miniaturadeimagen|250px|Los favoritos del Emperador Honorio (Las cortinas desteñidas, el mármol ennegrecido, la posición del Emperador reflejando pereza e impotencia; todos estos símbolos como alegoría de la decadencia del Imperio Romano de Occidente). Pintura histórica de John William Waterhouse (1883). miniaturadeimagen|250px|Sueño de Constantino antes de la batalla del Puente Milvio. In hoc signo vinces (Con este signo vencerás). Ilustración de las Homilías de san Gregorio Nacianceno, . miniaturadeimagen|250px|El papa Silvestre I bendice a Constantino, del que recibe con la tiara (símbolo del pontificado romano clásico, similar a otros tocados político-religiosos, como la doble corona de los faraones) el poder temporal sobre Roma. Fresco del , capilla de San Silvestre, monasterio de los Cuatro Santos Coronados.
La Antigüedad tardía es el periodo de transición entre la Edad Antigua y la Edad Media, las dos primeras divisiones de la periodización tradicional del tiempo histórico que se suelen aplicar a la historia de la civilización occidental. Cronológicamente cubriría el periodo que va desde el final de la «crisis del », que marca el comienzo de la transformación de la Antigüedad clásica (Bajo Imperio romano), hasta el con la expansión musulmana, aunque hay historiadores que la prolongan hasta el siglo siguiente con la constitución del Imperio carolingio.
Definición
El término «Antigüedad Tardía» fue acuñado a principios del por el historiador del arte austríaco Alois Riegl para referirse a la continuidad artística existente entre los tiempos de Constantino el Grande () y los de Carlomagno () —lo que también había sido señalado por la misma época por el ruso Dmitry Aynalov— y de esta forma superar la valoración negativa del Imperio romano tardío que hasta entonces predominaba. En los años 1920 otros dos historiadores, en este caso de la sociedad y de la economía, el austríaco Alfons Dopsch y el belga Henri Pirenne, establecieron con rotundidad la continuidad entre las dos épocas. En 1937 se publicó la obra póstuma de Pirenne Mahoma y Carlomagno, en la que ponía de manifiesto lo esencial que eran para la caracterización definitiva de lo medieval dos grandes acontecimientos —el Imperio de Carlomagno y la llegada del islam a Europa— y los procesos que acarrearon: la ruptura de la unidad de la cuenca del Mediterráneo (en lo económico y en lo ideológico, una verdadera frontera de civilizaciones) y el cierre en sí misma de Europa Occidental o Cristiandad latina (previamente separada de la Cristiandad oriental del Imperio bizantino).
La continuidad entre el y los siguientes ya había sido señalada en el por el historiador francés Fustel de Coulanges y en el siglo siguiente por el también francés Henri Marrou (1904-1977), aunque en 1937 todavía apoyaba la idea de la decadencia de la cultura antigua. Después de la Segunda Guerra Mundial, en una nueva edición de su tesis Marrou cuestionó la noción de decadencia e incluso el final de la cultura antigua. En su libro póstumo, Décadence romaine ou Antiquité tardive? hizo un recuento de las rupturas y continuidades del mundo romano.
El término «Antigüedad tardía» se generalizó en la historiografía, especialmente en la anglosajona, tras la publicación en 1971 de la obra del historiador británico Peter Brown titulada The World of Late Antiquity (existe edición española: El mundo en la Antigüedad tardía, 1989). Peter Brown destacaba la continuidad entre finales del y finales del , un periodo que presentaba unas características específicas que la diferenciaban de los periodos anterior y posterior (Alta Edad Media) entre las que señalaba la redefinición del espacio material y vital del mundo antiguo (a causa de la presión de los «pueblos bárbaros» los centros neurálgicos del Imperio se trasladaron hacia el limes del Rin y del Danubio), un cierto desapego hacia el mundo material unido a una incesante búsqueda de la Divinidad, la consolidación definitiva de la monarquía de derecho divino y el nacimiento de una nueva clase dirigente más abierta por su base, mientras que se igualaban los estatutos jurídicos de los grupos inferiores de la sociedad.
Para los historiadores marxistas (Perry Anderson, Transiciones de la Antigüedad al Feudalismo), el periodo de la «Antigüedad tardía» coincidiría con la transición del modo de producción esclavista al modo de producción feudal.
Delimitación del periodo Si bien existe cierto consenso entre los historiadores sobre cuándo comienza la Antigüedad Tardía —el final de la «crisis del » y el advenimiento de Diocleciano en 284— no existe un acuerdo generalizado sobre la fecha de su final.
En la división tradicional, la Antigüedad terminó con las invasiones germánicas y la deposición del último emperador de Occidente, Rómulo Augusto, en el 476. Esta interpretación suele incluir la consideración del Bajo Imperio como un período de «decadencia». Desde esta perspectiva, las invasiones germánicas en los siglos y llevaron a un cambio decisivo, barriendo a la sociedad romana y estableciendo un nuevo sistema social.
En ocasiones se usa la invasión lombarda de Italia en 568 para situar en ese momento el final de la Antigüedad tardía o también el fin del reinado de Justiniano (565), que durante mucho tiempo marcó para los especialistas la transición del Imperio Romano de Oriente al Imperio Bizantino. Sin embargo, los grecorromanos de Oriente nunca se identificaron a sí mismos como «bizantinos» (este término es un neologismo introducido por Hieronymus Wolf en 1557), sino como «romanos» (Βασιλεία Ῥωμαίων = imperio de los romanos), más allá incluso de la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, ya que en el Imperio otomano, formaron la Milliyet de "Ron", hasta 1923. miniaturadeimagen|250px|El Imperio Romano en el año 395 d. C.
Otros autores han situado el final en el año 1000, cuando tuvo lugar la llamada «revolución feudal» que supuso la desaparición de los campesinos libres, sometidos a servidumbre, y de los latifundios cultivados con esclavos que dieron paso a los señoríos.Iñaki Martín Viso, Poblamiento y estructuras sociales en el norte de la Península Ibérica. Siglos -, p.19, Universidad de Salamanca, 2000. ISBN 84-7800-914-0.Paul Freedmam,La servidumbre catalana y el problema de la revolución feudal, p.427, en revista Hispania, vol. 56, n.º 193 (1996): 425-446.
De forma más genérica también se ha situado en el cuando el Imperio bizantino perdió gran parte de su territorio bajo los golpes de los lombardos, las invasiones eslavas, búlgaras y especialmente árabes, por lo que quedó reducido a Grecia y Anatolia, convirtiéndose así cada vez más en un estado griego medieval, mientras que en Occidente estudios geológicos recientes han demostrado que las variaciones climáticas socavaron la productividad agrícola del norte de Europa y empujaron a muchas poblaciones hacia la cuenca mediterránea. En el norte de la Galia y las islas británicas, el bosque recuperó terreno después de la despoblación y será necesario esperar al año 1000 para ver el regreso (a menudo bajo la influencia de los monasterios) de caminos, canales de riego, trigo, vid, etc.
El historiador español Luis Agustín García Moreno, siguiendo en gran medida a Peter Brown, sitúa el final de la Antigüedad tardía en «una fecha variable, cuyos puntos de inflexión serían la conquista por el Islam de los dominios bizantinos del norte de África y una buena parte de Oriente Próximo entre el 636 (batalla de Yarmuk) y el 697 (captura definitiva de Cartago) y la ruina del reino visigodo español (711)». La historiadora británica Averil Cameron coincide con García Moreno al situar el fin de la Antigüedad tardía en el , con las invasiones árabes.
La antigüedad tardía como proceso de transición miniaturadeimagen|Evolución de la extensión territorial de Roma y su Imperio. miniaturadeimagen|Encuentro de León Magno con Atila, fresco de Rafael Sanzio en las estancias del Vaticano (1514). miniaturadeimagen|La Batalla de Poitiers, en la que los francos dirigidos por Carlos Martel, el abuelo de Carlomagno, detuvieron el avance de los musulmanes por Europa (732). Pintura histórica de Carl von Steuben (1837).
Habría sido un amplio periodo de transición en todos los ámbitos: en lo económico, según la hitoriografía marxista, para la transición entre el modo de producción esclavista y el modo de producción feudal; en lo social, para la desaparición del concepto de ciudadanía romana y la definición de los estamentos medievales; en lo político para la descomposición de las estructuras centralizadas del Imperio romano que dio paso a una dispersión del poder; y en lo ideológico y cultural para la absorción y sustitución de la cultura clásica por las teocéntricas culturas cristiana o islámica (cada una en su espacio).
Aunque se han propuesto varias fechas para el inicio de la Edad Media, de las cuales la más extendida es la del año 476, lo cierto es que no podemos ubicar su inicio de una forma tan exacta ya que la Edad Media no nace, sino que "se hace" a consecuencia de todo un largo y lento proceso que se extiende por espacio de cinco siglos y que provoca cambios enormes a todos los niveles de una forma muy profunda que incluso repercutirán hasta nuestros días. Podemos considerar que ese proceso empieza con la crisis del , vinculada, según la historiografía marxista, a los problemas de reproducción inherentes al modo de producción esclavista, que necesitaba una expansión imperial continua que ya no se producía tras la fijación del limes romano. Posiblemente también confluyeran factores climáticos para la sucesión de malas cosechas y epidemias; y de un modo mucho más evidente las primeras invasiones germánicas y sublevaciones campesinas (bagaudas), en un periodo en que se suceden muchos breves y trágicos mandatos imperiales. Desde Caracalla la ciudadanía romana estaba extendida a todos los hombres libres del Imperio, muestra de que tal condición, antes tan codiciada, había dejado de ser atractiva. El Bajo Imperio adquiere un aspecto cada vez más «medieval» desde principios del con las reformas de Diocleciano: difuminación de las diferencias entre los esclavos y los colonos, campesinos libres, pero sujetos a condiciones cada vez mayores de servidumbre, que pierden la libertad de cambiar de domicilio, teniendo que trabajar siempre la misma tierra;«Cualquier persona que encuentre un colono perteneciente a otra persona no sólo deberá devolverlo a su lugar de origen, sino que también estará sujeto a impuestos por el tiempo que lo tuviera. Más aún, será lo adecuado que los colonos que planeen huir sean cargados de cadenas como esclavos y que puedan ser obligados por una ley propia de siervos a realizar los deberes que les son propios como hombres libres.» (Edicto de Constantino sobre el colonato, Cod. Theod., V, 17, 1, en: Jones, A. H. M., "El Colonato Romano", en: Estudios sobre Historia Antigua, Ed. de M. I. Finley, Trad. de R. López, Akal, 1984 (1974), Madrid, p. 316). herencia obligatoria de cargos públicos —antes disputados en reñidas elecciones— y oficios artesanales, sometidos a colegiación —precedente de los gremios—, todo para evitar la evasión fiscal y la despoblación de las ciudades, cuyo papel de centro de consumo y de comercio y de articulación de las zonas rurales cada vez es menos importante en Occidente. Al menos, las reformas consiguen mantener el edificio institucional romano, aunque no sin intensificar la ruralización y aristocratización (pasos claros hacia el «feudalismo», según la historiografía marxista), sobre todo en Occidente, que queda desvinculado de Oriente con la partición del Imperio. Otro cambio decisivo fue la implantación del cristianismo como nueva religión oficial por el Edicto de Tesalónica de Teodosio I el Grande (380) precedido por el Edicto de Milán (313) de Constantino I el Grande.