Atendiendo a criterios puramente semánticos, el Diccionario de la lengua española, elaborado por la Real Academia Española, define historiografía, en su primera acepción, como la "disciplina que se ocupa del estudio de la historia", y en su tercera acepción, como el "conjunto de obras o estudios de carácter histórico". Podemos denominar historiografía inglesa al conjunto de obras historiográficas producidas en lengua inglesa (fundamentalmente en Gran Bretaña). Son igual de precisas las denominaciones «historiografía inglesa» e «historiografía en lengua inglesa», pues el adjetivo "inglés, sa" se refiere, en su tercera acepción, a aquello que es "perteneciente o relativo al inglés" como lengua (DRAE).

Período victoriano En Carlyle a la historia se unía la profecía, pero hubo otros historiadores más tranquilos que hicieron de esta época una de las más grandes de la historiografía inglesa.Entwistle (1965), pp. 230-231. A diferencia de nuestros contemporáneos, trataron a la historia como un arte; pero el arte experimentó cada vez más la presión de la ciencia y al fin capituló ante la demanda de documentación. Cuando empezó nuestra época, la historiografía era una rama del arte de la política.Entwistle (1965), p. 231.

Historia de Europa Sir Archibald Alison (1792-1867), hijo del sacerdote episcopaliano y ensayista escocés Archibald Alison (1757-1839), fue un notable historiador. Durante un viaje a Francia en 1814 concibió la idea de su Historia de Europa, que se ocupa del período comprendido entre el estallido de la Revolución francesa y la Restauración borbónica, y consta, en su edición original (1833-42), de diez volúmenes;Cousin (1910), p. 9. la Historia conoció un éxito casi sin precedentes en obras de su género. En pocos años alcanzó las diez ediciones, y fue traducida a numerosas lenguas europeas, así como a la árabe y la indostánica. En el momento de la muerte del autor se aseguraba que habían sido vendidos 108.000 volúmenes de la edición para bibliotecas y 439.000 volúmenes de la edición popular. Su intención era, como él mismo dice, mostrar la corrupción de la naturaleza humana y la superintendencia divina de las cuestiones humanas. Reunió, aunque no siempre de forma bien organizada, una inmensa cantidad de información que antes había sido prácticamente inaccesible para el público en general; y sus descripciones de lo que puede llamarse historia externa ―de batallas, asedios y desfiles de pompa― resultan enérgicas e interesantes. Por otro lado, los defectos de la obra son numerosos y flagrantes.

Desde comienzos de la década de 1830, Alison ya estaba trabajando duro en su Historia, cuyos dos primeros volúmenes aparecieron en abril de 1833. El libro tuvo su recorrido: se imprimió un número creciente de los subsiguientes volúmenes y se publicaron nuevas ediciones de los primeros; los volúmenes posteriores fueron regularmente editados a un ritmo de uno cada dieciocho meses. El libro sería posteriormente revisado con frecuencia a medida que el autor obtenía nuevos materiales. Para 1848 se habían vendido 100.000 ejemplares en los Estados Unidos. Fue traducido al francés, al alemán e incluso al árabe, lengua en la que fueron publicados 2.000 ejemplares. Se trata de una obra enormemente laboriosa, y ofrece un útil relato de una época importante, pero resulta extremadamente prolija, parcial y a menudo prosaica. No obstante, gozó de unas ventas enormes. Posteriormente, el autor publicaría (1852-59) una continuación de su gran obra que abarca el período comprendido entre 1815 y 1852 (el período histórico de la Restauración borbónica, la Monarquía de Julio y la Segunda República Francesa). Tuvo unas ventas considerables, aunque fue desfavorablemente recibida por la crítica.

