Los derechos de los animales están estrechamente asociados a dos subculturas del movimiento punk: el anarcopunk y el straight edge. Esta asociación se remonta a los años 1980 y se ha manifestado en aspectos que abarcan letras de canciones, conciertos benéficos para organizaciones animalistas, hasta acciones militantes de activistas influidos por la música punk. Entre estos últimos destacan Rod Coronado y Peter Daniel Young, miembros de SHAC, entre otros. Esta causa se extendió a varios subgéneros del punk rock y hardcore, como el crust punk, metalcore y grindcore, en algún momento volviéndose un atributo característico de la subcultura punk.
La inculcación de algunos conceptos y prácticas relacionadas con los derechos de los animales en la consciencia colectiva ha sido sustancialmente iniciada e influida por el movimiento punk. Esta asociación continúa en el , como lo demuestra la prominencia de eventos punk veganos internacionales como Ieperfest en Bélgica, Fluff Fest en República Checa y Verdurada en Brasil.
Visión general y análisis thumb|150px|Voluntario de Food Not Bombs en 2007 La relación entre el punk y los derechos de los animales está presente en la parafernalia y letras de estas bandas, el contenido de zines, conciertos y álbumes benéficos para causas animalistas, y la convergencia entre el punk y el veganismo en cafeterías, centros sociales, ramas de Food not Bombs, organizaciones como Animal Defense League y ABC No Rio (América del Norte) y grupos de sabotaje de la caza (Reino Unido). El veganismo se ha vuelto la norma social en algunas comunidades anarcopunk (corriente del punk rock que promueve el anarquismo) y straight edge (subcultura del hardcore punk basada en la abstinencia del alcohol, cigarrillos y otras drogas recreativas). Por su parte, los devotos de la tradición Hare Krishna, presentes en la corriente krishnacore, tienen como obligación ser vegetarianos.
Un estudio de 2014 señala que los punks veganos tienen más probabilidades de permanecer políticamente activos a través de sus dietas y estilos de vida que quienes no pertenecen a esta subcultura. La mayoría de los encarcelados por activismo animalista ilícito a finales de los años 1990 y principios de los 2000 estaban involucrados en la música hardcore punk. En la angloesfera, aunque las mujeres probablemente son la demografía más grande en la defensa por los derechos de los animales y el ecologismo, hombres jóvenes y blancos constituyen la mayoría en la criminalidad ecológica y por los derechos de los animales y el ambiente "hípermasculino" de la escena vegan straight edge, coincidiendo con el éxito propagandista de organizaciones como el Frente de Liberación de la Tierra. A pesar de estas correlaciones, los sociólogos Will Boisseau y Jim Donaghey señalan que no todos los punks son veganos o siquiera están interesados en los derechos de los animales, mientras que el sociólogo Ross Haenfler afirma que los straight edge tolerantes siempre han superado numéricamente a sus contrapartes militantes, los que, no obstante, "eclipsaron gran parte de la escena" por sus acciones violentas.
Política y religión
La investigadora Kirsty Lohman señala que la preocupación por el bienestar animal del punk se sitúa en una política más amplia de conciencia medioambiental y en contra del consumismo inconsciente, sugiriendo una especie de continuidad con contraculturas anteriores como los hippies y el vanguardismo. Una de las principales características del punk es su naturaleza antiautoritaria que incluye una creencia en la libertad, concepto que rápidamente se extendió a la compasión por los animales. Conforme a esto, el autor Craig O'Hara afirmó que "los punks con mentalidad política han visto el tratamiento humano hacia los animales como otra de las tantas formas de opresión que existen". Además, debido a la considerable afiliación entre comer carne y masculinidad, muchos punks consideran sus estilos de vida vegetarianos como, al menos en parte, una práctica feminista. Por estas razones, Boisseau y Donaghey sugieren que la relación entre la cultura punk con los derechos de los animales y el veganismo es mejor entendida en el marco del anarquismo e interseccionalidad.
A diferencia del anarcopunk, el straight edge no es inherentemente político. Para muchos straight edge, según Haenfler, "lo personal es lo político", decidiendo encarnar sus valores en sus vidas diarias (por ejemplo, al adoptar dietas vegetarianas) en vez de involucrarse en protestas políticas tradicionales. También ha habido interpretaciones de izquierda, conservativas, radicales, anarquistas y religiosas del straight edge. Algunas personas straight edge se han vuelto Hare Krishnas porque este último proporciona un cuadro trascendental y filosófico en el cual situar los compromisos de no usar drogas, vegetarianismo y abjuración del sexo ilícito. Francis Stewart, de la Universidad de Stirling, indica que aún existe una influencia anarquista en el hardcore punk y straight edge, aunque esta fuera sutil, especialmente en relación con el veganismo y la liberación animal, y en la posición de estos en patrones de opresión más grandes. En 2017, Stewart observó que el straight edge ha tenido una creciente hibridación con el anarquismo.
Algunos círculos y autores políticos radicales, especialmente anarquistas, han criticado algunas ramas del straight edge, particularmente su forma estadounidense de los años 1990, por su "militancia pretenciosa", "enfoque reduccionista en cuestiones animalistas y ecologistas" y una inclinación religiosa "que, en sus peores momentos, recuerda a doctrinas cristianas reaccionarias", de acuerdo al escritor Gabriel Kuhn. De igual forma, otros autores, como el teórico musical Jonathan Pieslak, así como activistas straight edge argumentan que los planes sociopolíticos de izquierda o polícamente correctos son nocivos para el movimiento porque la cantidad de partidarios es en realidad reducida al extender sus causas ya que no todos están de acuerdo en todas ellas. En su lugar, ellos proponen el biocentrismo inicial que permitía perspectivas muy divergentes en la medida en que los animales y la Tierra fueran su prioridad.
