thumb|El Sermón de la Montaña, de Carl Bloch (1877). El cristianismo en el abarca la historia del cristianismo desde el comienzo del ministerio de Jesús (c. 27-29 d.C.) hasta la que se considera tradicionalmente como fecha de muerte del último de los Apóstoles (c. 100). Por esto último, también se conoce a esta época como período apostólico.
El cristianismo primitivo se desarrolló a partir del ministerio de Jesús. Después de su muerte, sus primeros seguidores formaron una secta judía mesiánica apocalíptica (judeocristianos) durante el período del Segundo Templo tardío. La creencia inicial de que la resurrección de Jesús era el comienzo del tiempo del fin, pronto evolucionó a la segunda venida de Jesús (parusía) y el comienzo del «Reino de Dios» en un momento posterior.
Pablo de Tarso, un judío piadoso que había perseguido a los primeros cristianos, se convirtió c. 33-36 y comenzó a hacer proselitismo entre los gentiles (los no judíos). Según Pablo, a los conversos gentiles se les podría permitir la exención de la mayoría de los mandamientos judíos, argumentando que todos están justificados por la fe en Jesús. Esto fue parte de una separación gradual del cristianismo primitivo y el judaísmo, ya que el cristianismo se convertiría en una religión distinta cuyos miembros eran predominantemente gentiles.
Jerusalén tenía una comunidad primitiva de seguidores de Jesús, dirigida por Jacobo el Justo, Pedro y Juan. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles (), Antioquía fue donde los seguidores fueron llamados «cristianos» por primera vez. Predicadores como Pablo de Tarso difundieron el mensaje del Evangelio alrededor del mundo clásico y fundaron los primeros centros del cristianismo. Según la tradición cristiana, el último de los Doce Apóstoles en morir fue Juan, hacia el año 100.
Etimología Los primeros seguidores de Jesús no se referían a sí mismos como cristianos sino como «El Camino» (ἡ ὁδός), nombre quizás tomado de , «Preparad camino a YHWH». Los otros judíos los llamaron «nazarenos» (). Según , el término «cristiano" (Χριστιανός), que significa «seguidores de Cristo», se utilizó por primera vez en referencia a los discípulos de Jesús en la ciudad de Antioquía por los habitantes no judíos de esa ciudad. El primer uso registrado del término «cristianismo» (Χριστιανισμός) fue por Ignacio de Antioquía, alrededor del año 100 d.C.
Orígenes del cristianismo
El cristianismo «surgió como una secta del judaísmo en la Palestina romana» en el mundo helenístico sincretista del , dominado por la ley romana y la cultura griega. La cultura helenística tuvo un profundo impacto en las costumbres y prácticas de los judíos, tanto en la Judea romana como en la diáspora. Las incursiones en el judaísmo dieron lugar al judaísmo helenístico en la diáspora judía que buscó establecer una tradición religiosa hebraico-judía dentro de la cultura y el lenguaje del helenismo. El judaísmo helenístico se extendió al Egipto ptolemaico desde el , y se convirtió en una notable religio licita después de la conquista romana de Grecia, Anatolia, Siria, Judea y Egipto.
A principios del existían muchas sectas judías en competencia en Tierra Santa, y las que se convirtieron en el judaísmo rabínico y el cristianismo proto-ortodoxo fueron solo dos de ellas. Las escuelas filosóficas incluían fariseos, saduceos y zelotes, pero también otras sectas menos influyentes, incluyendo a los esenios. Los siglos y vieron un creciente número de líderes religiosos carismáticos que contribuyeron a lo que se convertiría en la Mishná del judaísmo rabínico; y el ministerio de Jesús, que conduciría al surgimiento de la primera comunidad judeocristiana.
Una preocupación central en el judaísmo del fue el pacto con Dios y el estado de los judíos como el pueblo elegido de Dios. Muchos judíos creían que este pacto se renovaría con la venida del Mesías. Los judíos creían que la Ley fue dada por Dios para guiarlos en su adoración al Señor y en sus interacciones entre ellos, «el mayor regalo que Dios le había dado a su pueblo».
