Neuromito es un término atribuido al neurocirujano inglés Alan Crockard, quien lo empleó en la década de 1980 para dar cuenta de aquellas ideas no científicas sobre el cerebro prevalentes en la cultura médica. El término se generalizó desde 2002 a partir de su utilización por el Proyecto Cerebro y Aprendizaje de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que lo asignó al conjunto de ideas erróneas acerca del funcionamiento cerebral y los procesos mentales originados en «un malentendido, una mala interpretación y, en algunos casos, una manipulación deliberada de los hechos científicos para hacerlos relevantes para el campo educativo u otros contextos». También los definió como «un error de interpretación que encuentra su origen en malas citas o un mal entendimiento de hallazgos científicos». OECD. Understanding the Brain: Towards a New Learning Science. Paris: OECD; 2002. Se usa el término neuromitos para referirse a falsas creencias o malas interpretaciones con respecto a los hechos neurocientíficos. También abundan en la educación, y son falsas creencias llamadas neuromitos por su falta de apoyo empírico y el uso de conceptos pseudocientíficos. Muchos de estos mitos se basan en distorsiones, extrapolaciones y malinterpretaciones de descubrimientos científicos utilizados de forma falaz.
Lista de neuromitos Neuromito: hay un hemisferio cerebral dominante
«Algunas personas usan más el hemisferio derecho y otras usan más el hemisferio cerebral izquierdo.»
La creencia de que algunas personas usan más un hemisferio cerebral –derecho o izquierdo- que el otro, no tiene ninguna base científica. Esto es un mito, ya que todas las personas utilizamos ambos hemisferios por igual y, de hecho, los hemisferios no están aislados sino están conectados por una ancha banda de axones. Es un neuromito pensar que los individuos pueden ser categorizados como cerebro izquierdo o cerebro derecho en términos de su personalidad y su forma de procesar la información. Los hemisferios se conectan entre sí y funcionan siempre como un todo unificado.
En neurociencia educativa y en neuroeducación, los neuromitos son afirmaciones incorrectas sobre cómo el cerebro está implicado en los procesos de aprendizaje. La idea de que algunos alumnos usan más un hemisferio del cerebro que otro, hace que de esto pueden desprenderse implicancias prácticas en términos de intervenciones pedagógicas que fomenten el aprendizaje, todas ellas equivocadas. La lateralización cerebral no implica que los seres humanos tengan un tipo de pensamiento y comportamiento según el hemisferio que predomine. Es cierto que existen ciertas tareas que requieren de una mayor implicación de un hemisferio cerebral, como el reconocimiento de rostros o la producción del lenguaje hablado, pero no existe ninguna tarea que requiera de la actividad de un solo hemisferio por lo que esta división propuesta de la lateralización hemisférica cerebral es muy simplista, al pensar al cerebro con dos sistemas conscientes, cuando está organizado en múltiples subsistemas mentales dinámicos e interactivos.Gazzaniga, M. S. (2012). ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro. Barcelona: Paidós Aunque las imágenes cerebrales delinean áreas de activación superior o inferior, en respuesta a tareas particulares, el pensamiento implica interconectividad coordinada de ambos hemisferios cerebrales y no existe un pensamiento separado del cerebro izquierdo o derecho. Incluso muchas personas muestran actividad cerebral en las imágenes de ambos hemisferios para procesar el lenguaje. Todo nuestro pensamiento requiere niveles más altos de actividad interhemisférica y otras actividades conexas.
Neuromito: en los varones prevalece el hemisferio izquierdo y en las mujeres el derecho
Una variable del neuromito anterior es que los varones usan más el hemisferio izquierdo, del pensamiento lógico y racional, lo que los haría ser mejores en matemática y tener mayor habilidad espacial, mientras que las mujeres usarían más el hemisferio derecho, supuestamente asociado a las emociones y a la creatividad. Según este mito, las mujeres, con el hemisferio cerebral derecho más activo, tendrían más capacidad de reacción emocional. Las mujeres por su hemisferio compartirían más detalles en su comunicación, a diferencia del hombre que comunicaría todo de una manera directa y concreta por el solo hecho de utilizar más se hemisferio izquierdo.
El origen de este mito proviene de Paul Brocca, médico francés, quien descubrió que las lesiones en ciertas partes del cerebro bloqueaban algunas capacidades del lenguaje, lo que lo llevó a pensar las distintas funciones que están alojadas en las diferentes partes del cerebro. Interpretar las asimetrías funcionales de los dos hemisferios como estilos de pensamiento diferentes es una simplificación errónea y una extrapolación. La noción de diferentes estilos de pensamiento hemisférico se basa en una premisa errónea: cada hemisferio cerebral estaría especializado y debería funcionar independientemente con un estilo de pensamiento diferente. Sin embargo, no existe evidencia científica apoye la idea de que existan diferentes estilos de pensamiento dentro de cada hemisferio. Equiparar la localización del lenguaje y el propuesto procesamiento en serie de estímulos en el hemisferio izquierdo a un estilo de pensamiento racional, analítico y lógico, no tiene sustento excepto en las ideas preconcebidas del médico.
La reducción de los dos lados del cerebro a meros asientos de ciertas habilidades o cualidades y la aplicación de esto a la diferencia de géneros se basa en prejuicios y simplificaciones excesivas. Las pruebas con escáneres que pueden identificar la actividad cerebral demuestran que los dos hemisferios trabajan de manera complementaria en todos los seres humanos. No hay ninguna evidencia científica que pueda sostener la teoría de que los varones utilizan más un hemisferios y las mujeres el otro. No solo ambos hemisferios están unficados y funcionalmente integrados, sino que la mayoría de las redes en el cerebro incluyen áreas de ambos hemisferios y no podrían funcionar uno sin el otro. Por ejemplo, los sonidos del lenguaje se procesan en el hemisferio dominante y los sonidos tonales o musicales en el hemisferio no dominante, pero ambos hemisferios obtienen información de ambos oídos y de ambas regiones auditivas primarias. Si no fuera así, la gente perdería su capacidad de oír de un lado después de un ACV.
