Aman, también llamado el Reino Bendecido o las Tierras Imperecederas, es un continente ficticio perteneciente al legendarium del escritor británico J. R. R. Tolkien, que aparece en su novela El Silmarillion y es nombrado en El Señor de los Anillos. Es el continente que, originalmente, era el más occidental de los territorios sobre el filo del Mundo, al otro lado del gran océano Belegaer. Sus costas occidentales miraban al Mar Exterior, llamado Ekkaia por los elfos. Más allá de este mar se encuentran los Muros de la Noche.

Debe su nombre a que allí se establecieron los Valar luego de la destrucción de su primera morada en la isla de Almaren, en el año 3450 de la edad de las lámparas a causa de la destrucción provocada por el inesperado ataque de Melkor. Fue fortificado con las montañas de las Pelóri que cercaban su costa oriental. De entre todas las Pelóri, la más alta era el Taniquetil, donde Manwë estableció su residencia en la torre de Ilmarin.

Más adelante, Aman se convirtió también en el hogar de los Calaquendi, o elfos de la luz, que se establecieron en distintas regiones. La tierra de los Valar en Aman es Valinor y su ciudad de residencia es Valmar (a veces Valimar). Otras ciudades importantes en Aman son Tirion, Formenos y Alqualondë. Frente a la costa oriental se encuentra la isla de Tol Eressëa.

Algunos lugares de Aman

Araman

Se llama Araman al territorio que se extiende entre las Pelóri y el Belegaer en la región norte de Aman. De gran extensión, puesto que comenzaba justo donde empieza la cadena montañosa, se curvaba hacia el Oeste; y comunicaba las Tierras Imperecederas con el Helcaraxë, y por ende con la Tierra Media.

Avathar Avathar son las tierras ubicadas en el extremo sur de Aman, entre las laderas orientales de las Pelóri y el Mar de las Sombras. En esa oscura región y en una hondonada al pie del monte Hyarmentir habitaba la Monstruosa Ungoliant. Melkor también se ocultó en esa región luego de descubierta su estrategia de corromper a los Eldar.

La palabra «avathar» es quenya y puede traducirse como ‘las sombras’, y la región se denomina así porque no llegaba a ella la luz de los árboles.

Eldamar

Eldamar, que significa "Hogar de los Elfos" en Lengua Quenya, corresponde a la región de Aman en que habitan los elfos. Eldamar se encuentra en la región nororiental de Aman, cerca de la Cintura de Arda, rodeando la bahía del mismo nombre. Su territorio se extendía a ambos lados de las enormes montañas Pelóri e incluía la gran isla de Tol Eressëa y la región de Alqualondë. A veces se la llama Elendë en los relatos.

Estancias de Mandos

Las estancias de Mandos son las mansiones del Vala Námo, conocido también como Mandos; se encuentran en la orilla occidental de Aman, donde las olas de Ekkaia rompen contra las Tierras Imperecederas. Ésta es la Mansión de los Muertos, en dónde el espíritu de los Elfos va cuando mueren, y en la cual residirán hasta que Arda sea rehecha, o bien, se les permita salir con el favor de los Valar; se dice que los espíritus de los hombres y enanos muertos residen en estancias distintas a la de los Elfos, pero esto es incierto, ya que sólo Ilúvatar conoce el destino final del pueblo de Aulë y de los Edain.

Historia de Aman

La creación de Arda: el comienzo Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar, creó a los Ainur, vástagos de su pensamiento, cada uno de ellos provenía de una parte de la mente de Ilúvatar, y ellos comprendían sólo la parte de dónde cada uno provenía. Ilúvatar los instruyó en música, para después convocarlos y pedirles que hicieran una Gran Música, y estos, con una variedad de instrumentos y con sus poderosas voces, hicieron una música que tuvo tres Movimientos; no ha habido música que se compare con la creada por los Ainur en los anales del tiempo. Dentro de la música se entretejió gran parte de las cosas que son y las cosas que serán, y otras cosas están sólo a merced de la voluntad de Eru, pues los mismos Ainur son parte de sus propios designios. Así fue como Eru les mostró lo que ellos habían plasmado en la música que crearon, vieron un Mundo hecho visible, y era un globo en el vacío; y se desplegó ante ellos su historia, y les pareció que vivía y crecía, y muchos de ellos se regocijaron y se alegraron con la contemplación de tantos colores, y fue así como varios de los Ainur desearon que tal visión se hiciera realidad, y querían formar parte de los acontecimientos y darle forma al mundo, para así prepararlo para la venida de los hijos de Ilúvatar (Elfos y Hombres), entonces Eru hizo la visión una realidad, y los Ainur que desearan morar en el nuevo mundo lo podían hacer, pero tenían que estar atados a su destino, tomar forma física y morar en él hasta que estuviera completado, de modo tal que ellos fuesen la vida del Mundo y el Mundo fusese su vida. Y por esto mismo se les llama los Valar, los Poderes del Mundo.

