thumb|right|«Reinaré en España», Gran Promesa del Sagrado Corazón de Jesús al padre Hoyos, aludida históricamente por los tradicionalistas españoles para reivindicar en España el reinado social de Jesucristo. En relación con la organización del Estado y la sociedad, tradicionalismo es, según la actual definición de la Real Academia Española, el «sistema político que consiste en mantener o restablecer las instituciones antiguas». El diccionario esencial de la lengua española del Grupo Santillana lo define a su vez como el «sistema político surgido en Europa en el que defendía el mantenimiento o restablecimiento del Antiguo Régimen» y le da como sinónimo el término ultramontanismo.

thumb|right|Imagen de Cristo Rey.

En España generalmente se ha identificado el tradicionalismo con el realismo, el carlismo y el integrismo, si bien se han considerado también exponentes del tradicionalismo los pensadores llamados neocatólicos del reinado de Isabel II, además de algunos autores vinculados a la derecha reaccionaria de la Restauración y la Segunda República. El tradicionalismo español se destacó especialmente por la defensa de la monarquía tradicional y de la unidad católica de España.

Definición de la Enciclopedia Espasa La voz Tradicionalismo de la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, publicada en 1928, definió el término tradicionalismo en política —en sentido amplio— como el sistema social y político opuesto al liberalismo. El tradicionalismo fundamentaba el régimen social y político de España en los principios tradicionales de la religión católica y de la monarquía católica pura, rechazando absolutamente los de la separación entre la Iglesia y el Estado, la soberanía popular, el sufragio universal y la «libertad sin trabas preventivas», según expresión de la Espasa. En este sentido, estaban dentro del tradicionalismo el carlismo, el integrismo y el llamado catolicismo social. Sin embargo, en sentido estricto esa palabra se ha aplicado solo al carlismo, por ser este el que desde más antiguo y con más intransigencia ha defendido esos principios, uniendo a esta defensa la de los derechos que han afirmado tener al trono Carlos María Isidro de Borbón (hermano de Fernando VII) y sus sucesores, sosteniéndolos unos y otros con las armas en diversas ocasiones.

De acuerdo con la Enciclopedia Espasa, el carlismo fue en España el primer tradicionalismo y el tradicionalismo por antonomasia, siendo las demás tendencias tradicionalistas ramas separadas o derivadas del mismo, diferenciándose de él únicamente en no hacer cuestión capital la de los derechos de la rama proscrita de los Borbones españoles a la Corona. De modo que desde el Sexenio Democrático y hasta la primera escisión, que fue la del integrismo o nocedalismo, el tradicionalismo fue una sola y misma cosa con el carlismo, legitimismo o comunión católico-monárquica, que todos estos cuatro nombres recibió, dándosele el primero y el cuarto atendiendo al contenido doctrinal, social y político, y el segundo y tercero, a la cuestión dinástica.

Historia y doctrina El tradicionalismo español es una corriente de pensamiento político e ideológico que se desarrolló en España a lo largo de los siglos y , caracterizada por su defensa del orden social católico, la monarquía tradicional, la unidad religiosa y la crítica al liberalismo, la democracia moderna y el secularismo. A diferencia de otros conservadurismos europeos, el tradicionalismo español no aspira a moderar el cambio, sino a restaurar un orden previo al constitucionalismo liberal. Es el pensamiento político que defiende la tradición política de España como encarnación del orden natural cristiano. thumb|200px|left|Isidoro de Sevilla El tradicionalismo español es considerado casi unánimemente una doctrina nacida en el , aunque existen opiniones muy diferentes sobre qué fenómenos intelectuales pueden considerarse sus antecedentes. Aparte de algunos casos aislados que remontan sus orígenes a la época precristiana,Véanse, por ejemplo, las referencias al carlismo como concepto basado en teorías precristianas de Aristóteles y de los Padres de la Iglesia en la carta de José Miguel Gambra Gutiérrez, dirigente de la Comunión Tradicionalista Carlista, a Enrique Sixto de Borbón, de 21 de febrero de 2010. la perspectiva más amplia es la que identifica las raíces del tradicionalismo con los comienzos de la tradición política española,Melchor Ferrer, Domingo Tejera de Quesada y José Acedo, Historia del tradicionalismo español, vol. 1, Sevilla, 1941, p. 8. representada en las obras de Isidoro de Sevilla.Melchor Ferrer, Domingo Tejera de Quesada y José Acedo, Historia del tradicionalismo español, vol. 1, Sevilla, 1941, pp. 11-19. Junto con las obras de otros autores españoles medievales,Como Rodrigo Sánchez de Arévalo, Raimundo Lulio y otros; Ferrer, Tejera y Acedo, Historia del tradicionalismo español, vol. 1, Sevilla, 1941, p. 19 y ss.esta tradición habría alcanzado su apogeo en el , desde Fernando de RoaFerrer, Tejera y Acedo, Historia del tradicionalismo español, vol. 1, Sevilla, 1941, pp. 31-32. hasta Antonio de GuevaraFerrer, Tejera y Acedo, Historia del tradicionalismo español, vol. 1, Sevilla, 1941, p. 33.y Juan de Mariana,Ferrer, Tejera y Acedo, Historia del tradicionalismo español, vol. 1, Sevilla, 1941, pp. 38-46. y sentó las bases de la concepción tradicionalista del poder y de la política, derivada del orden cristiano y natural. En el se enriqueció con conceptos relacionados con los cuerpos intermedios, la representación política y la limitación de los poderes reales, gracias a las obras de Juan Fernández de Madrano, Tomás Cerdán de Tallada, Agustín de Rojas Villandrando, Juan Ignacio de Madariaga, Francisco de Sánchez de la Barreda, Juan de Palafox y Mendoza y, especialmente, Francisco de Quevedo.Ferrer, Tejera y Acedo, Historia del tradicionalismo español, vol. 1, Sevilla, 1941, pp. 57-100. Otros autores, sin embargo, se muestran escépticos ante una interpretación tan amplia y consideran que confunde el tradicionalismo con la tradición política española.Javier Herrero, Los orígenes del pensamiento reaccionario español, Madrid, 1971, p. 24. Para una muestra de las críticas a esta obra, véase Vladimir Lamsdorff Galagane, «Los orígenes del pensamiento reaccionario español, de Javier Herrero», Revista de Estudios Políticos, 183-184 (1972), pp. 391-399; también Mariano de Santa Ana, «Es preciso no confundir tradición con tradicionalismo», La Página, 50 (2002), pp. 37-44.

