El Museo Nacional de Capodimonte () es un museo de Nápoles, Italia, situado en el interior del palacio homónimo en la zona de Capodimonte, que alberga varias galerías de arte antiguo, una de arte contemporáneo y un apartamento histórico.

Fue inaugurado oficialmente como museo en 1957, aunque las salas del palacio han albergado obras de arte desde 1758. Conserva predominantemente pinturas, distribuidas principalmente en las dos colecciones principales, la Farnesio, de la que forman parte algunos grandes nombres de la pintura italiana e internacional como Rafael, Tiziano, Parmigianino, Brueghel el Viejo, El Greco, Ludovico Carracci o Guido Reni; y la Galería Napolitana, que se compone de obras provenientes de iglesias de la ciudad y de sus alrededores, transportadas a Capodimonte por razones de seguridad tras las supresiones de las órdenes religiosas, y cuenta con obras de artistas como Simone Martini, Colantonio, Caravaggio, Ribera, Luca Giordano o Francesco Solimena. También es importante la colección de arte contemporáneo, en la que destaca Vesuvius de Andy Warhol.

Historia Siglo thumb|Carlos de Borbón, quien decidió la construcción del Palacio Real de Capodimonte para colocar allí la colección Farnesio. Carlos de Borbón, que ascendió al trono de Nápoles en 1734, se planteó el problema de proporcionar un lugar digno para colocar las obras de arte heredadas de su madre, Isabel Farnesio, que formaban parte de su colección familiar, iniciada por el papa Paulo III en el siglo y continuada por sus herederos. Dispersas todavía entre Roma y Parma, algunas obras, en particular aquellas cuyo valor superaba los gastos de transporte, fueron trasladadas en un primer momento al Palacio Real de Nápoles. Entre los artífices más destacados de estas obras se encontraban Rafael, Annibale Carracci, Correggio, Tiziano y Parmigianino. Sin embargo, en este palacio no había una galería de arte propiamente dicha; más tarde se trasladó también el resto de la colección y se conservó en el interior de los depósitos del palacio, donde sin embargo su integridad estaba amenazada por elementos naturales como la cercanía al mar. En 1738 el rey inició las obras para la construcción de un palacio en la colina de Capodimonte que pretendía usar como museo. Al mismo tiempo, un equipo de expertos diseñó las habitaciones interiores en las que se iba a colocar la colección: su proyecto contemplaba que las obras de arte se colocaran en las habitaciones que dan hacia el sur, hacia el mar. Con la construcción todavía incompleta, en 1758 se colocaron los primeros lienzos en doce habitaciones, organizados por artistas y escuelas pictóricas. Sin embargo, no se conoce con exactitud cuáles fueron las obras que se expusieron en el museo, ya que los anuarios de la época fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial. Junto a su uso como museo, ya en 1755 se había instituido la Real Academia del Desnudo en el palacio, que fue confiada a la dirección del pintor Giuseppe Bonito.

En 1759 se trasladó el resto de la colección: se trataba de los cartones preparatorios para los frescos de la Capilla Paulina de Miguel Ángel y de la Sala de Heliodoro de Rafael en el Vaticano, así como cuadros de Giorgio Vasari, Andrea Mantegna y Masolino da Panicale. Entre los visitantes de la época se encontraban Jean-Honoré Fragonard, el marqués de Sade, Joseph Wright of Derby, Antonio Canova, Johann Wolfgang von Goethe y Johann Joachim Winckelmann. En torno al final de la década de 1770, con el traslado de otras piezas de la colección Farnesio, el museo llegó a ocupar veinticuatro salas. También se compraron nuevos cuadros, los primeros de los pintores meridionales, como Polidoro da Caravaggio, Cesare da Sesto, José de Ribera o Luca Giordano, además de los paneles de Anton Raphael Mengs, Angelika Kauffmann, Élisabeth Vigée-Le Brun y Francesco Liani. En 1783 se adquirió la colección del conde Carlo Giuseppe di Firmian, que contenía unos veinte mil grabados y dibujos de artistas como Fray Bartolomeo, Perin del Vaga, Alberto Durero y Rembrandt. En esta misma época se inauguró, por sugerencia del pintor de corte Jakob Philipp Hackert, un laboratorio de restauración confiado primero a la dirección de Clemente Ruta y posteriormente de Federico Andrés. En 1785, durante el reinado de Fernando I de las Dos Sicilias, se instituyó el Reglamento del Museo de Capodimonte, en el que se definieron los horarios de apertura, las tareas de los custodios, las responsabilidades del consignatario y las condiciones de acceso de los copistas, pero sin embargo no se liberalizó el acceso a la población general —pese a que esto ya sucedía en otros museos borbónicos— salvo que se contara con un permiso emitido por la Secretaría de Estado. A finales del siglo , cuando el museo albergaba unos mil ochocientos cuadros, se decidió crear un único centro museístico napolitano y la decisión recayó en el Palazzo degli Studi, el futuro Museo Arqueológico Nacional. Las obras para este nuevo uso público del palacio habían empezado en 1777 a cargo de Ferdinando Fuga, con la intención de transportar allí toda la colección Farnesio y la Herculanense, esta última formada tras los hallazgos de las excavaciones arqueológicas de Pompeya, Herculano y Estabia, además de convertirlo en sede de la biblioteca y la academia.