Tras entrar a Eä, el mundo que es, los Valar tomaron una forma física, parecida a la visión de los hijos de Ilúvatar, excepto en majestad y esplendor, y le dieron forma al Mundo, pero hubo uno entre ellos, Melkor, que deseaba reinar por sobre todos sus hermanos, y sus hermanos cavaron valles y Melkor los levantó; levantaron montañas y Melkor las derribó; ahondaron mares y Melkor los derramó; y nada podía conservarse en paz ni desarrollarse sin que Melkor lo deshiciera o corrompiera, sin embargo, todo esto dio forma al Mundo como fue en un inicio. Pasó entonces que los Valar hicieron guerra a Melkor, porque no estaban seguros de cuando llegarían los primeros nacidos, los Elfos, los primeros hijos de Ilúvatar; fue entonces cuando el Vala Tulkas, enviado por el mismo Eru para ayudar a los Valar en su lucha contra Melkor, llegó a Arda, y Melkor, ante el poderío y la furia de los Valar, se vio forzado a retirarse, abandonando el Mundo por un tiempo.

La Edad de las Lámparas Luego de la Primera Guerra contra Melkor, Yavanna plantó en Arda las semillas que tenía preparadas y pidió a su esposo, Aulë, que construyera dos poderosas lámparas con las que iluminar el mundo. Varda se encargó de llenarlas de luz y Manwë las consagró, siendo posteriormente situadas sobre dos altos pilares, uno en el norte, donde colocaron a Illuin, y otro en el sur, coronado por Ormal.

Los Valar y los Maiar se asientan por aquella época en las regiones centrales de la Tierra Media, donde levantan su primera vivienda permanente en Arda: Almaren. Comienza entonces lo que se denomina «la Primavera de Arda», época en la que el mundo era joven y hermoso, lleno de vida, inclusive en la Tierra Media. Entonces, los Valar se alegraron, e hicieron una gran fiesta, en la cual Tulkas se desposó con la valië Nessa. Fue en ese momento en que Melkor, gracias a los espías que aún tenía entre los Valar, vio su momento de venganza, y llamando consigo a todos sus fieles servidores, cavó y edificó una gran fortaleza, Utumno, al nordeste de la Tierra Media, a la sombra de las Montañas de Hierro que él mismo levantó. Desde ahí la oscuridad empezó a crecer, arruinando la Primavera de Arda; pero los Valar, en su fiesta y con la luz de las lámparas, no se percataron del peligro hasta demasiado tarde, cuando Melkor derribó las dos lámparas, con lo cual Almaren quedó destruida y tuvieron que retirarse para siempre de la Tierra Media.

Desde entonces, los Valar se fueron a habitar al continente de Aman, que fortificaron levantando las Montañas Pelóri.

La Edad de los Árboles o de las Estrellas Tras establecerse en Aman, los Valar crearon los Dos Árboles de Valinor, el Plata, Telperion y Laurelin, el Dorado, que iluminaban toda Aman con la luz que emitían. Entonces comenzó la Cuenta del Tiempo, y aquel fue el primer día del mundo. En el momento en que la Valië Varda, la Señora de los Cielos, creó nuevas y más brillantes estrellas con el rocío plateado que recogió de las tintas de Telperion, en la Tierra Media despertaron los Primeros Nacidos, los elfos, que fueron encontrados por Oromë y que en aquel momento fueron llamados Eldar, término que luego se reservó solo para aquellos que llegaron a las Tierras Imperecederas.