El iba a producir numerosos historiadores: Froude, Lecky, Hallam y otros, pero el más original fue Thomas Carlyle (1795-1881), que únicamente utilizaría la historia como medio para exponer sus doctrinas, pero que, en conjunto, trató de usarla con honestidad.Evans (1985), p. 307. Compuso una serie de estudios históricos, entre los cuales el más antiguo, The French Revolution (La Revolución francesa), le ganaría ya fama en 1837. El lector se ve afectado por el estilo antes de que pueda impresionarle su pensamiento. Las frases avanzan como una cascada, precipitándose, y embarulladas como si las propias palabras estuvieran enfurecidas con el mundo. El efecto varía desde la ironía cómica a la auténtica elocuencia, y Carlyle había ido aumentando sus dones naturales debido a los estudios que había hecho de prosistas como Sterne y Fichte, el filósofo alemán, quienes pretendían siempre sorprender al lector con su lenguaje.Evans (1985), pp. 307-308. La Historia de la Revolución francesa, en su día tachada de dogmática por la crítica, no es exactamente una historia, sino una especie de poema épico sobre este acontecimiento histórico, una romántica exaltación de la forma en que se manifestó una fuerza nacional que él consideraba constructiva.Pujals Fontrodona (1984), p. 536. Es un triunfo del estilo. Las frases retorcidas y entretejidas desafían todas las reglas de la composición y llegan a constituir una retórica más eficaz.Entwistle (1965), p. 230. No puede haber nada que iguale la narración que hace Carlyle de la toma de la Bastilla y de las muertes de Marat y Robespierre. Su originalidad, brillantez e intensidad asombraron al mundo, y la reputación del autor como uno de los hombres de letras más destacados de su país quedó inmediata y definitivamente consolidada.Cousin (1910), p. 73.

En 1851 comenzó su obra más extensa, aunque no más importante: Historia de Federico II de Prusia, que le ocupó desde ese año hasta 1865, y en relación con la cual realizó dos visitas a Alemania en 1852 y 1858. Se trata de un trabajo de investigación asombrosa y abunda en pasajes brillantes, pero carece de la concentrada intensidad de la Historia de la Revolución francesa. De entre sus obras es, sin embargo, la que goza de más alta reputación en Alemania.Cousin (1910), p. 74. También escribió una Historia de los primeros reyes de Noruega (1875), que resume fervorosamente la obra clásica del islandés Snorri Sturluson. Creía en la superioridad de las razas nórdicas; fue, con Fichte, uno de los padres del nazismo.Borges (2008), p. 61. Había aprendido del romanticismo la manera en que había que traer el pasado a la vida, vivo en los detalles, y esto lo consigue en los estudios que realiza sobre la Revolución francesa y sobre Cromwell, y con menor éxito en su larga obra dedicada a Federico el Grande.Evans (1985), p. 308.

Geografía histórica de Europa, de Edward Augustus Freeman (1823-1892), apareció en 1881-82. Freeman había trabajado en esta obra desde 1878. Desde 1886 trabajó en su Historia de Sicilia, que planificó a gran escala. Emprendió esta obra principalmente porque las venturas de la isla ilustraban su teoría predilecta de la unidad de la historia; Sicilia era, habría de decir, "la isla ecuménica, el punto de encuentro de las naciones". El alcance de su erudición histórica era amplio. Durante algún tiempo se sintió especialmente atraído por la historia de los griegos y de los romanos; después durante muchos años su atención estuvo consagrada en gran parte a la primitiva historia de la nación inglesa, y en su vida postrera encontraría su mayor placer en el estudio de la historia, la arquitectura y la arqueología de los pueblos del Mediterráneo.

Su obra histórica se distingue por su aptitud crítica, su precisión y exactitud expositivas, y un cierto fervor espiritual. Su criterio rara vez se veía influido por los sentimientos, y sus apreciaciones de carácter resultan por regla general magistrales. Incluso donde parece parcial da a sus lectores plena oportunidad de poner a prueba sus conclusiones y nunca tergiversa sus fuentes. Los hechos históricos poseían en sí mismos, y aparte de su importancia relativa, una atracción tan fuerte para él que su narrativa está a veces demasiado congestionada. Freeman repite una sola idea una y otra vez con palabras ligeramente diferentes. De ahí que algunos de sus libros resulten demasiado largos y prolijos para ser populares. Sin embargo, cuando tenía que escribir en un espacio reducido, como en su Esbozo general de historia europea, su poder de condensación es tan notable como su amplitud de miras.