Siglo thumb|right|Joaquín Murat, el soberano que amuebló las habitaciones del palacio. En 1799 se dio un duro golpe al museo con la llegada a Nápoles de los franceses y la breve institución de la República Partenopea. Temiendo lo peor, el año anterior Fernando ya había trasladado a Palermo catorce obras maestras. Los soldados franceses saquearon numerosas obras: de los 1783 cuadros que formaban parte de la colección, 329 de los cuales pertenecían a la colección Farnesio y el resto procedían de adquisiciones borbónicas, treinta se destinaron a la República, mientras que otros trescientos fueron vendidos, particularmente en Roma. Tras su regreso a Nápoles, Fernando ordenó a Domenico Venuti que encontrara las obras saqueadas. Sin embargo, las pocas que se recuperaron no volvieron a Capodimonte, sino al Palazzo Francavilla, la nueva sede escogida para el museo de la ciudad.

El inicio del decenio francés en 1806 se correspondió con el abandono definitivo del papel museístico del Palacio Real de Capondimonte en favor de un uso residencial. Todas las obras se trasladaron al interior del Palazzo degli Studi, aunque para decorar las nuevas salas del palacio se utilizaron pinturas provenientes de monasterios suprimidos como el de Santa Caterina a Formiello, Monteoliveto y San Lorenzo, tanto que Joaquín Murat propuso la creación en Capodimonte de una galería napolitana, con la intención, como él mismo dijo, de «estimular el genio de la juventud, siguiendo el ejemplo de los antiguos maestros».

Tras la restauración de los Borbones en 1815, el Palacio Real de Capodimonte continuó teniendo un uso residencial. Las paredes de las salas se adornaron con cuadros enviados por jóvenes artistas napolitanos mandados a Roma para estudiar a expensas de la Corona, que podían mostrar así sus progresos. En 1817 llegó al palacio la colección del cardenal Borgia, muy deseada por Murat pero cuya adquisición fue completada por Fernando. Sin embargo, en estos años no faltaron ejemplos de dispersión de las obras que formaban parte del antiguo museo, como las donadas a la Universidad de Palermo en 1838 o la venta de la colección de Leopoldo de Borbón-Dos Sicilias, hermano de Francisco I de las Dos Sicilias, a su yerno Enrique de Orleans para saldar las deudas de juego, que posteriormente se trasladó al Palacio de Chantilly.

Tras la unificación italiana y el nombramiento como director de la Casa Real de Annibale Sacco, el Palacio Real de Capodimonte, además de continuar teniendo un uso residencial, volvió de nuevo a tener, aunque no oficialmente, un uso museístico. Tras la cesión de unos novecientos cuadros, bajo las órdenes de Sacco y sus colaboradores Domenico Morelli y Federico Maldarelli, se trasladaron a las salas del palacio numerosas porcelanas y biscuits, que se colocaron en el ala noroeste; pinturas napolitanas, que en poco más de veinte años superaron las seiscientas unidades; y más de cien esculturas. Todas las obras se dispusieron cronológicamente, según los estándares museísticos modernos, en las salas del piano nobile que rodean el patio septentrional, creando una especie de pinacoteca. En 1864 se trasladó la colección de armas farnesiana y la de la armería borbónica. En 1866 fue el turno del salottino de porcelana del gusto chinesco de María Amalia de Sajonia, situado inicialmente en una habitación del Palacio Real de Portici, mientras que en 1880 se trasladaron tapices tejidos por la Manufactura Real y animales de pesebre de la artesanía napolitana. El Palacio Real de Capodimonte volvió a convertirse de esta manera en un centro cultural napolitano hasta el punto de que en 1877 se realizó en su interior una fiesta con ocasión de la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Siglos y thumb|Benedetto Croce, una de las personas que trabajaron para la creación del museo. El inicio del siglo marcó una época de estancamiento en la fase de musealización: el palacio se convirtió en residencia fija de la familia del duque de Aosta, mientras que las colecciones que formarán el núcleo del futuro museo estaban todavía en el Palazzo degli Studi, que tras la unificación italiana había recibido el nombre de Museo Arqueológico Nacional. Pese a la adquisición de obras de pintores como Masaccio, en 1901, y Jacopo de' Barbari, entre los años veinte y treinta se alcanzó el punto álgido de las cesiones. Estas se realizaron en parte para satisfacer las peticiones de Parma y Piacenza, como una especie de resarcimiento de lo que se había llevado Carlos de Borbón, y en parte para amueblar salas de las sedes institucionales del Estado Italiano —como el Palacio del Quirinal, el Palazzo Montecitorio o el Palazzo Madama—, embajadas en el exterior y universidades. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, las colecciones de los museos napolitanos se trasladaron, en verano de 1940, a la Abadía de la Santísima Trinidad de Cava de' Tirreni y, en 1943, tras el avance de los alemanes, a la Abadía de Montecasino. Sin embargo, las tropas de la división Göring consiguieron saquear cuadros de Tiziano, Parmigianino, Sebastiano del Piombo y Filippino Lippi, que fueron encontrados tras el final del conflicto en una cantera cerca de Salzburgo y devueltos a Nápoles en 1947.