miniaturadeimagen|derecha|250px|Estelada en Arco de Triunfo de Barcelona colgada durante la manifestación independentista del 11 de septiembre de 2012 convocada bajo el lema ”Catalunya, nou estat d'Europa”. La historia del independentismo catalán comienza en Cataluña en los primeros años de la Restauración borbónica en España y culmina con la hegemonía del independentismo catalán en el seno del catalanismo político en la segunda década del . Según Enric Ucelay-Da Cal, como «movimiento político intencionadamente innovador» nació en el invierno de 1918-1919, nada más acabar la Primera Guerra Mundial, aunque en sentido estricto aparece en 1968 (hasta esa fecha Ucelay-Da Cal prefiere hablar de movimiento «separatista», ya que según él «el independentismo deriva del separatismo, pero no es lo mismo»). Hacia 2010-2012 irrumpe el «nuevo independentismo de masas» que protagoniza la que Ucelay-Da Cal llama la «revolución catalana» de 2017-2018. Los hechos fundamentales de esa «revolución» fueron el referéndum del 1 de octubre de 2017 y la posterior declaración de unilateral de independencia del 27 de octubre que, según Jordi Amat, provocaron una «crisis constitucional» en España «que ha terminado por dejar en suspenso el Estado que se refundó durante la Transición».
Inicios (1886-1923) El médico, farmacéutico y periodista Josep Narcís Roca i Farreras (1834-1891), colaborador entre otros del diario catalanista La Renaixença, es considerado el primer nacionalista catalán independentista. El primer artículo donde apareció claramente su propuesta de que Cataluña tuviera un Estado propio fue publicado en 1886 con el significativo título de Ni espanyols ni francesos (‘Ni españoles ni franceses’), lo que le valió que se dictara contra él una orden de prisión. El objetivo de Roca i Farreras era que Cataluña se convirtiera en el «Portugal de Levante» y uno de sus modelos era el nacionalismo irlandés ―de hecho Roca i Farreras fue el primer firmante del Missatge d’Adhesió al Poble Irlandés (‘Mensaje de Adhesión al Pueblo Irlandés’) que iba dirigido al líder del movimiento Charles Stewart Parnell―. «Un dia nostras barras catalanas resplandissen solas, sens lleons, castells, cadenas, ni magranas’» (‘Un día nuestras barras catalanas resplandecerán solas, sin leones, castillos, cadenas, ni granadas’), escribió en clara alusión al escudo de España. miniaturadeimagen|izquierda|Bandera de la República de Cuba, que sirvió de modelo a la estelada. thumb|izquierda|Bandera de Puerto Rico, que también sirvió de modelo a la estelada. miniaturadeimagen|izquierda|Estelada.
El primer grupo independentista organizado apareció a principios del pero no en Cataluña sino en Santiago de Cuba, poco después de que la isla se emancipara de España, cuya lucha por la independencia había despertado grandes simpatías y apoyos entre los emigrantes catalanes en la isla. En el Centre Català de Santiago de Cuba fue donde ondeó por primera vez la estelada creada precisamente por un residente catalán en Cuba, Vicenç Albert Ballester, y cuyo diseño está inspirado en la bandera cubana. También fueron miembros del “Centre Catalá” de Santiago los primeros en publicar un periódico abiertamente independentista llamado “Fora Grillons” (‘Fuera Grilletes’).