El concepto del Mesías judío tiene su raíz en la literatura apocalíptica del –, que promete un futuro líder o rey de la línea davídica que sería ungido con aceite sagrado y gobernaría al pueblo judío durante la era mesiánica y el mundo venidero. El Mesías a menudo es llamado como «Rey Mesías» (hebreo: מלך משיח, romanizado: melej mashiaj) o malka meshiḥa en arameo.
Jesús de Nazaret
thumb|Judea y Galilea en la época de Jesús (Yeshúa en hebreo). Hacia el año 30 d. C., en tiempos del emperador romano Tiberio, Jesús de Nazaret (Yeshúa en arameo y en hebreo) fue ajusticiado en Jerusalén, la ciudad sagrada del judaísmo, por orden del prefecto de la provincia romana de Judea Poncio Pilato, a partir de una denuncia presentada por los sacerdotes saduceos que gobernaban el Templo. Fue ejecutado mediante el infamante procedimiento de la crucifixión reservado en el derecho romano a los rebeldes, a los alteradores del orden público y a los bandidos (que no tenían la ciudadanía romana). Durante el año anterior —o los tres años anteriores— Jesús había recorrido Galilea anunciando la inminente llegada del «reino de Dios» y algunos de sus seguidores —un reducido grupo de gente humilde de Galilea, en el que también había mujeres y que estaba encabezado por «los doce», que serían llamados los apóstoles y cuya identidad exacta no se conoce ya que las listas que proporcionan los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles no coinciden [; ; ; ]— lo consideraban el Mesías (el 'ungido'; en hebreo mashíaj), aunque él nunca se presentó como tal.
Las fuentes cristianas sobre Jesús, como los cuatro Evangelios canónicos, las epístolas paulinas y los apócrifos del Nuevo Testamento, incluyen historias detalladas sobre Jesús, pero los estudiosos difieren en la historicidad de episodios específicos descritos en los relatos bíblicos. Los únicos dos eventos sujetos al «asentimiento casi universal» son que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y fue crucificado por orden del prefecto romano Poncio Pilato. States that baptism and crucifixion are "two facts in the life of Jesus command almost universal assent".
Las fuentes no cristianas que se utilizan para estudiar y establecer la historicidad de Jesús incluyen fuentes judías como Josefo y fuentes romanas como Tácito. Estas fuentes se comparan con fuentes cristianas como las epístolas paulinas y los evangelios sinópticos. Estos documentos suelen ser independientes entre sí (por ejemplo, las fuentes judías no se basan en fuentes romanas), y las similitudes y diferencias entre ellas se utilizan en el proceso de autenticación.
Según el teólogo católico Juan Antonio Estrada, «el propósito de Jesús no era fundar una iglesia separada» sino que «pretendía renovar a Israel con el anuncio de la llegada cercana de Dios... Jesús y sus discípulos esperaban la pronta llegada de ese reinado de Dios. Es decir, defendían una "escatología" cercana. [...] Por eso, no había gran interés por organizar el grupo y prepararlo para la misión. Se esperaba a Dios y a su reino, y se ponía el acento en la conversión de las personas... En ese marco, tampoco había interés por las misiones fuera de Israel ni intencionalidad alguna de constituirse en una religión aparte del judaísmo... La comunidad cristiana era un camino dentro del judaísmo y fue llamada secta de los nazarenos». Tras la muerte de Jesús (y la asunción de la creencia en que había resucitado y vuelto junto al Padre), «la proclamación del reino de Dios fue desplazada por el anuncio de la llegada del "reino de Cristo"... La parusía del Crucificado, la segunda venida del Cristo triunfante, desbancó la esperanza primera de un reinado de Dios sobre Israel y desde ahí sobre toda la humanidad», ha afirmado también Juan Antonio Estrada.
