Raúl del Cristo Gómez Jattin (Cartagena de Indias, 31 de mayo de 1945–Cartagena de Indias, 23 de mayo de 1997) fue un actor, dramaturgo y poeta colombiano, considerado una de las voces más originales de la poesía colombiana de finales del . Su obra se caracteriza por la oralidad, el erotismo, la memoria de la infancia, el paisaje del Caribe colombiano, la mitología clásica, la locura y la marginalidad, y ha sido objeto de numerosos estudios críticos.

Aunque nació en Cartagena de Indias, creció en Cereté, en el valle del río Sinú, territorio que se convirtió en el principal referente de su universo poético. Estudió derecho en la Universidad Externado de Colombia, pero abandonó la carrera para dedicarse al teatro, donde trabajó como actor y director de escena. La experiencia teatral influyó de manera decisiva en su concepción de la poesía, especialmente en la oralidad, el ritmo y la construcción de la voz poética. Tras una crisis personal abandonó la actividad escénica, regresó a Cereté y se dedicó por completo a la escritura.

Publicó Poemas en 1980, seguido de Tríptico cereteano (1988), Hijos del tiempo (1989), El esplendor de la mariposa (1993) y Libro de la locura (1995). Su poesía, de aparición relativamente tardía y producción concentrada, se distingue por un lenguaje coloquial y directo, un vitalismo de raíz pagana y la integración de elementos autobiográficos, míticos y culturales del Caribe colombiano. La crítica ha identificado dos grandes etapas en su trayectoria: una primera centrada en la infancia, la memoria y el paisaje del Sinú (1980-1989), y una segunda orientada hacia la locura, la fragmentación del sujeto y la muerte (1993-1995).

Gómez Jattin padeció trastorno bipolar y atravesó prolongados períodos de precariedad económica e indigencia durante los últimos años de su vida. Falleció el 23 de mayo de 1997, después de ser atropellado por un autobús en Cartagena de Indias. Aunque con frecuencia ha sido calificado como un «poeta maldito», diversos estudios han señalado que esa etiqueta resulta insuficiente para comprender el alcance de su obra y ha tendido a privilegiar su biografía por encima de su propuesta estética. Desde su muerte, su obra ha sido objeto de investigaciones, reediciones, documentales y homenajes que han consolidado su lugar dentro de la poesía colombiana contemporánea.

Biografía

Infancia y familia Raúl del Cristo Gómez Jattin nació el 31 de mayo de 1945 en Cartagena de Indias. Fue hijo del abogado y periodista Joaquín Pablo Gómez Reynero y de Lola María Jattin Safar, colombiana de ascendencia siria y libanesa. Aunque nació en Cartagena debido a las circunstancias del parto de su madre, creció en el municipio de Cereté, en el valle del río Sinú, lugar con el que mantuvo una profunda identificación y que se convertiría en uno de los principales referentes de su obra poética. Cereté, situada a orillas del río Sinú en una región históricamente afectada por la violencia en Colombia, presenta un paisaje y un entorno semejantes a los que inspiraron la narrativa de Gabriel García Márquez, contexto que también marcó la sensibilidad del poeta.

Durante su infancia residió principalmente en Cereté —lugar que el poeta prefería denominar «valle del Sinú»—, aunque también pasó temporadas en Montería y Cartagena. Desde niño padeció asma, circunstancia que lo obligó a permanecer largos períodos en su hogar y favoreció su temprana afición por la lectura. Su padre, un lector apasionado, lo puso en contacto con las grandes obras de la literatura universal a través de su biblioteca personal. Allí despertó su interés por la literatura y, en particular, por los autores de la Antigüedad clásica, especialmente los griegos, cuya influencia resultaría decisiva tanto en su formación intelectual como en el desarrollo posterior de su obra poética.

La relación con su madre, Lola Jattin, fue especialmente estrecha. Carlos José Reyes, director del grupo de teatro de la Universidad Externado, recordó que durante una visita a la casa familiar en Cereté encontró a la madre de Gómez Jattin amamantando a su hijo, quien ya tenía veinticinco años. Reyes añadió: «Yo pienso que Raúl se descompuso por completo cuando no le quedó ninguna de las figuras que lo podían cuidar».

Sus estudios primarios los realizó en el colegio de doña Dolores Garrido de González, en Cereté, y posteriormente ingresó al Liceo de Montería. Cursó la educación secundaria en los colegios León XIII y La Esperanza, institución en la que obtuvo el título de bachiller. Durante esos años fue reconocido como un estudiante destacado, especialmente en ciencias sociales e idiomas.

A los diecinueve años, una vez finalizado el bachillerato, ejerció como profesor de historia y geografía. Dos años más tarde se trasladó a Bogotá para estudiar derecho en la Universidad Externado de Colombia, ciudad en la que residió durante ocho años. Durante ese período alternó la formación universitaria con la actividad teatral, participando en diversos montajes y realizando adaptaciones de obras literarias. Aunque no concluyó la carrera, consolidó su vocación artística y literaria. En esos años también sufrió varias internaciones en clínicas psiquiátricas. Finalmente, a los treinta y cinco años publicó su primer poemario.

Diversos estudios biográficos coinciden en señalar que la infancia en Cereté, el paisaje sinuano, la vida rural, las relaciones familiares y la memoria de ese período ocuparon un lugar central en la construcción de su imaginario poético. Estos elementos reaparecen de manera constante a lo largo de su obra y fueron reelaborados literariamente durante toda su trayectoria.

Formación En 1967, Gómez Jattin ingresó a la Universidad Externado de Colombia para cursar la carrera de derecho. La elección de esa carrera respondió al deseo de su padre, aunque su verdadera vocación se orientaba hacia el arte y la literatura. Abandonó los estudios antes de graduarse para dedicarse al teatro, la literatura y al estudio de la cultura clásica griega. En distintas ocasiones afirmó que su destino no era ser abogado ni dramaturgo, sino escritor.

Durante su permanencia en Bogotá desarrolló de manera autodidacta una sólida formación humanística mediante la lectura de los autores de la Antigüedad clásica, en particular Homero, Sófocles, Eurípides y Esquilo, así como de diversos escritores modernos que influyeron en su concepción de la poesía. Estas lecturas constituyeron uno de los pilares de su formación intelectual y desempeñaron una función decisiva en la configuración de su universo poético.

Teatro

El primer contacto de Gómez Jattin con el teatro ocurrió a finales de la década de 1960, cuando Carlos José Reyes Posada, recién nombrado director del grupo de teatro de la Universidad Externado de Colombia, comenzó los ensayos de La máquina de sumar de Elmer Rice. Gómez Jattin asistía como observador, pero no se atrevió a participar formalmente hasta un año después, cuando Reyes decidió montar una adaptación de cuatro cuentos de Gabriel García Márquez titulada Cuentos sobre Macondo, basada en los relatos Un día de estos, Un día después del sábado, Rosas artificiales y Los funerales de la Mamá Grande. Fue entonces cuando pidió hacer una prueba y pasó a formar parte del grupo. El poeta Milcíades Arévalo, quien lo conoció en esa época, lo recordó como «un gran actor y un gran visionario del teatro colombiano». Poco después escribió su propia adaptación del cuento La prodigiosa tarde de Baltazar, que se incorporó al espectáculo.

A partir de entonces desarrolló una intensa actividad teatral que se prolongó durante varios años y constituyó uno de los fundamentos de su formación artística. Actuó en Los viejos baúles empolvados que nuestros padres nos prohibieron abrir, también de Carlos José Reyes y basada en cuentos de Julio Cortázar. Posteriormente participó en La gran imprecación frente a los muros de la ciudad, de Tankred Dorst, y en la farsa costumbrista Las convulsiones, del dramaturgo colombiano Luis Vargas Tejada. Su interpretación más recordada de este período fue la de la Madre Superiora en Las monjas, del cubano Eduardo Manet, ambientada en Haití durante una revuelta popular, donde asumió con notable solvencia un personaje femenino.

También participó en un montaje del Teatro La Candelaria de Las divinas palabras, de Ramón del Valle-Inclán, cuya estética esperpéntica ejerció una influencia duradera sobre su sensibilidad poética. La experiencia escénica adquirida durante esos años influyó de manera decisiva en su concepción de la poesía, especialmente en la oralidad, el ritmo y la construcción de la voz poética. Asimismo, definió el carácter dramático de sus lecturas públicas y dejó una huella permanente en su forma de declamar.

Posteriormente se integró al grupo experimental TEX de la Universidad Externado de Colombia, dirigido por Carlos José Reyes, donde participó en montajes de obras de Aristófanes, Eurípides y Federico García Lorca, entre otros autores. Fue distinguido en varias oportunidades en el Festival Internacional de Teatro de Manizales y, al cabo de dos años, asumió la dirección de algunas producciones y trabajó junto a figuras como Enrique Buenaventura y Santiago García Pinzón.

Cuando Carlos José Reyes dejó la dirección del grupo de teatro de la Universidad Externado, Gómez Jattin asumió ese cargo. Entre 1971 y 1972 dirigió La requisa, de Enrique Buenaventura, y, especialmente, una adaptación teatral de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, de Gabriel García Márquez. Esta fue la primera versión escénica de la obra presentada en Colombia y constituyó uno de los principales hitos de su trayectoria como director.

En 1973 escribió y dirigió Las nupcias de su excelencia. Aunque la obra fue bien recibida en Bogotá, obtuvo una acogida desfavorable en el Festival de Teatro de Manizales. En aquellos años el ambiente teatral colombiano estaba fuertemente marcado por la radicalización política, y buena parte de la crítica esperaba un teatro de orientación militante. La propuesta de Gómez Jattin, más cercana a la experimentación estética que al compromiso ideológico, fue mal recibida por esos sectores. El revés sufrido en Manizales lo llevó a abandonar el grupo de teatro de la universidad y regresar a Cereté. Después continuó vinculado al teatro, pero dejó de escribir obras propias y concentró su trabajo en la adaptación de textos de otros autores.

Durante esos años se acentuó también su interés por el mundo clásico. Más adelante retomó su actividad teatral y obtuvo un importante éxito en el Festival de Teatro de Manizales con una adaptación y puesta en escena de Los acarnienses, de Aristófanes. La representación fue precedida por una comparsa callejera, provocó protestas del arzobispo y de la prensa conservadora, y recibió una entusiasta acogida del público. Aunque la adaptación no se conserva, fue recordada por su originalidad y por apartarse de los modelos predominantes del teatro político de la época. También dirigió El gran teatro integral de Oklahoma, basada en la novela América, de Franz Kafka, y actuó en La boda de los pequeños burgueses, de Bertolt Brecht, bajo la dirección de Carlos José Reyes. Su actividad como actor y director continuó, aunque con menor intensidad, mediante montajes basados en un cuento de Álvaro Cepeda Samudio, un sainete colombiano y una versión de Final de partida, de Samuel Beckett. Más adelante trabajó bajo la dirección de Jorge Alí Triana, con quien participó en varias producciones.