El requinto, también llamado clarinete en mi bemol, es un clarinete afinado en Mi, una cuarta por encima del clarinete soprano en Si. Es un instrumento transpositor: suena una tercera menor por encima de lo escrito. Mide unos 49 cm de longitud total.
Forma parte habitual de la banda sinfónica y aparece ocasionalmente en la orquesta sinfónica. Entre las obras que le dan un papel destacado figuran las del compositor Manuel Lillo Torregrosa, como Vivencias y el Concierto para requinto y clarinete, y tiene un solo conocido en el Bolero de Maurice Ravel.
Requinto popular: el pitu montañés thumb|200px|Piteros cántabros. El requinto es un instrumento muy difundido popularmente en Cantabria, donde se conoce como pitu montañés, y se toca acompañado de tambor o redoblante, conociéndose la pareja formada como piteros; o piteru y tamboriteru, respectivamente.
Se difundió en el centro-occidente cántabro, La Montaña, desde mediados del : y se afianzó en toda Cantabria sutituyendo en gran medida al silbu, a la vozaina y a la gaita; que se utilizan cada una en una comarca concreta, pero no representaban a toda Cantabria, o al acordeón, instrumento empleado frecuentemente en la interpretación de piezas del folclore de Cantabria jotas y pericotes. Las principales características de la ejecución del clarinete en su vertiente tradicional en Cantabria son la utilización casi exclusiva del registro alto, la sujeción de la boquilla con el labio superior hasta los años 70 del , porque actualmente todos los piteros sujetan la boquilla con el labio inferior igual que el resto de clarinetistas, una ornamentación semejante a la de la vozaina y melodías con una extensión de octava y media. En un pequeño foco de clarinetistas populares del interior montañoso del oriente, la tonalidad de Si era la más frecuente, y de manera ocasional otras afinaciones como en Do.
Entre los piteros históricos figuran los hermanos Joaquín y Antonio Mediavilla Barahona, «los piteros de Villapresente»; Marcelino Gómez, «el Ciegu de Sierrapando»; Servando Crespo, de Escobedo de Camargo, y Tomás Castillo Herrera, «Tomasón» o «el pitero de Anievas». También se citan Fernando Velasco, de Puente San Miguel, y sus hijos José Ángel y Fernando, «los hermanos Velasco»; Bernardino Blanco, de Maoño; Amador Cuerdo; Rafael Agüero, y Bosio y Martín, de Reocín. Entre los tamborileros destacaron José Antonio Urcelay, «el Cachas», y Manuel Angulo.
Otros piteros en activo en las primeras décadas del son Alfonso Díaz Casado, de Torrelavega; Paco San José, Joaquín Arnaiz Novoa y Fernando Gómez, de Santander.
Desde 2002 se celebra el Festival Internacional de Piteros en Cantabria.
Referencias
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