El Loto Azul (en el francés original Le Lotus bleu) es el quinto álbum de la serie Las aventuras de Tintín, creada por el historietista belga Hergé. Se publicó por entregas en Le Petit Vingtième —suplemento semanal infantil del diario católico conservador Le Vingtième Siècle— entre el 9 de agosto de 1934 y el 17 de octubre de 1935, The Blue Lotus, en www.tintinologist.org. a un ritmo de dos páginas semanales en blanco y negro, formando la segunda parte de la historia por entonces conocida como Tintín en Oriente. La primera edición en álbum, también en blanco y negro, apareció en 1936 en la editorial Casterman. La primera edición en color, en la misma editorial, data de 1946. Para ella, las primeras cuatro páginas del álbum fueron íntegramente dibujadas de nuevo, y se introdujeron también algunos cambios de menor importancia en otras partes del libro.

El Loto Azul es la segunda parte de una historia iniciada en el álbum anterior, Los cigarros del faraón, aunque puede leerse de forma independiente. La acción se desarrolla en su mayor parte en China, principalmente en la ciudad de Shanghái. El título está tomado del nombre de un ficticio fumadero de opio de esta ciudad. Tiene una gran relevancia dentro de la historia de la serie, por ser la primera vez que su creador, Hergé, se preocupó por documentarse exhaustivamente acerca del tema tratado, para lo que contó con la ayuda de un estudiante chino, Zhang Chongren, que influiría notablemente en el álbum y en su obra posterior. Para algunos autores, se trata de la primera obra maestra de Hergé e incluso hay quien considera este álbum el mejor de toda la serie.

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Antecedentes

Hergé y Tintín

200px|thumb|derecha|Las aventuras de Tintín cobraron fama desde la primera historieta. En la imagen, portada de Le Petit Vingtième de 15 de mayo de 1930 relativa a Tintín en el país de los soviets.

En 1934, el artista gráfico Georges Remi, más conocido desde 1924 como Hergé, ya conocía el éxito profesional a sus 27 años. Tras contraer matrimonio con Germaine Kieckens en 1932, su carrera parecía consolidarse. Acababa de fundar una agencia de publicidad llamada Atelier Hergé, en la que, para poder hacer frente a los numerosos pedidos, había incluido como socio a José De Launoit, amigo, antiguo compañero del movimiento escultista y del servicio militar y padrino de boda. Al mismo tiempo, su trabajo en el diario católico Le Vingtième Siècle le proporcionaba gran popularidad desde que en 1927 fuera contratado por su editor, el abate Norbert Wallez. Además de otras colaboraciones en distintos suplementos del periódico —de ideología bastante conservadora—, Hergé se ocupaba del suplemento infantil Le Petit Vingtième desde su creación en 1928. Sus personajes gozaban de la aceptación del público infantil y juvenil. Por ejemplo, desde 1930 venía dibujando las aventuras de Quique y Flupi, dos pilluelos de Bruselas que habían dado ya lugar a la publicación de dos álbumes, y en 1934 había iniciado las aventuras de Popol y Virginia.

Pero eran las aventuras de Tintín las que más éxito proporcionaban a su creador. Tintín en el país de los Soviets (1929-1930), Tintin en el Congo (1930-1931) y Tintín en América (1931-1932) habían sido muy populares. La fama del personaje era tal que el diario organizó multitudinarias recepciones populares a Tintín en la Estación del Norte de Bruselas al término de la publicación seriada de cada una de las tres historias, contando con la participación de un joven y un perrito que encarnaban al reportero y su mascota. El estilo de línea clara con el que estaban dibujadas suponía el tipo de dibujo más moderno de su época. Con posterioridad a la publicación de las historietas en capítulos semanales del suplemento, se publicaron con éxito los tres álbumes recopilatorios de las aventuras. Por esta época surgieron ciertas diferencias entre el autor y el periódico que fueron resueltas con un nuevo acuerdo económico más favorable a Hergé que se firmó cuando ya se había iniciado la publicación de El Loto Azul.

Tintín en Oriente

El interés de Hergé por China se había iniciado en 1923, cuando —todavía adolescente— participó en un retiro espiritual en la abadía de Saint-André de Loppem y conoció al padre Édouard Neut. En el monasterio residían varios monjes que habían vivido en aquel lejano país, y el propio Neut era un experto en la historia y cultura del gigante asiático. Años más tarde, Hergé reconocería que el benedictino era el origen de su interés por todo lo referente a China. En 1932 Japón invadió China y un lector de Le Petit Vingtième sugirió que el ficticio reportero visitara el país. La respuesta de la redacción fue contundentemente negativa, argumentando que sería demasiado peligroso para Tintín. Sin embargo, poco después, el 24 de noviembre de 1932, cuando terminó la publicación de Tintín en América, el propio personaje protagonista anunció en una entrevista del suplemento infantil que pronto embarcaría hacia China, e informó de que el itinerario abarcaría Egipto, la India e Indochina. Hergé incluyó un mapa ilustrado que anticipaba las aventuras que estaban por llegar. A diferencia de las dos primeras historietas de Tintín, la temática de esta no había venido sugerida por Wallez. A principios de diciembre de 1932 se inició la publicación de las nuevas aventuras, y Tintín anticipó que su destino era Shanghái. El título provisional de la nueva aventura era Tintín en Oriente, si bien, tras la publicación de los fascículos y con vistas a la edición del álbum, Hergé le cambiaría el título por el de Los cigarros del faraón.