Según una perspectiva algo diferente,Francisco Elías de Tejada, Rafael Gambra y Fernando Puy, ¿Qué es el carlismo?, Madrid, 1971, p. 29. Según los autores, fue la oposición a anteponer los intereses de la Casa de Borbón a los de España «lo que da lugar al nacimiento del tradicionalismo del siglo XVIII».los antecedentes del tradicionalismo pueden identificarse no antes del , ya que su aparición estuvo condicionada por la experiencia de discontinuidad entre el pasado y el presente.Pedro Carlos González Cuevas, «Los tradicionalismos. El tradicionalismo como ideología», en Pedro Carlos González Cuevas (ed.), Historia del pensamiento político español del Renacimiento a nuestros días, Madrid, 2016, ISBN 9788436270051, pp. 137-158. Las primeras manifestaciones del pensamiento pretradicionalista surgieron, según esta interpretación, como oposición a las reformas modernizadoras borbónicas importadas de Francia y que dieron lugar a la formación de una monarquía absoluta.Jordi Canal, El carlismo, Madrid, 2000, ISBN 8420639478, pp. 31-32. Véase también Francisco Puy, El pensamiento tradicional en el siglo XVIII, Madrid, 1969. Según una de las teorías, los «ilustrados» y los «tradicionalistas» compitieron por el poder durante buena parte del siglo XVIII, considerando estos últimos que la Ilustración constituía una amenaza para el poder real. Véase también Enrique Martínez Ruiz, Enrique Giménez, José Antonio Armillas y Consuelo Maqueda, La España moderna, Madrid, 1992, ISBN 8470902776, p. 502.Inicialmente, las críticas se centraron en la pretendida homogeneización del Estado; escritores y estudiosos como Juan Manuel Fernández Pacheco, Narciso Feliú de la Peña y Manuel de Larramendi se opusieron a los esfuerzos centralizadores de Felipe V y defendieron las instituciones locales tradicionales.Jacek Bartyzel, Nic bez Boga, nic wbrew tradycji, Radzymin, 2015, ISBN 9788360748732, pp. 57-58. A mediados del , las críticas se dirigieron hacia una forma de gobierno de carácter tecnocrático; Andrés Piquer Arrufat, los hermanos Nuix de Perpiñá y, especialmente, Fernando de Ceballos y Mier se enfrentaron al creciente «despotismo ministerial», considerado resultado de la arrogancia de la Ilustración.«Padre Fernando Ceballos y Mier stays at the roots of Spanish Traditionalism, himself merging liberal-conservatism, traditionalism and radical rightism», Юрий Владимирович Василенко, «У истоков испанского традиционализма: случай падре Ф. Себальоса», Научный ежегодник Института философии и права Уральского отделения Российской академии наук, 14 (2014), p. 77. Algunos autores destacan el carácter antiilustrado de los tradicionalistas del ,La interpretación seguida, por ejemplo, por Javier Herrero, Los orígenes del pensamiento reaccionario español, Madrid, 1971.mientras que otros prefieren subrayar su posición anti absolutista.La interpretación seguida, por ejemplo, por Jacek Bartyzel, Nic bez Boga, nic wbrew tradycji, Radzymin, 2015.En ninguno de estos casos se presentó una teoría política concisa y sistemática;Jacek Bartyzel, Nic bez Boga, nic wbrew tradycji, Radzymin, 2015, pp. 58-59.en cambio, los autores mencionados aprovecharon deliberadamente las numerosas diferencias existentes entre el nuevo sistema y las instituciones tradicionales españolas.Estanislao Cantero, «Cádiz, 1812. De mitos, tradiciones inventadas y 'husos' historiográficos», Verbo, 505-506 (2012), pp. 373-426; Miguel Ayuso Torres, «El pensamiento político del Manifiesto de los Persas», Aportes, 30/87 (2015), pp. 6-7. thumb|160px|right|Rafael de Vélez Ambas perspectivas son rechazadas por los autores que siguen quizá la interpretación más extendida, según la cual no puede hablarse de tradicionalismo antes de la Revolución francesa.Fueron los acontecimientos de 1789 en Francia los que dieron lugar a los antecedentes del tradicionalismo, cuya doctrina se fundamentaría en el concepto de contrarrevolución. Desde esta perspectiva, fue la revolución, y no el absolutismo, la que se convirtió en el principal punto de referencia frente al cual se definió el tradicionalismo.