En lingüística, la palabra dialectoCultismo procedente del griego διάλεκτος, a través del latín dialectus; en griego significaba «manera de hablar». hace referencia a una de las posibles variedades de una lengua;La sociolingüística entiende por variedad de una lengua a aquella manifestación de esta que presenta elementos asociados con factores externos tales como una situación comunicativa, un ámbito profesional, una zona geográfica, etc. frecuentemente se usa el término dialecto para referirse a una variante geográfica de una lengua asociada con una determinada zona (de ahí que también se use como término sinónimo la palabra geolecto o, en terminología de Eugenio Coseriu, las expresiones variedad sintópica y norma espacial). El número de hablantes y el tamaño de la zona dialectal pueden ser variables y un dialecto puede estar, a su vez, dividido en subdialectos (o hablas).

Para el académico y profesor visitante en la Universidad de California, Manuel Alvar, considerado uno de los expertos en «geografía lingüística», alejándose de asociación de «hechos políticos con hechos lingüísticos» busca criterios científicos por los cuales considera, tras una larga argumentación, que, a este respecto, es procedente definir varios conceptos que no deben confundirse. A saber:

Lengua que define como «sistema lingüístico del que se vale una comunidad hablante y que se caracteriza por estar fuertemente diferenciado, por poseer un alto grado de nivelación, por ser vehículo de una importante tradición literaria y, en ocasiones, por haberse impuesto a sistemas lingüísticos de su mismo origen». Dialecto que define como «un sistema de signos desgajado de una lengua común viva o desaparecida, normalmente, con una concreta limitación geográfica, pero sin una fuerte diferenciación frente a otros de origen común». Habla regional que define como «las peculiaridades expresivas propias de una región determinada cuando carezcan de la coherencia que tiene el dialecto». Habla local que define como «estructuras lingüísticas de rasgos poco diferenciados, pero con matices característicos dentro de la estructura regional a la que pertenecen y cuyos usos están limitados a pequeñas circunscripciones geográficas, normalmente con carácter administrativo (municipio, parroquia, valle)».

Evolución del concepto Independientemente de la antigüedad del término, su uso lingüístico se inicia a finales del cuando la lingüística histórica dio paso a la aparición de la dialectología como disciplina lingüística dedicada específicamente a las variedades geográficas de las lenguas.

Los dialectos han de ser entendidos como variantes geográficas condicionadas históricamente, esto es, la historia de los contactos lingüísticos es el factor que determina la diferenciación dialectal. Como causas de la variación dialectal se señalan, habitualmente, las siguientes:

Con todo, la delimitación del concepto de dialecto es un proceso delicado en lingüística, porque exige una adecuada caracterización de la lengua del territorio, la precisión de su filiación histórica y unos rigurosos análisis sociolingüísticos y estudios de actitudes lingüísticas por parte de los hablantes.En este sentido, Charles F. Hockett, uno de los principales lingüistas de la primera mitad del siglo XX, lo definió, también, como un código en cuya constitución intervienen idiolectos altamente coincidentes. Además, obliga a manejar también un determinado concepto de lengua, respecto del que se define el primero, algo que no está tampoco exento de dificultades.

Como elemento añadido a la hora de dificultar la precisión conceptual de ambos términos, históricamente, la política lingüística de determinadas comunidades ha podido usar la palabra dialecto con un valor peyorativo, con el objeto de privilegiar como vehículo de expresión oficial a una determinada lengua en perjuicio de otra u otras a las que, como forma de descalificación, se les ha aplicado dicho término; en este otro sentido de la palabra, dialecto haría referencia a un sistema lingüístico que no alcanza la categoría de lengua.

El concepto de dialecto Al igual que ocurre con el caso de lengua, las definiciones del término dialecto no son muchas veces coincidentes entre los especialistas.

Con todo, se asume como principio básico que, lingüísticamente, no hay justificación para una distinción entre las realidades a las que ambos hacen referencia; esto es, tanto un dialecto como una lengua son «lenguas», en el sentido de sistemas de comunicación verbales, por lo que la explicación y justificación de ambos conceptos debe hacerse teniendo en cuenta criterios extralingüísticos. Un dialecto, por tanto, sería una variedad regional derivada de otra lengua matriz. El castellano, gallego o catalán serían, por tanto, dialectos del latín independientemente de su categorización como lenguas. El andaluz o murciano serían dialectos meridionales del castellano, en cuanto derivan y son variantes lingüísticas del idioma castellano sin llegar a tener el rango necesario para considerarse lenguas independientes del español.

Manuel Alvar, con todo, reconoce como posible esta acepción de dialecto, que sería la de sistema lingüístico que no alcanza la categoría de lengua; a tal efecto, previamente identifica las lenguas con sistemas bien diferenciados y nivelados en su norma de su uso, y que poseen una tradición literaria relevante. Por lo demás, por debajo del dialecto estarían conceptos más específicos como habla regional (peculiaridades expresivas de una zona sin la coherencia del dialecto) y habla local (un conjunto de rasgos poco diferenciados pero característicos de una muy concreta zona geográfica).

Aspectos históricos El estudio de la evolución de las lenguas a lo largo del tiempo, conocido como lingüística histórica, permitió descubrir que las lenguas modernas emparentadas provienen, a su vez, de otras lenguas que también se habían desarrollado a partir de la fragmentación de alguna lengua más antigua.

