La profanación de las tumbas de la basílica de Saint-Denis fue un destacado acontecimiento de la Revolución francesa en el que las tumbas de la basílica, necrópolis de los reyes de Francia, fueron abiertas o destruidas, siendo los cuerpos exhumados y profanados.
Contexto histórico miniaturadeimagen|Ilustración de la iglesia de St Denis en Francia, en la que todos los epitafios, tumbas y cuerpos reales fueron destruidos por orden de la Convención Nacional. Después de la abolición de la monarquía el 10 de agosto de 1792, el gobierno provisional ordenó la fundición de todos los monumentos realizados en bronce, plata y metales en general. Cuarenta y siete tumbas de la basílica de Saint-Denis fueron destruidas para este propósito, como la de Carlos VIII de Francia, realizada en bronce dorado, si bien algunas de ellas se salvaron de la destrucción a petición de la Comisión de Bellas Artes de la Convención Nacional, la cual había ordenado en 1793 la destrucción de las insignias del feudalismo y de las tumbas reales existentes en todos los edificios de la República.Serge Santos, administrateur adjoint de la Basilique Saint-Denis, La profanation des tombes royales à Saint-Denis, émission Au cœur de l'histoire sur Europe 1, 2 novembre 2011
La propuesta para decidir el destino de las tumbas y los cuerpos de Saint-Denis se realizó durante el Terror en la sesión del 31 de julio de 1793 de la Convención Nacional por Barère, con el fin de celebrar el asalto a las Tullerías el 10 de agosto de 1792 y atacar las «cenizas impuras de los tiranos» con el pretexto de recuperar el plomo de los ataúdes.Jean-Marie Le Gall, Le mythe de Saint-Denis, 2007, p. 476 La Convención Nacional, después de haber atendido el informe del Comité de Seguridad Pública, anunció en su segundo decreto del 1 de agosto de 1793:Décrets du 1er août 1793
Dom Germain Poirier, erudito benedictino de la congregación de Saint-Maur,Biographie de Dom Germain Poirier diputado de la Comisión de Monumentos Conservadores y archivista de la abadía de Saint-Germain-des-Prés y de Saint-Denis,L'Académie des Inscriptions et Belles-Lettres il y a deux cents ans, p. 239 fue nombrado comisario para asistir a la apertura de las tumbas, mientras que Meigné, comisario de la Administración Central de la fabricación extraordinaria de armas, fue el encargado de supervisar las labores de exhumación. El mes de agosto se dedicó a la exhumación de los cuerpos a petición oficial del ciudadano Meignié, si bien esta decisión no se aplicó en toda su extensión hasta el mes de octubre debido a que un miembro de la Convención, Joseph Lequinio, había denunciado su inaplicación el 7 de septiembre. Desde el 6 de agosto, varios monumentos funerarios (sepulturas, estatuas, columnas, altares, vidrieras, etc.) fueron desmantelados o destruidos, siendo los cadáveres depositados en el suelo.
Testigos principales miniaturadeimagen|Alexandre Lenoir se opone a la destrucción de la tumba de Luis XII en Saint-Denis, por Pierre Joseph Lafontaine. miniaturadeimagen|Enrique IV exhumado/Dedicado al rey, grabado de Langlois a partir de una pintura de François Gabriel Théodore Basset de Jolimont Dom Poirier fue el principal testigo ocular de la exhumación y profanación de las tumbas reales. Permaneció día y noche en la basílica del 12 al 25 de octubre,. redactando varios informes para la Comisión de Monumentos.Important dossier incomplet destiné à la publication sur l’histoire de l’Église surtout pendant et après la Révolution, datant de la Restauration (cote 6 AZ 23, article 1391 aux Archives départementales de Paris) En 1796, el Informe sobre la exhumación de cuerpos reales en Saint-Denis en 1793 completó a su vez dichos informes con los datos aportados por Dom Druon, rector de la abadía de Saint-Denis.Journal historique fait par le citoyen Druon, ci-devant bénédictin de la ci-devant abbaye de Saint-Denis, lors des extractions des cercueils de plomb des Rois, Reines, Princes et Princesses, abbés et autres personnes qui avaient leurs sépultures dans l’église de Saint-Denis (cote AE1 15 aux Archives Nationales) Los diversos testimonios posteriores, como el del futuro Conservador del Patrimonio Alexandre Lenoir, otro testigo presencial,Le Musée des monuments français ou Description historique et chronologique des statues en marbre et en bronze, bas-reliefs et tombeaux des hommes et des femmes célèbres pour servir à l’histoire de France et à celle de l’art, Imprimerie de Guilleminet, 1801 o el de Georges d'Heylli, quien publicó de nuevo en 1872 este informe en Les tombes royales de Saint-Denis, reproducen en gran parte la información aportada por Dom Druon.
