thumb|Diferentes tipos de sombreros y algunos de charro.

El sombrero de charro, sombrero mexicano o jarano, es un sombrero popular e icónico de la cultura mexicana, de ala ancha y, hoy en día de copa alta que ofrece protección del sol. Se elabora tradicionalmente con fieltro de lana, de pelo de liebre o de paja de trigo y, puede llevar bordados, ribetes o toquillas ornamentales, con estilos regionales variados, y con "pedradas" en la copa que le dan resistencia en caso de impacto. Se trata de uno de los accesorios indispensables del traje ranchero, cuya elaboración y uso se extendió rápidamente en las haciendas de Puebla, Jalisco, el Bajío y otras del centro y norte del país, incluyendo lo que hoy es el Suroeste de Estados Unidos. Hoy en día es usado principalmente por los jinetes conocidos como charros.

La cultura ranchera y su vestimenta tiene su origen en España, aunque posteriormente los vaqueros mexicanos hicieron sus modificaciones tanto a las prendas de vestir como a los utensilios. Para muchos, el sombrero es resultado del mestizaje, pues, se considera que combina las costumbres nacionales con elementos europeos para satisfacer las necesidades de los rancheros mexicanos.

Contexto social Una investigación llevada a cabo por el antropólogo Héctor Medina Miranda arrojó que parte de la identidad y las tradiciones atribuidas a los charros no provienen exclusivamente de una continuidad histórica, sino que han sido en ciertos casos construidas, reinterpretadas o estandarizadas a partir de discursos folclóricos y textos considerados autorizados. El estudio señala que ciertas prácticas consideradas emblemáticas han sido descontextualizadas, modificadas y reutilizadas, en ocasiones con propósitos políticos y económicos.

Historia thumb|195x195px|El uso del sombrero de ala ancha y copa alta en la época prehispánica en Mesoamérica.

El origen, historia y evolución del sombrero de «charro» ha sido objeto de debate en los últimos años. El historiador estadounidense Philip Wayne Powell aseguró que uno de los prototipos del Charro mexicano se encuentra en los hombres de á caballo del , en su mayoría vaqueros y estancieros, mulatos y mestizos que conformaban la caballería no oficial o irregular que luchó en la Guerra Chichimeca, y que estos vestían «sombrero de piel de alas anchas, reforzado por una banda de acero».

thumb| 195x195px|Grafiti en un convento de Tepeapulco. El jinete representando porta lo que parece ser un sombrero de ala ancha.

Existen grafitis en conventos de Tepeapulco, centro ganadero importante de aquel entonces en lo he hoy es el Estado de Hidalgo, en donde aparecen algunas representaciones de jinetes que podrían ser vaqueros o algo parecido, no necesariamente «caballeros», portando un sombrero de ala ancha y lo que parece ser una copa mediana y plana. Esta es, quizá, la evidencia más antigua de lo que los hombres de a caballo del campo portaron como tocado para protegerse de las inclemencias durante los últimos años del .

miniaturadeimagen| 195x195px|left|Codice «Chapa de Mota (1703).

Un sombrero similar aparece de nuevo en una imagen de la primera mitad del , en el «Códice Chapa de Mota» de 1703, donde uno de los dibujos rústicos muestra a un mestizo o indígena vestido con el atuendo de los charros de aquel entonces, alanceando un toro durante las festividades en Jilotepec con motivo del centenario del triunfo y fin de la guerra Chichimeca. El sombrero representado es de alas anchas dobladas hacia arriba y con copa baja y plana. Si este sombrero es del mismo tipo al representado en el grafiti de Tepeapulco o fue su evolución o fue algo totalmente distinto, es difícil de saber. El origen de estos sombreros también es incierto. Podrían ser inventos locales basados en diseños autóctonos o en algunos de los sombreros de ala estrecha que usaba la élite europea, pero adaptados a las necesidades y circunstancias de los vaqueros y demás gentes del campo; o bien pudieron haber sido una evolución del sombrero chambergo de origen francés, introducido a España por el mariscal Charles de Schomberg durante la sublevación de Cataluña en 1640. De hecho, el término «chambergo» se convirtió en España en nombre genérico para todo y cualquier tipo de sombrero de ala ancha.

Hacia el la iconografía dieciochesca muestra una gran variedad de sombreros de diferentes estilos, aportando mayor evidencia sobre la vestimenta de los jinetes del país. Todos eran pequeños con las alas de anchura moderada. Variaban en la rigidez del ala, ya que algunos parecen ser flexibles y otros no. También variaban en el tipo de copa, todas eran bajas pero algunas eran planas y otras redondeadas. Había de distintos colores, pero predominaban los de colores claros, como el blanco y el gris. En cuanto a los adornos que estos tenían, resaltaba únicamente la toquilla, que era muy pequeña, asemejándose a un listón. Sobre los materiales se carece de información pero se puede deducir que los había de palma y de materiales más finos, como el fieltro. A causa de esta falta de información más detallada, se desconoce el nombre de cada uno de estos estilos de sombreros dieciochescos.

Hasta el hubo mayor cantidad de evidencias, tanto textuales como pictóricas, sobre los sombreros mexicanos, pues, fue en esta centuria cuando surgió el interés por las costumbres nacionales, en especial las de los rancheros mexicanos y sus atuendos, evidenciado por la gran cantidad de artículos, tanto nacionales como extranjeros, sobre el tema. Fue también en este siglo cuando se registró por primera vez la denominación de «jarano», el nombre propio del sombrero mexicano; estrictamente hablando se usaba para referirse o denominar a cualquier sombrero de ala ancha, sin importar el estilo o hechura; sinónimo del castellano «chambergo».