La primera comunidad: los judeocristianos de Jerusalén
La primera comunidad de seguidores de Jesús tras su muerte se formó en Jerusalén. Han sido denominados judeocristianos porque siguieron cumpliendo los preceptos de la Ley judaica (el sabbat, la circuncisión, las reglas alimenticias khóser, etc.) y frecuentando el Templo. En este sentido eran una secta judía, que solo se diferenciaba de las demás en que reconocían a Jesús como El Mesías. Su cohesión se vio reforzada con la llegada a Jerusalén de Santiago, «el hermano del Señor», que pronto se convirtió en su líder, junto con los apóstoles Simón Pedro, Santiago y Juan. A esta comunidad se unieron judíos de otros lugares, e incluso de fuera de Judea, que solían acudir en peregrinación a Jerusalén y que decidieron quedarse. Estos «helenistas», como se los denomina en los Hechos de los Apóstoles, se reunían por separado de los «hebreos» porque su lengua no era el arameo sino el griego. Las relaciones entre ambos grupos no estuvieron exentas de conflictos, como el causado por la queja de los «helenistas» de que sus viudas no recibían el alimento diario que les correspondía. Sin embargo, coincidían en su creencia en la «parusía», la inminente llegada del reino de Dios y a causa de ello muchos de ellos abandonaron su vida habitual, sus familias y sus trabajos, y compartieron sus bienes. Pronto quedaron arruinados y solo consiguieron sobrevivir gracias a las ayudas de otras comunidades de seguidores de Jesús.
Mucho más conflictivas fueron las relaciones de los «helenistas» con las autoridades religiosas judías a causa de sus incumplimientos y críticas de la Ley. De hecho su figura más destacada, Esteban, fue víctima de un linchamiento popular y muerto a pedradas, es decir, por lapidación que era una de las formas judías, no romanas, de ejecución. Algunos autores han propuesto que los judíos que ejecutaron a Esteban eran los seguidores de Santiago, es decir, los «hebreos» de los Hechos. Después muchos «helenistas» abandonaron Jerusalén. Algunos se marcharon a a Antioquía y otros a Samaria, que por tanto habría sido el primer territorio fuera de Judea en acoger a predicadores «cristianos».
Más tarde los «hebreos» también fueron objeto de persecución por las autoridades religiosas judías. En 62 el sumo sacerdote Ananías ben Ananías, a pesar de la opinión en contra del Sanedrín en el que tenían mayoría los fariseos, condenó a Santiago y a algunos otros «por transgresión de la Ley» a muerte por lapidación. Finalmente Ananías sería destituido tras las protestas de «los más escrupulosos cumplidores de la Ley», según relató Flavio Josefo. La comunidad judeocristiana de Jerusalén desaparecería después tras la derrota de la Gran revuelta judía de 66-70 que también supuso el fin de la teocracia judía y la destrucción del Templo, y que dio paso al judaísmo rabínico. Los judeocristianos no participaron en la revuelta. Según la tradición cristiana, se refugiaron en Pella. Y acabaron dividiéndose en dos grupos: los ebionitas y los nazarenos.
El fin de la comunidad judeocristiana de Jerusalén dejó «el campo abierto al predominio del cristianismo helenístico y paulinista cada vez más alejado de la ortodoxia judía y mas preocupado por la expansión entre los gentiles [lo no judíos] que por sus raíces en Israel», ha señalado Jesús Mosterín. Una valoración que es compartida por Ramón Teja: «Esta desaparición de la escena de los judeo-cristianos y la profunda confusión que causaron los acontecimientos subsiguientes a la represión romana, que muchos cristianos esperaban que fuera el inicio de la Parusía anunciada por Jesús, dejó la vía libre para la expresión y consolidación de las corrientes cristianas más influidas por el helenismo, la preconizada por Pablo entre ellas». De esta forma se produjo la definitiva separación del cristianismo primitivo y el judaísmo rabínico. El teólogo Juan Antonio Estrada ha destacado, por su parte, otro efecto: la «superación del templo, en favor de la comunidad». «La comunidad se veía como nuevo lugar de la presencia de Dios... [como] la alternativa al templo destruido».
El cristianismo entre los no judíos: el cristianismo paulino