tuvo gran desarrollo a principios del S XX en la Universidad de La Plata, impulsada por Joaquín V. González, su Presidente de 1905 a 1918.

El movimiento estudiantil de la Reforma Universitaria de 1918 enfatizó la responsabilidad social de la Universidad y sentó las bases para darle a la extensión universitaria tanta importancia como a la docencia e investigación.

En Uruguay, en el ámbito de Formación Docente, surgen en 1945 “las Misiones Socio-Pedagógicas como iniciativa de la Asociación de Estudiantes Magisteriales de Montevideo, con el fin de tomar contacto con la realidad rural y sus problemas (sociales, pedagógicas y culturales)”, con la finalidad de formar mejor a los futuros maestros de áreas rurales. Los participantes pronto advirtieron que era necesario también ocuparse de necesidades esenciales de la población y empezaron a contar con la colaboración de estudiantes universitarios de medicina, agronomía, etc. Si bien la experiencia uruguaya no se denominó “extensión universitaria”, puso énfasis en la necesidad de contacto directo del estudiante con la realidad social para su mejor formación y dejó profundas huellas en los pobladores y en cientos de maestros.

La Reforma Universitaria de 1918 La Reforma se produjo en Córdoba en una universidad especialmente retrógrada y arbitraria. Algunos de los cambios que los estudiantes exigían ya habían sido reclamados en otras universidades en años anteriores y puestos en práctica en algunas de ellas.

La lucha duró varios meses, iniciada en abril y recién triunfante en septiembre. La inusitada violencia con que fue combatida y reprimida, la lucidez y coherencia de sus formulaciones, la capacidad que tuvo de captar el espíritu de los tiempos que agitaba a Latinoamérica (y en parte también a Europa), todo ello confluyó para transformar la Reforma en un hito histórico que se propagó con rapidez en toda Latinoamérica.

Durante el desarrollo de este Movimiento, que exigía una universidad democrática y científica, con autonomía universitaria, gobierno tripartito, cátedras por concurso, etc., se realizó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios, reunido en Córdoba del 21 al 30 de julio de 1918. Allí se sientan las “Bases para la Nueva Organización de las Universidades Nacionales”. En la síntesis de sus postulados se expresa: Décimo: Extensión universitaria. Fortalecimiento de la función social de la Universidad. Proyección al pueblo de la cultura universitaria y preocupación por los problemas nacionales.

Las funciones que la sociedad ha atribuido a las universidades varían en distintas épocas y lugares. Desde la creación de las universidades en la Baja Edad Media, sus funciones se han ido transformando a lo largo de la Historia. Desde el S XIX la sociedad espera de ellas no sólo que “transmitan” conocimientos (docencia) sino que también “produzcan” conocimientos nuevos (investigación). A estas dos funciones se agrega en Latinoamérica, tras la Reforma del 18, la función social (extensión).

La nueva concepción de la extensión universitaria que se instauró en 1956 se fue elaborando durante los años previos: por fuera de las aulas, estudiantes reformistas -y humanistas- y jóvenes graduados estudiaban, debatían, reflexionaban, y junto con varios profesores, ideaban la Universidad que el país necesitaba. Reflexionaban sobre la aplicación de los principios y el espíritu de la Reforma del 18 adecuando la metodología a los años cincuenta.

Extensión Universitaria desde 1956 Tras el golpe de Estado de septiembre de 1955 que destituyó a Juan Domingo Perón, estudiantes y graduados de inmediato tomaron la universidad el 23 de septiembre de 1955 bajo el lema: “nosotros somos la Universidad”. Ante la presión estudiantil el gobierno aceptó la propuesta de estudiantes y graduados y designó Rector Interventor al Profesor José Luis Romero, quien asumió el 1º de octubre. El 23 de diciembre el Decreto Ley 6403Este Decreto-Ley 6403 contiene la redacción incluida en el Estatuto de la UBA que sigue vigente con escasas modificaciones. Pero al mismo tiempo introduce el Art. 28 que autoriza las universidades privadas. Debido al rechazo provocado, el gobierno de facto aceptó suspenderlo hasta las elecciones incorpora los principios de la Reforma Universitaria, que con pocas modificaciones constituyen el Estatuto que rige a la UBA. El 26 de enero de 1956 el Rector resuelve la creación del Instituto de Extensión Universitaria y nombra una Comisión con carácter honorario que en el término de un mes determine sus objetivos y modo de acción; la integraban Risieri Frondizi, Gino Germani, Guillermo Savloff, Juan Carlos Lito Marín y Noé Jitrik.

