La aculturación y dominio en México aborda conceptos empleados en los estudios antropológicos desde finales del y por los estudios históricos en el , para referir y analizar un tipo específico de contacto dado entre dos o más grupos sociales. Su definición, ha sido objeto de múltiples discusiones a partir del diálogo entre ambas disciplinas, ya que, se ha buscado funcione como una herramienta de análisis que permita el estudio tanto sincrónico como diacrónico de los contactos efectuados entre culturas.

Para el caso de México, el concepto aculturación se insertó en la primera mitad del a partir de los trabajos de Aguirre Beltrán y posteriormente se nutrió y reformuló con las observaciones de otros estudiosos como Miguel León-Portilla e Ignacio del Río. Hay que señalar que la aculturación como proceso histórico fue anterior a la aparición de los trabajos que la refieren, pues los contactos entre culturas han sido una constante desde tiempos prehispánicos. Sin embargo, las investigaciones de historiadores y antropólogos han priorizado su estudio a partir del contacto entre el imperio hispánico y los pueblos nativos. Posteriormente, estos estudios dieron pie al cuestionamiento sobre la condición del indio en otros contextos.

Conceptos y debates metodológicos Antecedentes a los estudios de contacto en la antropología: la teoría del estado de la naturaleza El imperialismo decimonónico de las grandes potencias europeas (Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia) apoyó el estudio de las lenguas y culturas indígenas como algo útil para la administración de las colonias. En este contexto político y económico, la antropología se constituyó como disciplina social sobre todo en Inglaterra y Francia.

La teoría del estado de la naturaleza se centró en el estudio de los pueblos no occidentales, considerándolos representantes vivientes de estadios primitivos de la humanidad. Hacia finales del en el desarrollo del pensamiento antropológico, la lucha de opuestos se convirtió en uno de los factores de mayor consideración para comprender la realidad humana.

Primeras definiciones desde la Antropología estadounidense A partir de 1880 y hasta la mitad del , se recrudecieron las discusiones en torno al concepto de aculturación cuestionando la naturaleza de los cambios y contactos entre pueblos. Así surgió el concepto de evolución cultural que postulaba el progreso humano a través de una sucesión de etapas socioculturales de desarrollo. También hizo su aparición la escuela difusionista la cual propuso enfatizar el préstamo cultural y tomar en cuenta la dimensión espacial del contacto entre culturas.

En 1896, Franz Boas apuntó que el estudio de la cultura debía orientarse no al momento del contacto entre los pueblos sino a las consecuencias del cambio cultural. Dos años después, William John McGee estipuló que se podía distinguir entre aculturación pirata y aculturación amistosa; la diferencia en ambos fenómenos residía en la transmisión y el ajuste de costumbres entre “pueblos de nivel superior” y “pueblos de nivel inferior”.

El tamiz etnográfico en la definición de aculturación: la década de los treinta en el En los años treinta del , las definiciones se vieron tamizadas por la etnografía sobre los pueblos nativos de África, Asia y América. En estos estudios se recolectarón datos sobre los contactos culturales, destacando los trabajos de Margaret Mead (1932), Monica Hunter Wilson (1936) y Richard Thurnwald (1935). En Inglaterra se abrió una nueva escuela: la funcionalista, interesada en el análisis de las culturas totales y no en la pulverización de rasgos específicos.

Tiempo de consenso: Redfield, Linton y Herskovits La Asociación Norteamericana de Antropología comisionó a Robert Redfield, Ralph Linton y Melville Herskovits, para aclarar los conceptos en disputa. En el “Memorandum for the study of acculturation”, publicado el año de 1936 en la revista American Anthropologist. en ella se definió por aculturación: “aquellos fenómenos que resultan cuando grupos de individuos de culturas diferentes entran en contacto continuo y de primera mano, con cambios subsecuentes en los patrones culturales originales de uno o de ambos grupos”. Consecuentemente, los conceptos de evolución cultural y difusión se entendieron solamente como efectos o aspectos del proceso de aculturación.

El concepto de aculturación en la historiografía mexicana,

Los estudios de contacto y la aculturación del indio en México

En la primera mitad del , el Estado Mexicano practicó una política indigenista cuya intención fue la asimilación e integración del indígena a la cultura occidental. El objetivo fue eliminar la pluriculturalidad del territorio mexicano para generar una sociedad mestiza y homogénea que se pensaba necesaria para el desarrollo y progreso nacional.

A partir de ello, se generó entre la antropología y la historia un diálogo que permitió analizar el mundo indígena. En consecuencia, la historia aportó una dimensión temporal para estudiar las modificaciones culturales de un grupo a lo largo del tiempo. Mientras la antropología, con el uso de la etnografía, dio cuenta de las normas, roles e instituciones de esa cultura. La comunicación entre ambas disciplinas, para el caso de México, conllevó al estudio de los contactos culturales, cuyo fin fue analizar el impacto que la cultura occidental produjo en el indio. Las discusiones anteriores tuvieron su desarrollo entre los estudiosos de la Antropología y la Historia en México para hacer frente a los problemas de un país con gran diversidad poblacional, cuyo fin fue la inclusión del indio a la “vida nacional” y cultura occidental.

