Silvia Galvis Ramírez (Bucaramanga, 24 de noviembre de 1945-Bucaramanga, 20 de septiembre de 2009) fue una periodista, politóloga y escritora colombiana.
Galvis es considerada una de las periodistas y escritoras más importantes en Colombia por su trabajo en medios como Vanguardia Liberal, El Espectador y Cambio 16. También ha sido reconocida por libros fundamentales para entender la historia de Colombia y los cambios sociales del país como El jefe supremo: Rojas Pinilla, en la violencia y el poder, y Soledad: conspiraciones y suspiros y Vida mía.
A lo largo de una carrera de más de dos décadas, Galvis se consolidó como una de las periodistas e investigadoras más audaces de la prensa y la literatura colombianas. Abordó periodísticamente temas novedosos para su tiempo como el género, la migración, el nacimiento y expansión del paramilitarismo, los procesos de paz y las tensiones sindicales en el Magdalena Medio.
Biografía
Infancia y primeros años de experiencia Nació en Bucaramanga a finales de 1945, en el corazón de una de las familias más poderosas de Santander. Su madre fue Alicia Ramírez. Su padre, Alejandro Galvis Galvis, fundó Vanguardia Liberal en 1919, el diario más importante del departamento, y ocupó varios cargos políticos: fue presidente de la Cámara de Representantes, presidente del Senado, gobernador de Santander, ministro de Defensa, y embajador en México, Venezuela y España.
Inmersa en las discusiones políticas y las reuniones con dirigentes, periodistas y personajes públicos del departamento, Silvia Galvis creció en el barrio Bolarquí, al oriente de Bucaramanga. Mostró interés en las discusiones sobre la tensión liberal y conservadora de la época que tenía su padre y aprovechó una convalecencia por un accidente con pólvora para acercarse a su biblioteca. Así, Silvia Galvis leyó a Oscar Wilde y a Chesterton cuando no había llegado a la adolescencia. Al tiempo tocaba el piano, hablaba de jazz con amigos y participaba en las comparsas del Club Campestre. Cuando tenía cinco años sufrió un accidente con fuego en el estómago que le dejó secuelas de por vida, entre esas un diagnóstico de fatiga crónica que la acompañó hasta su adultez.
Durante los años de adolescencia Silvia Galvis expresó sus molestias con la educación confesional que recibía en el Colegio La Presentación, uno de los más prestigiosos de la ciudad y donde las jóvenes privilegiadas de la época se educaban con las religiosas. Sufrió de una gran incomodidad con el machismo, el conservatismo y la rigidez que caracterizaban a la Bucaramanga de entonces y que se respiraban en su educación colegial de manera prominente. Más tarde viajó a Estados Unidos para terminar sus estudios de secundaria en el colegio de las Ursulinas de Cincinnati y luego a Alemania, donde adelantó cursos de idiomas. Su educación académica sería bastante cabal para el momento y seguiría la ruta de quienes pertenecían, como ella, a una élite intelectual y cultural regional. Esas experiencias fueron cruciales en su formación intelectual y política y serían definitivas en su trabajo como periodista y escritora. Fuera del país, conoció al ingeniero alemán Gerhard Hiller Brauer, con quien tuvo a Alexandra y Sebastián, sus dos hijos. A su regreso a Colombia, se matriculó en la Universidad de los Andes, de donde se graduó con un título en Ciencia Política. De ahí en adelante se dedicó por completo al periodismo y a la literatura.
Trayectoria periodística A pesar de que Silvia Galvis se graduó de la Universidad de los Andes con más de treinta años, dos hijos y un matrimonio, su vocación por el periodismo se había manifestado mucho antes. Aunque aún instalada en Bogotá, en 1963 le pidió a su padre que la pusiera a cargo de la página literaria de los domingos de Vanguardia Liberal. Se trataba de una colaboración importante, pero todavía no permanente. Convocó a sus amigos Enrique Ogliastri, Eberhard Correa y Teté Camargo, con quienes diseñó una publicación llamada “Entes”. Desde esas páginas, ella y sus compañeros reprodujeron y replicaron las críticas de arte de Marta Traba y registraron las nuevas apuestas teatrales de Santiago García, entre otros eventos culturales de los años sesenta.
Tras su temporada en Bogotá, Silvia Galvis regresó a Bucaramanga, y desde 1978 se dedicó por completo al periodismo desde las páginas del periódico de su padre. A lo largo de su trayectoria escaló todos los cargos del periódico: fue redactora, reportera rasa, directora de la Unidad Investigativa y finalmente directora de Vanguardia Liberal.
Pionera del periodismo investigativo El mayor hito de su carrera periodística llegó en 1980, cuando se puso al frente de la Unidad Investigativa del periódico, un equipo que incluía también a Eduardo Durán, Carlos Eduardo Gómez y José Luis Ramírez León. La Unidad Investigativa fue la segunda de su tipo después de la que fundaron Daniel Samper Pizano y Alberto Donadío en El Tiempo en 1978. Desde allí, Silvia Galvis denunció numerosos hechos de corrupción y cubrió a profundidad temas hasta entonces inéditos en la agenda regional santandereana como la migración, la alimentación escolar o los cacicazgos políticos. Al tiempo, empezó a escribir “Vía libre”, una columna de opinión que pronto se convirtió en la más leída e influyente de la región.
