Otros accesos dentro de la península ibérica
Conforme los reinos cristianos del norte fueron reconquistando áreas más amplias del antiguo reino visigodo fueron quedando bajo su control las antiguas rutas herederas del sistema viario romano. Para dirigirse a Compostela, sus habitantes utilizaron, preferentemente varios itinerarios que, a excepción de la ruta que discurría junto a la costa atlántica, conectaban en diversos puntos con el clásico Camino de Santiago que venía desde Francia.
Costa atlántica 300px|miniaturadeimagen|derecha|Los trazados de las antiguas vías romanas fueron la base sobre la que se formó el itinerario cercano a la costa atlántica. La antigua XX per loca maritima fue la base sobre la que establecieron los itinerarios para acceder al Locus Sancti Iacobi desde el norte y el sur. Junto a esta, tramos de las vías XVI Olisipone Bracara Asturicam y XIX Bracara Asturicam completaban una ruta que llegaba desde Lisboa.
Por el norte transitaba no muy largo del puerto de La Coruña por lo que desde este y otros cercanos surgieron varios caminos que los comunicaban con la vía principal. El primero alcanzó un importante desarrollo en la Edad Media ayudado por los monarcas castellanos y consiguió convertirse en el principal destino para los barcos que transportaban peregrinos. Cerca de él, ya en las rías de Ferrol y Betanzos, se estima que otros puertos fueron también usados con ese motivo aunque en mucha menor medida. De hecho, en la zona de Ferrol no aparecieron hospitales hasta finales del .
Ya en el se usaba la vía marítima para llegar a Compostela. Los peregrinos procedentes de Gran Bretaña utilizaban las rutas comerciales establecidas desde tiempo atrás y en las que se transportaba vino desde Galicia y paños desde Inglaterra. Los barcos partían desde Cornualles o Devon y navegaban directamente sin cabotaje hasta el puerto de La Coruña. Con origen en otros países septentrionales también arribaban naves con peregrinos alemanes, daneses, suecos, noruegos, irlandeses, islandeses e incluso franceses. La ruta también fue utilizada por cruzados que se dirigían a Tierra Santa quienes hacían una escala para visitar la tumba del Apóstol.
El trazado del camino desde La Coruña pasaba por Castro de Elviña; Herves; Mesón do Vento; Carballo do Poulo; Ventas do Cepo; Santa Cruz de Montaos; Órdenes, Sigüeiro, Sionlla; Porrón y entraba en Compostela por la Puerta de la Peña.
Por el sur la calzada venía desde Tuy donde había cruzado el río Miño procedente desde Braga a donde, por su parte, llegaba la XVI desde Lisboa. Aunque Tuy fue el principal punto de cruce, los peregrinos también usaron otros lugares para atravesar el Miño: Goián y La Guardia, lo que dio lugar a una variante por la costa que se unía a la vía principal en Redondela. Las principales poblaciones que esta ruta atravesaba en Galicia eran Pontevedra y Padrón lugar este donde la tradición jacobea sitúa la llegada de la barca con los restos del apóstol. Durante la reconquista, fue la vía principal para la expansión hacia el sur del reino leonés en su parte atlántica.
Área occidental 300px|miniaturadeimagen|derecha|En la parte occidental de la península se desarrollaron dos itinerarios: uno heredero del antiguo sistema viario romano y otro, más central, que describió en 1380 el itinerario de Brujas. La ruta que discurría desde el sur hacia el norte por la parte occidental de la península no fue descrita por el «Itinerario de Antonino» como una única vía. Con todo, mediante la unión de varios tramos de diferentes calzadas descritas en la obra, dejó constancia de un itinerario que conectaba Sevilla con Astorga. Estos eran: XXIII ab Ostio fluminis Anae Emeritam, tramo entre Sevilla y Mérida. XXIV ab Emerita Caesaraugustam, tramo entre Mérida y Oceloduri (Zamora). XXVI ab Asturica Caesaraugustam, tramo entre Oceloduri y Astorga.
Tampoco lo hizo Juan Villuga en su «repertorio de caminos» publicado en 1546. Él describió una ruta entre Sevilla y Toro formada por parte del camino «nº 84, de Sevilla hasta Valladolid» que pasaba por Castilblanco, Almadén, Monesterio, Calzadilla, Almendralejo, Mérida y Cáceres. Cruzaba el río Tajo por Las Barcas de Alconétar y tras atravesar una pequeña montaña por Cañaveral, se internaba en el valle del Jerte pasando por Holguera, Galisteo, Aldehuela y Carcaboso. Continuaba en el valle del Alagón por Cáparra y Aldeanueva tras lo que llegaba a Baños para iniciar el cruce de la sierra de Béjar hasta Calzada. Proseguía, entonces, por el «nº 75, de Toro a Plasencia» a través de Valdefuentes, Endrinal, Frades, Salamanca, San Cristóbal, Arcediano, Aldeanueva, Fuentesaúco, Guarrate y La Bóveda hasta finalizar en Toro, donde cruzaba el Duero. Una vez al norte del río, seguía el camino «nº 74, de León a Toro» que, a través de Villardondiego, San Pedro, Cotanes, Sta. Eufemia, Castroverde, Gordoncillo, Valdemora, Robollar y Villanueva, llegaba a León donde conectaba con el clásico Camino de Santiago o permitía seguir hasta Oviedo. Entre San Pedro y Cotanes, el camino se cruzaba con el «nº 22, de Medina del Campo a Astorga» que, por Villalpando, Benavente y La Bañeza, permitía alcanzar Astorga de una manera más corta y directa que a través de León. 200px|miniaturadeimagen|derecha|Mar de nubes desde el puerto del Pico. Este paso de montaña era utilizado por la ruta descrita en el Itinerario de Brujas para cruzar la sierra de Gredos. Además de esta ruta heredera del sistema viario romano, se desarrolló otra que discurría más hacia el centro peninsular. Fue descrita en 1380 y de manera somera, por el denominado Itinerario de Brujas. Se trataba de la XXV «De sancto Jacobo usque Sybiliam per Salamanticam» que unía Sevilla con Compostela. Desde la ciudad del Guadalquivir partía junto al río hasta Cantillana y después se dirigía hacia el norte para cruzar sierra Morena por Cazalla y el valle del Guadiana por Zalamea y Campanario. Se internaba en los Montes de Toledo por Guadalupe y cruzaba el Tajo en Puente del Arzobispo. Avanzaba, después, por el valle a través de Oropesa hasta Ramacastañas, donde iniciaba el cruce de la sierra de Gredos. Utilizando la Cañada Real leonesa occidental, pasaba por Mombeltrán y el puerto del Pico para cruzar esta montaña. Proseguía por el valle del Alberche y llegaba a Villafranca de la Sierra para continuar, posteriormente, a Alba de Tormes y Salamanca. Desde esta ciudad, utilizaba el trazado de la antigua calzada romana para, por Zamora, llegar a Benavente. No pasaba por Astorga sino que, acortando por Val de San Lorenzo, se unía al Camino de Santiago en algún punto antes de llegar a Molinaseca.
Itinerarios desde el sur y sureste 300px|miniaturadeimagen|derecha|Desde Alicante, un itinerario unía el sureste peninsular con Compostela. En Toledo, se le unía otro que llegaba desde Córdoba. En la ciudad de Toledo —reconquistada en 1085— convergían dos rutas principales que llegaban desde el sur y el sureste peninsular. Ambos caminos también fueron descritos por Villuga.
El denominado «nº 73, de Leon a Sevilla» partía de la ciudad hispalense y discurría por el valle del Guadalquivir, al sur del río, siguiendo el trazado de la antigua vía romana VIII ab Hispali Cordubam. Una vez en Córdoba, abandonaba el sistema viario romano en dirección norte por una ruta desarrollada por los visigodos o los musulmanes para comunicar esta ciudad con Toledo (este tramo fue recorrido en 948 por el geógrafo musulmán Ibn Hawqal y descrito por él años más tarde). Iniciaba el cruce de Sierra Morena en Conquista y tras atravesar la montaña por el puerto del Horcajo, llegaba a la Venta de la Inés para entrar en el valle del Guadiana. Se dirigía por las poblaciones de Almodóvar, Ciudad Real —fundada en 1255— y Caracuel hasta Peralvillo, junto a la fortaleza de Calatrava la Vieja, donde cruzaba el río. Posteriormente, entraba en los montes de Toledo por la Venta de la Zarzuela y los abandonaba por Los Yébenes para llegar después a Toledo.
El otro camino, por su parte, se llamaba «nº 50, de Alicante a Santiago». Partía de la primera ciudad para acceder al cauce del río Vinalopó en Monforte, y subir, junto a él, siguiendo el trazado de la vía romana I ab Arelato Narbone, hasta llegar a Villena. Abandonaba, entonces, la antigua ruta en dirección a Yecla y continuaba por Montealegre y Pétrola para llegar a Chinchilla. Este era un importante cruce con el que se unía a otro camino: el «nº 98, de Murcia a Toledo» que venía desde Murcia. Proseguía a través de la llanura manchega en un largo tramo durante el que pasaba por Albacete, La Gineta, La Roda, Minaya, El Provencio —donde franqueaba el Záncara—, Las Mesas, El Toboso, La Puebla de Almoradiel —donde cruzaba el Cigüela—, Villacañas y Tembleque. Bordeaba las estribaciones de los montes de Toledo por Villanueva de Bogas y llegaba, finalmente, a Toledo por Almonacid y Nambroca.
Desde la antigua capital visigoda, partía hacia el noroeste para franquear el río Guadarrama por un puente —junto al que se levantó una venta— y llegar a Villamiel. Continuaba por Huecas, Novés, Quismondo y Escalona donde cruzaba el río Alberche. Proseguía a Cadalso y usaba el valle del Alberche, entre la sierras de Gredos y Guadarrama, para atravesar el sistema Central por Cebreros y San Bartolomé. Desde ahí, continuaba por La Cañada, Mediana, Santo Domingo de las Posadas, Pajares, Arévalo y Ataquines para llegar a Medina del Campo. Pasaba el río Duero en Tordesillas y seguía en línea recta por Mota y Villalpando hasta Benavente, en cuyas inmediaciones, franqueaba el río Esla. Desde esta localidad seguía junto al antiguo trazado de la XXVI ab Asturica Caesaraugustam. Cruzaba el río Órbigo, pasaba por La Bañeza y llegaba a Astorga, donde se unía al clásico Camino de Santiago.
Itinerarios desde el este 300px|miniaturadeimagen|derecha|Por el sur de los Pirineos se utilizaron varias rutas para alcanzar el Camino de Santiago. Inicialmente, a través de Jaca y tras la reconquista del valle del Ebro, también por Zaragoza. Los accesos desde el este peninsular se articularon por la antigua ruta del Ebro que comunicaba su desembocadura con el golfo de Vizcaya. Esta fue descrita por Estrabón en el y varios miliarios atestiguan su existencia, ya en el anterior
Para acceder a ella desde el norte de los Pirineos, se desarrolló un itinerario cuyo tramo entre Perpiñán y Barcelona fue descrito, de manera similar, en los itinerarios romanos, en el de Brujas (1380) y por Villuga (1546). El trayecto cruzaba los Pirineos por Le Boulou, Le Perthus y La Junquera; se dirigía a Gerona por Figueras y discurría por el valle existente entre las cordilleras Prelitoral y Litoral hasta llegar a Barcelona.
El valle del Ebro estuvo bajo dominio musulmán hasta la segunda mitad del . Esto impidió el uso de sus caminos para conectar con el de Santiago y tuvo que utilizarse un itinerario alternativo para viajar desde los territorios cristianos, al sur de los Pirineos, hasta el reino de Navarra. Agustín Ubieto lo denomina «Camino Rotense» y ha estudiado su recorrido desde Arén y Pont de Suert donde, a su vez, debieron llegar caminos desde los condados catalanes. Estos confluían en Roda —de ahí la denominación— y continuaban por Aínsa y el valle del río Guarga hasta alcanzar Jaca donde se unía al Camino de Santiago.