thumb|right|300px|Distribución de ayuda humanitaria en Georgia

La eficacia de la ayuda es la medida de cuánto consigue la cooperación al desarrollo promover el desarrollo humano, el económico u otros objetivos de desarrollo. Las agencias de ayuda siempre están buscando maneras nuevas para mejorar la eficacia de la ayuda al desarrollo, incluyendo condicionalidad (ir proporcionando la ayuda si se van cumpliendo determinadas condiciones), aumento de capacidades (normalmente, de organismos públicos, lo que puede traducirse en formación de los empleados o informática que los capacite para realizar mejor su trabajo) y apoyo a una mejor gobernanza.

Trasfondo histórico El sistema internacional de ayuda al desarrollo nació de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos utilizaron sus fondos de ayuda para colaborar en la reconstrucción de Europa (Plan Marshall). Este sistema alcanzó su mayoría de edad durante la Guerra Fría  (1960-1980). Durante este período, la ayuda extranjera se utilizaba a menudo para apoyar a Estados cliente en el mundo en desarrollo. Aunque los fondos tenían mejor uso en países bien gobernados, el criterio para asignarlos no era que el país estuviera bien gobernado, sino si era aliado.

Después del fin de la Guerra Fría, la ayuda oficial al desarrollo (AOD) empezó a centrarse más en la reducción de la pobreza y la promoción del desarrollo. Los países más pobres y necesitados se volvieron la prioridad. Una vez acabada la Guerra Fría, los donantes occidentales pudieron aplicar mejor la condicionalidad, porque ya no tenían intereses geopolíticos en los países receptores. Esto permitió a los donantes condicionar la ayuda a que los gobiernos receptores hicieran cambios económicos, así como cambios democráticos.Dunning, Thad. "Conditioning the Effects of Aid: Cold War Politics, Donor Credibility, and Democracy in Africa." International Organization 58.02 (2004) En este entorno empezó tomar forma, a finales de la década que comenzó en 1991, el movimiento para una ayuda internacional eficaz. Los gobiernos donantes y las agencias de desarrollo empezaron a darse cuenta de que sus múltiples planteamientos y requisitos imponían costes enormes a los países receptores, haciendo la ayuda menos eficaz. Los donantes empezaron a colaborar entre ellos, y con países en desarrollo, para armonizar su trabajo y mejorar su efecto.

El movimiento para la eficacia de la ayuda tomó fuerza en 2002 en la Conferencia internacional sobre financiación al desarrollo celebrada en Monterrey, México, la cual estableció el Consenso de Monterrey. Allí, la comunidad internacional acordó aumentar su financiación para el desarrollo —pero reconoció que no bastaba con más dinero. Tanto los donantes como los receptores querían asegurarse de que la ayuda sería empleada del modo más eficaz posible, para que los países pobres consiguieran así los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el conjunto de objetivos acordados por 192 países en 2000, entre los cuales se encontraba reducir a la mitad la pobreza mundial para 2015. Evolucionaba de esta forma un nuevo paradigma de ayuda como asociación bidireccional entre donante y receptor, en vez de una vía de sentido único.

En 2003, funcionarios y representantes de donantes y receptores se reunieron en Roma para el Foro de alto nivel sobre armonización.aidharmonization.org En esta reunión, auspiciada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las agencias de ayuda se comprometieron a trabajar con los países en desarrollo para coordinar y alinear mejor sus actividades a nivel nacional.oecd.org Acordaron dar cuenta de los progresos concretos antes de reunirse nuevamente en París a comienzos de 2005.

En París, países de todo el mundo firmaron la Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda, un intento más amplio, basado en el principio de asociación, de cambiar la manera en que colaboran donantes y receptores. Tres años después, en 2008, el Tercer foro de alto nivel, celebrado en Acra, Ghana, dio cuentas de los progresos y se basó en la Declaración de París para acelerar los cambios.accrahlf.net Los principios acordados en las declaraciones no son siempre practicados por los donantes y organismos multilaterales. En el caso de Camboya, dos expertos han dictaminado un comportamiento incorrecto de los donantes.Dinosaurs at work , