thumb|300px|Mujeres de la élite de Buenos Aires luciendo una variedad de peinetones, retratadas por el pintor Charles Henri Pellegrini entre 1830 y 1832. El peinetón es un gran peine ornamental que se originó en Buenos Aires, y que se puso muy de moda entre sus habitantes femeninas, así como entre las de Montevideo, entre finales de la década de 1820 y mediados o finales de la de 1830. Aunque su origen se remonta a la tradicional peineta española, el peinetón derivó en un tocado distinto, tanto por sus características físicas como por los significados simbólicos que envolvían su uso. La peineta se introdujo en Buenos Aires alrededor de 1815 y, ya en 1824, comenzó a crecer el interés por modelos más grandes y elaborados, dando lugar finalmente al peinetón, que tuvo su apogeo entre 1830 y 1837. El accesorio surgió durante la época romántica de la moda occidental, y se usaba junto con vestidos de cintura pequeña y mangas grandes y voluminosas.

Los peinetones se definían por su tamaño extravagante, llegando a medir hasta 120 centímetros de alto y de ancho en el apogeo de su popularidad.Saulquin, 2006, p. 43. Se fabricaban normalmente con carey, aunque también era común el asta, más barata, sobre todo cuando el primero escaseaba. El carey se importaba en piezas o planchas, que los artesanos cortaban, fundían al calor, calaban, cincelaban y pulían en los talleres de la ciudad, y que a veces también se estampaban e incrustaban. El diseño de cada peinetón era único y se adaptaba a los gustos de cada mujer. El accesorio, de una sola pieza, tenía el cuerpo ligeramente convexo, se presentaba en diferentes formas y contaba con una profusa ornamentación con diseños inspirados en la naturaleza y en el Neoclasicismo.

La tendencia fue exclusiva del Río de la Plata, y sirvió como una forma de diferenciarse de la cultura española y se convirtió en un rasgo definitorio de la mujer porteña tanto para locales como para extranjeros. Como tal, representa un momento de especial interés para los historiadores de la moda argentina y está asociado con un creciente sentido de identidad nacional en la Argentina poscolonial, que había declarado su independencia en 1816 y atravesaba una serie de sangrientas guerras civiles entre federales y unitarios. El desarrollo de la moda tuvo lugar principalmente durante el gobierno del federal Juan Manuel de Rosas, una época en la que la indumentaria se codificó cada vez más para demostrar la adhesión política al régimen. De hecho, el uso del peinetón terminó asociándose con las mujeres federales, con modelos que a menudo presentaban efigies de Rosas y consignas políticas del partido.

El peinetón tuvo un gran impacto en la sociedad porteña de la época, lo que derivó en una intensa producción literaria, gráfica, artística y periodística tanto a favor como en contra del accesorio. Debido al alto costo del carey y a su elaborada manufactura, el tocado se convirtió en un artículo de lujo que servía como símbolo de prestigio entre la élite, aunque las mujeres de las clases sociales más bajas también aspiraban a poseer uno. Varios autores modernos consideran que el peinetón sirvió para que la mujer irrumpiera y se reafirmara en el espacio público, en una época en la que estaba fuertemente relegada a la vida doméstica.

Nombre y características

El peinetón es un tocado de una sola pieza con el cuerpo ligeramente convexo, calado en ambas caras y profusamente decorado. Está compuesto por dos partes bien diferenciadas: el peine, que cumple la función de sujetar el peinetón al cabello, y el campo, la zona visible que presenta la ornamentación. Según la historiadora de la moda Regina A. Root, los peinetones «podían tener de seis a catorce dientes y pesar 750 gramos». Se fabricaban normalmente con carey, aunque también se empleaba el asta de toro, más barata, sobre todo cuando el primero escaseaba. El marfil, el nácar y la plata se utilizaron en menor medida. En el Archivo General de la Nación existen numerosos inventarios de pulperías en los que también se mencionan peinetones hechos de «talco». No se conocen referencias sobre a qué material aluden, aunque pudo haber sido algún tipo de yeso.

El término «peinetón» proviene de «peineta» (un tocado tradicional español), que a su vez proviene de «peine». La palabra se originó en la Argentina y es difícil de encontrar en los diccionarios de lengua española, como el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, que solo incluye la voz «peineta». Se trata de un aumentativo, resultado de añadir el sufijo -ón a la palabra «peineta». Según Root, «peinetón» «podría traducirse al inglés como algo más elaborado que un "peine grandioso"».

Al accesorio se lo llamaba indistintamente «peineta» y «peinetón», mientras que el periódico local en lengua inglesa The British Packet, and Argentine News empleaba simplemente la palabra comb («peine») para ambos. Según las fuentes escritas e iconográficas de la época, la peineta había caído en desuso durante la popularidad del peinetón, por lo que se entiende que, cuando usan la palabra «peineta», en realidad se refieren al peinetón. Sin embargo, hoy ambos nombres están bien diferenciados en la catalogación museística argentina moderna, que define las categorías de peineta (de menos de 28 cm), peinetón pequeño (de entre 28 y 35 cm) y peinetón (de más de 35 cm).

Según su forma, el historiador Horacio Botalla clasificó a los peinetones en ovalados, acampanados, en forma de varilla y trapezoidales, siendo los dos primeros los que «permitían diseños más narrativos». A juzgar por las litografías de la época, la mayoría de las mujeres optaba por el estilo trapezoidal. En cuanto a la ornamentación, Botalla señaló que incluía motivos vegetales y animales típicos del Neoclasicismo. Por su parte, la investigadora Serafina Perri diferenció el estilo neoclásico francés del estilo «orgánico». El primero incluye «perlas, grecas, meandros, rombos, ovas, olas, palmetas, volutas, retículas, cintas, lazos, espirales, mostacillas, plumas, copas, canastas, instrumentos musicales, hojas de acanto, hachones, gorros frigios, iniciales, inscripciones y nombres»; mientras que el segundo representa «elementos tomados de la naturaleza, motivos fitomorfos, hojas y flores, rosas, margaritas, girasoles, amapolas, hasta un árbol de la vida (en la colección del Museo Saavedra [de Buenos Aires]) y zoomorfos, mariposas, pájaros y libélulas».

Origen thumb|upright|Charles Henri Pellegrini. Don Manuel Mateo Masculino López, c. 1834. Masculino fue el fabricante de peinetones más prominente e influyente. Este retrato es una muestra de la prosperidad económica que ello le reportó, y lo representa junto a un plano desplegado de una de sus creaciones. No existen fuentes suficientes para determinar cuándo surgió el peinetón ni si tuvo un inventor. Su origen se atribuye comúnmente al fabricante Manuel Mateo Masculino, incluso por parte de la socióloga de la moda Susana Saulquin en su libro Historia de la moda argentina (2006). No obstante, otros autores han rechazado la idea de que un único diseñador inventara el peinetón; la investigadora Susan Hallstead señaló que «fue un producto establecido y popularizado por las mujeres de la élite, para las mujeres». Por su parte, Root también declaró a Página/12 en 2013: «No podemos afirmar que Masculino haya sido el creador del peinetón tal como lo conocemos, pero está claro que fue su mayor difusor. Lo más probable es que el peinetón haya sido una creación del mercado y de la competencia». Masculino fue responsable de muchos de los diseños más populares del accesorio y se promocionaba rápidamente en la prensa cuando lanzaba nuevos modelos.

Masculino nació en 1797 en España y llegó a Buenos Aires en 1823, como consignó el periódico local Argos de Buenos Aires el 16 de abril de ese año: «Manuel Masculino, fabricante de peines de marfil y peinetas de carey de varios gustos, ha llegado a esta ciudad para radicarse. Masculino ofrece las máquinas de su invención para la fabricación en serie de peines». Puede inferirse que también vivió un tiempo en Montevideo, ya que sus hijos María y Encarnación Masculino nacieron allí en 1830 y 1831 respectivamente. Masculino abrió su primera tienda en 1825 —dos años después de su llegada a Buenos Aires— y pronto fue imitado por otros comerciantes como Custodio Peis, Martín Suárez y Salvador Videla.

El origen del accesorio se remonta a la tradicional peineta española, que fue introducida en el Río de la Plata alrededor de 1815. Ya en 1824 comenzó un especial interés por crear y confeccionar peinetas cada vez más grandes y extravagantes.

Algunos autores modernos señalan que el peinetón derivó en realidad de los peinados altos y recargados que aparecían en los figurines de moda franceses, entre ellos el estilo chignon y los peines de carey conocidos como peigne «à la girafe». Estos peines se pusieron de moda en París en 1827, luego de que la jirafa Zarafa —un regalo de Mehmet Alí al rey Carlos X de Francia— llegara a París y desatara una moda influida por el animal, que incluyó los peinados. Sin embargo, el accesorio fue más probablemente una síntesis de los estilos español y francés, y Hallstead lo describió como resultado de la transculturación y como un «producto argentino que concilia la independencia cultural completa y la imitación flagrante». Y añadió:

Producción y manufactura thumb|Vista de la Plaza de la Victoria —hoy Plaza de Mayo— según la representó Charles Henri Pellegrini en 1831. El negocio del peinetón se concentraba en el área comercial que rodeaba la plaza, eje central de la ciudad. La producción del peinetón se concentraba en el área comercial ubicada en los alrededores de la Plaza de la Victoria (conocida hoy como Plaza de Mayo), eje principal de la ciudad. Allí se encontraban los negocios dedicados exclusivamente a la venta de peinetones, así como aquellos que tenían otros rubros pero igualmente vendían el accesorio. Los peinetones podían comprarse directamente a los fabricantes en su fábrica o en sus locales comerciales, pero también en tiendas de ramos generales y, en su apogeo, se registra que llegaron a venderse incluso en una mueblería y en una loceria.

Aunque no puede asegurarse que el peinetón implicara un modo de producción industrial, algunos elementos podrían sugerirlo, entre ellos el gran volumen de producción, la división del trabajo y el uso y perfeccionamiento de maquinaria que permitiría una mayor producción en menos tiempo. Una gran cantidad de peines se exportó al exterior, como indican los registros de buques de carga publicados en The British Packet, and Argentine News, un semanario en lengua inglesa editado por la comunidad británica de Buenos Aires. De hecho, Perri sugiere que el peinetón podría considerarse la primera manufactura argentina exportada, lo que contradice la idea extendida de que esto no ocurrió hasta la llegada del llamado «modelo agroexportador» décadas más tarde:

La manufactura de un peinetón era un proceso laborioso que involucraba a artesanos calificados. Según el historiador Alejo González Garaño, los trabajadores que fabricaban el peinetón eran negros esclavos o libertos de clase baja —incluidas mujeres y niños— que eran instruidos en el oficio y que muchas veces «resultaban eminentes artífices como cinceladores, grabadores, esmaltadores de colores, engarzadores, dibujantes, etc.». Asimismo, Perri afirma que la fabricación del peinetón estaba «dividida por castas: los españoles libres y los mulatos pasaban a ser patrones o capataces de taller; los negros esclavos o libertos, incluidos mujeres y niños, llevaban a cabo la manufactura». La autora cita un aviso firmado por Juan Bracco, fabricante de peines establecido en la calle Cuyo 214, que solicitaba «(…) se presenten 1 o 2 jóvenes de color para enseñarles el oficio».