thumb|Recreación de un aula típica de una escuela durante el franquismo, presidida por un crucifijo y los retratos de Franco (a su derecha) y de José Antonio Primo de Rivera (a su izquierda). Museu d'Història de Catalunya. El sistema educativo franquista fue el sistema educativo en funcionamiento en España durante la dictadura del general Francisco Franco Bahamonde (1939-1975). El régimen franquista pretendía eliminar la obra educativa de la Segunda República Española, difundir en las escuelas los principios ideológicos de los vencedores de la Guerra civil española, establecer un ideario pedagógico basado en el nacionalcatolicismo y depurar del magisterio el personal docente no afín al régimen.

La escuela durante el franquismo volvió a separar a los niños de las niñas, es decir, volvió a ser segregada. En el caso de la mujer, esta educación obedecía al papel que se quería conseguir de ella: cuidadora de los hijos, soporte del hombre y educadora de las nuevas generaciones de niños y niñas. En esta época, las mujeres se encontraban en segundo plano. Con este fin se creó la Sección Femenina cuyo ideal era una mujer sumisa a su marido, religiosa y patriota.

Características del sistema educativo franquista El sistema educativo franquista se ha definido como autoritario, nacional-católico, sexista, clasista, ultranacionalista español, dogmático, doctrinal y reaccionario (opuesto a las innovaciones pedagógicas), exactamente lo contrario que el sistema educativo de la República que se caracterizaba por ser democrático, laico, promotor de la igualdad de sexos mediante la coeducación, igualitario, integrador de las lenguas y culturas propias de las «regiones autónomas», plural, contrario al adoctrinamiento y abierto a las innovaciones pedagógicas.

Autoritario El autoritarismo era uno de los rasgos esenciales del régimen franquista del que formaba parte el sistema educativo. Por eso se ha hablado de escuela autoritaria e incluso de escuela cuartel en la que los principios que regían la relación entre maestros y alumnos eran los de unidad, jerarquía, obediencia y disciplina. Por ejemplo, el segundo objetivo de la Enseñanza Primaria según la Ley de 1945 era «formar la voluntad, la conciencia y el carácter del niño en orden al cumplimiento del deber y a su destino eterno». Pero el maestro no sólo debía mostrar a los alumnos la necesidad del principio de autoridad en la escuela sino también en todos los niveles de la vida. El pedagogo franquista Adolfo Maíllo García defendía un «ambiente educativo» caracterizado por la «disciplina, el espíritu de servicio y la represión ascética de los impulsos naturales». En el manual escolar Héroes (1938) escrito por el publicista franquista Antonio J. Onieva se hacía la siguiente defensa del autoritarismo:

Nacional-católico El nacional-catolicismo determinaba por completo el sistema educativo franquista, ya que la religión católica inspiraba los programas educativos de todos los niveles de la enseñanza. En una Orden de diciembre de 1938 se decía que había que «saturar de espíritu religioso y patriótico la labor educativa donde deben resplandecer… los dos grandes amores: el amor a Dios y al amor a la patria». El artículo 5 de la Ley de Enseñanza Primaria de 1945 decía: «La educación primaria, inspirándose en el sentido católico, consubstancial con la tradición escolar española, se ajustará a los principios del Dogma y de la Moral católica y a las disposiciones del Derecho Canónico vigente». Por otro lado, la escuela pública era subsidiaria de los colegios de la Iglesia, especialmente en la enseñanza media.

Ultranacionalista español El ultranacionalismo español también era una de las piedras angulares del sistema educativo. En la Ley de Enseñanza Primaria de 1945 se decía en el artículo 6 sobre la «Formación del espíritu nacional» y en el artículo 7 sobre la «lengua nacional» lo siguiente:

thumb|250px|Grupo de niños del colegio Santa María de San Sebastián (1942) thumb|250px|Grupo de niñas de un colegio religioso de Figaredo en 1951.

Sexista El sistema educativo franquista era sexista pues establecía la estricta separación de los niños y las niñas en la escuela y su formación diferenciada. En una Orden del 1 de mayo de 1939 se decía que el «sistema pedagógico de coeducación» era «contrario enteramente a los principios religiosos del Glorioso Movimiento Nacional y, por tanto, de imprescindible supresión por antipedagógico y antieducativo para que la educación de los niños y las niñas responda a los principios de sana moral y esté de acuerdo con todos los postulados de nuestra gloriosa tradición». El artículo 14 de la Ley de Enseñanza Primaria de 1945 volvía a insistir en lo mismo: «El Estado por razones de orden moral y de eficacia pedagógica, prescribe la separación de sexos y la formación peculiar de niños y niñas en la educación primaria». Y el artículo 11 de esa misma ley establecía la educación diferenciada para los niños y las niñas: «La educación primaria femenina preparará especialmente para la vida del hogar, artesanía e industrias domésticas». La educación diferenciada fue desde el principio uno de los rasgos definitorios del sistema educativo franquista. Ya en plena guerra civil, José Pemartín, jefe del Servicio Nacional de Enseñanza Superior y Media del Ministerio de Educación, había dicho que las mujeres que hicieran el bachillerato y fueran a la Universidad debían «ser la excepción» y que su destino debía ser el «hogar»:

Como destacó la socióloga Marina Subirats, «la escuela franquista estuvo marcada, desde sus orígenes, por su antifeminismo profundo, que hay que entender en relación al papel atribuido a la mujer y al conjunto de rasgos ideológicos del régimen». Así la educación de las niñas en la escuela franquista se caracterizó por un «nivel educativo inferior al de los niños», por una «educación ‘diferente’, encaminada a que asuman su rol de ama de casa»; por la «desvalorización continua de su espontaneidad y su modo de ser, puesto que, haga lo que haga, la niña es considerada por definición [en negrita en el original], inferior al niño, que constituye el modelo general del individuo». La separación de sexos implicó también la introducción de asignaturas especiales para las niñas siguiendo el criterio establecido en una Orden de marzo de 1938, todavía en plena guerra civil: «En las escuelas de niñas brillará la femineidad más rotunda, procurando las maestras, con labores y enseñanzas apropiadas al hogar, dar carácter a sus escuelas, tendiendo a una contribución práctica a favor de nuestro glorioso ejército». La separación de sexos también afectó al profesorado que sólo podrá impartir clases a alumnos de su mismo sexo. En el preámbulo de la Ley de 20 de septiembre de 1938 por la que se establecía un nuevo Bachillerato se señalaba como uno de los síntomas de decadencia el «afeminamiento» contrapuesto al «viril heroísmo de la juventud en acción». En el ámbito universitario, el que fuera rector de la Universidad Complutense de Madrid en el tardofranquismo, José Botella Llusiá, se manifestó conforme con este aspecto del ideario nacionalcatólico:

Dogmático El dogmatismo estaba presente en todas las disciplinas pero tal vez donde era más evidente era en la enseñanza de la historia, que estaba supeditada a una doble doctrina: la del partido único FET y de las JONS y la de la Iglesia Católica. Así, como destacó hace tiempo el historiador Manuel Tuñón de Lara, en la educación franquista la historia estaba considerada «como una simple interpretación ideológica del pasado que servirá para modelar el espíritu de los niños y de los jóvenes», «una sierva de la enseñanza política y eclesiástica». En una circular de marzo de 1938 de la Inspección de Primera Enseñanza se decía: «Es preciso que en las lecturas comentadas, en la enseñanza de las Ciencias, de la Historia, de la Geografía, se aproveche cualquier tema para deducir consecuencias morales y religiosas…» El programa de 1940 que tenían que estudiar los aspirantes a acceder al Magisterio se incluía «el estudio completo de [la] eminente personalidad» del Caudillo. En el cuestionario de Geografía e Historia para alumnos de segunda enseñanza publicado el 14 de abril de 1939 se incluían epígrafes como los siguientes: de la Dictadura de Primo de Rivera se destacaba el «retorno a los principios de autoridad»; sobre la Segunda República Española se proponía estudiar: «los pseudointelectuales despechados, la masonería y los financieros judíos internacionales hacen caer la monarquía. La segunda República. Sus desastres, sus desórdenes, sus crímenes»; sobre el fascismo, en cambio, «su sentido nacional, espiritual e histórico que restituye su dignidad a la persona humana». Y como colofón: «Superioridad moral de nuestro espíritu imperial».

En las aulas, los materiales lectivos o los medios de expresión usados tenían que pasar la censura para evitar contenidos que podían ser considerados demasiado liberales. Los libros de texto tenían que ser fieles a los principios del Movimiento y, por lo tanto, quedaban prohibidos todos aquellos aspectos relacionados con las corrientes científicas y pedagógicas europeas. La escuela, como el resto de España, se encontraba inmersa en una autarquía cultural con omnipresencia de los contenidos y valores de la religión católica.

Clasista El clasismo del sistema educativo franquista fue reconocido por las propias autoridades educativas en 1969 cuando publicaron el “Libro Blanco” en que se basaría la reforma educativa que se plasmaría en la Ley General de Educación de 1970. En él se reconocía que de hecho existían dos sistemas educativos en España: uno para las familias de las clases altas y medias que llevaban a sus hijos a los colegios de la Iglesia y que conseguían llegar a la Universidad ―que era gratuita, lo que dado su carácter minoritario constituye «la expresión más acabada del clasismo del sistema»―, y otro para los «sectores sociales menos favorecidos» que llevaban a sus hijos a las escuelas «nacionales» y que no pasaban del nivel de la enseñanza primaria, incorporándose inmediatamente después al mercado de trabajo.

Doctrinal El sistema educativo franquista lo que pretendía era adoctrinar no enseñar. En el artículo 1 de la Ley de Enseñanza Primaria de 1945 se decía: «la educación primaria tiene como objetivo formar la voluntad, la conciencia y el carácter del niño para el cumplimiento del deber y su destino eterno; infundir el amor y la idea de servicio a la patria, de acuerdo con los principios inspiradores del Movimiento». En una circular de 1939 se ordenaba que «el último día de clase los maestros, con las autoridades locales, celebrarán una fiesta de carácter religioso y patriótico exaltando las virtudes de nuestro invicto caudillo, el heroísmo del ejército, dando gracias a Dios por habernos concedido en este año la Victoria, devolviéndonos la grandeza de nuestra patria». En un Cursillo de Orientación de septiembre de 1939 se les dijo lo siguiente a los maestros asistentes:

En un manual escolar se hacía la siguiente exaltación del Caudillo (las frases aparecían sobre el dibujo del rostro del general Franco):

En otro manual escolar junto a un dibujo donde aparecían niños desfilando con el uniforme del Frente de Juventudes (ninguna niña) se decía:

En la enseñanza media la función de adoctrinamiento la desempeñaban disciplinas específicas. En el plan de bachillerato de 1938, diseñado por Pedro Sainz Rodríguez, era la Historia la que tenía ese papel apologético del Nuevo Estado, acompañada de la hora semanal dedicada a «conferencias para la reformación patriótica». A partir de 1950-1953 esa función la desempeñó la Formación del Espíritu Nacional, que no era impartida por el profesorado ordinario sino por miembros del partido único FET y de las JONS.