A comienzos de los ochenta, Silvia Galvis conoció al periodista Alberto Donadío, fundador de la Unidad Investigativa de El Tiempo, con quien se casó en 1983. Era su segundo matrimonio. En 1982 la Unidad Investigativa obtuvo la primera de varias menciones especiales en el Premio Simón Bolívar de Periodismo por un reportaje sobre el estado de la educación en Bucaramanga y cinco años más tarde, en 1987, “Vía libre” se llevó ese mismo premio como la mejor columna de opinión del país.
Tanto en sus columnas como en sus artículos de periodismo investigativo, Silvia Galvis mantuvo una marcada distancia con los poderosos, criticó con dureza la penetración del narcotráfico en la vida social del país y registró las primeras masacres de los paramilitares en el Magdalena Medio. También defendió los procesos de paz que adelantó el expresidente Belisario Betancur.
Directora del periódico Vanguardia Liberal y columnista nacional El 16 de octubre de 1989, un carrobomba con cien kilos de dinamita explotó frente a la sede de Vanguardia Liberal en el centro de Bucaramanga. Unos días antes, el entonces presidente Virgilio Barco había visitado la redacción del periódico durante las celebraciones por sus cien años y allí insistió en la guerra contra el narcotráfico. La respuesta fue una bomba que mató a cuatro personas y destruyó el edificio de Vanguardia Liberal. En medio de los escombros y con las rotativas funcionando a pesar del impacto, Silvia Galvis asumió ese día la dirección del periódico, organizó a la redacción como pudo y echó a andar la edición del día siguiente. El editorial, escrito por ella misma, se tituló “¡Aquí estamos!”:“En estos instantes trágicos solo podemos renovar nuestra fe en el porvenir de Colombia, por encima de las angustias que a todos nos afligen, y anhelar que algún día retorne a Colombia la libertad de prensa. Nos han destruido materialmente pero nuestros principios siguen intactos. (…) Nos alienta también la certidumbre de que el terrorismo, venga de donde viniere, y sea cual fuere su precio, jamás ha doblegado los ideales de paz y de concordia”.Como directora, Silvia Galvis continuó defendiendo los procesos de paz e investigó temas relacionados con la iglesia, la explotación petrolera en el Magdalena Medio, la corrupción local y el medio ambiente, tema para el que abrió una nueva sección del periódico. Estuvo al frente de Vanguardia Liberal hasta 1991. Su hijo Sebastián Hiller Galvis asumió la dirección del periódico en 1996, cargo que ocupó hasta 2018.
A partir de 1991 empezó a colaborar con El Espectador, donde mantuvo una columna hasta 1997, año en el que la familia Cano, propietaria del diario, lo vendió al grupo económico de Julio Mario Santodomingo. Tras salir del diario capitalino, escribió durante un tiempo una columna en la revista Cambio 16, a cargo de Gabriel García Márquez, que nombró “De parte de los infieles”, título que usó para uno de sus libros posteriores. Cambio 16 se fundó en España en 1971 y en 1993 abrió la edición en Colombia, llamada Cambio 16 Colombia, a cargo de Daniel Samper Pizano, Darío Restrepo y Patricia Lara, con una apuesta original de cubrimiento, edición y diseño.
Trayectoria literaria Además de dedicarle casi toda su vida al periodismo, Silvia Galvis también se interesó en la literatura. En 1986, años después de su segundo matrimonio, publicó junto con Alberto Donadío Colombia Nazi, una investigación histórica sobre la penetración nazi en Colombia durante la Segunda Guerra Mundial. En ese texto, además de contar las infiltraciones de personas simpatizantes del nazismo en el país, Galvis y Donadío también detallaron la intervención estadounidense detrás de esas amenazas mediante agentes del FBI y del Departamento de Estado.
Dos años más tarde, en 1988, Silvia y Alberto publicaron El jefe supremo. Rojas Pinilla en la violencia y el poder, uno de sus libros más recordados e influyentes. Es de los pocos sobre el General Rojas Pinilla, líder de un gobierno militar a inicios de la década del 50, conocido aún entre los historiadores del como golpe de opinión. En esta investigación, Galvis y Donadío retratan, a partir de un generoso acervo documental obtenido en el Archivo General de Washington, el régimen militar y para muchos populista y autoritario que puso en marcha el General y sus impactos sociales, políticos y económicos. A partir de esta obra, Rojas Pinilla se convirtió en uno de los personajes recurrentes en el trabajo literario e histórico de Silvia Galvis.
Con esos dos primeros trabajos de no ficción, Silvia Galvis emprendió una trayectoria de escritura que se movió entre la investigación histórica y la reivindicación feminista. Como lo afirma la escritora y activista Florence Thomas, “numerosas veces develó en su estilo propio los atropellos de una ideología patriarcal y de un mundo hecho por y para los hombres y no le temblaba la mano para acusar de misoginia a las jerarquías eclesiásticas”.
En 1991 publicó ¡Viva Cristo Rey!, una novela ambientada entre los Gobiernos de Marco Fidel Suárez (1918-1921) y Enrique Olaya Herrera (1930-1934) que tomó como punto de partida la división de clases y las tensiones sociales hereditarias de las guerras civiles de principios del para abordar temas como la violencia partidista, el sectarismo político, la guerra contra el Perú, los avances técnicos y la influencia dominante de la iglesia católica. En esa novela, de hecho, Silvia Galvis convierte a María Cano, la histórica dirigente sindical de principios del siglo, en personaje literario.