Paleolítico medio • Paleolítico superior • X milenio a. C. { "type": "ExternalData", "service": "page", "title": "ROCEEH/Upper Paleolithic.map" }
El Paleolítico superior es el tercero y último de los periodos en que está dividido el Paleolítico, la etapa inicial de la Edad de Piedra. Está caracterizado por la preponderancia de las industrias líticas englobadas en el modo técnico 4 y clasificadas en distintas cronoculturas: Châtelperroniense, Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense, según los yacimientos epónimos de Francia donde fueron identificadas.
Se extiende aproximadamente entre los años 40 000 ‑ 30 000 antes del presente (AP) y el 12 000 ‑ 10 000 AP.
El Paleolítico superior coincide con la segunda mitad del último periodo glacial, de clima muy frío aunque con intervalos algo más templados (los interestadiales). También se caracterizó porque las especies humanas de anteriores periodos, como Homo erectus, el homínido de Denísova, Homo neanderthalensis u Homo floresiensis, fueron sustituidas en todo el mundo por el Homo sapiens, que quedó como el único superviviente de la subtribu Hominina.
Antecedentes thumb|400px|Mapamundi de las migraciones de Homo sapiens, con el polo norte como centro. Los patrones de migración están basados en estudios del ADN mitocondrial (matrilineal). Los números representan miles de años. África es el punto de partida, leyéndose desde la parte superior izquierda hasta América del Sur en el extremo derecho. La caracterización inicial del Paleolítico superior se basó en la aparición en el registro arqueológico de una nueva tecnología lítica conocida como modo técnico 4, que fue encontrada básicamente en Europa. Por ello, su cronología se relacionó con la llegada y expansión del H. sapiens por el continente europeo y sus regiones aledañas. Las investigaciones posteriores han relativizado y ampliado esta visión, demostrando que algunas de las novedades culturales que se dieron en Europa a partir del 40 000 AP ya se habían producido en África con anterioridad: el arte, la talla lítica laminar, una industria ósea muy específica y nuevas herramientas y estrategias de caza. Las primeras manifestaciones simbólico-artísticas se han hallado en Sudáfrica y se datarían en unos 75 000 años, mientras que en la República Democrática del Congo se identificaron instrumentos óseos de unos 90-75 000 años. Los restos más antiguos conocidos del H. sapiens arcaico tienen una antigüedad de 150 000 y de 170 000 años y corresponden respectivamente a Sudáfrica y Etiopía. Asimismo, los estudios del genoma mitocondrial señalan nuestro origen en África entre tales fechas y los 200 000 años AP. Las transformaciones que dieron lugar a nuestra especie debieron producirse en una pequeña parte de la población africana, en unos 10 o 15 000 individuos, a partir de los cuales se generaron todos los grupos humanos modernos. Así lo demostraría la poca variabilidad genética existente entre las personas actuales.
En Israel se hallaron restos óseos de hace unos 100 000 años, lo que indicaría una pronta expansión de nuestra especie por el sur de Asia, llegando a Australia entre los 60-50 000 años AP. Por Europa empezarían a distribuirse hace 40 000 años y en América se asentaron definitivamente hace 15 000, aunque hay autores que adelantan la fecha de penetración hasta hace 75-40 000 años. Relacionadas con la expansión mundial de nuestra especie estarían las extinciones masivas de especies animales que se produjeron en Australia, América y aquellas islas que todavía no habían sido colonizadas por humanos.
Homo sapiens Los primeros afectados por nuestra expansión fueron las otras especies de hominidos que vivían en Europa o Asia y que, tras un periodo de coexistencia, desaparecieron. Hace unos 100 000 años el H. sapiens arcaico llegó a Palestina, pero no fue capaz de seguir hacia occidente, quizás porque su tecnología, la musteriense, era igual que la de su contemporáneo, el H. neanderthalensis, que habitó esa misma región posteriormente, sobre el 60 000 AP. Pero sí que se distribuyó por oriente, sustituyendo fácilmente a los últimos Homo erectus de Indonesia o China y llegando a Australia hace unos 60 000 años. Hacia el 40 000 AP y ya con sus nuevas herramientas auriñacienses, los cromañones empezaron a extenderse por toda Europa, compartiendo durante unos 10 000 años el terreno con los neandertales, que llegaron a adoptar industrias y comportamientos culturales similares antes de desaparecer definitivamente.
thumb|left|300px|Manos en negativo de la cueva de Gargas, Altos Pirineos, Francia. Todos nosotros pertenecemos a la especie Homo sapiens. Nuestro cráneo, con una capacidad media de 1400 cm³, es más redondeado y alto que el de nuestros predecesores, tenemos mentón y unos arcos supraorbitales poco evidentes. La inteligencia de H. sapiens no es superior a la que debió tener H. neanderthalensis, pero sí es diferente, muy relacionada con los comportamientos simbólicos que nos llevaron a desarrollar el arte y unas relaciones sociales cada vez más complejas. Un claro exponente de esta nueva preocupación por los simbolismos es la abundancia de adornos personales cosidos a las ropas o en forma de collares, pulseras o cinturones, decorando sus herramientas o incluso su propio cuerpo, como parece indicar la presencia de ocre en algunos enterramientos. Estos ornamentos no solamente cumplirían un papel estético sino que también servirían para identificar a sus portadores y relacionarlos con su grupo o tribu.