En las primeras décadas del México decimonónico, especialmente después de la independencia, continuó el gusto entre los rancheros y los ricos por los sombreros pequeños. El gran cambio es que las alas eran tendidas de seis pulgadas de ancho (15 cm), con una copa muy baja, y las toquillas se hicieron más prominentes, con un mayor grosor, un gusto que perduró en décadas posteriores. Los sombreros jaranos más prominentes en esta época eran los de ala ancha, hechos de lana (fieltro) o forrados, con chapetas de plata para asegurar el barbiquejo. Los mejores y más preciados eran los que estaban hechos en Puebla denominados «poblanos» o «jarano poblano», típicamente de un color claro, plomo o «aplomado», porque dichos tonos reflejan la luz y el calor. En un artículo de 1844 detallando las costumbres de los rancheros mexicanos en la revista «El Museo Mexicano», Don Domingo Revilla, relata que:

Una de las primeras descripciones hechas por un extranjero poco tiempo después de la independencia fue por el explorador y escritor británico Edward B. Penney, quien describió detalladamente el traje de charro en la Ciudad de México en 1824, relatando que el sombrero era «bajo», de copa, y ala ancha, al estilo, según el, de los cuáqueros:

Entre las décadas de 1820 y 1830, surgió otro estilo de sombrero jarano de mayor tamaño, con copa mediana y plana, un ala más ancha moderadamente flexible y con una toquilla muy delgada, como cordón, que terminaba en unas borlas que se extendían y reposaban sobre el ala. Este estilo de sombrero quedó en desuso hacia la década de 1850.

thumb|Sombrero jarano negro con toquilla dorada con borlas que recaen sobre el ala (1828).

Hacia mediados de la década de 1840 se puso de moda un nuevo estilo de sombrero jarano, este con las alas rígidas ya no flexibles, con la copa plana, y una toquilla de mediano grosor en forma de un chorizo.

Estandarización En la década de 1850 se dio nuevamente un cambio, se comenzó a estandarizar el diseño de los jaranos-poblanos que hasta ese entonces variaban mucho en la rigidez de sus alas, los colores y en la altura y forma de la copa. Las alas se hicieron rígidas, ya no eran flexibles, y variaban solamente en la anchura, siendo algunos de ala mediana y otros de ala muy ancha. Las copas quedaron bajas y redondeadas o planas, aunque predominaban las primeras, y algunas veces con pedradas. Los colores predilectos eran los claros o aplomados, dejando atrás los colores oscuros o muy llamativos. Las toquillas eran grandes, gruesas, en forma de chorizo o trenzadas y se asemejaban muchas veces a una serpiente que se enroscaba alrededor de la copa. Esta estandarización del sombrero charro llevó, hacia la década de 1860, a la desaparición de los diseños anteriores y, en parte, influyó durante las décadas posteriores a una evolución gradual que culminaría en los grandes cambios que sufriría a finales del siglo , dando origen así al sombrero estereotípico de charro de los últimos 120 años.

El médico cirujano francés, Leon Cordet, uno de los principales médicos del cuerpo expedicionario durante la intervención francesa (1861-1867) y jefe médico de los hospitales veracruzanos, escribió acerca del sombrero charro de esta época, sobre sus cualidades y beneficios, en 1867:

Evolución gradual posterior a la estandarización El sombrero jarano de ala ancha rígida y copa baja redonda que entró en boga en la década de 1850 se volvió el sombrero charro «estándar» en décadas posteriores. Este estilo de sombrero fue el que entró en una evolución gradual entre las décadas de 1870 y 1880. El cambio más notable lo tuvo en la copa, la cual pasó de ser baja y redonda a ser más prominente, alta y puntiaguda. Este cambio, no fue rápido sino gradual y se comenzó a notar entre finales de la década de 1870 y principios de 1880. Hacia 1890 culminó en lo que se conoció como «copa de piloncillo». Ya en 1893, el sombrero de copa alta o «de piloncillo» estaba en uso entre los charros del norte de México. Los cambios continuaron en la primera década de 1900, cuando se comenzó a usar las alas levantadas o dobladas hacia arriba, costumbre que continúa hasta nuestros días. Esta evolución dejó en el olvido al diseño antiguo del sombrero, convirtiéndose en un estereotipo del mexicano desde entonces.

En su libro, «Souvenirs du Mexique: cosas de Méjico» (1908), el coronel francés Éloi Lussan habla de esta evolución del sombrero mexicano al recordar que los sombreros eran muy distintos cuarenta años atrás durante la Intervención francesa:

Evolución del sombrero jarano:

Varias han sido las hipótesis propuestas que tratan de explicar esta evolución del sombrero de charro y finalmente la adopción de la copa alta o «copa de piloncillo». El historiador charro, José Ramón Ballesteros, argumentó que el cambio en la copa se hizo para aumentar la cámara de aire y las alas se agrandaron para mayor protección de los rayos del sol. Carlos Rincón Gallardo, aunque no da razones específicas, mencionó que el primero en usar el sombrero de copa alta fue su tío, Pedro Romero de Terreros y Gómez de Parada, a quien describió «no como un buen charro» sino como una persona «extravagante». Un estudio publicado por la «Journal of American Folklore» en 1896 mencionó que dicho sombrero de copa alta era una modificación hispana de los sombreros de paja usados por los Tlaxcaltecas, Tarascos y Otomíes. La hipótesis más extraña divulgada hoy en día es la que propone el director del Museo de la Charrería, Humberto Carmona Cobo, quien argumenta, sin evidencia, que la copa alta surgió para marcar el estatus social de los hacendados porque, según el, con la copa alta indicaban que eran de la alta sociedad.