thumb|upright=1.2|La célebre Casa Fenoglio-Lafleur de Pietro Fenoglio, emblema del modernismo turinés. Con modernismo en Turín se designa la difusión de este estilo en la capital piamontesa, enmarcada en la corriente artística de la belle époque típica de los últimos años del , que concluyó con una convergencia hacia el eclecticismo en los primeros dos decenios del .

El modernismo se difundió por toda Italia y particularmente en la ciudad de Turín, involucrando a varias disciplinas artísticas, como las artes aplicadas y, sobre todo, la arquitectura. En el específico panorama turinés esta última mostró, en sus principales obras, la influencia de la escuela parisina y de la belga, convirtiéndose en uno de los mejores ejemplos italianos de esta corriente,. no sin experimentar también inevitables incursiones eclécticas y art déco.

Debido al éxito de esta corriente estilística y la tipología de edificios que se construyeron en las primeras décadas del , Turín fue definida como una de las «capitales italianas del modernismo», tanto que todavía en la actualidad se pueden observar abundantes testimonios arquitectónicos de esa época..

Historia y contexto histórico-artístico En Europa, el paso del al se caracterizó por una intensa renovación de las expresiones artísticas, fuertemente influida por el progreso técnico y por el entusiasmado ensalzamiento positivista de los importantes avances alcanzados por la ciencia. La evolución de la vanguardia artística de finales del afectó primero a las artes aplicadas: este nuevo estilo recibió denominaciones diferentes en cada zona geográfica: en la zona francófona recibió el nombre de art nouveau, en Alemania jugendstil, en Austria sezessionstil, en Gran Bretaña modern style y en España modernismo.

thumb|Edificio ecléctico, con influencias modernistas y neogóticas, en el Corso Galileo Ferraris. En Italia, y particularmente en Turín, la nueva corriente se denominó inicialmente arte nuova, traduciendo el término directamente del francés. En el variado panorama nacional esta nueva corriente, que posteriormente asumió también el nombre de stile floreale, no se consolidó nunca como una verdadera escuela italiana de referencia pero consiguió afirmarse, aunque con un ligero retraso respecto a los principales países europeos, viviendo su máximo esplendor en los primeros años del . En su primera década, se puede hablar de estilo Liberty, término que finalmente predominó en Italia y que procedía de los célebres almacenes londinenses de Arthur Lasenby Liberty, uno de los primeros que expuso y difundió objetos y grabados de gusto exótico con las formas sinuosas típicas de este nuevo estilo.

El liberty, por tanto, encontró en la arquitectura su mayor éxito, dejando a la posteridad uno de sus testimonios más duraderos. A principios del la alta burguesía, ya afirmada definitivamente como clase hegemónica de la sociedad italiana, encontró en el liberty su elemento distintivo, o la ocasión para mostrar su superioridad y al mismo tiempo subrayar su separación de la vieja clase nobiliaria y de sus residencias neoclásicas y barrocas,. todavía muy vinculadas al más conservador estilo ecléctico que había predominado durante el .. Sin embargo, su aspecto innovador no fue solo la contraposición al neogótico y al eclecticismo, sino también una mayor consideración de las artes aplicadas como elemento de fuerza, ya que el liberty confió, gracias al creciente desarrollo de la técnica, en una producción a gran escala de un arte que en su emblemática belleza fuera accesible a la mayor parte del tejido social de la época. Pese a esto, también en Turín esta inicial vocación populista del liberty se fue diluyendo, el ideal de un «socialismo de la belleza». evolucionó pronto en un rico triunfo de motivos florales, nervaduras con forma de hilo y atrevidas decoraciones metálicas de clara inspiración fitomorfa, al mismo tiempo que se convirtió en un privilegio de las clases sociales más pudientes. En este contexto Turín, con un cierto adelanto respecto al resto de Italia, fue la ciudad italiana que mejor supo acoger la exuberancia de este nuevo estilo e hizo de él el emblema del status de la emergente burguesía industrial local y extranjera,En esos años, Turín, debido a la pérdida de su papel de capital del reino, obtuvo a modo de indemnización la concesión de practicar una política de desgravaciones fiscales para las industrias que pretendieran invertir en su territorio. Estos incentivos fiscales consiguieron atraer rápidamente la presencia de muchos industriales italianos y sobre todo ingleses o suizos como Abegg, Bich, Caffarel, Caratsch, Kind, Krupp, Leumann, Miller, Menier, Metzger, Remmert o Scott, que contribuyeron al «ambiente internacional» y a la futura vocación industrial de la capital piamontesa. que instaló en la ciudad numerosos establecimientos nuevos a finales del y principios del .

