Díptico consular es una tipología particular de piezas artísticas en forma de díptico que se usaron en la Antigüedad Tardía. Su material era generalmente marfil, madera o metal, y se decoraban con ricos relieves. Se encargaban por los cónsules romanos (consul ordinarius) para conmemorar su acceso al cargo, y se repartían como regalo a los que habían apoyado su candidatura o aquellos con los que querían congraciarse para el futuro.p178. The origin, context, and function of consular diptychs. Alan Cameron, in memory of Tally Kampen. Journal of Roman Studies 103 (2013) pp. 174–207.
Origen y desarrollo Desde el , algunas cartas formales de nombramiento para el cargo eran conocidas como codicilli ("codicilos", pequeños códices o libros), y tenían la forma de dos o más planchas, usualmente de madera, unidas por broches (clasps), cubiertas de cera, sobre la que se escribía el texto del nombramiento. Posteriormente, el documento se escribía en papiro y se presentaba sin las cubiertas. No obstante, a finales del , comenzaron a incluirse entre los regalos que publicitaban los juegos públicos (una de los principales competencias de los cónsules), dípticos especialmente encargados para la ocasión.p. 182. The origin, context, and function of consular diptychs. Alan Cameron, in memory of Tally Kampen. Journal of Roman Studies 103 (2013) pp. 174–207. Tales dípticos se hacían en marfil, grabados en relieves elegidos por el donante en su parte exterior, con un aspecto superficial similar a los codicilli, pero sin contener escritura ni estatus oficial.pp. 185–194. The origin, context, and function of consular diptychs. Alan Cameron, in memory of Tally Kampen. Journal of Roman Studies 103 (2013) pp. 174–207.
La distribución rutinaria de tales dípticos en Oriente vino marcada por una decisión de Teodosio I en 384 que limitaba los gastos en los juegos de Constantinopla, reservando los dípticos de marfil y los regalos de oro únicamente a los cónsules.Cod. Theod. 15.9.1, p. 181 of The origin, context, and function of consular diptychs. Alan Cameron, in memory of Tally Kampen. Journal of Roman Studies 103 (2013) pp. 174–207. En el Imperio de Occidente fueron una parte usual de los regalos ofrecidos por los grandes aristócratas. Quinto Aurelio Símaco, por ejemplo, distribuyó algunos para conmemorar los juegos cuestoriales y los juegos pretoriales que presidió su hijo en 393 y 401 respectivamente. Casi todos representan los juegos, y en tres ocasiones distintas Símaco vincula la presentación de tales dípticos con la terminación de los juegos.p. 182 of: The origin, context, and function of consular diptychs. Alan Cameron, in memory of Tally Kampen. Journal of Roman Studies 103 (2013) pp. 174–207. Su final vino determinado por la desaparición del consulado con Justiniano en 541. Los motivos iconográficos de estos dípticos se adaptaron en esta época a los mosaicos que decoraron las villae de algunos de estos cónsules, como las de Noheda en Cuenca y Piazza Armerina en Sicilia, que pudieron pertenecer respectivamente a Flavio Salustio, cónsul en 363 junto al emperador Juliano, y a Virio Nicómaco Flaviano, que lo fue en 394. thumb|upright|left|Díptico consular de Magno, cónsul de Constantinopla en 518. Se representa sentado entre las alegorías de Roma y Constantinopla; Louvre.
El más antiguo díptico que puede propiamente denominarse díptico consular se conserva en el tesoro catedralicio de Aosta, es el de Anicio Petronio Probo, cónsul en el Imperio de Occidente en 406; no solo es único por su extrema antigüedad sino por ser el único que lleva el retrato del emperador Honorio, a quien se dedica el díptico en una inscripción llena de humildad, en la cual Probo se denomina a sí mismo famulus, es decir, esclavo del emperador, en vez de cónsul.
Posteriormente, los dípticos consulares sistemáticamente llevaron, o bien un retrato más o menos elaborado del cónsul (en los ejemplos más ricamente decorados), o bien una inscripción dedicatoria con una filigrana geométrica y vegetal (en los ejemplos más sencillos). Los más sencillos se producían probablemente en serie, con modelos preparados con anterioridad, mientras que los más sofisticados (y por tanto más caros) se reservaban para los círculos más selectos de la aristocracia romana. Los talleres responsables de su producción se hallaban en las dos capitales del Imperio: Roma y Constantinopla, pero la caída del Imperio romano de Occidente en 476 hizo desaparecer la producción en Roma, con lo que a partir de entonces todos los ejemplos corresponden a Constantinopla. El motivo más común durante el en los dípticos consulares de Constantinopla muestra al cónsul, de pie, presidiendo los juegos consulares que marcan su entrada en el cargo.
Por su propia naturaleza, los dípticos consulares son un testimonio valioso para la prosopografía del Bajo Imperio, así como para el estudio del arte del periodo. Un buen número de ellos se conservan, en algunos casos gracias a su reutilización como cubiertas de libros medievales. Algunos se usaban en las iglesias como soporte para listas de obispos o registros similares.Medieval Italy, an Encyclopedia, p. 566, Christopher Kleinhenz ed. Routledge, 2004, , El Marfil Barberini es un díptico imperial mucho más raro, probablemente de Justiniano.
Doble artefacto: simbólico y funcional Podemos afirmar que los dípticos consulares cumplen claramente una doble función: en primer lugar la simbólica debido a su cara tallada que puede contener diversos temas: religiosos, sociales y políticos ya que se usaban como señal de estatus sirviendo como obsequios de gran valor por sus materiales y calidad, además son completamente funcionales debido a su uso como libros.
