La Cofradía del Santo Ecce-Homo, en un nombre más formal Cofradía de los Hermanos del Santo Ecce-Homo, tiene su arraigo en la Villa de Bembibre, y se considera sucesora de la hermandad de la Santa Resurrección y Vera Cruz, hundiendo sus orígenes en tiempos inmemoriales, siendo su misión principal dar culto verdadero a Dios en la Santísima y milagrosa imagen del Santo Ecce-Homo y asistir a los entierros de los hermanos difuntos acompañando su cadáver al cementerio, rogando a Dios por su eterno descanso, según el Artículo I de su Reglamento.

Estos objetivos se incardinan con el cuidado y acomodo del Santuario del Santo Ecce-Homo, en los últimos tiempos también con la conservación del Museo de Arte Sacro de Bembibre.

Se considera de ámbito comarcal, abarcando el Arciprestazgo del Boeza, las tierras y pueblos del Bierzo Alto, que lo tienen como patrono desde tiempo inmemorial, siendo el hermanamiento propio de esas tierras y pueblos y no privativo de uno de ellos, de Bembibre del Bierzo.

El Santo

La vida de la Cofradía, y su razón de ser, gira en torno a la advocación del Santo Ecce-Homo, de "el Santo" sin más, adquiriendo en Bembibre, en la comarca del Boeza, en el Bierzo Alto, en El Bierzo, un carácter singular, distinguiéndose y separándolo del culto de la iglesia parroquial, tanto en Bembibre como en el resto de lugares en que se sigue su devoción, poseyendo un significado especial entre bembibrenses y bercianos.

Así, se dan casos paradójicos, de personas que no practican la religión y, sin embargo, no dejan de asistir por nada del mundo a las ceremonias anuales del Santuario; personas que han visto arder la iglesia de su pueblo y, sin embargo arriesgarían su vida por salvar el Santo; personas que dan un donativo, pero dejan bien claro que es para el Santo, con exclusividad que no admite discusión, ya que las limosnas las entregan los fieles directamente al Santo, algo que puede explicar algunos enfrentamientos con el cura párroco y la iglesia parroquial, que es "otra cosa".

El Santo es algo muy suyo, muy personal, que está incluso por encima de otros valores objetivamente superiores, demostrando la historia la certeza de estas afirmaciones, con casos y ejemplos de los citados tras los cuales hay, al menos, una persona con nombres y apellidos.

Por otro lado, el Santo abarca tres cuestiones íntimamente ligadas entre sí, la Imagen, el Santuario y la propia Cofradía, y que tienen como única finalidad servir de cauce a la veneración que toda la comarca del Boeza profesa al Ecce-Homo, a quien tiene como patrono desde tiempo inmemorial.

Una coexistencia de cuestiones o conceptos que se trasladan al ámbito de las propiedades del Santo y las propiedades del Santuario, lo que lleva a la conclusión de la existencia de pertenencias de la imagen propiamente dicha y pertenencias del Santuario, algo que se concreta en la existencia de propiedades de una sola persona jurídica denominada "el Santo". Y el Santo comprende tanto la imagen como el edificio o fábrica del templo, siendo una confusión que deriva de la misma forma que se ha usado siempre en la comarca para denominar a uno u otro: “El Santo” es todo, comprendiendo Imagen y Santuario.

Así, la cofradía no se considera directamente propietaria, siendo mera administradora de los bienes pertenecientes al "Santo".

Historia

La Cofradía del Santo Ecce-Homo hace referencia a una cofradía llamada unas veces de la Vera Cruz y otras del Santo Ecce-Homo, que desde tiempo inmemorial, con unos u otros estatutos, siempre tutelados por el obispado de Astorga, tienen como misión principal el culto a su venerada imagen y el cuidado y acomodo del templo que la cobija.

Los posibles orígenes se relacionan con las Cofradías de la Vera Cruz, disciplinantes, que fueron introducidas por las órdenes mendicantes, franciscanos y dominicos, en torno al , y se prodigaron en todas las poblaciones de cierta importancia por el país. Atendían a los cofrades con medicamentos, ayudas, en los entierros, etcétera, puesto que, no se ha de olvidar, las cofradías vienen de la mano de los gremios, asumiendo una función social, que emanaba del hermanamiento de los cofrades (del latín cum con y frater hermano).

La promulgación de las Constituciones se produce el día 15 de septiembre de 1833 al ser aprobadas por don Vito Magaz, canónigo doctoral, gobernador y vicario capitular en sede vacante, hecho que se produce tras un largo litigio entre cofradía y cura párroco, perdiéndose, ya para siempre, el evocador nombre de «Cofradía de la Vera Cruz», aun cuando, en el Artículo Adicional de su Reglamento, según redacción de septiembre de 1928, se nombra, por única vez en los mismos, como Cofradía de la Vera-Cruz.

Contexto sociohistórico Se puede considerar que los gremios, asociaciones de personas con mismos oficios, profesión, actividad o intereses, ya consolidados en los finales del e inicio del en que inscriben los hechos que se referencian, abrían una fisura en el monolitismo medieval, señor-vasallo, propia del feudalismo, del mismo modo que las cofradías pretendieron abrir un camino de participación de los laicos en el estamento clerical, en la Iglesia. Las cofradías son un instrumento de la piedad laica y por lo tanto un intento por parte de los laicos de organizar su vida religiosa en la Iglesia pero sin la Iglesia.

En el caso de la cofradía del Santo Ecce-Homo, se constata que estaba organizada por los seglares y los seglares la gobernaban. Así, el hecho de que el Cura Párroco sea el presidente es casi en sentido honorífico, y lo es por imposición del obispado, como exigencia para aprobar las constituciones. Antes, en la antigua cofradía, el sacerdote era una persona más, que iba a los oficios divinos cuando la cofradía le convocaba y al que abonaban sus honorarios, sin que actuara en la dirección, ya que la relación de los cofrades con su imagen la programaban ellos, según sus conveniencias, creencias y tradiciones.

Esto podía ir en contra de los intereses del clero y, especialmente, de los del Cura Párroco de la Villa que, por todos los medios y en diversas ocasiones, pretendió adueñarse de la cofradía. Al ver los progresos de la misma, pretendió adueñarse del Santo y disfrutar de sus pingües rentas, llegando a plantear ante el tribunal competente una demandaNo se dispone de la fecha exacta, pero sería en torno al año 1819, momento en que se decide el traslado de la imagen que, en definitiva, se centraba en un mero tema económico.

Aprobación de las Constituciones

La redacción y final aprobación de las Constituciones o "Reglamento de la Cofradía del Santo Ecce-Homo de Bembibre del Bierzo (León)", como reza en su portada y página principal en su edición de 1929, según redacción de septiembre de 1928, viene precedido por diferentes pleitos o desacuerdos entre la cofradía y el cura de la parroquia, probablemente larvados y anteriores, quizás con influencias de las normas que respecto a las flagelaciones públicas se venían intentando aplicar, siendo la más próxima en el tiempo la de Carlos III en 1777 que, entre las reformas del absolutismo ilustrado, prohibió la flagelación pública,Prohibía bajo Real Orden de 20 de febrero de 1777 "los disciplinantes, empalados y otros géneros de penitencia" algo que, según las normas civiles y eclesiales, pudiera llevar a la abolición de antiguos ritos de sus cofrades, incluso a la pérdida del nombre de la antigua cofradía, pasando su bagaje a una nueva cofradía, que asumiría la misma devoción y respeto popular. thumb|300px|Santuario del Santo Ecce-Homo desde el coro(Pulse para visión omniorámica) Pero ello requeriría de la redacción y aprobación de un nuevo reglamento, de unas nuevas Constituciones, de unas normas o estatutos por los que regir esta Cofradía, heredera de la anterior de la Vera Cruz, circunstancias que se dan en un momento crítico de su historia pues, además de esas posibles desavenencias larvadas y cambios normativos y de estilo de vida, en lo referente a lo pasional y, en general, a la vida misma, se añaden los hechos acaecidos el 2 de enero de 1809 cuando, en el marco de la Guerra de la Independencia Española, es saqueada la Villa de Bembibre y destruido el templo del Santo.

