La historia del sector eléctrico en la Argentina puede dividirse en tres grandes etapas:
desde sus orígenes a fines del siglo XIX y hasta la década de 1940, se desarrolló un sistema descentralizado de servicios eléctricos locales que terminó conformando una estructura de oligopolios regionales dominada por holdings internacionales, principalmente SOFINA, Motor Columbus y American & Foreign Power; desde la década de 1940 hasta comienzos de la década de 1990, se expandió progresivamente la participación estatal, coexistiendo en distintos momentos empresas públicas, cooperativas y compañías privadas, mientras se avanzaba hacia una mayor integración nacional del sistema eléctrico; desde comienzos de la década de 1990, el sector fue reestructurado mediante privatizaciones y la separación de las actividades de generación, transporte y distribución. La generación se organizó bajo condiciones de competencia, mientras que el transporte y la distribución fueron definidos como servicios públicos de naturaleza monopólica sujetos a regulación y concesión.
Actualización 2025 Potencia instalada y mix (SADI): a fines de 2024/primeros meses de 2025 la potencia instalada total se ubica en torno a los 43,3–43,9 GW según informes oficiales (Secretaría de Energía y CAMMESA). En el 1.º trimestre de 2024 la generación neta fue 54,4% térmica, 37,4% renovable (incluida gran hidro) y 8,2% nuclear. Renovables (Ley 26.190 y su régimen): CAMMESA reportó que en 2024 se incorporaron ~925 MW renovables centralizados y que la potencia renovable operativa superó los 6.670 MW a diciembre de 2024. Demanda y récords: en febrero de 2025 se registró un nuevo récord histórico de potencia máxima de 30.257 MW (SADI). Combustibles para generación: la Etapa I del Gasoducto Perito Francisco Pascasio Moreno (ex- GPNK) quedó operativa en agosto de 2023, con capacidad de ~11 MMm³/d desde Vaca Muerta, reforzando el abastecimiento de gas para generación térmica y desplazando combustibles líquidos. Río Turbio : la Central Termoeléctrica Río Turbio (240 MW) fue incorporada al Interconectado en 2022 y continuó con pruebas/adecuaciones durante 2022–2023. Apagón 16/06/2019 : el ENRE concluyó en 2021 responsabilidades de la transportista en el colapso; existen informes técnicos (FIUBA/CAMMESA) sobre el evento.
Desde los orígenes hasta la década de 1940 miniaturadeimagen|250px|Momento en que es apagado el último farol (no eléctrico) en la ciudad de Buenos Aires: esquina de Avenida del Trabajo y Escalada, 19 de marzo de 1931. La Ciudad de Buenos Aires venía iluminando sus calles y plazas desde el , utilizando inicialmente velas, aceites y kerosene. En 1840 comenzó a instalarse alumbrado de gas de carbón, destacándose en el servicio la Compañía Primitiva de Gas y diversas compañías en las capitales provinciales. Durante aproximadamente un siglo Buenos Aires tuvo un extenso servicio de alumbrado público generado por aceite, kerosén y gas de carbón.
En los últimos años del se constituyen pequeñas unidades autogeneradoras encargadas de dar luz a hoteles, comercios, fábricas etc. Unas pocas grandes empresas eran a la vez generadoras y distribuidoras. Entre estas últimas se encontraban la Gas and Electric Lighting Co. of Buenos Aires (también llamada Compañía Primitiva de Gas y Luz Eléctrica) que construyó la central Cuyo, con un equipamiento instalado de 1400 kW en corriente continua y una red de distribución subterránea de 2 x 110 V; y la River Plate Electric Light and Traction Co
En 1899, la Municipalidad de Buenos Aires otorgó a la empresa alemana CATE (Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad) el permiso provisorio para generar y distribuir electricidad con una potencia de 4.800 kW mediante una red trifilar de 2 x 220 V en corriente continua. Asimismo, en otros municipios funcionaban varias empresas como la Compañía General de Electricidad, de capitales franceses.
