El primer gobierno constitucional de Agustín Gamarra en el Perú empezó el 19 de diciembre de 1829 y terminó el 19 de diciembre de 1833.

Gamarra desarrolló un gobierno de fuerza y de carácter autoritario, apoyándose en los conservadores y enfrentando a los liberales. No tuvo reparos en violar los preceptos constitucionales, motivo por el cual recibió tenaz oposición y debió enfrentar numerosas sublevaciones, entre las que se cuentan las de Gregorio Escobedo en el Cuzco, la del capitán Rossel en Lima, la de los capitanes Deustua y Flores en Ayacucho, y la de Felipe Salaverry en el norte. En el Congreso, el grupo liberal encabezado por el clérigo Francisco de Paula González Vigil, denunció valientemente sus infracciones a la Constitución. De otro lado, en el plano internacional, tuvo que enfrentar la amenaza del presidente boliviano Andrés de Santa Cruz que pretendía anexarse el sur peruano, pero no logró que el Congreso le diera la autorización para declarar la guerra a Bolivia. Firmó finalmente unos tratados con esta república, dando así una solución amistosa al conflicto. También firmó un tratado con la naciente república del Ecuador. En otros aspectos, dio diversas medidas para paliar la crisis económica y para impulsar la educación pública. En el tramo final de su gobierno, y en cumplimiento de un artículo de la Constitución, convocó a un congreso constituyente o Convención Nacional para que hiciera reformas constitucionales, asamblea ante la cual entregó el mando al concluir su periodo de gobierno. Ello, debido a que las elecciones presidenciales se frustraron al no llegarse a reunir en su totalidad los colegios electorales.

Antecedentes

Golpe de Estado En 1827 se había instalado en el Perú el primer gobierno independiente, libre ya de toda influencia foránea. Su titular era el mariscal José de la Mar, que tuvo que enfrentar la guerra contra la Gran Colombia. La campaña marítima fue favorable al Perú, cuya marina capturó el puerto de Guayaquil, pero no lo fue tanto la campaña terrestre, en la que la vanguardia del ejército peruano sufrió un revés en la batalla del Portete de Tarqui. La batalla definitiva no se realizó pues ambas partes acordaron celebrar un convenio para establecer las bases de un tratado de paz. Estando en plena negociación, el 7 de junio de 1829 se produjo un golpe de Estado en el lado peruano: el general Agustín Gamarra apresó a La Mar en Piura, exigió su renuncia a la presidencia y lo envió al destierro.

Casi de manera simultánea, el general Antonio Gutiérrez de la Fuente obtuvo en Lima la renuncia del vicepresidente Manuel Salazar y Baquíjano y asumió el mando supremo con el propósito de instalar el Congreso y de celebrar la paz con Colombia, pues calificaba la guerra de insensata y fratricida (6 de junio de 1829). Gamarra reconoció el gobierno de La Fuente; era evidente que ambos se hallaban confabulados. También el general Andrés de Santa Cruz, entonces presidente de Bolivia, apoyaba a Gamarra y la Fuente; se dice incluso que los tres formaban un triunvirato, cuya meta había sido la caída de La Mar.

Luego, el 10 de julio de 1829, representantes de Gamarra y Bolívar se reunieron en Piura y firmaron un armisticio.

Gobierno provisorio La Fuente convocó el Congreso, que tomó el nombre de Primer Congreso Extraordinario de la Nación Peruana, el primero de carácter bicameral que tuvo el Perú, y que estaba presidido por Andrés Reyes y Buitrón, titular del Senado, mientras que Juan Antonio Távara lo era de la Cámara de Diputados. Dicho Congreso se instaló el 31 de agosto de 1829, y ante sus representantes, La Fuente renunció al poder. Ese mismo día, por votación, el Congreso nombró presidente provisorio de la República a Gamarra y vicepresidente a La Fuente.

