Las orientaciones sexuales, identidades de género y las diversidades de comportamiento sexuales forman parte de la historia y cultura del Perú desde sus orígenes como país. La evidencias de conductas no heterosexuales en el Antiguo Perú se muestran en hallazgos arqueológicos e historiográficos antes, durante y después de la conquista española. La evidencia arqueológica se basa en cerámicas representativas o "huacos" realizados por varias civilizaciones prehispánicas, de las que destacan las culturas moche y chimú. Por su parte, la evidencia historiográfica se apoya en las crónicas escritas por españoles, mestizos e indígenas, en las cuales se testimonia que dichas conductas no heterosexuales existían en la zona costera y el altiplano.
El género en el Antiguo Perú En el marco de la cultura andina, el género está comprendido en el principio de complementariedad que explica que lo masculino y lo femenino son parte de una misma identidad. Un concepto relacionado es el de Tinkuy, que denota la reunión conjunta de opuestos complementarios por medio de un rito. A este concepto se le asocia la existencia de individuos del "tercer género", relacionado con una función ritual vital para llevar a los géneros opuestos a una armonía y simetría.
Estos chamanes qariwarmi (hombre-mujeres) realizaban rituales que requerían, entre otras cosas, prácticas eróticas entre ellos. Además, llevaban atuendos travestidos como símbolo de un tercer espacio que mediaba entre complementos como lo masculino y lo femenino, el presente y el pasado, la vida y la muerte.
Las grandes diferencias entre los conceptos de género y sexualidad que tenían los indígenas y los conquistadores españoles ocasionaron que los cronistas, misioneros o historiadores los inscribieran en el discurso colonial a través de lo que Michael Horswell define como "tropos de sexualidad", así como la perennización de testimonios e interpretaciones distorsionadas.
Culturas mochica y chimú miniaturadeimagen|Huaco chimú (1000-1400) representando una escena de coito anal. Entre los años 300 a. C. y los 700 d. C. floreció en el norte del Perú la cultura mochica, caracterizada por su cerámica escultórica (localmente denominada "huaco"). Entre las diferentes manifestaciones de su cultura que representaban en ellas, se han encontrado huacos que muestran a dos personas realizando el coito anal, tanto heterosexual como homosexual, así como escenas de sexo oral entre hombres y escenas sexuales lésbicas. Representaciones similares se han encontrado en la cultura chimú, que también se desarrolló en la costa norte del Perú entre los años 1000 y 1470 d. C.
Según Michael Horswell (2005), los huacos posibilitan la comprensión del rol simbólico y ritual de las disidencias como mediadores entre los mundos de los vivos y de los muertos.
Lamentablemente, muchos de estos huacos moche fueron destruidos. Es conocido que algunos arqueólogos optaron por destruir vasijas por considerarlas ‘obscenas’, dado que mostraban prácticas sexuales diferente a la heterosexual y de manera explícita, lo que explica su ausencia en diferentes colecciones nacionales. Se desliza la idea de que esta acción estaba orientada a ‘salvar’ la identidad nacional, claramente motivada por un sentido heteronormativo.
A pesar de estas acciones, muchos han sobrevivido hasta nuestros días. Durante décadas, las cerámicas eróticas se mantuvieron alejadas del ojo público; sin embargo, de manera progresiva se pusieron a disposición de investigadores nacionales y extranjeros. El Museo Larco en Lima es ampliamente reconocido por su galería de cerámica erótica precolombina.
Cultura inca Mucha de la información historiográfica sobre comportamientos sexuales entre personas del mismo sexo se encuentran registradas en las crónicas de Indias. Por ejemplo, de acuerdo con el cronista Pedro Cieza de León, a diferencia del resto del Imperio incaico, la práctica de la homosexualidad era tolerada en el norte de la región Chinchaysuyo, e incluso considerada un acto de culto, existiendo un prostíbulo masculino que atendía a las necesidades de la tropa. A estos servidores sexuales se les conocía como pampayruna.