El esqueleto de los primeros H. sapiens era más ligero que el de los neandertales y se fue volviendo cada vez más grácil a lo largo del Paleolítico superior. También se fue haciendo más pequeño: si al principio del periodo la media de altura masculina era de 1,76 m y la femenina de 1,63, en el Mesolítico-Epipaleolítico se había reducido a 1,63 y 1,51 respectivamente. Es posible que estos cambios fueran la consecuencia de la aparición de armas como el propulsor y el arco, que les permitieron matar sus presas a gran distancia, necesitando así mucha menos energía y fuerza. A la vez, su mayor ligereza les permitía realizar largos desplazamientos con un gasto energético relativamente bajo.
Paleolítico superior europeo El Paleolítico superior europeo se extiende entre la llegada del H. sapiens al continente, hace unos 40 000 años y el comienzo del Holoceno, hace 12-10 000. Aunque los primeros restos óseos conocidos, hallados en Peștera cu Oase (Rumanía), Mladeč (República Checa) o Cro-Magnon (Francia), tienen entre 35-30 000 años. Durante ese tiempo se desarrollaron una serie de técnicas basadas en la talla laminar o modo técnico 4, mediante la cual las lascas obtenidas alcanzaban un alto índice de estandarización y especialización. Estas láminas u hojas presentan una tendencia a ser progresivamente más largas y pequeñas. Se diferencia entre raspadores, buriles, láminas de dorso rebajado y puntas foliáceas, trabajadas mediante la percusión y/o presión. Además hay una abundante industria ósea entre la que destacan las azagayas, los bastones perforados, agujas, arpones, anzuelos, espátulas etc. Paralelo a esta evolución apareció el arte, medio de expresión simbólico que encontramos sobre diversos soportes: pinturas parietales, estatuillas y esculturas.
Los principales complejos culturales relacionados con todos estos instrumentos son: Châtelperroniense (40 000-35 000 AP): identificado en el centro y suroeste de Francia y el norte de España. Parece ser que derivó del Musteriense, representando una fase de transición hacia el siguiente. Auriñaciense (38 000-25 000 AP): se encuentra en Europa y suroeste de Asia, pudiendo haber sido contemporáneo del Perigordiense, una controvertida agrupación del definido anteriormente y el posterior Gravetiense. Abundancia de raspadores, láminas de dorso y azagayas. Gravetiense (25 000-20 000 AP): desde Francia hasta Rusia. Presenta elementos de dorso acabados en punta, raederas y una importante expansión del arte mueble. Solutrense (20 000-17 000 AP): su limitada distribución está restringida a la península ibérica y Francia. Sus artefactos característicos son unas puntas en forma de hoja de laurel, de sauce o con aletas, fabricadas con retoque plano. Magdaleniense (17 000-10 000 AP): hay buriles, raspadores y laminitas, pero sobre todo hay un gran aumento de los instrumentos realizados en hueso o asta.
thumb|200px|Placa paleolítica grabada sobre hueso hallada en la gruta Sous-Grand-Lac, Dordoña, Francia. Se multiplicaron las muestras de arte mueble o portátil, con esculturas y relieves de animales en hueso y cuerno, así como miles de grabados en pequeñas placas de piedra, que en unas pocas ocasiones representan motivos abstractos de líneas y puntos o secuencias de muescas y surcos. La mayor colección de arte mueble en Europa se ha encontrado en la Cueva del Parpalló, en el territorio municipal español de Gandía, contando con más de 5.600 placas grabadas y pintadas. Se fabricaban también adornos como colgantes de cisne de ámbar o cuentas de marfil y cuerno en Rusia. Llaman la atención las figurillas de Venus, talladas con detalle y representando a mujeres de formas exageradas. En el arte rupestre se observa un estilo análogo, ya que se han descubierto bajorrelieves de Venus que tal vez representen a una diosa madre. Pero el grueso del arte parietal está en los valles del Vézère y del Dordoña (en Francia), en los Pirineos y en la cordillera Cantábrica (en España), si bien se han encontrado pinturas y grabados en yacimientos muy alejados de estas regiones.
Los cromañones se extendieron rápidamente por todas las áreas eurosiberianas, coexistiendo con los neandertales durante unos 10 000 años, lo que, según la mayoría de los investigadores, fue el desencadenante de que estos últimos produjeran las industrias châtelperronienses y comenzaran a utilizar adornos personales como collares de cuentas o de dientes. Pero algunos autores creen que fueron los neandertales los inventores del modo 4 y que los cromañones lo copiaron, ya que, dicen, esta tecnología no se la encuentra inicialmente fuera de Europa. Incluso pudieron haberla creado ambos de forma paralela, imitándose mutuamente. Además, en algún yacimiento del norte ibérico no hay diferencias claras entre la economía y el instrumental lítico de los musterienses previos y los auriñacienses posteriores. Algo que sí ocurre en otros yacimientos. Para Eiroa, los orígenes del modo 4 estarían en diferentes áreas de Oriente Próximo y Europa entre 47-37 000 AP. En lugares como Ksar Aqil (Líbano), Boker Tachtit (Néguev) y, quizás, Starojelse (Crimea) se habría producido una transición entre el método Levallois y las técnicas de hojas que se extenderían por toda Europa.
Industrias neandertales similares a la chatelperroniense han sido identificadas con distintas denominaciones en Italia (Uluzziense), Europa central (Szeletiense) o Bulgaria (Bachokiriense). En la Iberia mediterránea y, posiblemente, en las penínsulas itálica, balcánica y de Crimea, los neandertales permanecieron como únicos pobladores, mientras al norte se extendían sus competidores. Está comprobado que el río Ebro actuó como frontera hasta hace unos 30 000 años: en el Cantábrico y Cataluña hay yacimientos auriñacienses previos a esas fechas, mientras que al sur son todos musterienses.