La literatura de Costa Rica es aquella que ha sido escrita por autores costarricenses. Históricamente, la literatura costarricense tiene antecedentes en la colonia y marcada influencia europea, por lo que la mayoría de sus obras se han producido principalmente en idioma español, aunque también se han escrito numerosas obras en otros idiomas, como inglés y francés. Al ser Costa Rica un país joven, su literatura también lo es, y se puede iniciar su historia hacia finales del . Entre sus mayores exponentes se encuentran Aquileo Echeverría, Carmen Lyra, Carlos Luis Fallas, Joaquín García Monge, Carlos Salazar Herrera, Joaquín Gutiérrez Mangel, Fabián Dobles, Isaac Felipe Azofeifa, Jorge Debravo, José León Sánchez y Anacristina Rossi, entre muchos otros.
Periodización
La periodización de la literatura ha provocado confusión en algunos casos, debido a los criterios usados para definir los periodos y los nombres que se han utilizado. Para este artículo se ha tratado de hacer coincidir los mismos nombres dados por distintos estudiosos (entre ellos Carlos Francisco Monge, Rogelio Sotela, Carlos Rafael Duverrán), esto con el fin de lograr armonía entre los criterios.
Actualmente, la periodización de la literatura costarricense que tiene mayor vigencia es la propuesta por el profesor Álvaro Quesada Soto. Según este autor, desde las primeras publicaciones literarias hechas en Costa Rica a finales del , hasta la actualidad, pueden reconocerse cinco periodos, a los cuales tradicionalmente se les conoce con el nombre de generaciones, aunque, en el sentido estricto, dichas agrupaciones no constituyen una generación en el sentido que en literatura se le ha dado a este término.
Debe tenerse en cuenta que los distintos movimientos literarios en el mundo hispano llegan a Costa Rica tardíamente, para prolongarse aun cuando estos habían sido superados en el resto de América; también se traslapan con las nuevas modas y es común que un mismo escritor participe en varios de ellos.
Antecedentes
Tal y como afirma el teórico literario Álvaro Quesada: "La formación de una literatura nacional en Costa Rica se asemeja, en líneas generales, a la formación de otras literaturas nacionales en los países latinoamericanos y particularmente los centroamericanos. Ese proceso forma parte de un esfuerzo más amplio, la construcción o invención de la 'nación', como una 'comunidad imaginada' más que una realidad sustantiva: esfuerzo que a su vez, responde a un proyecto de unificación y centralización del poder económico, político e ideológico, alrededor de un grupo hegemónico criollo ligado a la exportación de productos agrícolas para el mercado internacional." (Uno y los otros, San José: EUCR, 1998: 17.) Según esto, entonces, la conformación de la literatura costarricense fue similar a la del resto de América Latina, especialmente la de Centroamérica. Y si bien ya desde el hay ejemplos de autores que aún hoy gozan de reconocimiento, específicamente aquellos pertenecientes a la "Lira costarricense" (recopilada por Máxximo Fernández entre 1890-1891), como Aquileo J. Echeverría o Lisímaco Chavarría; o los de la "generación del Olimpo", como Carlos Gagini y Ricardo Fernández Guardia, no es sino hasta el que se puede hablar de una literatura más coherente y consolidada.
Durante el periodo colonial es poco lo que puede recopilarse de la literatura en aquel tiempo, la mayoría de los textos no pasan de un mero carácter epistolar y prosa administrativa. En este colonial, por decreto de Felipe II se le prohibió a los habitantes de las Indias Occidentales escribir sobre cualquier materia relacionada con la vida en la colonia. Más tarde Carlos V, en 1543 censuró la lectura de "libros de romances, que traten de materias profanas fabulosas, e historias fingidas, porque se siguen muchos inconvenientes".
Las primeras apariciones serias de actividad literaria aparecen en 1813 cuando se funda la Casa de Enseñanza Santo Tomás, cuyo primer rector, el nicaragüense, José Francisco Osejo, crea el primer periódico manuscrito en 1824. También en este periodo aparecen los primeros textos de enseñanza escritos en el país.
En 1830, varios años después de la independencia, llega la primera imprenta y aparecen los periódicos: El Noticioso Universal y La Tertulia. Con la actividad universitaria en 1844, se incrementó la importación de libros y 15 años después San José contaba con dos librerías.
Se publican las obras de ficción de Manuel Argüello Mora (1834-1902), precursor de la narrativa costarricense. Escribió varias novelas: Un hombre honrado, Un drama en el presidio de San Lucas, Las dos gemelas del Mojón (1860) y El amor a un leproso (1900). En estas novelas intentó aprovechar la realidad histórica.
A finales del es posible encontrar, aunque escasa, literatura costumbrista, anécdotas pintorescas, crónicas y poemas sentimentalistas de tendencia romántica. Algunos poemas fueron recopilados en el libro "La lira costarricense" (1890-1891) compilada por Máximo Fernández.
La generación del Olimpo o Generación del 1900 (1890-1920)
miniaturadeimagen|180px|Aquileo Echeverría (1866-1909). Escritor y periodista, llamado el «Poeta de Costa Rica», su obra Concherías (1905) es considerada uno de los clásicos del costumbrismo y de la literatura nacional. Entre sus poemas más conocidos destacan Mercando leña, El curandero, Vela de un angelito y Trato frustrado, en los cuales se destaca el lenguaje coloquial del campesino costarricense. La producción literaria en Costa Rica fue poco importante durante la época colonial y gran parte del . La primera imprenta llegó al país en 1830 y la mayoría de los libros publicados fueron textos didácticos, políticos o religiosos, con esporádicas producciones literarias en los periódicos, predominando el cuadro de costumbres de características humorísticas, pintorescas o satíricas, a imagen del costumbrismo español.
A finales del , con la declaración de la República (1848), y la llegada al poder de la ideología liberal (1870), el naciente Estado costarricense se preocupa por la elaboración de un proyecto de identidad nacional asociado a la construcción de la nación, proyecto que fue viable gracias a los nuevos recursos aportados por la bonanza económica fruto de la exportación del café a Inglaterra. Con la inserción del país en el mercado internacional, ingresa al país el progreso capitalista y la modernidad europea, consolidándose una oligarquía cafetalera que consolidó su posición hegemónica mediante el control del financiamiento, beneficio y exportación del café.
La elaboración de este modelo nacional oligárquico abarcó todos los ámbitos de la sociedad costarricense: las leyes, los códigos, la educación, la vida cotidiana, el imaginario colectivo, la infraestructura. Se consolida la producción de héroes y gestas, himnos patrióticos, monumentos e instituciones, la formación de una historia, una mitología, una cultura y una literatura nacionales. Se inauguran los monumentos a la memoria de la Campaña Nacional de 1856-1857: la estatua de Juan Santamaría (1891), el Monumento Nacional (1895). Se fundan las instituciones encargadas de fomentar la cultura y el patrimonio nacionales: Archivo Nacional (1881), Museo Nacional (1887), Biblioteca Nacional (1888), Teatro Nacional (1897). Se urbaniza la ciudad de San José, capital del país, que ya para finales del contaba con alumbrado y tranvía eléctricos, telégrafos, teléfonos, ferrocarriles, etc.
Este proceso de modelo nacional fue impulsado por un grupo de intelectuales, políticos, maestros, historiadores y escritores que los autores de Costa Rica han denominado como «El Olimpo», grupo al que pertenece la primera generación de escritores costarricenses, los cuales han venido a ser considerados como los clásicos de la literatura nacional.
El costumbrismo
El primer movimiento literario será el costumbrismo. Este movimiento estará vigente desde mediados del y se prolongará hasta varias décadas del . Inicialmente los escritores de aquella época, harán una narrativa descriptiva y focosa sobre sus vecinos y la vida agrícola; esto debido a que la región central donde está ubicada la capital, no es un centro urbano e industrial, sino una serie de pequeños barrios rodeados de solares y plantaciones de café. Luego el costumbrismo mostrará más madurez con obras como "La propia" de Manuel González Zeledón (Magón) y "El moto" de Joaquín García Monge. Esta última logra amalgamar el realismo con el costumbrismo, la elegancia del lenguaje literario con el lenguaje local de los campesinos.
La polémica
En 1894, se desarrolla en Costa Rica una polémica sobre la identidad de la literatura costarricense, conocida como "la polémica sobre el nacionalismo en literatura". Ricardo Fernández Guardia consideraba que los temas de los escritores nacionales bien podían estar inspirados en la tradición extranjera, básicamente europea; mientras que Carlos Gagini consideraba que la literatura "tica" debía enfocar asuntos propios de los costarricenses.
Escritores del Olimpo
Nacidos entre 1850 y 1860, figuran entre estos escritores:
Manuel Argüello Mora (San José, 1834-1902) fue narrador, ensayista, periodista, político y abogado. Su literatura se enmarca dentro del realismo literario. Está considerado el fundador de la novela costarricense y fue uno de los grandes impulsores de la literatura nacional. Publicó cuentos, novelas cortas, crónicas históricas, novelas históricas y novelas costumbristas, y se le ha considerado un escritor romántico. Entre sus obras están Elisa Delmar y La trinchera (1899), La bella heredera, El amor de un leproso (1900) y Un drama en el presidio de San Lucas. Fue sobrino y protegido de Juan Rafael Mora.
Pío Víquez (Cartago, 1850-1899) fue poeta y periodista. Sus escritos abordan distintos géneros: epitalamios, descripciones de la naturaleza, necrologías, artículos políticos, polémicas, crónicas sociales, relatos de viajes y poesías, que se caracterizan por su ingenio, humor e ironía. Fue fundador del diario El Heraldo, de gran influencia durante el . El Premio Nacional de periodismo de Costa Rica lleva su nombre.
Manuel de Jesús Jiménez Oreamuno (Cartago, 1854-Alajuela, 1916) fue político e historiador, profesor de historia, geografía, literatura, religión y moral, y destacó en los campos de historia, oratoria, escritura, política y literatura. Escribió principalmente relatos históricos, cuadros de costumbres y cuentos cortos. También escribió una novela, Doña Ana de Cortabarría (1902), ambientada en Cartago en 1644 y donde utiliza como pretexto el triángulo amoroso para describir las costumbres de los criollos y españoles de la época. Además, escribió buen número de crónicas. Fue hijo de Jesús Jiménez Zamora y hermano de Ricardo Jiménez Oreamuno, ambos presidentes de la república.
Jenaro Cardona (1863-1930), fue escritor, diplomático y empleado público. Inició su carrera literaria como poeta pero la finalizó con dos de las más importantes novelas de la generación: El primo (1905) y La esfinge del sendero (1906), obras en las que expone el motivo erótico como amenaza para las tradiciones y costumbres oligárquicas nacionales de la época.
Manuel González Zeledón (San José, 1864-1936), conocido como Magón, fue un notable cuentista y autor de cuadros de costumbres, los cuales reflejan la vida y personalidad del pueblo costarricense de finales del . Entre sus obras principales están La propia (1909), novela modernista donde plantea la ruptura del idilio campesino, y El clis de sol (1871), su cuento más conocido. El premio nacional de cultura de Costa Rica lleva su nombre.