A pesar de sus diferencias, el sociólogo Erik Hannerz señala que el anarcopunk y straight edge no solo coinciden en los derechos de los animales, sino que también enfatizan una ética de "hazlo tú mismo" (proveniente del inglés do it yourself o DIY) y restan importancia a un estilo ostentoso en favor a llamar a la acción, conectando sus estilos de vida a la acción política. Por su parte, Boisseau y Donaghey indican que mucha gente expuesta a los derechos de los animales continúa su activismo después de terminar su participación en las escenas punk, demostrando el rol politizante de estas subculturas.
Influencia en los participantes La politización y radicalización a través del punk típicamente envuelve la concientización sobre la liberación animal a través de letras de canciones y álbumes que incluyen información e imágenes sobre crueldad animal. Las zines también interpretaron un papel fundamental al discutir los derechos de los animales, la industria alimentaria y los efectos a la salud y al medioambiente de distintas dietas, a menudo recurriendo a autores académicos. Para muchos oyentes, las escenas del punk rock fueron su primer encuentro con los "horrores" de los Mataderos y laboratorios, como lo observaron la académica de religión comparada Sarah M. Pike y el vocalista Markus Meißner, especialmente "antes de que el Internet hiciera disponibles los documentales para todos". Respecto a los activistas vegan straight edge, Pieslak afirma que el "movimiento tuvo un impacto vehemente en los oyentes, con la música interpretando un rol transformativo". Pike dijo que produjo una "revolución interna" en activistas a través de "la intensidad de la música hardcore y sus [ilustrativas] letras"; la música los afectaba al mismo tiempo que documentales que reportaban la crudeza de la caza de focas o granjas de peletería; o simplemente las experiencias auditivas "reafirmaban a un nivel visceral" los deseos de liberación animal de los activistas.
Recepción del movimiento de liberación animal La recepción del activismo punk ha sido variada a través del movimiento más amplio por los derechos de los animales, lo cual refleja la diversidad ideológica y táctica existente en ambos lados. La socióloga y animalista Donna Maurer ejemplificó positivamente al vegan straight edge como un movimiento que incluye el veganismo ético como parte de su identidad colectiva, por lo tanto fomentando la causa, pero advirtió que los adolescentes que la adoptan solo para ser parte del grupo pueden contribuir al problema del polizón. Estrategias como incendios y daño a la propiedad han sido tradicionalmente atribuidas a la juventud y afiliación subcultural del punk de los activistas del Frente de Liberación Animal (F.L.A.) y agrupaciones similares. Los activistas más reconocidos suelen condenar estas tácticas y en ocasiones su relación con el punk, mientras que otros las han apoyado porque, en su opinión, parecen producir cambios más rápidos. Otro foco problemático ha sido la postura provida de algunos de los activistas más religiosamente comprometidos que, en el caso del hardcore punk, fueron influidos por la creencia de la santidad de la vida del Hare Krishna y el hardline.
Anarcopunk Trasfondo La asociación del anarcopunk con los derechos de los animales y el ambientalismo se remonta a los años 1980 en el Reino Unido. Esta relación (y subgénero) surge en el marco de una ruptura política, con un gobierno conservativo que desató una guerra contra Argentina (1982) y finalmente desplegaría misiles nucleares en el país. El anarcopunk intentó recuperar el objetivo original del punk rock de un cambio subversivo en el mundo, contrastando la "decepción, autodestrucción y corrupción comercial" que permeó a su primera generación de bandas claves, y en su lugar ateniéndose a una dedicada ética de "hazlo tú mismo" (HUM) y anarquismo político. Las bandas anarcopunk, que en un comienzo eran ampliamente pacifistas, llamaron a vivir conscientemente y a comprometerse al activismo; algunas como Discharge y Crass enfatizaron sus posiciones en oposición a la guerra, mientras que otras se enfocaron en los derechos de los animales, especialmente Flux of Pink Indians y Conflict.
La periodista Nora Kusche afirma que el anarcopunk fue el primer género musical en hacer de la liberación animal una de sus principales características. Algunos punks, más notablemente Joe Strummer de The Clash, ya eran vegetarianos antes del establecimiento de este movimiento.
El investigador Aragorn Eloff nota que a través de la historia del anarquismo ha habido algunas corrientes e individuos que criticaron al especismo y adoptaron dietas a base de plantas, pero ninguna lo había hecho con tal militancia como el anarcopunk en los 1980. En la tradición política del Reino Unido, esto fue incluso más marcado.
Características En las escenas HUM (Hágalo usted mismo) anarquistas, una de las demostraciones más notables del estilo de vida punk es una dieta vegetariana o vegana. La filosofía anarquista del punk, que favoreció a la acción en lugar de una organización política formal, fue expresada en punks movilizándose como saboteadores de la caza (cuyo tamaño fue "abultado" por ellos), recaudando fondos para agrupaciones activistas y circulando propaganda antiviviseccionista. Imágenes de experimentación con animales fueron comúnmente exhibidas en portadas de álbumes, pegatinas, parches y botones. Una contracultura de liberación animal ya bien establecida inspiró algunas de estas estrategias, como repartir folletos en conciertos. Kusche destaca que la caza fue tradicionalmente vinculada a la aristocracia británica, quienes entonces fueron interrumpidos por los "andrajosos [y] antisociales" punks.