El Instituto de Extensión Universitaria recién creado (posteriormente Departamento de Extensión Universitaria) da a conocer a profesores y estudiantes su concepción señalando que el cumplimiento de la función social de la Universidad requiere cambios en la estructura universitaria misma; que debe salir de su “enclaustramiento” para “encarar con todos sus recursos los problemas concretos del pueblo” y contribuir a solucionarlos; que debe desarrollar en el estudiante su responsabilidad social para que una vez graduado sepa trabajar por el progreso de toda la comunidad. Subraya el hecho de que hasta ese momento en la Universidad “los campos de investigación, los problemas y las necesidades culturales quedan restringidas sólo a esos pocos sectores” [aquellos de interés para quienes tienen el privilegio de acceder a la universidad]. Ya no se trataba, pues, de “llevar” temas del saber universitario al “afuera” mediante cursos y conferencias; se trata de “realizar” extramuros el trabajo de los estudiantes y sus profesores, de aplicarlo a los problemas reales del pueblo y del país que lo requieran; se buscaba cumplir simultáneamente dos metas estrechamente vinculadas: (a) brindar un servicio que la sociedad necesita, y a través de este servicio (b) lograr que las cátedras universitarias investiguen problemas acuciantes del país y formen estudiantes con sensibilidad social y capaces de abordarlos.“La posibilidad de ampliar el radio de trabajo universitario por fuera de la Universidad …Era algo así como el esfuerzo de cátedras, de institutos, de profesores, de acercarse a los problemas reales y concretos del país…Es decir, nosotros, los universitarios, tenemos varias obligaciones. Uno, ser buenos científicos o técnicos y además saber a quién va a servir esa ciencia y esa técnica” (Amanda Toubes). “Nosotros estábamos tratando de introducir una modalidad nueva en Extensión Universitaria. Partiendo de la idea que la Universidad pública, los universitarios, tenían una deuda importante con el pueblo que la sustenta. […] Esto se implementaba desarrollando tareas de servicios hacia el pueblo que estaba fuera de la Universidad; por eso “extensión” universitaria. Pero en general eran cursos: el saber que nos habían transmitido, parte de ese saber, lo necesitaba el pueblo de afuera de la Universidad…Este equipo partía de otro supuesto: sería poco lo que podía devolverse sólo dando este saber elaborado…Teníamos que propiciar que la Universidad produjera otro tipo de universitario; que devolviera ese aporte que el pueblo le había dado para que pudiera estudiar, saldando esa deuda, sí, pero como profesionales. Tomando conciencia y produciendo los instrumentos necesarios para la transformación del contorno social” (Noemí Fiorito). Nora Speier Fernández, op. cit., págs. 70 y 71

Responsabilidad social de la Universidad Latinoamericana Esta nueva concepción de la Extensión Universitaria se planteaba como un requerimiento a las universidades latinoamericanas, debido a dos condiciones específicas de este continente. Por un lado sus graves deficiencias sociales y económicas desatendidas y por el otro una sociedad hasta el momento con escasas políticas para atenderlas. Las universidades eran, en Latinoamérica, las únicas instituciones capaces de ocupar esa función vacante.

José Luis Romero lo reseña pocos años después en la III Asamblea General de la Unión de Universidades de América Latina realizada en septiembre de 1959 en Buenos Aires. Allí presenta un “Documento” en el que fundamenta este requerimiento:

La Universidad latinoamericana de nuestro tiempo es una institución a la que se le exige mucho más -y en diversos planos- que a la Universidad europea o norteamericana. Son éstas, exclusivamente, centros de enseñanza y de investigación, y la colectividad no espera de ellas sino lo que prometen, puesto que para otras necesidades colectivas hay, o surgen fácilmente, otros órganos destinados a satisfacerlas. […] La actual estructura de la Universidad latinoamericana […] no constituye el instrumento eficaz que la sociedad y la cultura de los países latinoamericanos requieren hoy para afrontar sus necesidades materiales y espirituales. […] Si acepta las responsabilidades que supone contribuir al desarrollo del proceso universal de cambio y acepta también las que entraña sumarse a la renovación nacional y regional dentro del orden de la universalidad, habrá llegado el momento de que la Universidad latinoamericana revise a fondo el sistema de sus fines, de sus formas de acción, su estructura funcional y, sobre todo, sus relaciones con el contorno social.