Los Valar decidieron entonces llevar al continente de Aman a los elfos pues en la Tierra Media existía la gran maldad de Melkor. Incluso antes de que los Valar llegaran a rescatarlos, Melkor se enteró de su existencia y raptó a muchos de los Elfos que, mediante torturas, convirtió en Orcos. Otros Elfos renunciaron a seguir a Oromë hasta Aman, y se convirtieron en los Moriquendi, los que nunca vieron la luz de los Árboles.

Los Valar entonces crearon la ciudad de Eldamar especialmente para los Elfos y los convocaron a las Tierras imperecederas. Ulmo, el vala de los océanos los llevó a las Tierras Imperecederas cruzando el gran mar Belegaer en una isla que convirtió en su barco, llamada Tol Eressëa. Cuando les llegó el turno de cruzar a los Teleri, estos amaban tanto el mar que el maia Ossë convenció a Ulmo para que anclara la isla frente a la bahía de Eldamar.

Entre los elfos que llegaron al Reino Bendecido se cuentan los Vanyar, la mayor parte de los Noldor y muchos Teleri, comandados por Ingwë, Finwë y Olwë respectivamente; los Teleri fueron guiados inicialmente por Elwë Singollo, pero debido a que este se desvió del camino luego de encontrarse con Melian la maia y permaneció desaparecido por un tiempo, los Elfos Teleri que aún desearon seguir el camino a Aman fueron guiados por Olwë, hermano de Elwë; pero hubo quienes que por amor a Elwë decidieron quedarse y buscarlo, y ellos fueron los Sindar, los Elfos Grises, llamados así por los Noldor porque no lograron ver la luz de los árboles, pero tampoco se negaron a seguir a los Valar en un inicio; su residencia principal fue Doriath, su rey fue Elwë, quien tomó el nombre de Elu Thingol, Rey Mantogrís en lengua sindarin, y su reina fue Melian, y rigieron desde Menegroth, las mil cavernas, capital del reino.

En el año 1169 de la Edad de los Árboles nace Fëanor, primogénito del rey noldo Finwë; Fëanor, espíritu de fuego, es considerado el mayor artífice de la historia de elfos y hombres, dotado de una inteligencia y una habilidad sin par. Creó las Tengwar, se dice las Palantiri, y forjó muchos tesoros de poderío y belleza inigualable; pero su obra maestra fueron los Silmarils, joyas que contenían la luz de los Dos Árboles de Valinor; se dice que Fëanor se inspiró en la cabellera de la dama Galadriel para crear las tres joyas, debido a que tenía los cabellos iluminados de oro, como si hubiera atrapado en una red el resplandor de Laurelin.

Casi al final de la Edad de los Árboles (así llamada en Aman, llamada la Edad de las estrellas en la Tierra Media) sucedió que algunos de los Noldor que habían viajado a las Tierras Imperecederas volvieron a la Tierra Media a causa del robo los Silmarils y el asesinato de Finwë, Rey Supremo de los Noldor, por lo que Fëanor, Fingolfin, Fingon, Turgon, Finrod, Galadriel, entre otros Noldor, guiaron a su pueblo fuera de las Tierras Imperecederas en persecución de Melkor, que había envenenado los Dos Árboles y robado los tres Silmarils en complicidad con Ungoliant. Desde el momento que los Noldor emprendieron camino hacia la Tierra Media y pisaron la bahía de Alqualondë quedó forjado el destino que muchos de los Altos Elfos tendrían durante la Primera Edad del Sol, esto en consecuencia del pronunciamiento del Juramento de Fëanor y de la primera de las tres matanzas de Elfos por Elfos, por lo cual Mandos, a su vez, pronunció una maldición, conocida como la Maldición de Mandos o el Hado de los Noldor, la cual recae sobre todos aquellos Noldor que busquen los Silmarils.

Fëanor cae herido de muerte a manos de Gothmog, señor de los Balrogs, en la primera batalla de las guerras de Beleriand, tras un encarnizado combate con un grupo de Balrogs; luego, en su lecho de muerte, encomendó a sus hijos atenerse al juramento y vengar la muerte del padre, y así continuó vigente el juramento.

Primera Edad del Sol: guerra contra Melkor por los Silmarils