Evidencia que su utilización no es meramente estilística y decorativa, sino que es concebida también como una demostración del poder simbolizado en el arte. Además, con el paso del tiempo, fueron de utilidad para albergar listas de obispos como indica la entrada de Wikipedia. No obstante, sería beneficioso señalar más casos históricos de su papel funcional.
Sería pertinente añadir que la comprensión de los dípticos como artefacto simbólico está ligada al significado del material que se usa para la elaboración. El marfil, como material exclusivo y muy utilizado para las últimas obras consulares realizadas en el Bajo Imperio, con un monopolio en la ciudad de Constantinopla. Señala además el contraste con los primeros dípticos en materiales más cotidianos como el cuero o la madera.
Reutilización de objetos En torno a la cuestión sobre la obra como testimonio para establecer continuidades históricas, sociales y culturales gracias a la reutilización de los objetos y el reaprovechamiento de los materiales tomaremos como punto de partida la función dada y mantenida de los dípticos consulares que desarrolla José Pijoán en la Summa Artis:Los dípticos servían como libro de memoria. Las caras, esculpidas, eran las cubiertas; el reverso, plano, de marfil liso, se revestía con cera para tomar notas o para recordatorio. Este servicio ha salvado de la destrucción muchos dípticos consulares. Se conservan enteros o fragmentados cincuenta y tres, y la mayor parte en iglesias. Continuaron haciendo allí el servicio que prestaban cuando los tenían los primeros que los recibieron, esto es, para inscribir listas de recordatorio. En las iglesias y catedrales los dípticos, hasta hace poco, se ponían en las fiestas solemnes sobre el altar para leer al final del oficio los nombres de los bienhechores a quienes se tenían que recitar preces.O José Mª Fernadez:Este se hacía sobre una ligera capa de cera extendida por la parte interna del díptico, y con el extremo romo del mismo punzón se podía alisar nuevamente la cera escrita, borrando así lo grabado y dejando la superficie en disposición de poder ser utilizada otra vez.Haciendo referencia únicamente la función como portadas de libros sin aportar el uso completo de los dípticos como propio libro, se presenta su funcionamiento, que se trata de dos tablillas unidas por bisagras y un cierre a modo de códice, con una de sus caras no tallada y cubierta de cera pero no indaga en que esto permite la reutilización de manera indefinida al poderse aplanar nuevamente las zonas escritas con el uso romo de un “stilus” utensilio con el que se solía escribir, por ello se siguen utilizando incluso en la actualidad con las piezas conservadas, cumpliendo así el deseo de una continuidad histórica, a través de la cara tallada que aporta datos sobre su comitente o inclusos rastros de escritura no borrada, también en el ámbito cultural y social por la función de los dípticos que aunque ha evolucionado no se ha perdido dentro del contexto de la iglesia, todo mediante la reutilización.
Solo se menciona de forma indirecta el valor económico de los materiales cuando habla de que Teodosio I ordenó que, en los regalos conmemorativos de los juegos de Constantinopla, los materiales más costosos económicamente, como el marfil, se limitarán a los que estuvieran destinados a los cónsules.
Los dípticos generalmente estaban realizados en madera. A menudo presentaban relieves o grabados, algunas versiones más lujosas incluían incrustaciones de metal como oro, plata, marfil o piedras preciosas, Al ser materiales lujosos, su reutilización se pudo deber a motivos económicos o a la escasez de materiales en distintas épocas.
Impacto ambiental y costo económico No es muy probable que en el momento de reutilizar los materiales se tuviera en cuenta el impacto medioambiental, pero sí el coste económico y quizá también la escasez de algunos materiales. Los dípticos consulares eran realizados con materiales tanto lujosos (marfil) como menos costosos (madera). En el caso de la reutilización del marfil, tiene sentido que se tuviera en cuenta la escasez del material y el coste de su obtención, ya que el marfil es un material que se extrae de piezas dentales de grandes vertebrados como el elefante. En el caso de la madera quizá se tuvieran en cuenta otros aspectos diferentes al coste del material, como la belleza de su talla o la escasez de otros materiales con los que se realizaban las cubiertas de los libros.
Al reutilizar los materiales se conservaban recursos y reducían los costos ya que los materiales estaban incluidos. Esto provocó que el proceso humano no fuera tan costoso ya que se preservaban los procesos de creación del díptico.
Función simbólica: reutilización de materiales y objetos En lo que respecta a las funciones simbólicas que se activan al reutilizar los materiales usados para el desarrollo de los dípticos consulares, hay que tener en cuenta que estas obras pueden realizarse en marfil, madera, o bien, mediante el empleo de metales. Cada uno de estos elementos presenta una serie de valores simbólicos dentro del cristianismo, por lo que es conveniente tener en cuenta cada uno de ellos por separado con el objetivo de identificar cuales se reactivan con el reciclado del material.
En una primera instancia, el marfil en la Edad Media era considerado como un material de gran belleza para la realización de ciertas obras, sin embargo, presenta una serie de valores simbólicos relacionados con el salmo número 44 de la Biblia Vulgata en el cual se afirma que en ‘palacios de marfil’ será donde se canten las alabanzas.
El simbolismo religioso de la madera dentro del cristianismo se vincula sobre todo con la fe y la obediencia, a su vez relacionado con la creación de los dípticos encargados por cónsules; aunque también se pueden conectar con la idea de la muerte y la resurrección.
Finalmente, el empleo de los metales tiene diferente carga simbólica en función del elemento que se use: