miniaturadeimagen|derecha|300px|Mapa de los países del mundo por sus emisiones de dióxido de carbono
El precio de emitir gases de efecto invernadero (que suele abreviarse con la expresión precio del carbono, debido a que el dióxido de carbono es el principal de estos gases) es una herramienta económica destinada a integrar (internalizar) en los precios de mercado los costes ocultos (externalidades) de los daños causados por las emisiones de estos gases, con el fin de orientar las decisiones de los agentes económicos hacia soluciones de bajas emisiones.
La forma más simple, estable y predecible de conseguir un precio del carbono que sirva para reducir las emisiones es un impuesto sobre el carbono, del valor adecuado; una forma más compleja, elegida a menudo por razones políticas, es el sistema de bonos de carbono (o derechos de emisión) que pueden intercambiarse en un mercado del carbono. El Protocolo de Kioto había apostado decididamente por este sistema, pero los resultados han sido insatisfactorios, incluso contraproducentes, por la caída del precio del carbono.
En el marco de la preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2015 (COP21 por sus siglas en inglés), numerosas iniciativas han promovido estrategias basadas en la idea de fijar un precio a la tonelada emitida de dióxido de carbono (CO2) equivalente, con modalidades lo suficientemente flexibles para conciliar la claridad de la señal, la aceptación política y la diversidad de las situaciones.
Elementos de definición del concepto Hay que distinguir las expresiones inglesas carbon price (literalmente precio del carbono, pero que significa precio de las emisiones de gases de efecto invernadero, GEI), y carbon pricing , que significa fijación de un precio de las emisiones GEI suficientemente alto para conseguir reducirlas significativamente.
Debe por tanto tenerse en cuenta que: cuando se habla de "precio del carbono", en realidad se está hablando del precio del dióxido de carbono; este precio no es por comprarlo, sino por emitirlo a la atmósfera; y con "dióxido de carbono" se está diciendo gases de efecto invernadero, de los cuales el dióxido de carbono es el principal, pero no el único.
Los trabajos científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) y de numerosos equipos de economistas han puesto de manifiesto los considerables daños, observables actualmente y que se incrementarán todavía más en el futuro, por el calentamiento mundial ocasionado por las emisiones GEI de origen antrópico.
Se han hecho algunas tentativas de cuantificar estos daños, por ejemplo el Informe Stern sobre la economía del cambio climático, redactado por el economista Nicholas Stern para el ejecutivo del Reino Unido, publicado el 30 de octubre de 2006.La “ Stern Review ” : l’économie du changement climatique - Note de synthèse, Archives du gouvernement britannique.
Los daños afectan directamente o indirectamente al conjunto de los habitantes del planeta, y a menudo a largo plazo, pero los principales responsables de las emisiones de estos gases no soportan más que una pequeña parte de los costes inducidos, y a menudo ni siquiera son conscientes; es lo que los economistas denominan «el problema del polizón» y las «emisiones grises». Estos costes ocultos se llaman «externalidades negativas». Varios economistas buscan el mejor método para reintegrar estas externalidades en los precios de mercado de los productos cuya producción o consumo suponen emisiones de estos gases, en particular los combustibles fósiles o la carne.
Este intento de internalizar estas externalidades se refleja en la expresión «fijar un precio del carbono»: según el Banco Mundial, «fijar un precio al carbono contribuye a trasladar el peso de los daños que derivan de las emisiones de gases de efecto invernadero a quienes son responsables y están en situación de disminuirlos».Que signifie « donner un prix au carbone » ?, Banque Mondiale, 11 juin 2014.
En 2008-2010, el organismo asesor francés Centro de Análisis Estratégico estimó que el valor de la tonelada (t) de CO2 emitida podría situarse en los 100 euros (€) en 2030 y en 200 € en 2050 (escenario medio en una horquilla de 150 a 350 €/t).Donner une valeur à l’environnement , revue du Commissariat général au développement durable, diciembre de 2010, páginas 47 y 49.
Existen 2 principales tipos de mecanismo para fijar o hacer emerger un precio del carbono:
los impuestos a las emisiones (en inglés carbon tax), que fijan directamente un precio. los sistemas de intercambio de cupos de emisión en un concepto más amplio de mercado del carbono (en inglés cup-and-trade), que fijan unas cantidades de emisiones y, a través de su intercambio, permiten que surja un precio.
Ambos sistemas son eficientes: tienen los mismos costes sociales y el mismo efecto en los beneficios si los cupos son subastados. Sin embargo algunos economistas sostienen que los cupos impiden políticas climáticas no basadas en el precio, como las subvenciones a la energía renovable. Otros argumentan que unos cupos de emisiones que se hagan cumplir son la única forma de garantizar que se reducirán efectivamente las emisiones, pues un impuesto a las emisiones no disuadirá a quienes puedan pagarlo.
Una señal para el precio de estas emisiones también puede darse:
aumentando los impuestos sobre los carburantes, suprimiendo las subvenciones a los combustibles fósiles (solo en 2018 los subsidios a estas tecnologías ascendieron a 300 millardos de euros), con compensaciones de carbono, fijando normas de emisiones, o con sistemas de certificados de ahorro energético.
El centro CDC para investigación climática, un laboratorio de ideas francés, actualmente el Instituto para la Economía del Clima (I4CE), elaboró el mapa «Panorama mundial de los precios del carbono en 2014».ClimaScope - Comprendre les enjeux de Paris Climat 2015 #COP21 , CDC-Climat Recherche, avril 2015.
El protocolo de Kioto tenía en cuenta el conjunto de los gases de efecto invernadero (GEI), pero la mayoría de los pasos para fijar un precio a las emisiones de GEI se limitan a las emisiones de CO2, alegando como motivo que representan más de las 3 cuartas partes de las emisiones mundiales de GEI medidas en dióxido de carbono equivalente. Ahora bien, el metano representa el 15% de las emisiones GEI a un siglo vista, pero mucho más a corto plazo. Esto invita a tenerlo también en cuenta, lo que daría más importancia a la reducción del consumo de gas natural, a la eliminación de los vertederos de basuras domésticas y a la lucha contra la deforestación.Urgence pour la réduction des émissions de méthane, Benjamin Dessus, Encyclopédie du développement durable.
Historia La idea de fijar un precio al carbono ya estaba presente en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992.
El protocolo de Kioto de 1997 preveía la instauración de un mercado del carbono: los emisores que hubieran ahorrado unidades de emisiones (emisiones permitidas, pero no utilizadas) podrían vender este exceso a otros que hubieran sobrepasado sus objetivos de emisiones. Pero en la práctica el sistema Kioto para el comercio de emisiones ha sido complicado de poner en marcha. Se han celebrado negociaciones adicionales para aclarar detalles que no habían sido especificados en este protocolo; estas reglas han sido definidas durante los acuerdos de Marrakech en 2001. Por otra parte, el Mecanismo de desarrollo limpio permitía a los países industriales adquirir bonos de carbono adicionales financiando actividades de reducción de emisiones en los países en desarrollo.Le Commerce d’émissions, site UNFCC.
En el primer mercado del carbono puesto en marcha en Europa en 2005, la materia prima es la tonelada de dióxido de carbono no emitida. El principio es simple: fijar cupos de emisiones a los mayores emisores europeos y permitir a los que reducen sus emisiones vender sus excedentes a quienes no consiguen disminuirlas. Este sistema estaba inspirado en una herramienta estadounidense desarrollada en los años 1990 con el fin de controlar las emisiones de dióxido de azufre (SO2), que había permitido reducir a la mitad estas emisiones en algunos años. Pero cerca de 12000 instalaciones estaban implicadas en el mercado europeo de carbono (producción de electricidad, cementeras, acerías, papeleras...) por solo 2000 en el caso del mecanismo estadounidense. Al comienzo, Europa fue demasiado generosa en la distribución de los cupos. Después, en una segunda fase, no anticipó la crisis económica, de manera que la mayoría de las instalaciones se han vuelto excedentarias (la cantidad de emisiones depende de la cantidad de producto que generan, y la crisis reduce considerablemente el producto generado) y el precio del carbono se ha hundido: fluctúa entre 5 y 7 €/tonelada CO2 desde 2012. Ahora bien, la mayoría de los analistas estiman que es necesario un precio mínimo de 30 € para impactar sobre los comportamientos de los industriales. Por otra parte se han constatado numerosas trampas en este mercado: defraudación del IVA, robos de cupos, instalaciones que cierran pero que conservan sus cupos de emisión, así como desvíos del Mecanismo de desarrollo limpio.El Mecanismo de desarrollo limpio consiste en utilizar los créditos de carbono generados por proyectos de reducción de emisiones en países en desarrollo para compensar los excedentes de emisión en países desarrollados. Algunas empresas vendieron derechos de emisión que se les habían otorgado gratis para comprar más baratos créditos de carbono generados por proyectos no siempre serios. Están en marcha reformas para restaurar la eficacia de este mercado.. En septiembre de 2018 el precio de la tonelada de CO2 en Europa superó los 25 €.
En 2015, durante la COP21, se creó una coalición por un precio del carbono. En previsión de la revisión de la directiva sobre el mercado europeo del carbono, el Gobierno de Francia encargó en julio de 2016 un «informe sobre el precio del carbono en Europa» al presidente de Engie Gérard Mestrallet, al economista Alain Grandjean y al exministro, experto climático y director del WWF Pascal Canfin, los 2 últimos ya autores a mediados de 2015 de un informe para el entonces presidente francés François Hollande sobre la financiación de la mitigación del cambio climático. Este encargo de 2016 tendría que «orientar las inversiones de los ciudadanos, los cargos públicos y las empresas hacia los proyectos y productos más favorables para el clima».BatiActu (2016) COP21: une mission sur le prix du carbone pour orienter les investissements S.C. le 04/04/2016
Emisiones futuras vs. emisiones pasadas