miniaturadeimagen|270px|Documento en inglés titulado What says Catalonia con fecha del 11 de septiembre de 1918 en el que el Comité Pro Cataluña pide a «la victoriosa Entente, por el Derecho y la Libertad de los Pueblos, la revisión del Tratado de Utrecht. ¡Viva la Entente! ¡Gloria a Wilson! ¡¡¡Justicia!!!». Es el documento más antiguo en que aparece la estelada. En Cataluña a principios del se constituyeron algunas organizaciones «protoindependentistas» alrededor de la Unió Catalanista —que estuvo presidida por Domènec Martí i Julià desde 1903 hasta su muerte a mediados de 1917—, como la Associació Nacionalista Catalana formada por el Aplec Catalanista y La Reixa, pero habrá que esperar a 1918 para que surjan las primeras organizaciones propiamente independentistas debido al impacto que tuvo en algunos sectores del nacionalismo catalán el «discurso de los catorce puntos» del presidente Woodrow Wilson en el que se reconocía el derecho de autodeterminación de los pueblos en un momento en que la intervención norteamericana en la «Gran Guerra» parecía abocarla hacia su final con la victoria de los aliados.
Así en julio de 1918 se constituyó con gente de la Unió Catalanista el Comité Pro Cataluña presidido por Vicenç Albert Ballester, director de “La Tralla” y creador de la estelada. El objetivo del Comité era internacionalizar el «pleito catalán» para lo que se puso en contacto con los centros catalanes de América. La Lliga Regionalista, el partido catalanista hegemónico, en principio no se sumó a esta estrategia de los nacionalistas catalanes radicales, pero su postura comenzó a cambiar y en octubre el presidente de la Mancomunidad de Cataluña Josep Puig i Cadafalch fue a Perpiñán para asistir al acto de homenaje al mariscal francés Joseph Joffre, que había nacido en el departamento de Pirineos Orientales —Puig i Cadafalch invitó al mariscal a ir a Barcelona, visita que realizó en mayo de 1920 para presidir los Juegos Florales; por otro lado la propaganda nacionalista radical presentó al mariscal Joffre como un héroe de guerra catalán—. Francesc Cambó, líder de la Lliga, llegó a sondear al gobierno francés sobre un posible viaje a París para defender la «causa catalana» pero la respuesta fue negativa al considerarla un «problema interior» español.
En diciembre de 1918, dos meses después de que se firmara el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial , nacionalistas catalanes radicales (encabezados por Daniel Domingo, comandante del Regimiento de los Voluntarios Catalanes en la guerra) constituyeron en París el autodenominado «Comité Nacional Catalán», que imitaba al Comité Nacional Checo, para reclamar a los países vencedores que se ocuparan del «pleito catalán». En nombre de la «Legión catalana» —los catalanes que se habían enrolado en la Legión Extranjera Francesa para combatir a los Imperios Centrales, y que la propaganda nacionalista cifraba en doce mil, aunque hoy se considera que ese número está muy inflado—, el Comité envió una carta al presidente norteamericano Woodrow Wilson en la que le pedían «la revisión del ignominioso Tratado de Utrecht y permitir que la Nación Catalana, libre e independiente, entre a ocupar en la Sociedad de Naciones el lugar que le corresponde por su pasado glorioso y por su florecimiento presente». No se tiene constancia de que recibieran ninguna respuesta y el «pleito catalán» no se incluyó en el orden del día de la Conferencia de París. De hecho cuando en enero de 1919 el Comité pretendió organizar en París un homenaje a los voluntarios catalanes que habían combatido en la «Gran Guerra» el gobierno francés no permitió que se desplegara la estelada ni que se utilizara como acto de propaganda a favor de la independencia y obligó a que la reunión fuera presentada como un homenaje a los «voluntarios españoles».
En Cataluña la reivindicación del Comité Nacional Catalán fue apoyada en el Aplec de la Conreria que reunió a miles de personas, entre ellas el diputado por Borjas Blancas, Francesc Macià, quien en un discurso en las Cortes había dicho hacía poco: «Queremos formar una nacionalidad libre e independiente, porque esta nacionalidad [catalana] pueda asistir a la Liga de las Naciones, llevando allí su civilización y su cultura». De esta forma Macià se había convertido en la figura pública más importante del independentismo. «Maciá recogió el ambiente que se vivía en los grupúsculos soñadores, convencidos de que iban a recibir el regalo de una independencia de la mano del presidente norteamericano Woodrow Wilson y sus famosísimos "catorce puntos"», afirma el historiador Ucelay-Da Cal. Así Maciá creó inicialmente el Partido Obrero Nacionalista que no cuajó para dar paso a la Federació Democràtica Nacionalista (FDN), fundada a principios de 1919 y que puede considerarse como la primera organización independentista catalana. En 1920 la FDN se presentó a las elecciones municipales de Barcelona, pero cosechó un rotundo fracaso, lo que obligó a Macià a repensar su estrategia.