En este sentido, cualquier lengua no deja de ser, en sí misma, un dialecto, en tanto que todas las lenguas provienen de otras, de las que han sido o son variantes en una geografía determinada. Esta otra acepción de dialecto se considera, en ocasiones tan importante como la de «variante geográfica»:

Más específicamente una lengua histórica, documentada durante milenios en general consiste en diferentes estadios históricos, que lingüísticamente difieren entre sí en fonología, gramática y léxico. Cada uno de esos estadios se denomina variedad diacrónica de la lengua.

Aspectos político-sociales

La historia de las lenguas explica también que

Este devenir histórico es, la mayor parte de las veces, el responsable de la ambigüedad con que se suelen utilizar, al menos popularmente, los términos de lengua y dialecto: hay casos en que un dialecto en origen termina por ser considerado lengua por una decisión político-social (tal podría ser el caso del valenciano) y, de igual modo, una lengua en origen (el gallego, por ejemplo), estuvo durante siglos (los llamados Séculos escuros) estigmatizada con su consideración como dialecto.

En este sentido, el aforismo atribuido a Max Weinreich que dice que «Una lengua es un dialecto con un ejército y una marina», sería un reflejo sintético de esa apreciación.

La endeblez científica de una distinción basada en aspectos de ese tipo se comprueba si se piensa en que las fronteras políticas no delimitan las líneas del uso de la lengua ni de su comprensibilidad.

El inglés y el serbocroata son un buen ejemplo de esto. Estos idiomas tienen tres variantes principales consideradas como estándares: el inglés de Reino Unido, Estados Unidos y Australia (otras variantes, como el inglés de Belice, Nigeria e India son llamadas «variantes indígenas»). El serbio y el croata por otra, junto con otras variedades no tan habladas, son mutuamente inteligibles. Por razones políticas, analizar estas variedades como «lenguas» o «dialectos» produce resultados inconsistentes: el inglés británico y el inglés americano, hablados por grandes aliados políticos y militares, son considerados casi universalmente como dialectos del inglés. Sin embargo, los idiomas estándar de Serbia y Croacia, cuyas diferencias son comparables en número con las diferencias entre el inglés británico y el inglés americano, son considerados por muchos lingüistas de la región como idiomas diferenciados, aduciendo entre otras razones que usan alfabetos distintos; pero en buena parte se debe a que la relación entre ambos países es conflictiva, teniendo en la religión (católica entre los croatas, ortodoxa entre los serbios) un signo de identidad diferenciada.

Existen discrepancias sobre si el idioma macedonio es un idioma o un dialecto, hay quien lo considera mutuamente inteligible con el búlgaro. Es considerado un dialecto del búlgaro principalmente en Bulgaria y un idioma independiente principalmente en la propia Macedonia del Norte.

En el Líbano, el partido político Guardianes de los Cedros, que se opone a los lazos que unen el país con el mundo árabe, se está movilizando para que el «libanés» sea considerado como una lengua distinta del árabe, y no un simple dialecto, e incluso pretende reemplazar la escritura árabe por una resurrección del antiguo alfabeto fenicio.

En España, algunas organizaciones valencianas y baleares consideran sus respectivas lenguas como diferentes del catalán, a pesar de que existe un reconocimiento institucional y académico con relación a que tanto el valenciano como el balear son variedades del occitanorromance. El carácter altamente político de estas discusiones no es nuevo:

A lo largo de la historia, han surgido casos de alteraciones de variedades del habla por razones políticas. En el , por ejemplo, los nacionalistas noruegos crearon el nynorsk a partir de un conjunto de dialectos seleccionados en el oeste del país y menos influidos que los dialectos orientales por el danés y el sueco durante la ocupación danesa y sueca.

La cuestión del prestigio Cuando la disputa se da entre dialectos del mismo idioma, surge el concepto de dialecto de prestigio (o variedad de prestigio), que es la que se asocia en una comunidad que tenga más de un dialecto, con aquel empleado por grupos de hablantes que ocupan una posición socialmente prestigiosa (élites económicas, culturales, sociales). En consecuencia, de esta condición social, el dialecto de prestigio suele emplearse en las situaciones formales, como la diplomacia, como también es, por su asociación con las élites, el dialecto que más influencia ejerce en la definición de la lengua estándar. Dicho dialecto de prestigio suele basarse o estar influido por producciones escritas reconocidas dentro de la comunidad, como es el caso del Corán para el árabe o la traducción de la Biblia de Lutero para el alemán.

En contraposición a este dialecto de prestigio existe el llamado dialecto vernáculo, que es el lenguaje «hablado en casa». Según la impronta de la vida pública en la vida privada en una sociedad, este dialecto vernáculo será más cercano o lejano al dialecto estándar. En los países árabes, por lo general, el dialecto estándar no es hablado por casi nadie en el ambiente doméstico. En los países nórdicos el vernáculo y el estándar son casi idénticos en las capitales (Oslo o Estocolmo) y muy distintos en la provincia (en Tromsø o Malmö).

A veces los dialectos hablados por diferentes estratos sociales, puede diferir notoriamente, y en ese caso se usa el término sociolecto o variedad diastrática, para nombrar a cada uno de los dialectos empleados por diferentes clases o estratos sociales.

La ambigüedad del término

Esta vaguedad conceptual, por lo menos en un ámbito no especializado, tiene también parte de su origen en que, etimológicamente, la palabra dialecto no mantiene vínculo alguno con cuestiones geográficas: