La percepción facial es la comprensión e interpretación de la cara por parte de un individuo, particularmente la cara humana, especialmente en relación con el procesamiento de información asociado en el cerebro.
Las proporciones y expresiones del rostro humano son importantes para identificar el origen, tendencias emocionales, cualidad de salud y cierta información social. Desde el nacimiento, las caras son importantes en la interacción social de cada individuo. Las percepciones faciales son muy complejas, ya que el reconocimiento de las expresiones involucra áreas extensas y diversas en el cerebro. En ocasiones, partes dañadas del cerebro pueden causar deficiencias específicas en la comprensión de rostros o prosopagnosia.
Desarrollo Desde el nacimiento, los bebés poseen capacidades rudimentarias para el procesamiento facial y muestran un gran interés en los rostros. Por ejemplo, se ha demostrados que recién nacidos (1-3 días) son capaces de reconocer caras incluso si giran hasta 45 grados. Sin embargo, este interés no está continuamente presente en la infancia y muestra incremento o disminución a través del tiempo en el que el niño crece.
Específicamente, mientras los recién nacidos muestran preferencias por los rostros, este comportamiento se reduce entre el primer y cuarto mes.Maurer, D. (1985). Infants' Perception of Facedness. In T. M. Field & N. A. Fox (Eds.), Social Perception in Infants (pp. 73-100). Norwood, NJ: Ablex Publishing Corporation. Alrededor de los tres meses, aparece nuevamente la preferencia por los rostros y el interés parece alcanzar su punto máximo durante el primer año, sin embargo, este declina lentamente durante los próximos dos años.
La preferencia por los rostros resurge a los 3 meses de edad. Esto puede estar influido por sus propias habilidades motoras y experiencias. Los bebés de hasta dos días de nacidos son capaces de imitar las expresiones faciales de un adulto, mostrando así su capacidad de observar detalles como la forma de la boca o de los ojos, así como mover sus propios músculos faciales y producir patrones similares en sus rostros. Sin embargo, a pesar de contar con esta capacidad, los recién nacidos aun no son conscientes del contenido emocional codificado en las expresiones faciales.
Cuando se le presenta a un bebe de 5 meses una imagen de una persona que muestra una expresión temerosa y una que muestra una expresión feliz, el bebé presta la misma atención y exhibe potenciales relacionados con eventos similares (ERPs) para ambos. Sin embargo, cuando los bebés de siete meses se les da el mismo tratamiento, se enfocan más en la cara que expresa temor, y su potencial relacionado con el evento para la cara asustada muestra un componente central negativo inicial más fuerte que el de la cara feliz. Este resultado indica un mayor enfoque atencional y cognitivo hacia el miedo que refleja la natural amenaza proyectiva de la emoción.
Además, los componentes centrales negativos de los bebés no eran diferentes para los rostros nuevos que variaba en la intensidad de una expresión emocional, sin embargo, representaban la misma emoción que un rostro al que habían estado acostumbrados, pero eran más fuertes para los rostros de diferentes emociones, mostrando que los bebés de siete meses consideran las caras felices y tristes como categorías emotivas distintas. Si bien se ha encontrado que los bebés de siete meses se enfocan más en los rostros temerosos. Otro estudio realizado por Jessen Altvater-Mackensen y Grossmann demostró que “las expresiones felices provocan una mayor simpatía en los bebés” cuando las expresiones faciales se presentaron de manera subliminal y supraliminalmente, o de una manera que los bebés eran conscientes del estímulo. Estos resultados muestran que la conciencia consciente de un estímulo no está conectada a la reacción de un bebé a ese estímulo
El reconocimiento de rostros es un importante mecanismo neurológico que los individuos utilizan todos los días. Jeffrey y Rhodes escriben que los rostros “transmiten una gran cantidad de información que utilizamos para guiar nuestras interacciones sociales”. Las emociones juegan un papel importante en nuestras interacciones sociales. La persecución de una emoción positiva o negativa en un rostro afecta la forma en que un individuo percibe y procesa ese rostro. Por ejemplo, una cara que se percibe con una emoción negativa se procesa de una manera menos hostil que una cara que muestra una emoción positiva. La capacidad de reconocimiento del rostro es evidente incluso al inicio de la infancia. Los mecanismos neurológicos responsable del reconocimiento facial se presenta a la edad de cinco años. La investigación muestra que la manera en la que los niños procesan las caras es similar a la de los adultos, sin embargo, los adultos procesan de manera más eficiente. La razón de esto puede ser debido a los avances en la memoria y el funcionamiento cognitivo que ocurren con la edad.
