thumb|La tradición de los estampados escoceses propios de cada clan, que aparece por ejemplo en películas ambientadas en épocas antiguas, se inventó en el , así como la falda escocesa fue inventada por un inglés en el .

La invención de la tradición es un concepto desarrollado y popularizado por los historiadores Eric Hobsbawm y Terence Ranger, que sostiene que muchas de las tradiciones que aparentan ser antiguas o que se presentan como heredadas de un pasado lejano, en realidad tienen un origen reciente y han sido creadas de forma consciente por actores históricos. Estas prácticas culturales, aunque percibidas como tradicionales, suelen surgir en contextos de cambio, crisis o consolidación de nuevas estructuras sociales, políticas o identitarias.

El concepto fue introducido en el libro The Invention of Tradition (1983), editado por Hobsbawm y Ranger.Eric Hobsbawm y Terence Ranger, The Invention of Tradition, Cambridge University Press, 1983. ISBN 0521246458 En la introducción, Hobsbawm argumenta que numerosas "tradiciones" que parecen antiguas son en realidad recientes y, en muchos casos, deliberadamente inventadas. Estas tradiciones buscan legitimarse mediante una conexión simbólica con el pasado, aunque dicha continuidad sea, en gran medida, construida.

Este fenómeno, aunque aplicable a diversos ámbitos, es especialmente claro en el desarrollo de la invención relativamente reciente que supone la nación y sus conceptos asociados como son: los Estados-nación y el nacionalismo. En todos ellos la invención de tradiciones cumple la función de construir identidades colectivas, promover la unidad nacional y legitimar instituciones o prácticas culturales. Según Hobsbawm, la identidad —ya sea cultural o nacional— no es esencial ni inmutable, sino construida socialmente y, por lo tanto, contingente.

Contexto

Un conjunto de prácticas, típicamente rituales o simbólicas, busca inculcar valores y normas de comportamiento a través de la repetición, como por ejemplo saludar a una bandera antes de comenzar una clase. Estas prácticas intentan crear un puente entre un presente incierto y una imagen idealizada del pasado, una imagen que, con frecuencia, es tan inventada como la propia tradición a la que se asocia.

Aunque estas “tradiciones inventadas” parecen auténticas y arraigadas en imágenes y símbolos históricos (ya sean reales o imaginados), en realidad tienen un origen relativamente reciente y han sido construidas de manera deliberada. El historiador británico Eric Hobsbawm, junto con Terence Ranger, exploró este fenómeno en la obra colectiva que editaron titulada The Invention of Tradition (1983).

Hobsbawm sostiene que las tradiciones inventadas cumplen tres funciones principales: fomentar la cohesión social, legitimar instituciones y estructuras de poder, y consolidar sistemas de valores y creencias.

Aplicación del término y paradoja

El concepto se ha aplicado a fenómenos culturales como el neodruidismo en el Reino Unido, el neopaganismo en general, el fenómeno del tartanry en Escocia, las tradiciones de algunas religiones mayoritarias,Nur Masalha (2007). The Bible and Zionism: Invented Traditions, Archaeology and Post-Colonialism in Palestine-Israel. London; New York: Zed Books. . . algunas artes marciales coreanas como el Taekwondo, y algunas artes marciales japonesas como el judo.Inoue Shun, "The Invention of the Martial Arts: Kanō Jigorō and Kōdōkan Judo", pp. 163–173 en Stephen Vlastos (ed.). Mirror of Modernity: Invented Traditions of Modern Japan. Berkeley: University of California Press, 1998.

Este concepto también ha influido en teorías relacionadas, como la de las comunidades imaginadas de Benedict Anderson o el efecto pizza.Anderson, Benedict. "The origins of national consciousness". Nationalism: Critical Concepts in Political Science 1 (2000): 316, p. 37.

De hecho, la distinción tajante entre "tradición" y "modernidad" es con frecuencia también una invención. El concepto resulta "altamente relevante para esa innovación histórica comparativamente reciente que es la 'nación', con sus fenómenos asociados: el nacionalismo, el Estado-nación, los símbolos nacionales, las historias y todo lo demás". Hobsbawm y Ranger señalan una "paradoja curiosa pero comprensible: las naciones modernas y todo su aparato suelen presentarse como lo contrario a lo novedoso, es decir, como enraizadas en la más remota antigüedad, y lo contrario a lo construido, es decir, como comunidades humanas tan 'naturales' que no requieren más definición que su propia afirmación".Hobsbawm & Terence Ranger (1983), pp. 13–14. El concepto de autenticidad también se vuelve, en muchos casos, cuestionable.

Pseudo-folclore

El pseudo-folclore o fakelore (del inglés fake, mentira, y folclore) es un conjunto de relatos, actividades o documentos que se presentan falsamente como si fueran genuinamente tradicionales. El término puede referirse tanto a nuevas historias o canciones inventadas como a folclore reelaborado o modificado para ajustarse a los gustos modernos. El elemento central del pseudo-folclore es la falsedad o tergiversación: los artistas que se inspiran en relatos tradicionales no están creando fakelore a menos que afirmen que sus creaciones son folclore auténtico.

En las últimas décadas, el término ha caído en desuso dentro de los estudios folclóricos, ya que pone énfasis en el origen de las tradiciones en lugar de su uso o función cultural para determinar su autenticidad.

El término fakelore fue acuñado en 1950 por el folclorista estadounidense Richard M. Dorson en su artículo "Folklore and Fake Lore", publicado en The American Mercury. Entre sus ejemplos se encuentra el personaje ficticio del vaquero Pecos Bill, presentado como un héroe popular del Oeste estadounidense, pero en realidad inventado por el escritor Edward S. O'Reilly en 1923. Dorson también consideró a Paul Bunyan como un caso de fakelore. Aunque Bunyan tiene sus raíces en relatos tradicionales contados por leñadores de la región de los Grandes Lagos, muchas de las historias modernas fueron creadas por William B. Laughead (1882–1958), un publicista de la compañía maderera Red River Lumber Company. Según Dorson, los anunciantes y divulgadores populares transformaron a Bunyan en un "héroe popular falso de la cultura de masas del siglo XX", muy alejado del personaje original.Dorson (1977), pp. 214–226.

El término Folklorismus también se refiere a la invención o adaptación del folclore. A diferencia del fakelore, el folklorismus no implica necesariamente una tergiversación; incluye cualquier uso de una tradición fuera del contexto cultural en el que fue creada. El término fue utilizado por primera vez en la década de 1960 por académicos alemanes, interesados principalmente en el uso del folclore por parte de la industria turística. Sin embargo, también abarca otras manifestaciones, como arte profesional basado en folclore, anuncios televisivos con personajes de cuentos de hadas e incluso estudios académicos sobre tradiciones populares.

Relación con el folclore

El término fakelore es utilizado con frecuencia por quienes buscan exponer o desacreditar reelaboraciones modernas del folclore, incluido el propio Dorson, quien hablaba de una "batalla contra el fakelore". Dorson se quejaba de que los divulgadores populares habían sentimentalizado el folclore, estereotipando a sus creadores como figuras pintorescas y entrañables, cuando en realidad las tradiciones populares auténticas podían ser "repetitivas, torpes, sin sentido e incluso obscenas". Contrastaba los relatos originales de Paul Bunyan, llenos de jerga técnica de los leñadores que dificultaba su comprensión para el público general, con las versiones comercializadas, más parecidas a libros infantiles. El Paul Bunyan original era astuto y a veces poco ético; en una historia engañaba a sus trabajadores para no pagarles. La cultura de masas ofrecía una versión higienizada del personaje, con un "espíritu de humor gigantesco que no refleja el verdadero sentir de los leñadores".