Los primeros intentos por analizar tal situación se dieron en la plataforma intelectual que guardó en sus filas el Museo Nacional, institución fundada en 1865. Ahí, se desarrollaron estudios como los de Andrés Molina Enríquez quien, en Los grandes problemas nacionales (1909), analizó a la población mexicana desde tres puntos de vista: su distribución geográfica, la composición que determina su construcción social y su unidad colectiva o “sociotnológica”. Sobre ellos, Molina calificó las características de los indios como elementos a favor o en contra de su “adaptación al medio”.

Siguiendo la escuela antropológica de Franz Boas, Manuel Gamio escribió en 1916 Forjando Patria, en la cual puso de relieve la importancia del conocimiento antropológico como antecedente de la acción social: “las investigaciones científicas de los grupos sociales indígenas y, en general, de cualquier filiación étnica, sólo tiene justificación si se emprenden con la tendencia preconcebida de mejorar de manera autorizada las condiciones en que se desarrollan tales grupos.”

Fue la acción social la que marcó los postulados teóricos respecto al proceso de aculturación del indio en las primeras décadas del . Producto de la Revolución Mexicana, se planteó el estudio de tal fenómeno desde la relación del indio con dos problemáticas en particular: la redistribución de la tierra (el movimiento agrario) y su acceso a la educación (la escuela rural). La obra Tepoztlán, a Mexican Village (1930), de Robert Redffield, marcó un nuevo rumbo: los estudios de comunidad. Con ello, se promovió el carácter etnográfico de las investigaciones mediante la documentación de esquemas sociológicos y el incremento de tiempo dedicado al trabajo de campo.

Los estudios de contacto, al implicar el análisis de la relación entre dos culturas, se vieron necesitados de herramientas teórico-metodológicas para su realización. En este contexto, antropólogos e historiadores emplearon el concepto de aculturación para sus investigaciones. No obstante, a pesar de existir una definición previa, elaborada en los años treinta por los antropólogos Redfield, Linton, Hercovitts, se replanteó el concepto de acuerdo a la realidad mexicana.

Definición y discusiones conceptuales dentro de la academia mexicana

Aculturación y Transculturación: Una discusión etimológica

El antropólogo cubano Fernando Ortiz, fue el primer latinoamericano en dialogar con el concepto aculturación propuesto por la antropología norteamericana. En su obra El contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar, publicada en 1940, propuso el vocablo transculturación, de raíces latinas, en lugar del vocablo inglés que, de acuerdo por su etimología, consideró insuficiente para captar la lógica de los procesos culturales.

Para Ortiz, aculturación refería a un proceso de modificación gradual y unidireccional, de una cultura dominante a otra subordinada. Mientras transculturación, poseía un carácter multidireccional por su partícula trans que expresa la transición activa de dos culturas hacía una nueva realidad cultural original e independiente. En este proceso, Ortíz observó dos componentes: desculturación y neoculturación. El primero alude al desarraigo de la cultura emergente sobre sus precedentes y el segundo, el fenómeno cultural que emerge del contacto

En 1957, el antropólogo mexicano Gonzalo Aguirre Beltrán expresó su desacuerdo con Ortíz en El proceso de aculturación, por considerar correcto el uso de la partícula ad como prefijo de la palabra cultura que, según sus raíces latinas significa contacto. Mientras transculturación, le parecía significar el paso de un lugar a otro y no una acción recíproca.

En este entendido, aculturación, para Beltrán remitía un carácter dinámico del fenómeno –en cuanto es proceso y no transmisión- entendido en un contexto de relaciones y significados que permiten la modificación recíproca de los patrones culturales. Así, la antropología y otras ciencias sociales podían hacer uso del concepto como herramienta teórica-metodológica para inducir el cambio cultural de las comunidades indígenas, consideradas subdesarrolladas, con el objetivo de integrarlas a la idea de una comunidad nacional.

Aculturación y Medio ambiente

Miguel León-Portilla, apoyado en el trabajo de Julian H. Steward, publica en 1965 un artículo titulado “Aculturación y Écosis. Adopción de un término para expresar un concepto antropológico”. En él, propuso estudiar de manera paralela a la aculturación, el fenómeno del contacto continuo entre los grupos humanos y su medio ambiente, lo que denomina écosis. Su propuesta, parte de considerar que existe en los distintos grupos culturales un “núcleo cultural” que se adapta y modifica conforme al ambiente físico en el que se desenvuelve. Así, piensa, el medio físico es un factor más a considerar en la alteración de los patrones culturales de un grupo al hablar de aculturación. Ya que, si bien el hombre es capaz de modificar su medio, este también los afecta al condicionar sus acciones.

El Dominio en los procesos de transmisión cultural Por su parte, en 1984, el historiador Ignacio del Río, en Conquista y aculturación en la California Jesuítica y en un artículo posterior de 1992, refirió al dominio como el factor que distingue a la aculturación de otras formas de transmisión cultural. Para él, el contacto, contrario a la opinión de Beltrán y de Nathan Wachtel, no explicaba el proceso de aculturación ya que consideraba que los cambios culturales se efectuaban a partir de las fuerzas antagónicas, mientras en otros tipos de intercambio, como el difusionismo, la aceptación de rasgos es autorregulada por la cultura receptora.

Asimismo, desde una mirada más apegada a la historia que a la antropología, del Río observó como función del estudio de los procesos de aculturación, el entender la conformación de un conjunto social en el cual prevalecen los dos sistemas de las culturas en contacto y rechazó la idea de aculturación como una forma de observar y generar la transición cultural como había sido entendida hasta el momento por la política indigenista.

Sobre aculturación a fines de siglo