El álbum es considerado por los especialistas como una obra de transición situada entre el Tintín primitivo de las tres primeras historietas y el notable cambio que representará El Loto Azul. A diferencia de las ingenuas historietas anteriores, carentes de argumento y caracterizadas por la improvisación, Los cigarros del faraón muestra una cierta continuidad en su trama, ligada por la existencia de una sociedad secreta dedicada al tráfico de drogas. Su guion, no obstante, carece totalmente de planificación y es marcadamente folletinesco.

Tras terminar la publicación de esta primera historia el 8 de febrero de 1934, en mayo se publicó una carta de Quique y Flupi que ya incluía una referencia a la situación política internacional, con los carros de combate japoneses atacando China. Por esas fechas, Hergé se disponía a recopilar toda la documentación posible acerca de China con la intención de ambientar adecuadamente la continuación de la historia. La nueva aventura de Tintín acabaría siendo El Loto Azul.

Documentación

280px|thumb|izquierda|Hergé se documentó concienzudamente para ilustrar el álbum, lo que le permitió reproducir las coloristas calles de Shanghái de forma muy realista. En la foto, la calle Nanking en los años 30 del .

Se ha señalado la posible influencia que pudo tener en la gestación de El Loto Azul la película de D.W. Griffith Lirios rotos (Broken Blossoms; 1919), protagonizada por Lillian Gish y Richard Barthelmess. Otro filme que marcó a Hergé fue la cinta alemana de 1933 Flüchtlinge, que recreaba la atmósfera china de forma muy realista. También pudo tener cierto peso en el trabajo del dibujante el libro de André Malraux La condición humana, muy conocido entonces por haber ganado el Premio Goncourt en 1933. Igualmente es de esos años China, el libro de viajes escrito por Marc Chadourne en 1931. Otras posibles fuentes de inspiración procedían de la prensa, donde China incrementaba su presencia poco a poco. El conocido periodista Albert Londres, quien había sido uno de los modelos para crear a Tintín, escribió numerosos artículos en el país asiático hasta que su intrigante informe sobre Manchuria y Shanghái desapareció con él al hundirse su barco frente a las costas de Adén. Una serie de artículos suyos publicados a raíz de un anterior viaje a China diez años antes había sido recopilado en el exitoso libro La Chine en folie (La locura de China), que describía con gran sentido del absurdo un incoherente país de decapitadores. También hay constancia de que Hergé compró los libros China, de Vicente Blasco Ibáñez y Von China und Chinesen, de Heinz von Perckhammer, que contaba con abundantes ilustraciones. Sin embargo, parece claro que hubo otras personas que tuvieron más impacto en el acabado del álbum.

Hasta El Loto Azul, la visión que los álbumes de Tintín tenían de otras culturas estaba basada en estereotipos: malvados bolcheviques, africanos simples, estadounidenses codiciosos, indios ingenuos… La escasa relación de Tintín con la cultura china no había sido muy distinta: en Tintín en el país de los Soviets, aparecen unos crueles verdugos chinos con trenza y, en la primera versión en blanco y negro de Tintín en América, Milú teme acabar como alimento de dos sicarios chinos que llegarán a arrojar a su amo al lago Míchigan. En la mencionada entrevista con Tintín en la que este anunciaba su viaje a China, publicada el 24 de noviembre de 1932, el entrevistador hablaba de los torturadores chinos y de la posibilidad de que Milú fuera secuestrado por algún cocinero. El texto iba acompañado por un dibujo en el que el fox terrier era perseguido por un chino muy similar a los aparecidos en los dos álbumes mencionados.

La influencia católica

260px|thumb|derecha|Lou Tseng-Tsiang, el padre Célestin, fue uno de los tres sacerdotes católicos que influyeron en Hergé.

Curiosamente, el impulso para que cambiara de actitud respecto al pueblo chino vino de la misma Iglesia católica con cuya labor misionera Hergé había sido tan complaciente en Tintín en el Congo. Conocedor de la circunstancia de que Lou Tseng-Tsiang —antiguo ministro de asuntos exteriores en el Gobierno chino y autor de una obra sobre la ocupación de Manchuria por Japón— había decidido ordenarse sacerdote con el nombre de padre Célestin Lou y residía en la abadía de St. André, Hergé escribió un par de días después al padre Édouard Neut. Este no solo conocía al culto sacerdote oriental, sino que también era, a su vez, un buen conocedor de la realidad china. Neut le respondió animándole a documentarse adecuadamente porque pensaba que el nuevo álbum de Tintín podía tener mayor importancia que los anteriores y podía llegar a ser una obra de entendimiento interracial. El fraile le envió dos libros: Aux origines du conflit mandchou (Los orígenes del conflicto manchú), obra de otro sacerdote, el padre Thadée, que explicaba las raíces del conflicto de Manchuria; y Ma Mère (Mi madre), de Cheng Tcheng, «que aporta una maravillosa perspectiva de la vida privada de la familia china». También le remitió un artículo de 1932 que resultó de suma utilidad y que explicaba las diferencias entre las civilizaciones china y japonesa. El religioso, con gran anticipación, le dijo lo siguiente:

Cuando Hergé se disponía a recopilar documentación sobre China, contactó con él el padre Gosset, capellán de un grupo de estudiantes chinos de la Universidad Católica de Lovaina. El sacerdote, que había seguido la obra del dibujante, le pidió que describiera de forma apropiada al país asiático, pues temía que sus estudiantes, grandes seguidores de Tintín, se sintieran decepcionados por la repetición de los viejos clichés. Entre otras cosas, el sacerdote le decía en la carta lo siguiente: