La crisis económica argentina de 2018-presente se refiere a una serie de crisis económicas y financieras iniciadas en abril de 2018 y continuadas con interrupciones hasta el presente. En marzo de 2020, se suma una crisis sanitaria debido a la pandemia del COVID-19, que impactó la salud y economía. Esta epidemia global limitó severamente la actividad económica, debido a lo cual el ciclo recesivo continuó, adicionando una caída anual del PBI del 9,9%, que se prolongó en el primer semestre de 2021. Diferentes observadores consideran que se trata de dos crisis consecutivas: la crisis económica de 2018-2019, seguida de la crisis generada por la pandemia de 2020, a partir del año 2024, la economía del país atraviesa una etapa de enfriamiento por ajustes macroeconómicos.
La crisis financiera-sanitaria finalizó en el segundo semestre de 2021, año en el cual el PBI registró un crecimiento del orden del 10% anual, recuperando la caída de 2020, y una reducción del desempleo del 13,1% en el segundo trimestre de 2020 al 8,2% en el tercer trimestre de 2021, el nivel más bajo desde 2017. En 2022, se registró un crecimiento anual de 5%, con una reducción de la indigencia al 8,1% y la pobreza ubicándose en el 39,2%, según el INDEC.
En 2023, impactada por una sequía histórica y una serie de desequilibrios macroeconómicos, que incluye una inflación del 211,4%, una contracción del crecimiento económico en 1,6%, un déficit fiscal elevado y un aumento de la pobreza al 41,7%, se produjo una nueva recesión. En diciembre de 2023, la nueva administración impulsó un proceso de estabilización macroeconómica, que incluía un shock económico y restricción presupuestaria estatal con el fin de bajar una tasa de inflación que había superado el 160%, registrándose caídas de dos dígitos en la construcción, la industria y el comercio, así como un brusco aumento de la indigencia y la pobreza (18,1% y 52,9% respectivamente, según el INDEC) y el desempleo en el primer semestre de 2024. Para el segundo semestre de 2024, se registró un descenso pronunciado de la pobreza e indigencia, ubicándose en 38,1% y 8,2% respectivamente, según el INDEC. Recientemente, se registró para el primer semestre de 2025 una nueva caída de la pobreza e indigencia a 31,6% y 6,9%. Además, se volvió a registrar un ligero aumento del empleo de 44,4% a 44,5% y una caída del desempleo de 7,9% a 7,6% según el INDEC, marcando una pronunciada recuperación económica que ubica al país en una inestabilidad económica aún presente.
Desde el año 2024 en adelante, se han intensificado las huelgas y reclamos salariales en fuerzas de seguridad y servicios médicos, y las huelgas en el sector educativo se han naturalizado los primeros meses del año.
Comienzo
La primera crisis comenzó cuando los prestamistas internacionales privados decidieron no otorgar un nuevo financiamiento al gobierno argentino, dejándolo a las puertas del default, ocasionando una crisis cambiaria que devaluó el peso argentino frente al dólar estadounidense y llevó al gobierno a recurrir al Fondo Monetario Internacional. Esta situación tuvo efectos diversos, generalmente negativos, en la economía, entre los que se encuentran el comienzo de varias intervenciones de reservas del BCRA al tipo de cambio para mantener estable a la moneda local hasta la actualidad, un programa de rescate financiero con el FMI, la escalada de la prima de riesgo soberana, un aumento sustancial de la inflación y, como consecuencia directa de este último, una caída de la economía y el aumento de la pobreza y la desocupación. En septiembre de 2019, el gobierno anunció restricciones temporales a la compra de dólares que durarían hasta diciembre de 2019 (lo que se conoce en Argentina como «cepo»).
En diciembre de 2019 asumió la presidencia Alberto Fernández, en un contexto de crisis económica y social. En ese marco se anunció un cambio en el modelo económico con un dólar controlado con la aplicación de impuestos a la compra de divisas manteniendo la restricción, y se busca la reestructuración de la deuda externa, proceso que comenzó en enero de 2020 y finalizó el 31 de agosto con una aceptación cercana al 99%. Para marzo de 2020 se sumó la crisis global generada por la pandemia de COVID-19 en el gobierno de Alberto Fernández, que profundizó aún más la crisis. El gobierno de Alberto Fernández terminó con la inflación más alta desde la hiperinflación del 89, alcanzando más de un 180%.
En diciembre de 2023 asumió la presidencia Javier Milei con el objetivo de eliminar la inflación, dolarizar la economía y cerrar el Banco Central. Milei definió su tarea como la de un «topo» que busca «destruir el Estado» argentino «desde adentro». En sus primeros seis meses puso el acento en eliminar el déficit fiscal, principalmente mediante la licuación de las jubilaciones, reducción del gasto en educación, salud y otras áreas administrativas, recortes de subsidios al transporte y a la energía y la suspensión de la obra pública y la publicidad oficial; se agudizó la recesión económica; aumentaron los niveles de pobreza y sobre todo de indigencia.
La crisis económica argentina se extiende desde fines de julio a 25 meses, durante los cuales acumula un 5,8% de caída en la actividad económica desde el pico registrado en mayo de 2022. Estos valores la ubican como la tercera fase recesiva más extensa en tiempo y la cuarta más pronunciada desde 1994.
Presidencia de Mauricio Macri El 10 de diciembre de 2015 asume Mauricio Macri como presidente y nombra a Alfonso Prat Gay al frente de Economía y a Federico Sturzenegger en el Banco Central. Una semana después se anunció la liberalización del régimen cambiario, tras lo cual el peso experimentó una depreciación del 42% en el mercado oficial, al pasar de 9,83 a 13,95 por dólar. A partir de ese momento, el tipo de cambio pasó a ser flotante bajo administración. Para fines de agosto de 2018, el peso cotizaba cercano a los 40,00 por dólar, habiendo experimentado una devaluación del 64% desde la liberación del régimen cambiario. El peso fue la moneda de peor desempeño en el mundo en 2017. +Variables económicasVariable20152017Déficit de cuentacorriente (% PBI) 2,7 4,7/ 9.1Déficit fiscal6,73,9Deuda pública(% PBI)525785.2588.37Inflación2524,847.653.8Tasa de interés (%)254075123Crecimiento del PBI (%)2,72,8
El BCRA utilizó un esquema de metas de inflación, en el que buscó limitar las subas de precios mediante la disminución de la liquidez de pesos en la economía que eran absorbidos mediante bonos de corto plazo llamados Lebacs. Esto produjo un crecimiento del stock de letras, que pasó de un 57% de la base monetaria en enero al 88% en septiembre del mismo año. Según un informe del CEPA, la política monetaria del organismo conducido por Federico Sturzenegger le costó desde enero del 2016 al Estado más de 419 000 millones de pesos a las arcas públicas. Además, el déficit cuasifiscal del stock de deuda en Lebacs y Letes aumentó a 900 000 millones de pesos y, meses después, a 1,2 billones, es decir, unos 75 000 millones de dólares. Eso es el 14% del PBI, considerándose un déficit fiscal en forma de déficit cuasifiscal.
El 28 de diciembre de 2017, el jefe de gabinete Marcos Peña celebra una conferencia de prensa junto al presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el de Finanzas, Luis Caputo. En esa conferencia se anunció el cambio en las metas de inflación para 2018, que pasaron de 10 a 15 puntos. La conferencia fue vista por diversos analistas como un avance sobre la independencia del Banco Central.
Crisis cambiaria
Primera crisis
Para intentar contener el dólar, en junio de 2018 el presidente del Banco Central argentino, Federico Sturzenegger, combinó subas de tasas —de hasta 40%— y venta de divisas de las reservas. Sin embargo, el valor del dólar fue inmune a las estrategias del Banco Central, y se elevó hasta niveles récord en la historia. Solo en 2018 se encareció más de 50%. Durante su primer año de gestión, el déficit fiscal consolidado del Estado, incluyendo al Banco Central, superó el 9 % del PBI; los intereses de la deuda del Tesoro se duplicaron en solo un año. La devaluación obligó al Banco Central a sacrificar más de 6 000 millones de dólares de sus reservas totales por más de 54 000 millones de dólares y fijar una tasa de referencia récord de 40%.
miniaturadeimagen|Banco Central de la República ArgentinaTras prometer la "baja paulatina" de tasas que las llevó del 24 por ciento al nivel de 40% anual, afirmó que el Banco Central no intervendría más en el mercado cambiario para volver a vender cinco días después más de 650 millones de dólares, que apenas logró frenar la corrida por un día. Durante su gestión, el valor del peso argentino alcanzó su mínimo histórico; la devaluación de la moneda argentina fue la mayor de todas. Las tasas de interés fueron fijadas en 40%, la tasa más alta del mundo. Así mismo, el país se ubicaba con las tasas de interés más altas del globo, seguido de lejos por Surinam (25%), Venezuela (21,7%) y Haití (20%).
El 14 de junio de 2018, el presidente del Banco Central renunció en medio de críticas y la crisis cambiaria. Estaba envuelto en controversias por su eficiencia en el combate contra la inflación, pérdida de credibilidad y un clima de turbulencias cambiarias debido a la apreciación del dólar. Su gestión terminó con un aumento de la tasa de interés al 40 por ciento, el sacrificio de 8 500 millones de dólares de las reservas en dos meses y el pedido de auxilio financiero del FMI por 50 mil millones de dólares. Tras 30 meses de gestión, Sturzenegger dejó una inflación acumulada de 95% y una devaluación del peso de 175%. Producto de la devaluación, el Banco Central perdió 11.715 millones de pesos por operaciones concertadas en operaciones de dólar futuro; dichas pérdidas se produjeron por los contratos que negoció el organismo cuando conducía Federico Sturzenegger.
Su gestión terminó abruptamente con un aumento de la tasa de interés al 40 por ciento, el sacrificio de 8 500 millones de dólares de las reservas en dos meses, y el pedido de rescate financiero al FMI por 50 mil millones de dólares.
Segunda crisis
Pocos meses después, en agosto, se desató una nueva corrida cambiaria que provocó, a fines de ese mismo mes, una caída de los bonos y acciones argentinas, el aumento del riesgo país en 700 puntos y la elevación del valor del dólar, que llegó a superar los 40 pesos. La corrida provocó que las variables financieras, monetarias y bursátiles se derrumbaran. A esto se le sumó una mayor pérdida de reservas, caída de las acciones y el derrumbe de los bonos. Sacrificándose más de 9.000 millones de dólares en reservas sobre un total de 53.000 millones. Además, el gobierno subió la tasa de interés al 60%, la más alta del mundo. El intento del gobierno por tranquilizar los mercados no dio sus frutos y minutos después de que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, saliera a intentar calmar la corrida, el mercado le dio otra vez la espalda y el dólar siguió en ascenso. Paralelamente, el peso argentino se continuó devaluando, colocándose como la segunda peor moneda emergente de 2018.
En una nueva corrida cambiaria los días 29 y 30 de agosto, la moneda argentina se devaluó un 15 por ciento en un solo día, en tanto la tasa de interés superó el 60%, convirtiéndose en la más alta del mundo. El Riesgo País se colocó en 780 puntos (siendo el segundo de la región, después de Venezuela, y el sexto a nivel mundial), a la vez que se dispararon los seguros contra default. Con la suba del riesgo país de un 107%, Argentina se ubicó entre los países más riesgosos para inversores. Los títulos de los bancos argentinos en Wall Street se devaluaron por riesgo de un nuevo corralito.