Los bebés pueden comprender las expresiones faciales como señales sociales que representan los sentimientos de otras personas antes de que tengan un año. A los siete meses, el propósito de observar la aparente reacción emocional de la cara es relevante en el procesamiento del rostro. A esta edad muestran mayores componentes centrales negativos hacia las caras enojadas que los miran directamente que a cualquier otro lugar, aunque la dirección de la mirada hacia los rostros temerosos no produce ninguna diferencia. Además, dos componentes ERP en la parte posterior del cerebro se activan de manera diferente por ambas expresiones negativas probadas. Estos resultados indican que los bebés a esta edad pueden llegar a comprender al menos parcialmente el mayor nivel de amenaza de la ira dirigida a ellos en comparación con la ira dirigida a otros. Al menos a los siete meses, los bebés también pueden usar expresiones faciales para comprender el comportamiento de los demás. Observan señales faciales para comprender los motivos de otras personas en situaciones ambiguas, como lo demuestra un estudio en el que los bebés observaron el rostro del experimentador por más tiempo cuando este le quitaba un juguete manteniendo una expresión neutral en comparación hacer una expresión feliz. El interés en el mundo social aumenta con la interacción con el entorno físico. Entrenar a los bebés de tres meses para alcanzar objetos con “guantes adhesivos” cubiertos con velcro aumenta la cantidad de atención que prestan a los rostros en comparación con los objetos que se mueven pasivamente a través de sus manos.
Siguiendo con la idea de que los niños de siete meses tienen una compresión categórica de las emociones, también son capaces de asociar las prosodias emocionales. Cuando se les presenta una cara feliz o enojada, seguida brevemente por una palabra neutral emocionalmente leída en un tono feliz o enojado, sus ERP siguen patrones diferentes. Las caras felices seguidas por tonos vocales enojados producen más cambios que cara enojada y tono vocal feliz. Por otro lado, no hubo tal diferencia entre feliz y enojado con caras y tonos congruentes. Los bebés tenían mayores expectativas de un tono vocal feliz al ver una cara feliz que un tono de enojo después de ver una cara enojada. Él bebe cuenta con una relativa inmovilidad, por lo que posee una disminuida capacidad para provocar reacciones negativas de sus padres, este resultado implica que la experiencia tiene un papel en la construcción de la comprensión de las expresiones faciales. Varios estudios indican que la experiencia perceptiva temprana es crucial para el desarrollo de capacidades características de la percepción visual adulta, incluida la capacidad para identificar personas conocidas para reconocer y comprender expresiones faciales. La capacidad de discernir entre rostros, al igual que el lenguaje, parece tener un amplio potencial en la vida temprana que se reduce a tipos de caras que experimentan en dicha etapa. Los bebes a los seis meses pueden discernir entre los rostros de los macacos, pero sin exposición continua, no pueden hacerlo hasta los nueve meses de edad. Cuando se les mostraron fotografías de macacos durante el periodo de tres meses, los bebés de nueve meses pudieron distinguir de manera confiable entre los rostros de los macacos desconocidos.
Los sustratos neuronales de la percepción de rostros en los bebés son probablemente similares a los de los adultos, pero los límites de la tecnología de imagen que pueden utilizarse con los bebés actualmente impiden la localización específica de la función. Así como información específica de áreas subcorticales como la amígdala, que está activa en la percepción de expresión facial en los adultos. En un estudio sobre adultos sanos, se demostró que es probable que las caras se procesan, en parte, a través de una vía retinotectal (subcortical).
Sin embargo, hay actividad cerca del giro fusiforme, así como en áreas occipitales. Cuando los bebes están expuestos a los rostros, y varía según los factores que incluyen la expresión facial y la dirección de la mirada.
Adulto Las habilidades de reconocer y percibir los rostros son vitales y necesarias para poder coexistir en la sociedad. Un rostro nos puede relatar cosas como la identidad, el estado de ánimo, edad, el sexo, etnia, y la dirección en la que se está mirando. Los estudios basados en la neurociencia, conducta, electro psicología, y neuro-imágenes han apoyado la noción de un mecanismo especializado para la percepción de rostros. Los pacientes con prosopagnosia demuestran una aportación neuropsicológica especializada en mecanismos de percepción de rostros, a causa de daño cerebral, tienen deficiencias en percepciones faciales, pero su percepción cognitiva de objetos se mantiene intacta. El efecto de la inversión de rostro provee un soporte de conducta para un mecanismo especializado en cuanto las personas tienden a tener déficits mayores en tareas de rendimiento cuando los incitan a reaccionar a un rostro invertido en vez de a un objeto invertido. El apoyo electrofisiológico proviene del descubrimiento de que las respuestas del N70 y el M170 tienden a ser rostro-específicas. Los estudios de neuroimagen tal como los estudios de tomografía por emisión de positrones (PET) y de imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) han demostrado apoyo para un proceso facial de mecanismo especializado y a su vez han identificado regiones del giro fusiforme que tienen una activación más potente durante las tareas de percepción facial a comparación de otras tareas de percepciones visuales. Las teorías involucradas con la percepción facial de adultos han surgido enormemente de dos fuentes: las búsquedas en la percepción adulta facial normal y en el estudio de deterioros en la percepción facial que son causados por lesiones del cerebro, o una enfermedad neurológica. Nuevas ilusiones ópticas como las del efecto de distorsión facial de flash, en donde la fenomenología científica deja atrás la teoría neurológica, también proveen áreas de investigación.
Una de las teorías de percepción facial más aceptadas argumenta que el entendimiento de los rostros tiene varias etapas: desde las manipulaciones perceptuales básicas de la información sensorial a derivar detalles de la persona (tal como edad, sexo, o lo atractivo) hasta el poder recordar los detalles más significativos como sus nombres y alguna experiencia pasada relevante del individuo.