Las campañas balcánicas de Mauricio fueron una serie de expediciones militares conducidas por el emperador romano Mauricio (582–602) en un intento de defender las provincias balcánicas del Imperio romano oriental de los ávaros y los eslavos. Mauricio fue el único emperador romano oriental, aparte de Anastasio I, que hizo todo lo posible por acometer determinadas medidas en los Balcanes durante la Antigüedad tardía, prestando la debida atención a la seguridad de la frontera norte contra las incursiones bárbaras. Durante la segunda mitad de su reinado, las campañas en los Balcanes fueron el foco principal de su política exterior; la firma de un tratado de paz favorable con Persia en 591 permitió transferir tropas veteranas del frente persa a la región. La reorientación de los esfuerzos romanos pronto dio sus frutos: los frecuentes fracasos romanos hasta 591 dieron paso a una serie de victorias.
Aunque se cree que sus campañas fueron solo una medida simbólica y que la autoridad romana en los Balcanes se desvaneció inmediatamente después de su derrocamiento en 602, Mauricio estaba logrando impedir el establecimiento eslavo en los Balcanes y casi consiguió mantener la situación de la Antigüedad tardía en la zona. Sus logros se deshicieron apenas diez años después de su derrocamiento. Retrospectivamente, las campañas fueron las últimas de la serie de clásicas campañas romanas contra los bárbaros en el Rin y el Danubio, que retrasaron dos décadas el asentamiento eslavo en los Balcanes. Con respecto a los eslavos, las campañas tenían el rasgo típico de las que abordaban los romanos contra tribus no organizadas, que modernamente se llama guerra asimétrica.
Península de los Balcanes antes de 582 La región más abandonada por los predecesores de Mauricio fueron los Balcanes. Justiniano había descuidado las defensas balcánicas contra los eslavos, quienes desde entonces amenazaron la frontera y saquearon las provincias balcánicas. A pesar de que reconstruyó las fortificaciones del limes del Danubio, evitó las campañas contra los eslavos y se centró en las guerras orientales y occidentales. Su sobrino y sucesor, Justino II, haciendo uso de la diplomacia, malquistó a los ávaros con los gépidos y luego con los eslavos, pero la única consecuencia fue hacer del gran kanato ávaro una amenaza más poderosa que la de los gépidos y los eslavos. Cuando Justino II dejó que los ávaros atacaran a los eslavos desde territorio romano, pronto descubrieron dónde se podía obtener más botín. Para empeorar las cosas, Justino II emprendió una nueva guerra contra Persia, transfiriendo fuerzas al este que eran necesarias en los Balcanes. El predecesor y suegro de Mauricio, Tiberio II Constantino, vació el tesoro. Por todas esas razones, las incursiones eslavas en los Balcanes continuaron.
Unos meses antes del ascenso de Mauricio en el invierno de 581/2, el gran kan ávaro Bayan, ayudado por auxiliares eslavos, tomó Sirmio, un gran asentamiento fortificado al sur del Danubio. Con ello, Bayan estableció una nueva base de operaciones dentro del territorio romano desde donde podía atacar cualquier lugar de los Balcanes sin obstáculos. Los ávaros evacuaron el territorio hasta que los romanos acordaron pagar ochenta mil sólidos anuales. Los eslavos, parcialmente bajo el gobierno ávaro, no estaban obligados por el tratado y continuaron saqueando el sur del Danubio.
Incursiones ávaras y eslavas (582-591) En 583, los ávaros exigieron un aumento del tributo a cien mil sólidos. Mauricio decidió cesar los pagos, ya que llegó a la conclusión de que nuevas concesiones solo suscitarían exigencias adicionales. La renovada invasión ávara comenzó en 583 con la conquista de Singidunum, que cayó tras enconada resistencia. Los ávaros marcharon velozmente hacia el este, se apoderaron de Viminacium y Augustae, y alcanzaron incluso Anquíalo tras apenas tres meses de guerra. Una embajada romana se reunió con ellos cerca de Anquíalo, pero las negociaciones se rompieron después de que el gran kan amenazara con nuevas conquistas, lo que originó una respuesta airada de Comenciolo, uno de los embajadores romanos. Sin embargo, Mauricio estableció la paz en 584 al aceptar pagar los cien mil sólidos que habían reclamado originalmente los ávaros. Sin embargo, los eslavos no se vieron obstaculizados por el tratado y comenzaron a saquear el sur de Macedonia y Grecia, como lo demuestran muchas acumulaciones de monedas en la región, particularmente en Ática, cerca de Atenas, y en el Peloponeso.
Como las fuerzas de Mauricio estaban ocupadas en la guerra contra los persas causada por Justino II, solo pudo reunir un pequeño ejército contra los ávaros y los eslavos que merodeaban en los Balcanes. Sus esfuerzos se vieron obstaculizados por el hecho de que las operaciones en la península eran un asunto completamente defensivo. A diferencia del teatro persa, el de los Balcanes ofrecía pocas posibilidades de que un soldado aumentara su paga mediante el pillaje, lo que hacía que luchar allí no fuera tan atractivo. A las tropas desmotivadas de Mauricio les resultó difícil lograr incluso una victoria menor. La victoria de Comenciolo en Adrianopolis 584/585, poco habitual por entonces, tuvo por consecuencia desviar las incursiones eslavas a Grecia. La evidente destrucción de vastas extensiones de la antigua Atenas probablemente ocurrió por entonces.
Más tarde, la situación en los Balcanes se deterioró de tal manera que en 585, el sah persa, Ormuz IV, confiaba en obtener un tratado de paz que le dejara Armenia. Mauricio rechazó pactar y pudo negociar términos de paz mucho más ventajosos en 591, tras varios triunfos en el campo de batalla. Por el momento, sin embargo, tuvo que soportar las incursiones ávaras y eslavas y esperar que sus fuerzas apostadas en Singidunum pudieran desbaratarlas; este contingente bizantino representaba una amenaza constante para la patria ávara, situada allende el Danubio. La presencia romana en Singidunum fue lo suficientemente fuerte como para afectar los extremos constantes de las incursiones de ávaras. Sin embargo, no pudieron evitar los ataques.
A pesar de la guarnición romana en Singidunum, los ávaros destruyeron las ciudades fortificadas de Ratiaria y Oescus, junto al Danubio, y sitiaron Tesalónica en 586; al mismo tiempo, corrieron la península griega hasta el Peloponeso. Bajo el liderazgo de Comenciolo, el ejército romano superado en número evitó cualquier enfrentamiento y se limitó a estorbar las incursiones ávaras mediante escaramuzas y ataques nocturnos, un recurso táctico aconsejado por el Strategikon de Mauricio. En 586 y 587, Comenciolo obtuvo varias victorias contra los eslavos en el bajo Danubio y en dos ocasiones casi atrapó al gran kan ávaro Bayan. En Tomis, a orillas del mar Negro el gran kan escapó a través de las marismas. En otra emboscada que le tendieron en las laderas meridionales de los Balcanes, se salvó por la falta de comunicación entre las tropas romanas.
Al año siguiente, Prisco asumió el mando. Su primera campaña en Tracia y Mesia resultó un fracaso que incluso alentó a los ávaros a avanzar hasta el mar de Mármara. Sin embargo, a medida que el estado de los puentes de los ávaros sobre el río Sava, cerca de Sirmium, se deterioraba, su presión menguó.
Aun así, Mauricio hizo todo lo posible para reforzar sus tropas en los Balcanes, mientras continuaba el saqueo eslavo. Esperaba obtener más dinero al reducir la paga de los soldados en un cuarto. El anuncio del plan desató un motín en el frente persa en 588, lo que obligó a Mauricio a abandonarlo. Como consecuencia, contó con medios limitados para mantener a raya a los ávaros y eslavos durante los tres años siguientes.
Campañas de 591-595 A fines del verano de 591, Mauricio finalmente hizo las paces con el sah persa Cosroes II, quien cedió gran parte de Armenia al Imperio romano. Por fin, los veteranos de las guerras persas estaban a su disposición y disponía del potencial de reclutamiento de Armenia. La disminución de la presión ávara y persa permitió a los romanos centrarse en los eslavos en 590/591. Mauricio ya había visitado personalmente Anquíalo y otras ciudades de Tracia en 590 para supervisar su reconstrucción y aumentar el ánimo de sus tropas y la población local. Después de hacer las paces con Persia, aceleró el proceso al despachar tropas a los Balcanes.
En 592, sus soldados recuperaron Singidunum, pero los ávaros se la arrebataron nuevamente. Las unidades romanas más pequeñas patrullaban y perseguían a las bandas eslavas en Mesia, restableciendo las líneas de comunicación entre las ciudades romanas. El objetivo de Mauricio era restablecer una línea de defensa sólida a lo largo del río Danubio, como lo había hecho Anastasio I un siglo antes. Además, tenía la intención de mantener a los ávaros y eslavos alejados del territorio balcánico invadiendo sus tierras. Al permitir que los soldados complementasen su salario mediante el saqueo de territorio enemigo, les hizo más atractivas las campañas.
El general Prisco comenzó a obstaculizar a los eslavos que cruzaban el Danubio en la primavera de 593. Los derrotó varias veces antes de cruzar el Danubio para continuar la lucha en los pantanos y bosques inexplorados de la Gran Valaquia actual, hasta el otoño. Luego, desobedeció la orden de Mauricio de pasar el invierno en la orilla norte del Danubio, entre los pantanos y ríos congelados y los bosques sin hojas. Prisco se retiró a invernar a Odeso. Esto permitió una nueva incursión eslava en Mesia y Macedonia en 593/594, durante la cual las ciudades de Aquis, Scupi y Zaldapa en Dobruya fueran destruidas.
En 594, Mauricio relevó a Prisco y lo reemplazó por su propio hermano Pedro, que carecía de experiencia. A pesar de su fracaso inicial, Pedro mantuvo su posición, derrotó a los eslavos (Prisco habla de los búlgaros) en Marcianopolis y patrulló el Danubio entre Novae y el mar Negro. A finales de agosto, cruzó el Danubio cerca de Securisca, al oeste de Novae, y se abrió paso hasta el río Helibacia, lo que desbarató efectivamente los preparativos eslavos para nuevas campañas de saqueo.
Ese éxito permitió a Prisco, al que se le había confiado el mando de otro ejército para evitar un asedio ávaro de Singidunum en 595, poner en marcha una acción combinada con la flota romana del Danubio. El hecho de que los ávaros se retiraran y abandonaran sus planes de destruir la ciudad y deportar a sus habitantes, a diferencia de lo sucedido en 584 cuando se apoderaron de ella, mostró su falta de confianza y la amenaza que vieron en la fortaleza fronteriza.
Posteriormente, los ávaros se dirigieron a Dalmacia, donde saquearon varias fortalezas, evitando combatir con Prisco. A los comandantes romanos nunca les preocuparon demasiado las incursiones de los bárbaros en esa provincia remota y empobrecida, por lo que Prisco tuvo que actuar con cautela. No podía permitirse el lujo de descuidar la defensa del Danubio, por lo que envió un pequeño destacamento a detener la incursión ávara. El contingente estorbó la marcha del enemigo e incluso recuperó parte del botín que este había obtenido.
Interludio pacífico (596-597) Después de esa única incursión ávara en Dalmacia, de escasos resultados, solo hubo acciones menores en los Balcanes durante aproximadamente un año y medio. Desalentados por la falta de éxito, los ávaros vieron más posibilidades de botín en Occidente y acometieron a los Francos en 596. Mientras tanto, los romanos usaron Marcianópolis, cerca de Odeso, como base de operaciones en el Danubio inferior contra los eslavos, aunque no aprovecharon la ausencia de los ávaros. Por otra parte, no hubo grandes incursiones eslavas en territorio imperial.
Campañas renovadas (597-602)