En el nuevo siglo comenzó un proceso de adquisiciones por parte de CATE hacia el resto de las empresas más pequeñas. Dos años después, la compañía adquirió una licencia definitiva por parte de la Municipalidad de Buenos Aires para la prestación del servicio público de electricidad, que luego se extendió a los principales partidos de la Provincia de Buenos Aires. En los años siguientes la CATE fue eliminando la competencia, comprando las demás empresas y usinas existentes por entonces en Buenos Aires, dando inicio a la práctica de cartelizar el servicio eléctrico.
Desde la década de 1940 a la década de 1990
En los años cincuenta se crea también la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica). Durante el Gobierno de Juan Domingo Perón, se realizan en el marco del Primer Plan Quinquenal, grandes obras de infraestructura en todo el país: se interconectan las Centrales Puerto Nuevo (CADE) y Nuevo Puerto (CIADE) con lo que se logra conectar a todo el país en un único un sistema interconectado de generación en el ámbito de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, al que se sumarían las 14 provincias y los 9 territorios nacionales. Además a través del Primer Plan Quinquenal se llevan a cabo un conjunto de importantes obras públicas, en el área energética y las industrias pesada y minera, acompañándolos con un mejoramiento en la infraestructura, es decir en los transportes, caminos y obras hidroeléctricas, destinadas a modernizar la infraestructura del país, necesaria para el proceso de industrialización acelerado que su gobierno desarrollista promovía.Gerchunoff, Pablo: “Peronist Economic Policies, 1946-55”, en Di Tella and Dornbusch, 1989, pp. 79
Durante el peronismo se construyeron centrales hidroeléctricas como Escaba (en la provincia de Tucumán), El Nihuil (en la provincia de Mendoza), Los Quiroga (en la provincia de Santiago del Estero) y seis diques-usinas en la provincia de Córdoba, seis en la provincia de Catamarca, cuatro en la provincia de Río Negro y tres más en la provincia de Mendoza.
Así la potencia instalada en centrales hidroeléctricas pasó de producir 45.000 kW en 1943, a producir 350.000 kW en 1952.
Sin embargo el plan de inversiones y obras fue frenado tras la instalación en el poder del dictador Pedro Eugenio Aramburu, tras el golpe de Estado de 1955, que derrocó al presidente legítimo Juan Domingo Perón. Aramburu instaló a colaboradores y familiares cercanos en la dirección de la empresa, dando lugar a hechos de corrupción.Gerchunoff, Pablo: “Peronist Economic Policies, 1946-55”, en Di Tella and Dornbusch, 1989, pp. 81
En 1962, el presidente de facto José María Guido nombró como ministro de Economía a Federico Pinedo (hijo) ―abogado y representante de la Chade durante la Década Infame―, quien implantó un «shock económico» e hizo aumentar la cotización del dólar de 83 a 138 pesos, aumentó las tarifas de servicios públicos, beneficiando a la Chade, compañía privada A pesar de las altas tarifas impuestas por Federico Pinedo, los cortes eran frecuentes, lo que sirvió para ocultar las deficiencias de la CIAE, que tenían grandes problemas para prestar el servicio ante el deterioro de los equipos.Floria, Carlos Alberto; y García Belsunce, César A. (1971): Historia de los argentinos, tomo 2. Buenos Aires: Kapelusz, 1971.
Entre 1970 y 1980, el sector eléctrico permaneció en manos estatales la oferta eléctrica medida en MW aumentó 107% (equivalente a 7,6% anual), mientras que entre 1990 y 2000, en manos privadas considerada la “década de la desinversión” aumentó 52% (4,3% anual).
Crisis eléctrica de 1988/89 El sector experimentó una seria crisis en los años 1988 y principios de 1989, durante la última parte del gobierno del radical Raúl Alfonsín. a escasez de electricidad ya había comenzado en abril de 1988 por lo que se realizaron cortes de luz rotativos de 5 horas por turno en ese mes, la.falta de inversiones en las máquinas térmicas obsoletas y un mantenimiento deficiente del sistema eléctrico. A esto se suma un año con escasez de precipitaciones que redujo la generación de las centrales hídricas. Todo esto produce un déficit en la generación que obligó a programar cortes rotativos. En abril de 1988 se programan cortes de 5 horas por turno.
Con la llegada del verano, y la esperable aumento de la demanda, los problemas se agravaron a lo que se sumaron varios incidentes en el sistema. En agosto, la principal central nuclear, la de Atucha I, tiene un incidente que obliga su salida de servicio. Se produjo un incendio en la provincia de La Pampa afectó líneas de transporte desde la central de El Chocón. A fines de diciembre quedaron fuera de servicio dos bombas de la central hidroeléctrica de embalse del Río Tercero.
Frente a este escenario el gobierno respondió profundizando las medidas de ahorro. El 1 de diciembre de 1988 se retomó la aplicación del horario de verano, adelantando la hora oficial una hora. El 6 de diciembre, ordenó el ajuste del desarrollo de los espectáculos deportivos a los períodos de luz solar. Se ordenó a todos los organismos de la Administración Pública a realizar una reducción de 20% en el consumo de energía. Se prohibió la iluminación con fines ornamentales y se suprimieron los trabajos nocturnos. El 12 de diciembre volvieron los cortes programados de 5 horas al Área Metropolitana de Buenos Aires. En enero se ampliaron a los sábados y a 6 horas diarias. Se redujeron el alumbrado público, los horarios de transmisión televisiva, que llegó a transmitir sólo 4 horas diarias y el tiempo de atención en los bancos; e incluso se fijó un orden de apagones de vidrieras y marquesinas. La hora volvió a su horario habitual en marzo de 1989 aunque la práctica de aplicar el horario de verano se mantuvo por 5 veranos más. Bajo la gestión de Echarte, Argentina experimentó una de las peores crisis energéticas de su historia. Los cortes, que se extendieron por más de cuatro meses, quedaron marcados en la memoria colectiva.http://www.ambito.com/noticia.asp?id=338138http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2004/03/28/z-03102.htm Durante la crisis energética declaró asuetos administrativos, hubo canales de TV operando solo cuatro horas diarias, bancos trabajando de 8 a 12. La escasez de electricidad había comenzado en abril de 1988 por lo que se realizaron cortes de luz rotativos de cinco horas por turno en ese mes. Por el faltante energético, en diciembre se restringió a los espectáculos deportivos, la prohibición de la iluminación con fines ornamentales y la supresión de los trabajos nocturnos. La falta de energía eléctrica afectó también el abastecimiento del agua. Fue así como Obras Sanitarias de la Nación tuvo que distribuirla en tanques a las zonas del Gran Buenos Aires. Se atribuyó la crisis a la «falta de inversiones en materia de generación, expresando que en el período 1984-87 las inversiones en generación alcanzaron a 28 millones de dólares estadounidenses cuando en realidad deberían haber sido alrededor de 250 millones..
De la década de 1990 al presente
En los 90 las privatizaciones produjeron una fuerte reducción de personal. En las empresas de distribución la reducción alcanzó al 30% del personal, en las centrales térmicas superó el 45% y en el área del transporte fue cercana al 25%. En algunas centrales hidroeléctricas, como la del Chocón, el impacto social fue aún mayor, porque a la pérdida del empleo se sumó que los trabajadores debieron entregar las viviendas que ocupaban. Las reformas no produjeron el crecimiento necesario en la capacidad de transmisión. Hasta el año 2003, no se había inaugurado ninguna usina con más de 100 MW.
Tras la privatización se generó un sistema de Cartelización energética tres grandes grupos económicos controlan de forma oligopólica la mitad de la demanda y de los usuarios. Los tres principales grupos empresarios del sector son Pampa Energía, conducido por Marcelo Mindlin, el Grupo DESA, conducido por Rogelio Pagano y el Grupo Sadesa, cuyos principales accionistas son Carlos Miguens Bemberg, Nicolás Caputo, Guillermo Reca y la familia Escasany.