Suceso destacado de este periodo fue la firma en Guayaquil del Tratado de Paz y Amistad entre el Perú y la Gran Colombia, al que se conoce también como Tratado Larrea-Gual (22 de septiembre de 1829). Aunque no fue propiamente un tratado de límites (como erróneamente algunos dicen), dejó sin embargo establecido que la antigua frontera virreinal sería la base referencial para un futuro trazado de límites, así como dejó establecido el procedimiento que se emplearía para dicho trazado. Pero esa delimitación no se concretó, pues poco después la Gran Colombia se fragmentó en tres estados (Venezuela, Nueva Granada y Ecuador), lo que implicaba la caducidad del tratado de Guayaquil.

Hecha la paz en el norte, quedaba pendiente el problema en el sur, específicamente con Bolivia, donde desde mayo de 1829 gobernaba el general Andrés de Santa Cruz, el cual, postergado de la política peruana, había aceptado la presidencia que el Congreso boliviano le había ofrecido. Este caudillo maquinaba la anexión del sur peruano a Bolivia como plan mínimo, y el proyecto de una Confederación peruano-boliviana como plan máximo. Gamarra también proyectaba la unión de Perú con Bolivia, pero la diferencia era que cada caudillo quería que su país tuviese la hegemonía.

Santa Cruz se atrajo incluso partidarios en Puno, Cuzco y Arequipa, donde se formaron logias a favor de la federación con Bolivia. El prefecto de Puno, Rufino Macedo, llegó a ser uno de los más incondicionales aliados de Santa Cruz. Conocedores de los planes secesionistas de Santa Cruz y ante la desidia del gobierno peruano, un grupo de oficiales peruanos, entre los que se contaba Ramón Castilla promovieron el 8 de agosto de 1829 un alzamiento en Arequipa (la llamada contrarrevolución de Arequipa) y apresaron a los confabulados con Santa Cruz; otros implicados, como Macedo, huyeron a Bolivia. Este suceso fue de trascendental importancia pues frustró el plan de Santa Cruz de anexionarse el sur peruano. Gamarra envió una carta de protesta al presidente boliviano; a partir de entonces se rompió la amistad entre ambos caudillos.

Elecciones de 1829

Gamarra, en su calidad de presidente provisorio, convocó a elecciones populares, las primeras que se realizaron en el Perú independiente, aunque era a través de los colegios electorales. El mismo Gamarra se presentó como candidato y obtuvo más de la mayoría absoluta de los colegios electorales de provincia exigidos por la Constitución. De acuerdo a la norma electoral vigente, el cargo de vicepresidente debía ser para el accesitario a la presidencia con mayoría absoluta, pero ninguno de los otros candidatos obtuvo esa mayoría. El Congreso debía pues decidir la elección del vicepresidente entre los dos que más alta votación habían obtenido: el general Antonio Gutiérrez de la Fuente y José María Pando. El Congreso optó por elegir a La Fuente. De ese modo, con Gamarra como presidente y La Fuente como vicepresidente, no se hacía sino que ratificar a ambos en el mando de la nación.

Aspecto político miniaturadeimagen|La Primera Banda Presidencial de Agustín Gamarra.

Inauguración El 19 de diciembre de 1829, luego de revisar las actas electorales, el Congreso proclamó a Gamarra presidente constitucional de la República, y a La Fuente como vicepresidente. El 22 de diciembre ambos prestaron el juramento de ley.

El gobierno gamarrista tuvo que enfrentar una grave crisis económica, ocasionada por la larga guerra de la independencia, pero al mismo tiempo debió afrontar turbulencias políticas internas, debido al carácter autoritario que imprimió a sus acciones. También enfrentó la amenaza exterior que representaba Bolivia, cuyo presidente Andrés de Santa Cruz quería anexarse el sur peruano.

Gobierno conservador El gobierno de Gamarra fue lo opuesto al de su antecesor La Mar, que pese a las adversas circunstancias había tratado de andar por los cauces constitucionales. Gamarra dejó de lado la Constitución de 1828, que no le satisfacía por las limitaciones que establecía al Poder Ejecutivo. Se apoyó en los conservadores e instauró un gobierno autoritario, que eventualmente derivó en graves excesos. Entre sus colaboradores figuraban José María Pando, Felipe Pardo y Aliaga, Andrés Martínez, Manuel Lorenzo de Vidaurre y Manuel Ignacio de Vivanco, todos ellos personajes de talento y partidarios de la mano fuerte para salvaguardar el orden.

Frente a ellos se alzó como oposición el grupo de los liberales, que batalló desde la tribuna periodística y parlamentaria. En el Congreso sus líderes fueron los clérigos Francisco Xavier de Luna Pizarro y Francisco de Paula González Vigil. Asimismo, muchos militares que habían combatido en las guerras de la independencia se sumaron a esa oposición, pues no vieron con buenos ojos que el gobierno colocara en filas a numerosos oficiales capitulados en Ayacucho o a extranjeros, que eran despreciados por los viejos patriotas. Otro factor perturbador para el gobierno fue la permanente amenaza del presidente boliviano Andrés de Santa Cruz, que no cejaba en alentar a sus partidarios que tenía en el sur peruano, a fin de anexionarse todo ese territorio.

Todas estas circunstancias motivaron que Gamarra recibiera una tenaz oposición y enfrentara catorce movimientos subversivos en diversas partes del país. Gamarra tuvo que ausentarse varias veces de la capital, para combatir esas rebeliones. Al principio, quien quedaba encargado de la presidencia en Lima era su vicepresidente Antonio Gutiérrez de la Fuente, que terminó siendo expulsado por un motín promovido por la esposa de Gamarra. En sus posteriores ausencias, Gamarra dejó como encargado del mando al titular del Senado, en tres ocasiones. El cargo de vicepresidente no volvería a ser implementado hasta la Constitución de 1856.

Conforme pasaba el tiempo, la oposición liberal al gobierno se robusteció más y los miembros del Congreso hicieron sentir su protesta.

El papel de la Mariscala miniaturadeimagen|180px|Francisca Zubiaga y Bernales, más conocida como la Mariscala, esposa de presidente Gamarra. La esposa de Gamarra, Francisca Zubiaga y Bernales, doña Pancha, apodada la Mariscala o la Presidenta, era una mujer de carácter excepcional y de gran inteligencia. Flora Tristan, que visitó por esa época el Perú, cuenta así el influjo que tenía la Mariscala en la política peruana:

El marino estadounidense Ruschenberger, que estuvo en el Perú entre 1832 y 1833, escribió también sobre la Mariscala:

Sublevación de Escobedo en el Cuzco

El 25 de agosto de 1830 se produjo el levantamiento del coronel Gregorio Escobedo en el Cuzco. Escobedo hizo apresar al prefecto del departamento, Juan Ángel Bujanda, juntamente con algunos de sus colaboradores. Este movimiento no tuvo éxito, siendo debelada por los mismos cusqueños a poco de haberse producido.

El presidente Gamarra, enterado de la rebelión, emprendió viaje con su ejército hacia el Cuzco, dejando en el gobierno de Lima al vicepresidente La Fuente (4 de septiembre de 1830). Pese a haberse enterado del fracaso de Escobedo en el trayecto, Gamarra continuó viaje al Cuzco, para luego seguir a Puno, pues había la sospecha de que la rebelión había sido incitada desde Bolivia por Santa Cruz (en la sección de Política exterior se trata sobre las negociaciones con Bolivia).

Expulsión de La Fuente izquierda|miniaturadeimagen|268x268px|General Antonio Gutiérrez de la Fuente, gran amigo y aliado de Gamarra, a quien sirvió como vicepresidente, pero acabó siendo expulsado del país tras un motín promovido por la esposa de Gamarra, la célebre Mariscala. Como ya queda dicho, el general La Fuente se quedó en Lima al frente del gobierno. Pero también estaba allí la esposa del presidente, La Mariscala, que vigilaba a los enemigos de su esposo y al propio La Fuente. Pronto surgieron graves desavenencias entre ambos; doña Francisca acusó a La Fuente de conspirar contra Gamarra.