Dora Mayer (Hamburgo, 12 de marzo de 1868 - Cercado de Lima, 7 de enero de 1959) fue una investigadora y periodista peruana. Se dedicó a la defensa de la causa indígena por lo que se le considera precursora del indigenismo peruano y del pensamiento sociológico peruano.

Biografía Fue la única hija de Anatol Adolf Mayer y Mathilde Loehrs, ambos de vocación protestante. Los tres vivieron en Hamburgo hasta que decidieron salir de Alemania por oposición al nuevo orden político prusiano. Arribaron al Callao el 14 de abril de 1873, cuando Dora tenía 5 años, en pleno surgimiento del civilismo. Aunque Dora Mayer fue autodidacta, sus padres se encargaron de sus primeras experiencias educativas. Su madre le enseñó historia, geografía, literatura, inglés francés y música y su padre le dio lecciones de castellano y aritmética.

Fundó la Asociación Pro Indígena junto a Joaquín Capelo y Pedro Zulen, colaboró con varios artículos sobre el tema indígena en las revistas Amauta y Labor, de José Carlos Mariátegui, y escribió durante 3 años en La Crítica, revista que fundó junto a su colega Miguelina Acosta, además de colaborar activamente en otros medios informativos. A pesar de ser perseguida y censurada por el gobierno de Augusto B Leguía, Mayer se las ingenió para seguir publicando a través de diversas redes de intelectuales, artistas y organizaciones de la época, logrando generar una vasta producción literaria.

Escribió novelas, dramas y artículos de todo tipo. Su primera novela en alemán lleva el título Der Cosmopolit y su novela en inglés, que apareció en dos tomos, se titula A life contrast. Años más tarde escribió dramas, entre los cuales destacan Tacna y Arica, El juez, El drama de la selva, Tránsito, Por la mujer, The mistery, etc. Además de mantener una actividad de creación intelectual constante, Mayer participó de varios congresos nacionales e internacionales, representando a la Asociación Pro Indígena.

También fue conocida por sus obras de carácter sociológico y filosófico y sus debates registrados en la revista Amauta y en algunas referencias que Mariátegui le hace a través de sus publicaciones. En uno de sus primeros artículos en Amauta, Mayer realizó una intervención crítica contra la narrativa de lo "nuevo" que promovían Mariátegui y los vanguardistas, denunciando su "sovietismo demoledor".

A pesar de que le dedicó varios años de su vida a la causa indígena, sus escritos abarcaron un amplio abanico de temas, logrando mantener un tono explícito en varios de ellos.

En varios artículos escribió sobre los impactos de la guerra con Chile, expresando su postura con bastante claridad: “Nuestra esperanza no puede ser sino una: la de recuperar Tacna y Arica tal como las perdimos en 1880” También escribió sobre asuntos religiosos, publicados en su mayoría en la revista Amauta, siendo el más conocido El problema religioso en Hispano América. A pesar de que los círculos donde ella más se movía estaban fuertemente influenciados por el pensamiento positivista y que por ello consideraban a la Iglesia Católica como un elemento que retrasaba el avance científico, intelectual y espiritual, tal como lo expresaron en Amauta, la postura de Mayer fue más bien la opuesta:“la presencia del sacerdotismo católico de peor aspecto en ciertos medios no es causa, sino efecto de la psicología reinante”Sobre ello, en varias ocasiones, Mayer expresó su convicción sobre la importancia de la cohesión entre la lengua castellana y la Iglesia católica como elementos para desafiar a Estados Unidos:“La Lengua de España, la iglesia de Roma, dos elementos ajenos al aborígen sud americano, han formado, sin embargo, el principio de unidad que hace de las partes meridionales del continente un bloque contrario a la parte septentrional inglesa y protestante”A su vez, Mayer fue una de las intelectuales que logró problematizar y advertir sobre la influencia y expansión de Estados Unidos en América Latina.“para el yanqui el norte americano es el único americano en América” Y más aún, logra expresar la necesidad de una "coalición de los despreciados" para poder dar frente a la expansión estadounidense:“¿Qué hacer ante dicha contingencia? ¿Disimular cortésmente la conciencia de la soberbia que el “hermano” norte-americano lleva en su pecho o procurar blanquear más la raza colombina, a fin de poder ser admitidos al festín de banqueros de Wall Street? Este último método parece ser el más aceptado en las clases “superiores” de Latino América. Yo aconsejaría hacer causa común con los despreciados hindúes, negros, chinos y japoneses, formando la coalición de los despreciados y preparando la gloriosa prueba del poder que serán capaces de desarrollar las civilizaciones llamadas muertas y primitivas para ganarse independencia y respeto en el mundo”. Fue también conocida por dedicarse a escribir sobre la colonia China en el Perú, pese a que originalmente poseyó una visión negativa del arribo de inmigrantes asiáticos al país. No obstante, esta visión se transformaría durante la década de los años diez y evolucionaría hacia un profundo interés por, ya no solo los migrantes chinos en Perú, sino por la China misma, incluyendo su cultura, historia, eventos, entre otros. En el año 1924, se le encargó la redacción de un texto que enfocara los anhelos de la colectividad china y su compromiso con la nación peruana, naciendo de esta forma el libro La China silenciosa y elocuente.

En 1927, a través del Amauta, exclamó lo siguiente, en clara alusión al político argentino Roque Sáenz Peña y como respuesta a la doctrina de Monroe:“¿excluir a las razas asiáticas? no; mil veces no. Hacerlo sería traicionar el lema de nuestros más altos pensadores: ‘América para la humanidad’”En 1934 apareció su primer artículo en Oriental, revista de la colonia china, con la cual colaboró hasta el año 1957.

Asimismo, Dora Mayer fue una figura temprana del movimiento feminista contestario y el sindicalismo en el Perú. Junto con Miguelina Acosta, fueron representantes de un movimiento femenino que estaba profundamente ligado a la actividad política y sindical. De hecho, la propia Mayer se enmarcaba en la "feminidad contestataria" de la época, que se identificaba como antioligárquica, antiimperialista y anticapitalista, en rechazo a las élites conservadoras.

Si bien nunca viajó a Alemania, mantuvo comunicación con su lugar de origen, a través de cartas con familiares y por su educación alemana. Ello le hizo mantener particular atención sobre los acontecimientos de la época que involucraban a Alemania, sobre todo la creciente militarización y ascenso del nazismo, lo que le hizo escribir numerosos ensayos sobre el tema.

Tras la caída de Leguía en 1930, Mayer simpatizó con Luis Miguel Sánchez Cerro, acercándose al partido Unión Revolucionaria (UR) y escribiendo en Crisol, el órgano de propaganda de UR. A pesar de escribir en dicha revista, Mayer no se afilió al UR. Luego del asesinato de Sánchez Cerro, Mayer se une a Juana de Dammert y Miguelina Acosta para pedir clemencia hacia los responsables del magnicidio.

Dora Mayer nunca se casó ni tuvo hijos. Sin embargo, producto de su trabajo conjunto con Pedro Zulen, esta última desarrolló un profundo enamoramiento por su compañero de investigación y activismo, pese a la diferencia de edad. Este amor nunca fue correspondido por Zulen. A pesar de esto, intelectualmente, Dora Mayer y Pedro Zulen fueron una dupla muy exitosa en la articulación del movimiento indigenista peruano. Precisamente por esto, como parte de su propuesta del renacimiento indigenista, Mayer llegó a presentarse a sí junto con Zulen como el binomio Manco Cápac y Mama Ocllo, necesaria para el movimien0to. Pese a nunca casarse con él, Dora Mayer asumió el nombre de "Dora Mayer de Zulen" para referirse a sí misma.

Falleció el 7 de enero de 1959 en su casa ubicada en pasaje Inclán, cerca de la Plaza San Martín, a los 90 años. Sus restos descansan en el cementerio Británico de Bellavista, Callao, junto a sus padres.

Obras y publicaciones Entre los libros sociológicos más conocidos, destacan The conduct of the Cerro de Pasco Mining Company (1913) cuya versión en castellano se publicó un año después; La China silenciosa y elocuente, estudio sobre la inmigración china al Perú (1924); El oncenio de Leguía (1932), y El indigenismo (1949). Sus Memorias han sido póstumamente publicadas por el historiador Pablo Macera (tres tomos, 1992).

Dora Mayer había ensayado su gusto por las letras a fines del siglo XIX gracias a la producción de una novela de costumbres peruanas y otra en inglés, las cuales gozaron de una crítica favorable. Posteriormente, sus inquietudes literarias viraron hacia una orientación práctica centrada en la protección de poblaciones campesinas. Asimismo, Mayer colaboró a inicios del siglo XX en el periódico El Indio, defensor de los intereses de los nativos.

Sus obras más importantes sobre el tema indigenista son The Conduct of the Cerro de Pasco Mining Company (1913), El indígena peruano a los 100 años de la república libre e independiente (1921) y El indígena y su derecho (1929). La obra de 1913 fue concebida como una manuscrito que denunciara los crímenes de lesa humanidad cometidos por los explotadores norteamericanos en las minas de Cerro de Pasco, el cual buscaba sensibilizar al Directorio de esta compañía minera. Esta obra buscaba erigirse como un alegato contra la mecánica violenta y monopólica de una empresa minera imperialista, así como un testimonio en defensa de la clase obrera, abogando por sus derechos, en el que Mayer denunciaba que la compañía consideraba a los operarios como esclavos, salvo cuando era preciso usarlos como votantes o agentes de presión.

También redactó un libro de crítica al gobierno de Augusto B. Leguía, titulado Once Años y un ensayo jurídico-político llamada El Porvenir de la Raza Indígena en 1920.

Su obra de 1921 fue pensada como un homenaje al centenario de la independencia, el cual recogía la esencia del pensamiento de Mayer, incluyendo balances de la Asociación Pro Indígena y los problemas de la raza indígena, como los latifundios, la servidumbre o el enganche.

Desde los años treinta se ocupó cada vez más del peligro del fascismo, Hitler y la Segunda Guerra Mundial. Fuera de sus artículos aparecidos en diferentes diarios y revistas, también escribió ensayos más largos sobre sus preocupaciones: Pro Paz de Sur América (1938), La guerra y nosotros (1942) y En busca de paz (1948). Asimismo, a esta época corresponde el manuscrito El Último Llamamiento (1936), en el que criticaba la corrupción política del mandato de Benavides, acusándolo de un regreso al "Oncenio" e instaba a la reacción patriótica frente a la situación del país, añadiendo su preocupación acerca de cómo el Perú se había convertido en un campo de guerra económica entre potencias extranjeras

Su trayectoria periodística fue bastante fructífera. Colaboró con los diarios y revistas más significativos de la época republicana como lo fueron El Comercio, La Prensa, La Crónica, El Tiempo, Amauta, El Callao y durante veinte años con Oriental, revista de la colonia china. Además, dirigió y financió la redacción del periódico El deber pro indígena, el cual se mantuvo en actividades durante 6 años (1909-1915) y La Crítica, semanario que fundó y empujó junto a Miguelina Acosta desde septiembre de 1917 hasta agosto de 1920, hasta que el gobierno de Leguía prohibió su publicación. La Crítica se erigió como un espacio para dar voz a las preocupaciones sindicales femeninas, así como para defender a las mujeres, los obreros y a los indígenas. También dirigió Concordia entre julio de 1928 y agosto de 1929 y El Trabajo entre 1931 y 1934.

Precursora del indigenismo