Daniel G. Hoffman señaló que Bunyan, como héroe folclórico, fue transformado en un portavoz del capitalismo: "Este es un ejemplo de cómo un símbolo tradicional ha sido utilizado para manipular a personas que no participaron en su creación".

Otros investigadores han argumentado que el arte profesional y el folclore tradicional están en constante influencia mutua, y que esta interacción debe estudiarse en lugar de ser condenada. Según Newall, 133, el folclorista alemán Hermann Bausinger sostenía una visión similar. Por ejemplo, el antropólogo Jon Olson relató que, en su infancia, escuchó historias de Paul Bunyan que se originaron como publicidad empresarial, pero que se transmitían oralmente como parte de la tradición local.Olson, p. 235. Dorson consideraba que la influencia de las fuentes impresas en los relatos orales de Bunyan era una forma de contaminación cruzada que "ensuciaba irremediablemente la tradición". Para Olson, sin embargo, "el punto es que yo personalmente fui expuesto a Paul Bunyan dentro del género de una tradición oral viva, no de los leñadores (de los cuales quedan muy pocos), sino del pueblo actual del área". Lo que una vez fue fakelore había vuelto a convertirse en folclore.

En respuesta al argumento de sus críticos de que los escritores modernos tienen el mismo derecho que los narradores tradicionales, Dorson sostenía que la diferencia radica en la distinción entre cultura tradicional y cultura de masas.

Ejemplos de tradiciones inventadas

La diferencia entre una nueva tradición y una inventada es que esta última reivindica orígenes antiguos. No siempre se hace de manera evidente, pueden ser invenciones a pequeña escala, adaptaciones de viejas tradiciones a nuevos propósitos o reactivaciones de antiguas tradiciones. Para algunos autores, este fenómeno es particularmente claro en el caso de las naciones y nacionalismos. La nación es un invento moderno y la mayoría de los símbolos, ritos y tradiciones que hoy tienden a considerarse como muy antiguos, se crearon en realidad, entre 1870 y 1914, a la vez que se creaban las naciones.

Algunos ejemplos son las artes marciales japonesas, el escultismo o las tradiciones de la mayoría de grandes religiones. Otro tipo de ejemplo es el tradicional vestido de novia de color blanco, que se puso de moda desde que la reina Victoria se casó de este color.Tomoko Masuzawa, The Invention of World Religions. Chicago University of Chicago Press, 2005. ISBN 9780226509891

Todas las lenguas nacionales de tipo estándar, enseñadas en las escuelas como modelo de lengua escrita y hablada, son en gran medida producto de la invención, dejando de lado a una élite muy reducida que las hablase. Hobsbawm pone como ejemplo el idioma flamenco enseñado en las escuelas, que no es el que las abuelas y madres de Flandes enseñaban a sus hijos.

La tradicional falda escocesa o Kilt fue inventada en el por un empresario siderúrgico inglés, siendo sus tradicionales estampados propios de cada clan, una tradición aún más reciente. También la gaita escocesa es un instrumento de incorporación moderna y cuya aparición es posterior a la unión de Escocia con Inglaterra.

Los trajes regionales, populares o nacionales que conocemos en Europa y que se muestran como muy antiguos, son un producto de la invención moderna. Así por ejemplo el traje de flamenca no se inventó hasta muy a finales del y no se popularizaría hasta el año 1929, cuando se celebró la Exposición Universal de Barcelona y la Iberoamericana de Sevilla.

El himno nacional más antiguo del mundo no es demasiado antiguo, se trata de La Marsellesa, escrita en 1792. Otro de los himnos más antiguos del mundo es el argentino, que data de 1812-1813. Algunas composiciones que hoy tenemos como himnos nacionales, fueron en origen canciones populares, militares o de otro tipo más antiguas, pero no se les otorgaría un carácter de himno nacional hasta fechas más recientes.