Serantes es una parroquia perteneciente al concejo de Tapia de Casariego (y con anterioridad a 1863 al de Castropol), en el Principado de Asturias, España.

Serantes es un topónimo frecuente en el Norte de España (un monte en Vizcaya, entre los municipios de Santurce y Ciérvana; localidades gallegas de los municipios de Ferrol, Oleiros, Lage, Cariño, Carballo, Mugía, Outes, Santiso y Villanueva de Arosa) por lo que puede tratarse de una palabra de origen celta, con una trayectoria similar a la de Deva, que da nombre a sendos ríos en Asturias y Guipúzcoa. thumb|Valle del río Tol en Serantes

Situación La parroquia de Serantes ocupa el extremo noroccidental del municipio de Tapia de Casariego, limitando al norte con el Mar Cantábrico, al oeste con la parroquia de Barres (Castropol), al sur con las de Tol (Castropol) y El Monte y al este con la de la capital municipal. Cuenta con 722 habitantes censados (2009), que probablemente llegan a duplicarse en época estival. Aparte del lugar que da nombre a la parroquia, los más poblados de ella son, Pedralba, Vilanova, Sampolayo, La Lomba, La Penela, Rapalcuarto, Villamil y Santa Gadea.

Geología Litología y edafología Desde el punto de vista geológico el suelo de Tapia es de formación silúrica compuesto principalmente de cuarcitas y pizarras cámbricas.

Se trata en cualquier caso de materiales geológicos de naturaleza silícea, sobre los que desarrollan suelos ácidos pobres en sales minerales (suelos oligotróficos y mesotróficos). En los fondos de valle, los materiales aluviales pueden aportar una mayor fertilidad a los suelos y facilitar la existencia de perfiles edáficos más profundos y desarrollados.

Geomorfología y relieve

El terreno es esencialmente llano, solo accidentado por los mínimos valles del pequeño río de Tol, que atraviesa de sur a norte la parroquia, de su afluente el arroyo de Villamil y del igualmente mínimo arroyo Pelegríus.

El relieve tiene altitudes bastantes suaves y con pocas pendientes. El litoral se encuentra muy batido por el oleaje marino, contando con varios acantilados e islotes de pequeña altitud. La costa alberga el puerto natural o ensenada de Santagadea y varias playas, de las que las conocidas en conjunto como de Serantes o del Sarello son especialmente atractivas.

Hidrografía Su curso fluvial más importante es el pequeño río de Tol, o río de Serantes, que nace al pie del monte Pousadoiro y que desemboca en la playa del Sarello; el arroyo de Villamil es un afluente suyo por el costado occidental, mientras que el arroyo Pelegríus desemboca en la playa de La Paloma tras atravesar Rapalcuarto y Calambre.

Se trata de cauces de escasa entidad, especialmente los dos últimos. Aunque el hidroperiodo es permanente, los caudales estivales son reducidos.

Climatología El clima es de tipo atlántico, con las temperaturas máximas y mínimas muy suavizadas por la influencia del mar. Por el pequeño tamaño del concejo las diferencias climáticas entre su franja costera y sus pequeñas altitudes son escasas.

La temperatura media en la época estival es de 20,5 °C la máxima y 14,4 °C la mínima. En invierno éstas llegan a los 10,5 °C y 5,3 °C.

La precipitación media anual es del orden de 900 mm, una de las más moderadas de Asturias.

Una de las características en Tapia, al igual que muchas localidades del Principado es la significativa frecuencia de las brumas marinas.

Vegetación y paisaje thumb|Pino gallego (Pinus pinaster) thumb|Aliso (Alnus glutinosa) Paleobotánica Durante la era terciaria la vegetación subtropical dominó el paisaje ibérico, cuando el clima era cálido y húmedo. Esta vegetación lauroide, se caracteriza por la adaptación para condensar sobre sus hojas y escurrir hacia el suelo la elevada humedad atmosférica y las microgotas de agua de la niebla, mediante hojas perennes, elípticas, duras (coriáceas) y acabadas en punta. Con especies características como laureles, acebos, madroños, loros... todavía presentes en las laurisilvas de las Islas Canarias, Azores y Madeira, y en enclaves relícticos de la península ibérica.

En este bosque subtropical, el tupido dosel de las copas de los árboles habría impedido la llegada de luz al suelo, limitando fuertemente el desarrollo del sotobosque. Sin embargo, en las soleadas copas de los árboles prosperarían lianas trepadoras y los epífitos. En este bosque húmedo, cálido y sombrío eran muy abundantes los helechos, algunos de ellos arborescentes.

El registro fósil ha constado también la existencia de coníferas como pinos, abetos y secuoyas en la cornisa cantábrica durante esta era.

En la era cuaternaria, las sucesivas glaciaciones del pleistoceno se caracterizaron por un clima frío y seco. Las laurisilvas desaparecen y el paisaje ibérico está dominado por las estepas y los pinares. Sin embargo en las zonas costeras de la cornisa cantábrica, parte de la vegetación subtropical persistió gracias a la cercanía del mar, que suavizó las frías temperaturas y aumentó la humedad.

Tras las glaciaciones, en el holoceno el paisaje cantábrico aparece dominado por el bosque templado eurosiberiano, típico de Centroeuropa. Este bosque de frondosas se caracteriza por sus hojas planas y caedizas (robles, hayas, castaños, fresnos, abedules, arces, serbales, avellanos, etc.). Sin embargo, en las zonas costeras de la cornisa cantábrica junto con este bosque templado perduran todavía elementos característicos de periodos anteriores: vegetación subtropical lauroide y pinos.

Vegetación potencial

En los bosques costeros de la cornisa cantábrica se mezclan principalmente elementos florísticos eurosiberianos y subtropicales.

La vegetación autóctona de la zona sería principalmente un bosque de frondosas claramente dominado por el carballo (Quercus robur), con bastantes laureles (Laurus nobilis).

Dentro de este robledal aparecerían dispersas otras frondosas como nogales (Juglans regia), castaños (Castanea sativa), abedules (Betula alba), fresnos (Fraxinus angustifolia), serbales (Sorbus aucuparia), arces (Acer psedoplatanus, Acer platanoides, Acer opalus ssp. opalus y Acer campestre), tilos (Tilia platyphyllos), majuelos (Crataegus monogyna), cerezos (Prunus avium), perales (Pyrus pyraster) y manzanos (Malus sylvestris) silvestres, y posiblemente también higueras (Ficus carica).

En el sotobosque encontraríamos avellanos (Corylus avellana), madroños (Arbutus unedo), acebos (Ilex aquifolium) y brusco (Ruscus aculeatus).

En este bosque aparecerían numerosas plantas trepadoras. Además de la hiedra (Hedera helix), encontraríamos madreselva (Lonicera periclymenum), zarzaparrilla (Smilax aspera) y nueza negra (Tamus communis).

En las zonas con mejores suelos, como los fondos de valle de las vaguadas de los arroyos, el carballo no sería dominante, y el bosque sería más bien un bosque mixto con una mayor abundancia del resto de las especies.

En las márgenes de los ríos y arroyos, según aumentara progresivamente la proximidad al cauce (mayor frecuencia y duración de las inundaciones y mayor encharcamiento del suelo por la influencia de la capa freática) irían aumentando progresivamente especies como fresnos, nogales y abedules, aunque los carballos no desaparecerían ya que toleran bien los suelos encharcados. En las riberas de estos arroyos, junto a fresnos, nogales, abedules y robles, según nos acercamos al cauce aparecerían otras especies como sauces (Salix spp.) y saúcos (Sambucus nigra) hasta constituir un bosque de ribera propiamente dicho. En la misma orilla, prácticamente dentro del agua, la primera línea de arbolado estaría dominada por los alisos (Alnus glutinosa).