La "guerra social" desatada en Cataluña a partir de febrero de 1919 con la Huelga de la Canadiense tuvo como consecuencia que la Liga Regionalista de Francesc Cambó abandonara la campaña Per Catalunya i l'Espanya Gran a favor de un Estatuto de Autonomía para Cataluña. Esta nueva política de la Liga de dar prioridad a la defensa del "orden social" frente a la reivindicación estatutaria, provocó la radicalización de amplios sectores del nacionalismo catalán, especialmente la Joventut Nacionalista de la Lliga, decepcionados con la nueva estrategia del catalanismo conservador. También estaban desilusionados con la política de colaboración con el régimen de la Restauración llevada a cabo por Cambó y que no había dado ningún fruto. Así en junio de 1922 se celebró una Conferencia Nacional Catalana, donde los jóvenes de la Lliga encabezados por Lluís Nicolau d’Olwer y Jaume Bofill i Mates coincidieron con intelectuales del campo republicano como Josep M. Pi i Sunyer, Carles Soldevila y Rovira i Virgili y con el grupo que encabezaba Francesc Macià. De esta Conferencia surgieron dos nuevos partidos nacionalistas catalanes más radicales que la Lliga: Acció Catalana, integrada por los jóvenes de la Lliga y los intelectuales republicanos, y Estat Català, integrado por el grupo de Macià. Este último de signo netamente independentista.
Dictadura de Primo de Rivera, Segunda República y Guerra Civil (1923-1939) miniaturadeimagen|izquierda|Francesc Macià, líder de Estat Català y del Complot de Prats de Molló. La Dictadura de Primo de Rivera en Cataluña pronto desplegó una política claramente anticatalanista y los militantes y dirigentes de los partidos nacionalistas catalanes no tuvieron más opción que la clandestinidad o el exilio. En cuanto a Estat Català la represión de la Dictadura le reafirmó en su apuesta por la vía insurreccional y así lo expuso claramente Francesc Macià el 7 de octubre de 1923 poco antes de huir a la Cataluña francesa cuando explicó que el principal objetivo de su partido era formar una gran coalición con las organizaciones obreras y los partidos republicanos catalanes, y con los nacionalistas radicales vascos y gallegos, para llevar a cabo un movimiento subversivo que acabara con la Dictadura. Con ese objetivo se formaron los primeros escamots —un término creado para evitar la palabra esquadra, de reminiscencias fascistas—, se fundó en París un Comité Separatista Català, que haría las funciones de cuartel general de la insurrección, y se comenzó a recaudar fondos para la compra de material de guerra. En el plano internacional Macià contactó con diversos movimientos de naciones sin estado europeos y con los nacionalistas filipinos para formar una Liga de Naciones Oprimidas, constituida en septiembre de 1924, que actuaría como centro de propaganda y como grupo de presión ante la Sociedad de Naciones.
La primera acción subversiva llevada a cabo en Cataluña no fue ideada por Macià sino por Bandera Negra, una organización armada clandestina dirigida desde el exterior por Daniel Cardona, un dirigente de Estat Català que residía en Perpiñán y que, en contra del parecer de Macià, quería convertir el partido en un grupo paramilitar. Se trató del conocido como complot del Garraf, un atentado fallido perpetrado en junio de 1925 contra los reyes de España en las costas de Garraf.