Abarcó la historia griega, la romana y la primera parte de la inglesa, junto con algunas partes de la historia medieval extranjera, y poseía un conocimiento académico aunque genérico del resto de la historia del contexto europeo. Consideraba la perdurable vigencia de Roma como "la verdad central de la historia europea", el vínculo de su unidad, y emprendió su Historia de Sicilia (1891-94) en parte porque ilustraba esa unidad. Su último gran libro es un monumento de erudición histórica, y contiene varios pasajes de espléndida escritura.

Freeman fue el apóstol de la unidad de la historia. Se propuso demostrar esa unidad en la Historia de Sicilia, ya que en dicha isla habían representado sus papeles muchas razas y culturas. Pero el relato parece desarticulado.Entwistle (1965), pp. 233-234.

Historia de Gran Bretaña

La creencia de que solamente eran viables los grandes imperios mundiales ―tres o cuatro a lo sumo, entre los cuales Estados Unidos y Rusia― tenía claros ecos darwinistas y era compartida por políticos de la importancia de Chamberlain y Salisbury. Ejemplo de este nuevo clima, y a su vez un factor que contribuyó a precisarlo y divulgarlo, fue la producción de tres historiadores que, con pocos años de diferencia, publicaron libros destinados a convertirse en clásicos de la ideología imperial británica: Greater Britain (Dilke, 1868), The Expansion of England (Seeley,John Robert Seeley (1834-1895), historiador y ensayista liberal inglés. 1883) y Oceana, or England and her Colonies (Froude,James Anthony Froude (1818-1894), historiador, novelista, biógrafo y editor inglés. 1886). Fue el segundo de estos títulos el que tuvo un impacto mayor ―en 1885 ya habían sido vendidos 80.000 ejemplares― y más duradero ―permaneció en catálogo hasta 1956―. Junto a la defensa de una mayor vinculación entre la metrópoli y sus colonias y la exaltación de los logros británicos en términos de superioridad racial, presente en los tres, lo característico en Seeley es el protagonismo que concede al estado ―y no a las individualidades― en la construcción y expansión del imperio y la intención moralizadora y didáctica de su obra, razón por la que sería muy empleada en los centros de enseñanza.Canales (1999), p. 315.

Como historiador, las facultades más reconocidas de Philip Henry Stanhope, V conde Stanhope (1805-1875), eran la honestidad y la laboriosidad, y, aunque sin ninguna pretensión de genio, escribía en un estilo claro y legible. El valor de sus obras consiste en gran parte en el uso que hizo de valiosas fuentes manuscritas inaccesibles a otros. En su Historia de Inglaterra desde la paz de Utrecht hasta la paz de Versalles, 1713-1783 (en 7 volúmenes, 1836-53), Stanhope desarrolla la teoría un tanto extravagante de que los whigs y los tories intercambiaron principios y políticas entre los siglos y . La última obra importante de Stanhope fue la Historia de Inglaterra, comprendiendo el reinado de la reina Ana hasta la paz de Utrecht (1870). Ésta pretendía abarcar el período comprendido entre el final de la Historia de Macaulay y el comienzo de la Historia de Inglaterra, 1713-1783 del propio Stanhope. Es esmerada, pero su estilo sale mal parado de la comparación con el de Macaulay.

Tal vez la obra más importante de Harriet Martineau sea la Historia de Inglaterra durante los treinta años de paz, 1816-1846, que apareció en 1849.Cousin (1910), p. 261. Se trata de una excelente historia popular escrita desde el punto de vista de una "radical filosófica".