Los elementos y características del ancestral bosque lauroide subtropical, que todavía están presentes en los bosques cantábricos, se conservarían muy particularmente en estos bosques de ribera cercanos al mar, por su mayor humedad freática y atmosférica. Así encontraríamos helechos relícticos (Woodwardia radicans, Culcita macrocarpa, Vandesboschia speciosa, Dyopteris aemula, Dyopteris gaunchica, Hymenophyllum tunbrigense...), árboles lauroides (como loros, Prunus lusitanica), lianas, trepadoras y en menor medida epífitos. Muchos de estos elementos (como los helechos subtropicales o los loros) no han sido datados en el concejo y probablemente hayan desaparecido debido a la acción del hombre, pero han sido citados en otros enclaves cantábricos de similares características ecológicas.

A mayor altitud, en las zonas montañosas situadas al norte del concejo y prácticamente ya fuera de él, podríamos encontrar principalmente abedulares y hayedos (Fagus sylvatica), estos últimos ya cerca del límite occidental de su distribución ibérica y mundial que es el valle del Eo.

En los suelos menos desarrollados o más arenosos (con poca capacidad de retención de agua, y por tanto con cierta sequía edáfica) aparecería de forma natural el pino gallego (Pinus pinaster ssp. atlantica).

El matorral heliófilo que sustituye a estos bosques en la mayoría de los casos es el tojal (Ulex europaeus). En los acantilados castigados por el viento y las zonas de mayor altitud el tojal se combina con los brezos (Erica spp., Calluna vulgaris y Daboecia cantabrica). En las zonas soleadas y húmedas (en las vaguadas con humedad freática, o sobre suelos con un horizonte superficial profundo y rico en materia orgánica, y por tanto con gran capacidad de retención de agua) aparece el helecho águila (Pteridium aquilinum). Y en las riberas de los ríos cuando se elimina el arbolado, y en los setos entre las fincas se encuentra la zarzamora (Rubus caesius).

Los prados están formados por gramíneas vivaces como Dactylis glomerata, Cynosurus cristatus, Holcus lanatus, Lolium arundinaceum, Poa trivialis, poa de los prados (Poa pratensis), Lolium perenne, Festuca rubra; leguminosas como el trébol violeta (Trifolium pratense), trébol blanco (Trifolium repens), loto o cuernecillo (Lotus corniculatus); compuestas como Thrincia hirta, Thrincia hispida, garbanzón (Centaura nigra), diente de león (Taraxacum officinale), Linum bienne, y plantas de otras familias botánicas: primavera (Primula vulgaris), llantén (Plantago lanceolata) o Cardamine pratensis, entre otras especies, hasta un total de en torno a cien especies pratenses.

Las primeras etapas de colonización natural arbórea estaría constituida por el pino gallego y el abedul. Especies robustas o heliófilas (que en sus primeros años tras germinar no toleran una cubierta arbórea tupida que les dé sombra), con semillas de fácil dispersión y crecimientos rápidos o medios. En menor medida el serbal aparecería también entre este arbolado colonizador. En las zonas con suelos más compactados, arcillosos, húmedos o encharcados esta colonización sería más favorable para el abedul, mientras que los suelos más arenosos o poco profundos serían más favorables para el pino gallego. En la mayoría de las ocasiones estas formaciones colonizadoras serían lentamente sustituidas de forma natural y espontánea por los robledales y bosques mixtos, aunque sobre los suelos más arenosos o poco profundos los pinares serían definitivos.

Por tanto, el pino gallego tiene un doble comportamiento ecológico. Por una parte se comporta como vegetación colonizadora de espacios deforestados (siendo posteriormente desplazado por otras formaciones boscosas). Y, por otra, sobre suelos arenosos constituye la vegetación arbórea definitiva o climácica (es decir, correspondiente al clímax ecológico).

Por su parte, el abedul tendría también un comportamiento ecológico todavía más plástico. Como vegetación definitiva forma junto con el haya bosques climácicos a mayor altitud que los robledales de la rasa. Y a menor altitud tiene otros dos papeles ecológicos: uno como vegetación colonizadora de espacios deforestados, y otro en la vegetación riparia o de ribera en torno a los cauces fluviales.