Ante las noticias del avance de los ejércitos, ingleses en retirada y franceses en su persecución, y en previsión de lo que podía suceder, el Santo había sido trasladada al pueblo cercano de Santibáñez, retornando a Bembibre una vez pasado el peligro, pero, habiendo sido destruido en parte el santuario, ha de cobijarse en la iglesia parroquial de San Pedro, donde es recibida y albergada durante los años necesarios, hasta el acondicionamiento del santuario.

Las labores de reconstrucción comenzaron prontamente, pero con lentitud por la penuria de medios y las disensiones surgidas entre la cofradía y los párrocos, lo que hace que se prolonguen en el tiempo, iniciándose las obras de reconstrucción con intensidad seis años más tarde, en 1815, prosiguiendo con la recuperación patrimonio iconográfico en 1825.

Los problemas con los párrocos de la iglesia parroquial surgen en torno a las limosnas y otros bienes del Santo, hasta el punto de tener que intervenir el obispo ordenando, entre otras cosas, el retorno del valor de joyas, fijado en 4000 reales, usadas con fines de la parroquia sin ser lícito, alcanzando el máximo de tensión en 1819, cuando la cofradía, que aún se llama de la Vera Cruz, acuerda trasladar la imagen a su templo, habiendo acudido el párroco de la villa al tribunal competente solicitando, por el contrario, que la imagen permaneciera en la iglesia y denunciando que el mayordomo de la cofradía seguía percibiendo las limosnas. También aducía otras cuestiones que el cabildo considera como «otras extravagancias».

Finalmente, si la imagen se reintegraba a su sitio habitual, las limosnas eran percibidas por la cofradía pero, si continuaba en la iglesia, eran percibidas por el párroco, resultando un mero tema económico lo que motiva esta denuncia.

En el año 1823 examina las obras del templo en visita pastoral el Ilmo. Sr. Don Guillermo Martínez, obispo de la diócesis, estando aún en ruinas la parte del crucero y la capilla mayor, y comprueba las cuentas, mandando que se rehagan por no hallarlas conformes. Así mismo, exhorta al cabildo para que continúen con las obras de restauración; y les da instrucciones sobre cómo deben hacer las cuestaciones en evitación de quejas y murmuraciones frecuentes en el arciprestazgo, unas instrucciones que no deben producir el efecto deseado ya que, en el año de 1825, el 5 de diciembre, el Ilmo. Sr. Don Manuel Morete Bodelón, informado del deplorable estado del santuario, comisiona al arcipreste del Boeza, don Pedro Blanco, párroco de Arlanza, y al mayordomo, don Bernardo Gayoso, para que traten de la reedificación del templo.

Tras diversas gestiones y resoluciones de los sucesivos obispos, incluidas varias visitas pastorales, y ante ciertas maniobras por parte del clero para separar la cofradía del Santuario, que debieron existir, poniendo incluso en tela de juicio la existencia legal de la cofradía de la Vera Cruz, el cabildo, reunido en 26 de febrero de 1826, toma el acuerdo de proseguir en sus funciones con intervención del párroco.

El 3 de julio de 1826 gira visita el obispo Ilmo. Sr. Don Manuel Morote, que ya encuentra de su agrado las obras de reedificación, tomando una serie de determinaciones para la evitación de problemas en lo sucesivo, aun cuando no se logró cortar las murmuraciones y quejas de los fieles por presunta dilapidación de los caudales, por lo que el obispo, en nueva visita pastoral girada en 4 de julio del año 1830, ordena al cura párroco de Castropodame, don Marcos Álvarez, que se haga cargo del cuaderno de Constituciones de la cofradía de la Vera Cruz para su reforma y adecuación.