miniaturadeimagen|300x300px|Gráfico que muestra la evolución de esta desinversión. En 2019, 1'200 instituciones que poseían 12 billones de dólares norteamericanos desinvirtieron en la industria de combustibles  fósiles.

La desinversión en combustibles fósiles o desinversión en combustibles fósiles e inversión en soluciones climáticas es la venta de activos de inversión —como acciones, bonos y participaciones en fondos de inversión— de compañías implicadas en extraer combustibles fósiles, en un intento de reducir el calentamiento mundial abordando sus causas primigenias. Aunque esta desinversión también puede estar motivada por la expectativa de que estas compañías tendrán en el futuro menores rendimientos.

Numerosos grupos abogan por la desinversión en combustibles fósiles, de la cual se informó en 2015 que era el movimiento de desinversión de mayor crecimiento de la historia. Iniciado en los campus de Estados Unidos en 2010, con los estudiantes instando a sus administraciones a cambiar sus inversiones en la industria de combustibles fósiles por inversiones en energías limpias y en las comunidades más impactadas por el calentamiento mundial, el movimiento pronto se extendió a través del globo.

En diciembre de 2016, un total de 688 instituciones y más de 58 000 individuos que representaban 5,5 billones de dólares norteamericanos ($) en activos mundiales habían estado desinvirtiendo en combustibles fósiles. En 2018 HSBC y Bank of America se habían comprometido a dejar de financiar la generación eléctrica con carbón. Para septiembre de 2019, los compromisos totales de desinversión en combustibles fósiles aumentaron a un valor aproximado de 11.48 billones de dólares norteamericanos ($). Durante la 28ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 2023 el Movimiento Mundial de Desinversión en Combustibles Fósiles anunció que más de 1.600 instituciones como universidades, fondos de pensiones y gobiernos, que poseen más de 40,6 billones de dólares en activos, han abandonado ya los combustibles fósiles.

Motivos para la desinversión

Reducir las emisiones de dióxido de carbono La desinversión en combustibles fósiles se propone reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2, principal causante del efecto invernadero y el calentamiento mundial) acelerando la adopción de energías renovables a través de la estigmatización de las compañías de combustibles fósiles. Esto incluye presionar públicamente a las compañías actualmente implicadas en la extracción de combustibles fósiles para que inviertan en energías renovables.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático halló que todas las futuras emisiones de dióxido de carbono tienen que ser inferiores a 1 000 gigatoneladas para proporcionar una probabilidad del 66 % de evitar un cambio climático peligroso. Esta cifra incluye todas las fuentes de emisiones. Para evitar este peligro, solo puede usarse el 33 % de las reservas probadas de combustibles fósiles. Este presupuesto de carbono también puede agotarse si aumentan otras fuentes, como la deforestación o la producción de cemento. Se reclama que, si otras fuentes de emisiones aumentan significativamente, entonces solo se utilice el 10 % de las reservas de combustibles fósiles, para permanecer dentro de los límites de seguridad proyectados.

Además, según la Agencia de Protección Medioambiental de EE. UU., la temperatura media de la tierra ha aumentado 0,8°C en el respecto al XIX, y si las emisiones de CO2 continúan como hasta ahora, en el esta temperatura aumentará de 1,1 a 6,4 °C adicionales. Este aumento en la temperatura sobrepasaría ampliamente el nivel de calentamiento que los científicos han considerado seguro para la vida en la Tierra.

Actuar según el Acuerdo de París: el Principio de Toronto “Este Acuerdo... pretende fortalecer la respuesta global a la amenaza del calentamiento mundial,...  Manteniendo el aumento en la temperatura media bastante por debajo de los 2 °C y... Haciendo los flujos financieros compatibles con un camino hacia bajas emisiones de gases de efecto invernadero y un desarrollo resiliente al clima.”— Acuerdo de París, artículo 2 (2015) El Principio de Toronto es una estrategia de desinversión en combustibles fósiles que pone en marcha los objetivos establecidos en el Acuerdo de París de 2015 contra el calentamiento mundial. El término fue acuñado por Benjamin A. Franta en un artículo en el periódico estudiantil The Harvard Crimsom, refiriéndose al proceso de desinversión de la Universidad de Toronto.

Después de que 350.org (organización ecologista que pretende limitar las partes por millón, ppm, de CO2 en la atmósfera a 350, un nivel considerado seguro; en 2016 alcanzaron las 405 ppm y sigue subiendo) entregara una petición de desinversión el 6 de marzo de 2014, el rector Gertler formó un comité asesor ad hoc para la desinversión en combustibles fósiles. En diciembre de 2015, este comité publicó un informe con varias recomendaciones. Más importante, argumentaron que «una desinversión, dirigida y basada en principios, en compañías de combustibles fósiles que cumplen ciertos criterios... debería ser una parte importante de la respuesta de la Universidad de Toronto a los retos planteados por el calentamiento global.» Este informe fue incluso más allá y se alió con el Acuerdo de París. Recomendó que la universidad desinvirtiera en compañías que «descaradamente desatienden el esfuerzo internacional para limitar el aumento de la temperatura media en 2050 a no más de grado y medio Celsius por encima de los promedios preindustriales...Estas son compañías de combustibles fósiles cuyos actos son irreconcilables con la consecución de los objetivos internacionalmente acordados.»

Franta denominó a esta respuesta "el Principio de Toronto", el cual, como argumenta, «alinea retórica y acción. Sugiere que dar vida al acuerdo de París es responsabilidad de todas las instituciones. Harvard podría adoptar también este Principio de Toronto, también, y el mundo sería mejor.» Franta también describió cómo se pondría en práctica el Principio de Toronto: «mover inversiones fuera de compañías de carbón y centrales térmicas de carbón, fuera de compañías que buscan combustibles fósiles no convencionales o emprenden negocios agresivos (como petróleo del Ártico o arenas bituminosas), y posiblemente también compañías que distorsionan las políticas públicas o engañan a la ciudadanía sobre el clima. Actualmente, estas actividades son incompatibles con el Acuerdo de París.» Al adherirse al Principio de Toronto, Franta argumenta que las principales instituciones pueden utilizar su estatus y poder para responder significativamente a los retos del calentamiento mundial y actuar basándose en los objetivos del Acuerdo de París.

Motivos económicos

Costes hundidos – la burbuja de carbono miniaturadeimagen|300x300px|La burbuja de carbono (valor irreal de las compañías de combustibles fósiles al no tener en cuenta los costes de sus emisiones) según datos de la Iniciativa de Seguimiento del Carbono (2013)

Los costes hundidos (sunk) o varados (stranded) de las compañías de combustibles fósiles se producen cuando sus reservas probadas (que hasta entonces figuraban en el balance de la empresa) —u otros activos relacionados con estos combustibles— se consideran ambientalmente insostenibles, y por tanto deben descontarse del balance. La valoración bursátil actual de estas compañías se ha calculado bajo la suposición de que consumirán todas sus reservas probadas, pero si este consumo no fuera posible por las limitaciones medioambientales que se impusieran, esta valoración mermaría notablemente.

miniaturadeimagen|Activistas medioambientales bloquean una mina de carbón en Alemania para luchar contra el calentamiento mundial.

+Reservas probadas de combustibles fósiles que, para evitar un calentamiento mundial peligroso, no pueden quemarse CombustibleEstados UnidosÁfricaAustraliaChina e IndiaRepúblicas exsoviéticasÁrticoTodo el mundoCarbón92 %85 %90 %66 %94 %0 %82 %Gas natural4 %33 %61 %63 %50 %100 %49 %Petróleo6 %21 %38 %25 %85 %100 %33 %

Un estudio de HSBC halló en 2013 que entre el 40 y el 60 % del valor de mercado de BP, Shell y otras compañías europeas de combustibles fósiles podría desaparecer del balance debido a estos costes hundidos por la regulación de emisiones. El gobernador del Banco de Inglaterra Mark Carney, en un seminario de Banco Mundial durante 2015, declaró que: «La inmensa mayoría de las reservas es inquemable» si quiere limitarse el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2 °C.

En junio de 2014 la Agencia Internacional de la Energía publicó un análisis independiente sobre el efecto de los controles en las emisiones. Estimaba que 300 millardos de $ en inversiones de combustibles fósiles quedarían hundidos en 2035 si se adoptaran los recortes de emisiones necesarios para que la temperatura superficial media no aumente más de 2 °C. The report estimated that about $120 billion of new fossil-fuel capacity in the power sector would be idled before repaying its investment costs, along with about $130 billion of stranded exploration costs for oil and about $50 billion for gas.

Un informe del laboratorio de ideas Iniciativa de Seguimiento del Carbono halló que entre 2010 y 2015 el sector de la minería de carbón en EE. UU. había perdido el 76 % de su valor y clausurado 200 minas. Reflejaba también que Peabody Energy, la compañía privada minera de carbón más grande del mundo, había perdido el 80 % de su valoración bursátil en ese período. El informe atribuía estas pérdidas a los controles de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense y a la competencia del gas de esquisto.

En 2013 las compañías de combustibles fósiles invirtieron 670 millardos de $ en exploración de nuevos recursos petrolíferos y gasistas.

Riesgos regulatorio y del precio de las emisiones Un informe de 2015 estudió 20 compañías de combustibles fósiles y halló que, aunque eran altamente rentables, los costes ocultos para la sociedad también eran grandes.

El informe abarca el periodo 2008–2012 y señala que: «para todas las compañías y todos los años, el coste económico a la sociedad de sus emisiones de CO2 era mayor que su beneficio después de impuestos, con la única excepción de ExxonMobil en 2008.» Las compañías que se dedican exclusivamente al carbón salen incluso peor paradas: «el coste económico para la sociedad supera a los ingresos que la sociedad obtiene de estas compañías (salarios de sus empleados, impuestos, compras que hacen las compañías para suministrarse y empleos indirectos) en todos los años. Este coste varía entre casi 2 y casi 9 $ por cada dólar de ingresos.» El informe sugiere: Estos costes ocultos o externalizados son un subsidio implícito y consiguientemente representan un riesgo para estas compañías. Existe una probabilidad razonable de que la sociedad actúe, ya para reducir estos costes mediante normativa contra los combustibles fósiles, ya para recobrarlos mediante la imposición de un precio de las emisiones. Los inversores son cada vez más conscientes de este riesgo y buscan entenderlo y gestionarlo." De modo parecido, en 2014, el analista financiero Kepler Cheuvreux calculó que, en un escenario regulador que impidiera superar las 450 partes por millón de CO2 atmosférico, el valor de las compañías de combustibles fósiles caería 28 billones de $. El vicepresidente del Banco Central Europeo advirtió en junio de 2019 que el sistema financiero de la eurozona afrontaba un riesgo de 720000 millones de euros por su exposición a empresas afectadas por la reducción de emisiones.

Competencia con las energías renovables