Dom Poirier dejó constancia de que no se habían podido hallar los restos mortales de algunos personajes destacados, como los del cardenal de Retz. (muerto en 1679) o los de Alfonso de Brienne. Una vez que los monumentos funerarios en piedra y mármol fueron cortados o fragmentados, quedaron al descubierto varios cuerpos en estado de putrefacción o reducidos a polvo, como el de Luis XV de Francia, cuyo cadáver no fue embalsamado debido a la viruela, o el de Luis XIV de Francia, el cual, según testigos, estaba «negro como la tinta». Curiosamente, el cuerpo de Enrique IV se encontró en un estado de conservación tan óptimo que fue colocado de pie en el interior de la basílica, permaneciendo expuesto durante dos días.Revue des questions historiques, 1889, p. 190 Otros cuerpos, en cambio, fueron sometidos a diversas mutilaciones. Algunos revolucionarios se llevaron uñas, cabellos, dientes o huesos con el fin de guardarlos como trofeo o venderlos, puesto que la fabricación de ungüentos medicinales a partir de los restos de momias humanas era una práctica común desde hacía varios siglos. Los cuerpos de más de ciento setenta personas (cuarenta y seis reyes, treinta y dos reinas, sesenta y tres príncipes de la sangre, diez servidores del reino y dos docenas de abades de Saint-Denis) fueron arrojados a dos fosas comunes, denominadas Valois y Borbones, excavadas para este propósito a lo largo del patio del cementerio de los monjes, adyacente a la basílica, siendo una de ellas destinada a las «primeras razas» de los Valois, es decir, las dinastías anteriores, y la otra a los Borbones. Después de que varios curiosos hubiesen descendido a las fosas con el fin de recolectar reliquias, los cadáveres fueron parcialmente cubiertos con cal viva y tierra.Vicomte de Hennezel d’Ormois, Le 14 octobre 1793 à Saint-Denis. Récit d’un Laonnois, Saint-Quentin, 1912 (récit d'Henri-Martin Manteau, contrôleur du dépôt des transports militaire à Saint-Denis)Max Billard, Les tombeaux des rois sous la Terreur, Éd. Perrin, 1907 En las bóvedas se encontraron una especie de cubos o barriles de plomo que contenían las entrañas de varios reyes; se abrieron y arrojaron su contenido a las fosas.
Un hombre llamado Brulay, receptor de los dominios de Saint-Denis en 1793, habría robado algunas de estas reliquias. En la Restauración, su viuda intentó en vano vendérselas al rey Luis XVIII de Francia. Vendidos posteriormente en una subasta, estos restos acabaron formando parte de la colección del museo Tavet-Delacour de Pontoise, si bien el origen de algunos de ellos es cuestionable, como la mandíbula del rey Dagoberto I, dos dientes y un trozo del cráneo de Luis IX de Francia, varios dientes de Enrique III de Francia, el cabello de Felipe II de Francia, o la pierna momificada de Catalina de Médici.Clémentine Portier-Kaltenbach (2007). Histoires d'os et autres illustres abattis. Lattès. ISBN 978-2709628303
Profanaciones Profanaciones del 6 al 8 de agosto de 1793 Dom Poirier asistió a las labores de exhumación por primera vez en agosto de 1793. Fueron exhumados los siguientes restos:
Felipe III de Francia. Isabel de Aragón. Pipino el Breve. Bertrada de Laon. Constanza de Castilla, esposa de Luis VII de Francia. Luis VI de Francia.
La mayor parte de lo realizado en la basílica en agosto se centró principalmente en la fundición de las tumbas metálicas, lo que dio lugar a que la losa de cobre de Margarita de Provenza, la figura yacente de bronce dorado de Carlos el Calvo, o la impresionante tumba de bronce dorado y esmaltado de Carlos VIII, entre muchas otras fueran fundidas.
Profanaciones de octubre de 1793 Fue durante el segundo periodo de profanaciones, en octubre de 1793, que las exhumaciones fueron realmente llevadas a cabo. Dom Germán Poirier plasmó en su informe que los obreros, acompañados por «comisarios de exhumación» (supervisores), el «comisario de orfebres» (responsable de recuperar objetos elaborados con metales preciosos y llevarlos a la Convención Nacional) y el «comisario de los plomos» (responsable de recuperar el plomo de los ataúdes para destinarlo a su fundición), descendieron con linternas y antorchas a la bóveda de los Borbones, donde cincuenta y cuatro ataúdes de madera de roble descansaban sobre caballetes de hierro roídos por la herrumbre. Varias sustancias purificadoras del aire, tales como enebro y vinagre, estaban dispuestas en la bóveda para reducir los olores. Las exhumaciones llevadas a cabo en octubre de 1793 fueron, según el testimonio de Poirier, las siguientes:
12 de octubre Enrique de la Tour d'Auvergne-Bouillon. Al ser exhumado su buen estado de conservación causó respeto y al ser alguien todavía recordado por su cercanía al pueblo y sus victorias militares, hicieron que su cadáver no fuese profanado, siendo expuesto durante algún tiempo aunque al ser confiado a un guarda, éste extrajo y vendió sus dientes. Fue trasladado al Jardín de plantas de París, posteriormente al Museo de Monumentos Franceses y finalmente, por orden de Napoleón Bonaparte, a la Iglesia de San Luis de Los Inválidos, donde descansa hasta la actualidad.Joseph-François Michaud, Jean-Joseph-François Poujoulat, Nouvelle collection des mémoires pour servir à l'histoire de France, 1838, p. 315 à 317