Neuromito: existe un cerebro masculino y un cerebro femenino
A pesar de ser afirmaciones en muchos estudios, no existen pruebas de que haya realmente diferencias en la estructura del cerebro. Las aparentes y supuestas diferencias (tamaño, cuerpo calloso) han sido históricamente utilizadas para definir supuestas desigualdades: como existirían diferencias profundas y fundamentales entre los cerebros de hombres y mujeres, entonces, los propietarios de esos cerebros tendrían acceso a diferentes habilidades de las cuales, las superiores quedarían adjudicadas al sexo masculino. Los varones serían mejores para matemáticas y raciocinio y las mujeres más irracionales y empáticas.
Sin embargo, para muchos científicos esto también es un mito. Por eso se habla de neurosexismo, es decir, la interpretación y utilización de los hallazgos neurocientíficos para justificar estereotipos de género.
Neuromito: hay estilos de aprendizaje
«Existen estilos de aprendizaje que hacen que algunos alumnos sean auditivos, mientras que otros son visuales y otros cinestésicos.»
Los estilos de aprendizaje preferentes hacen referencia a modalidades sensoriales: visual, auditiva y kinestésica. La idea de que hay diferentes estilos hace que los maestros crean que deben enseñar en función de dicho estilo, como si las modalidades sensoriales fueran estructuras neurales que pudieran separarse. Esto genera la creencia de que el proceso de enseñanza-aprendizaje puede partir únicamente de una de ellas. Algunos maestros creen que los estudiantes aprenden mejor si se les enseña de acuerdo a su estilo de aprendizajes preferido: auditivo, cinestésico o visual. Esta teoría se remonta a Frederic Vester, quien distinguió a cada estudiante como de tipo auditivo, visual/óptico, háptico e intelectual. Según Vester, el tipo de estudiante está biológicamente determinado y puede caracterizarse por el uso predominante de un canal de percepción: el aprendiz auditivo aprendería usando los oídos, el aprendiz óptico usando los ojos, el aprendiz háptico usando la piel (es decir, tocando), mientras que el aprendiz intelectual aprendería de una manera más abstracta: a través de la comprensión de sí mismo.
Sin embargo, dicha creencia no se basa en ninguna evidencia neurocientífica y no se puede afirmar que el aprendizaje mejora mediante la enseñanza acorde a los estilos individuales de aprendizaje; esto no es más que un mito. Esta idea errónea se basa en un hallazgo de investigación válido, a saber, que la información visual, auditiva y kinestésica se procesa en diferentes partes del cerebro. Sin embargo, estas estructuras separadas en el cerebro están altamente interconectadas y hay una profunda activación intermodal y transferencia de información entre modalidades sensoriales, por lo que no se puede asumir que solo una modalidad sensorial está involucrada en el procesamiento de la información. Incluso existen programas de educación supuestamente basados en el estilo de aprendizaje del cerebro de cada niño, a pesar de que para la comunidad de neurocientíficos estos neuromitos no tienen ninguna base en la evidencia científica sobre el cerebro.
Neuromito: usamos solo el 10% de nuestro cerebro
«Los seres humanos usamos solamente el 10% de nuestro cerebro.»
El origen del mito del 10 % del cerebro es que solo el 10% del encéfalo está compuesto por neuronas y el resto está compuesto por neuroglias, células que sirven de apoyo para las neuronas durante diversas operaciones como el procesamiento de la información.Fileds, R. D., Araque, A., Johansen-Berg, H., Lim, S. S., Lynch, G., Nave, K. A., . . . Wake, H. (2014). Glial biology in learning cognition. Neuroscientist, 20(5), 426-431. doi:10.1177/1073858413504465 Suelen haber unas diez células gliales por cada neurona y se supone que las células gliales aportan nutrientes pero no transmiten impulsos nerviosos. Sin embargo, el cerebro permanece totalmente activo todo el tiempo, incluso durante el sueño. El cerebro ocupa solo el 2% del peso corporal pero consume alrededor de un 20% de la energía. Nuestro propio sistema no permitiría que el 20% de la energía la consuma un órgano que desperdiciara el 90% de su capacidad.
Si solo utilizáramos el 10% de nuestro cerebro podríamos perder el otro 90% sin consecuencias. Sin embargo, con perder mucho menos del 90% del tejido cerebral tiene consecuencias graves. Ninguna región del cerebro puede ser dañada sin dejar a una persona con deficiencias mentales o físicas. Ningún accidente cerebrovascular u otro traumatismo está exento de consecuencias. La estimulación eléctrica de partes del cerebro durante la neurocirugía no ha revelado ningún área cerebral latente donde no se pueda obtener ninguna percepción, emoción o movimiento. El tejido cerebral es metabólicamente costoso tanto para crecer como para funcionar, y es una carga para la credulidad pensar que la evolución hubiera permitido el despilfarro de recursos a una escala necesaria para construir y mantener un órgano tan masivamente infrautilizado.
Según Barry L. Beyerstein, del Brain Behavior Laboratory at Simon Fraser University en Vancouver, Canadá: «El mito del 10 por ciento sin duda ha motivado a muchas personas a luchar por una mayor creatividad y productividad en sus vidas, lo cual no es nada malo. La comodidad, el aliento y la esperanza que ha generado ayudan a explicar su longevidad».
Neuromito: hablar un primer idioma antes de un segundo