La República Soviética Húngara (), oficialmente República Soviética Federal Socialista de Hungría () fue un gobierno comunista en Hungría, instaurado por la unión del Partido Socialdemócrata y el Partido Comunista en la primavera de 1919, ante la grave crisis interna en el país. Se inició el 21 de marzo de 1919 y terminó el 1 de agosto del mismo año (133 días). Incapaz de alcanzar un acuerdo con la Entente que mantenía el bloqueo económico a Hungría, acosada por los países vecinos por disputas territoriales y embarcada en un profundo cambio social interno, la república no logró sus objetivos y quedó abolida a comienzos de agosto.

La presentación de la nota Vyx condujo a la caída del Gobierno de Károlyi —para entonces sin apoyo significativo— y a la proclamación de la república soviética al día siguiente, 21 de marzo de 1919. Su principal figura fue el comunista Béla Kun, a pesar de que la mayoría del nuevo Gobierno era socialista. democrático, el nuevo sistema concentraba en realidad el poder en el nuevo Consejo de Gobierno, que lo ejerció de manera contundente en nombre, de la clase trabajadora.

El nuevo régimen no logró alcanzar un acuerdo con la Entente que supusiese el levantamiento del bloqueo económico, la mejora del trazado de las nuevas fronteras o el reconocimiento del nuevo Gobierno por las potencias vencedoras de la guerra mundial. Se reorganizó el Ejército y se trató de recuperar los territorios perdidos a manos de los países vecinos, objetivo que suscitó amplio apoyo en todas las clases sociales, no solo en las más favorables al nuevo gobierno. Por su parte, los países vecinos utilizaron la lucha contra el comunismo, primero contra el Gobierno de Károlyi y más tarde contra la república soviética, como justificación de sus ambiciones expansionistas. Al comienzo y respaldados por razones patrióticas por oficiales conservadores, las fuerzas de la república avanzaron contra los checoslovacos en Eslovaquia, tras sufrir una derrota en el este a manos del Ejército rumano a finales de abril, que llevó a este a las orillas del Tisza. A mediados de junio se proclamó una República Soviética Eslovaca, que duró dos semanas, hasta el repliegue húngaro por exigencia de la Entente. El 20 de julio, la república lanzó un nuevo ataque contra las posiciones rumanas. Tras unos días de avance, los rumanos lograron detener la ofensiva, romper el frente y alcanzar la capital húngara, pocos días después del fin de la república soviética, abolida el 2 de agosto.

Los dirigentes húngaros aplicaron medidas doctrinarias tanto en política exterior como interior que les hicieron perder el favor de la mayoría de la población. El intento del nuevo Gobierno de cambiar profundamente el modo de vida y el sistema de valores de la población resultó un rotundo fracaso. El empeño por convertir la feudal Hungría en una utopía marxista resultó infructuoso por una mezcla de falta de tiempo, de personal experimentado en la Administración y de organización, así como de ingenuidad gubernamental, tanto política como económica, en algunas de sus medidas. El Gobierno fracasó en sus intentos de lograr el apoyo campesino, mantener la producción agrícola y abastecer las ciudades, en parte por su propia ineptitud y en parte por la situación que impedía soluciones rápidas. Tras la retirada de Eslovaquia, ordenó la aplicación de algunas medidas con las que trató de recobrar popularidad, con escaso éxito. Se rescindió la prohibición de venta de bebidas alcohólicas, se planeó la entrega de algunas parcelas a los campesinos sin tierra y se trató de mejorar la situación monetaria o el abastecimiento de alimentos. Incapaz de aplicarlas, entre junio y julio la república había perdido el respaldo de la mayoría de la población, lo que condujo, junto a las derrotas militares, a su caída.

Al fracaso de la reforma interna se unió el de la política exterior: el aislamiento político y económico de la Entente, el fracaso militar ante los países vecinos y la imposibilidad de unir fuerzas con las unidades soviéticas rusas coadyuvaron en el hundimiento de la república soviética. Al Gobierno social-comunista le sucedió uno exclusivamente socialista el 1 de agosto. En grave crisis ya en julio, se disolvió en agosto; sus dirigentes huyeron al extranjero mientras el poder volvía a manos de la aristocracia feudal y nacionalista que lo había detentado el siglo anterior.

Antecedentes Fin del imperio y establecimiento de la república popular

Escena de Budapest durante la Revolución de los Crisantemos, que impuso un nuevo Gobierno que poco después proclamó la república popular.|miniatura Después de la derrota del Imperio austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial, el movimiento revolucionario de las masas conformado por obreros, soldados y campesinos se propagó de tal forma que la policía y algunas unidades del Ejército pasaron a apoyarlo. El triunfo de esta revolución (llamada Revolución de los Crisantemos) trajo como consecuencia el nombramiento de Mihály Károlyi como primer ministro con el apoyo del Consejo Nacional formado por el Partido Socialdemócrata (PSD), el Radical Cívico Nacional y el grupo de Károlyi el 31 de octubre. Tras insistir reiteradamente, el representante del emperador en Hungría, el archiduque José, logró que este accediese a aceptar la proclamación de la república, que el Consejo Nacional exigía. El nuevo Gobierno no logró, sin embargo, resolver los graves problemas del país, entre los que se contaban un creciente desempleo, una gran inflación y la hambruna en las ciudades. Tampoco se llevó a cabo la ansiada reforma agraria. A pesar de disolver el antiguo Parlamento y proclamar el sufragio universal, no llevó a cabo nuevas elecciones. Regreso de soldados del frente. La nueva república popular hubo de afrontar la desmovilización de cientos de miles de hombres en medio de una grave situación económica.|miniatura El 16 de noviembre de 1918, se proclamó la República de Hungría con Károlyi a la cabeza como presidente interino. Desbaratada la antigua Administración y desorganizado el Ejército, el Consejo de Ministros tuvo que apoyarse en los sindicatos para evitar la extensión del caos en el país. Al mismo tiempo, hubo de lidiar con los diversos consejos, nacionales, de obreros y soldados o de campesinos, que surgieron. A mediados de mes había logrado restaurar parcialmente el orden mediante la promesa de una reforma agraria, que calmó al campo, y la desmovilización parcial de más de un millón de soldados, aunque tuvo que mantener a un número notable en las guarniciones urbanas para evitar su radicalización —estos soldados carecían de empleo y de sustento fuera de las fuerzas armadas—. Enfrentado a graves problemas y antiguas reivindicaciones populares que no podía satisfacer en la situación de crisis de posguerra, el Consejo de Ministros tuvo que soportar las crecientes protestas, atizadas por los comunistas, que denunciaban el mantenimiento de las desigualdades en el país y animaban a las masas campesinas y obreras a tomar el poder.

Fundación y crecimiento del Partido Comunista Húngaro Orador comunista durante la república popular. La polarización política que llevó al auge de los comunistas húngaros se debió a la incapacidad del Gobierno de mejorar la situación política y económica de la posguerra.|miniatura

El 24 de noviembre de 1918, Béla Kun junto con los socialdemócratas de izquierda y socialistas revolucionarios fundaron el Partido Comunista de Hungría (PCH) de tendencia marxista-leninista. De pequeño tamaño, el partido agrupaba a la izquierda opuesta al Gobierno de coalición social-liberal. Insatisfecho con los resultados de la primera revolución, el partido trató de movilizar al proletariado húngaro para desencadenar una segunda que sentase las bases de un sistema socialista. El diario principal del PCH era el Vörös Ujság (El diario rojo), que apareció a comienzos de diciembre con un llamamiento a la revolución socialista y rechazando el establecimiento de una asamblea constituyente y una democracia burguesa. Al mismo tiempo, trató de lograr el respaldo de las nuevas unidades militares que el Gobierno de Károlyi intentó formar —con escaso éxito ante la apatía de obreros y campesinos, que veían insuficientes las reformas del Gobierno como para tomar de nuevo las armas—. Temiendo que una guardia roja quedase bajo el control del consejo de soldados de Budapest, dirigido por los socialistas, el PCH decidió armar directamente a sus partidarios gracias a la compra clandestina de armamento entregado por las fuerzas alemanas en retirada de acuerdo al armisticio de Belgrado. El éxito de los comunistas en sus intentos por atraer a los soldados hizo que en marzo la toma del poder fuese prácticamente incruenta y la mayoría de las unidades respaldasen al nuevo Gobierno. La agitación comunista no se limitó a los soldados, sino que se extendió a los obreros, las minorías e incluso a las tropas de la Entente.

Para fines de 1918 e inicios de 1919, la efervescencia revolucionaria iba en aumento y era cada vez mayor la influencia del PCH; el país se polarizaba. Durante la segunda mitad de diciembre, socialistas y comunistas comenzaron a disputarse el dominio de los sindicatos. El gran número de desempleados, de soldados y suboficiales desmovilizados y el enorme aumento de los trabajadores sindicados —medio millón a lo largo de 1918— favorecía a los comunistas. En diciembre, el Gobierno trató en vano de arrebatar el control de las unidades militares a los consejos militares de la capital, que había tenido que reconocer legalmente pocos días antes; estos se encontraban dominados por los socialistas cercanos a József Pogány. El 12 una manifestación de ocho mil soldados armados logró la destitución del ministro de Defensa que había ordenado la fallida maniobra.

Radicalización popular y parálisis gubernamental Manifestación en Budapest a finales de 1918. Las protestas se multiplicaron en la capital, atizadas por el Partido Comunista.|miniatura La crítica situación política y económica del país, sin ayuda de la Entente, llevó a que Károlyi dimitiera de la Presidencia del Gobierno en enero de 1919 y asumiera la Presidencia de la República. Los sectores más conservadores del partido de Károlyi y del radical abandonaron el Consejo de Ministros y las dos formaciones sufrieron escisiones. Tras una grave crisis gubernamental a mediados de mes en la que parte de los socialistas abogaron por abandonar el Gobierno para debilitar las críticas comunistas y las formaciones burguesas se negaron a gobernar en solitario, se formó un nuevo gabinete de coalición con mayor número de ministros socialistas. El nuevo Gobierno de Dénes Berinkey, de tendencia socialdemócrata, prometió reformas, pero esto no satisfizo a los sóviets; el 13 de diciembre, el consejo obrero de la capital había tratado la reforma agraria, pero el Gobierno no alcanzó una decisión sobre el asunto hasta comienzos de febrero y su aplicación fue tardía y lenta. A comienzos de enero y temeroso de la influencia de los comunistas, el mando aliado en Budapest probablemente sugirió el arresto de los representantes rusos de la Cruz Roja, una de las fuentes de financiación de aquellos. En el mismo mes, los obreros tomaron el control de algunas fábricas como reclamaban los comunistas, ante la impotencia del Gobierno y los socialistas moderados. En el norte, el Gobierno aplastó cruentamente la revuelta minera de Salgátarján, clave para el abastecimiento de fábricas y ferrocarriles; hubo un centenar de muertos en la rebelión atizada por el PCH. A finales de enero, los socialistas, a pesar de las protestas de su corriente radical, decidieron expulsar a los comunistas del consejo obrero de la capital y de los sindicatos, aunque la medida tuvo escaso éxito. El Gobierno ordenó el registro de la sede comunista y de su imprenta, donde requisó ejemplares de su diario.