Se puede inferir del pasaje anterior que existían personas que fluían de lo masculino (cuerpo sexuado) a lo femenino (expresión corpórea). Incluso, que este tipo de expresión se daba bajo un contexto religioso y ceremonial, lo que lleva a considerar la relación de estos oficiantes con la deidad chuquichinchay, deidad felina y protector de los indígenas de dos naturas, el cual es mencionado en el contexto del nacimiento de Amaro Ttopa Ynga, hijo de Pachacuti Ynga Yupangui y, a la vez, cercano al deseo de su padre Uiracochampa Yncan Yupangui.
La deidad chuquichinhay era invocado por chamanes andróginos, llamados qariwarmi, mediadores entre lo sagrado y lo terrenal cuyo cuerpo eran representaciones de la dualidad masculina y femenina.
Asimismo, los incas tenían una consideración particular con las mujeres lesbianas, a quienes denominaban holjoshta. El inca Capac Yupanqui tenía una admiración muy especial hacia estas mujeres.
Por su parte, Guamán Poma de Ayala recogió en su Nueva Corónica algunas costumbres de travestismo en las fiestas del Antisuyo.
La historiadora María Rostworowski investigó la dualidad de la cosmovisión inca y la división hurin y hanan respecto al género. Así, recogiendo lo escrito por el Inca Garcilaso de la Vega, «los varones de hanan eran masculinos/masculinos, y los de hurin masculinos/ femeninos. En cuanto a las mujeres, las de abajo se clasificaban como femeninas/femeninas, y las de arriba femeninas/masculinas».
Sin embargo, en el centro y sur del imperio los incas castigaban severamente la homosexualidad. El cronista Martín de Murúa comentó en su Historia general del Perú, que el inca Lloque Yupanqui castigaba «con grandísima severidad los pecados públicos –hurtar, matar– y sodomía, por los cuales acotaba, desorejaba, desnarigaba y ahorcaba, y a los nobles y principales cortaba el cuello o rasgaba la camiseta».
El Inca Garcilaso de la Vega relata en sus Comentarios reales de los incas que la homosexualidad en el Imperio incaico estaba prohibida y que los «sodomitas» eran perseguidos y quemados vivos.
Existen testimonios de algunos cronistas de Indias sobre los comportamientos homosexuales entre los incas. Gonzalo Fernández de Oviedo lo comenta en su Historia General y Natural de las Indias, Por su parte, Pedro Cieza de León menciona en varias ocasiones el "pecado nefando de la sodomía" en su obra Crónica del Perú: Asimismo, en dicha obra afirma que los incas castigaban a quienes practicaran la homosexualidad: «aborrecían a los que lo usaban, teniéndolos en poco como a viles apocados y que si por ellos era sabido de alguno que tal pecado hubiese cometido lo castigaban con tal pena que fuese señalado y conocido entre todos».
Contacto con la cultura europea En el , los pueblos originarios de América tomaron contacto con los europeos que arribaron al Nuevo Mundo. Estos se asombraron de las prácticas sexuales de algunas regiones del Imperio incaico. El virrey Francisco de Toledo y los sacerdotes se horrorizaron al descubrir que la homosexualidad masculina y femenina eran aceptadas en el norte y que la población indígena tampoco prohibía las relaciones sexuales prematrimoniales ni consideraba que la castidad femenina fuera de particular importancia.
El historiador Máximo Terrazos Contreras describe cómo los españoles reconciliaron esta sexualidad nativa con la fe católica:
En la década de 1570, el virrey Toledo y sus consejeros clericales se organizaron para eliminar la sodomía, la masturbación y una práctica social común, el servinacuy, que, en términos generales, se traduce del quechua, la lengua nativa, como "matrimonio de prueba". Como lo describe el historiador Máximo Terrazos Contreras: "No podías hablar de ellos porque eran considerados pornográficos".
Véase también Diversidad sexual en Perú Diversidad sexual en los pueblos precolombinos
Referencias
Bibliografía
Categoría:Historia precolombina de Perú Categoría:Historia LGBT de Perú Peru Categoría:LGBT en América del Sur