Tras esta corriente estilística, a menudo considerada «frívola» y quizá ingenuamente optimista,. prevalecieron el valor añadido de la técnica y de la industria, de la misma manera que la «función» prevaleció sobre la «forma», pero la modernidad pronto desembocó en los horrores de la Primera Guerra Mundial que, no solo simbólicamente, decretó el final de la época del modernismo.

Turín entre los siglos y : el liberty thumb|Cartel de la Esposizione Internazionale d'Arte Decorativa Moderna del 1902, realizado por Leonardo Bistolfi. Turín, pese a tener un panorama arquitectónico caracterizado predominantemente por el estilo barroco de las escuelas guariniana y juvarriana que exhiben los numerosos palacios nobiliarios y residencias sabaudas, en el ventenio a caballo entre los siglos y se dejó impregnar por esta nueva corriente estilística. Conocido inicialmente como arte nuova o, según el periodista turinés Emilio Thovez, arte floreale, este nuevo estilo asombró por ser tan «fielmente naturalista y en su esencia profundamente decorativo».. Tras las ediciones de la Esposizione Internazionale d'Arte Decorativa Moderna, Turín experimentó una creciente proliferación de este nuevo estilo principalmente en el ámbito arquitectónico, celebrando una especie de «renacimiento de las artes decorativas»,. valiéndose de las contribuciones de los mejores arquitectos de la época como Raimondo D'Aronco y el turinés Pietro Fenoglio, que se afirmó por su intensa actividad de ingeniero y que hizo del liberty turinés uno de los ejemplos más brillantes y coherentes del variado panorama arquitectónico italiano de la época.

Una contribución significativa al desarrollo de este nuevo estilo procede de la industria que, involucrada en primer plano en el proceso de renovación de la capital piamontesa, desempeñó el papel de cliente privilegiado pero también de interlocutor capaz de ofrecer la técnica y un sólido apoyo en beneficio de los trabajadores necesarios para la plena afirmación de esta nueva corriente. Decisiva, por citar un ejemplo, fue la labor de la Impresa Porcheddu, con sede en Turín,Su primera sede fue en la Piazza Cavour, posteriormente se trasladó al Corso Valentino 20, hoy Corso Guglielmo Marconi y más tarde estableció sucursales por toda Italia. que desde 1895 fue la primera constructora que importó y utilizó en exclusiva para Italia el innovador Systéme Hennebique, la primera patente para la construcción de «estructuras y suelos ignífugos» en hormigón armado, presentada por el ingeniero francés François Hennebique.

Las exposiciones universales y la llegada de 1902 En este animado clima cultural, la ciudad presenció en 1887 la edición turinesa de la Exposición Universal, que provocó también, en la estela del romanticismo tardío, la realización del Borgo Medievale, siguiendo los impulsos del contemporáneo estilo neogótico.

upright=1.0|thumb|Una postal de la exposición internacional de arte decorativo moderno de 1902 en la que se ven parte del Gran Vestíbulo (a la izquierda) y los pabellones de Francia y Holanda. En un primer momento, estos eventos recogieron un tibio entusiasmo, sin embargo, las ediciones posteriores tuvieron un creciente éxito produciendo la gradual afirmación del liberty. El evento más ambicioso, que dio un decisivo impulso a su difusión, fue la Esposizione Internazionale d'Arte Decorativa Moderna que acogió, en sus numerosos pabellones de este estilo, a relevantes invitados extranjeros como Peter Behrens, Hendrik Petrus Berlage, Victor Horta, René Lalique, Charles Rennie Mackintosh y Henry van de Velde, además de favorecer un clima que contribuyó a la construcción de numerosos edificios públicos y privados, decretando así la consagración definitiva del modernismo como nuevo estilo artístico dominante..

Otra contribución vino de parte del sector editorial, que en Turín contaba con la presencia de importantes empresas como la Camilla & Bertolero, la Crudo & Lattuada, la Editrice Libraria F.lli Fiandesio & C. y la más longeva de todas, la Roux e Viarengo, todas ellas activas desde finales del ..

La primera publicaba desde 1889 periódico L'architettura pratica, revista especializada fundada por el arquitecto Andrea Donghi y posteriormente dirigida por su colega Giuseppe Momo. También fue editada por la Camilla & Bertolero la revista L'Arte Decorativa Moderna, fundada en 1902 en Turín por iniciativa del pintor turinés Enrico Reycend, valiéndose de la contribución de ilustres colegas como Davide Calandra, Leonardo Bistolfi, Giorgio Ceragioli y el escritor Enrico Thovez. Otras publicaciones periódicas dignas de mención fueron Emporium, Architettura Italiana y La Casa Bella, dirigida posteriormente por Gio Ponti y que existe todavía en la actualidad como Casabella..

thumb|right|Una placa metálica original del Mobilificio Torinese F. Cesare Gandolfo. También el sector del mobiliario fue partícipe activo del floreciente periodo liberty, campo óptimo para las artes aplicadas; aunque aún no constituía una realidad industrial, podía contar con mano de obra competente y representaba una realidad artesanal muy apreciada. Algunos exponentes dignos de recordar son la Vetreria Albano&Macario, que entre sus numerosas obras realizó la Terrazza Solferino, y el Mobilificio Torinese F. Cesare Gandolfo, que produjo muchos muebles para cafeterías, restaurantes y hoteles, entre ellos el Albergo Rocciamelone de Usseglio, para el que realizó el mobiliario completo..

Turín vivió intensamente la época del liberty que, pese a ser relativamente breve, se convirtió en un importante punto de referencia para toda Italia, capaz de atraer contribuciones de personajes de relevancia internacional como el arquitecto friulano Raimondo D'Aronco que, tras sus recientes trabajos en Estambul, proyectó el Gran Vestíbulo para la exposición turinesa de 1902... Como consecuencia del éxito de la exposición, Turín continuó siendo un terreno fértil para abundantes experimentaciones, aunque muy coherentes e sobrias, llevadas a cabo por parte de un grueso grupo de arquitectos e ingenieros como Eugenio Ballatore di Rosana, Giovanni Battista Benazzo, Pietro Betta, Eugenio Bonelli, Paolo Burzio, Carlo Ceppi, Camillo Dolza, Andrea Donghi, Michele Frapolli, Giuseppe Gallo, Giuseppe Gatti, Giovanni Gribodo, Quinto Grupallo, Gottardo Gussoni, Giuseppe Hendel, Giacomo Mattè-Trucco, Eugenio Mollino, Giuseppe Momo, Ludovico Peracchio, Alfredo Premoli, Giovanni Reycend, Annibale Rigotti, Paolo Saccarelli, Annibale Tioli, Giovanni Tirone, Giovanni Vacchetta, Antonio Vandone di Cortemilia, Giuseppe Velati Bellini y Genesio Vivarelli; sin embargo, el personaje más prolífico y protagonista indiscutible del modernismo turinés fue, sin duda, Pietro Fenoglio..

La obra de Fenoglio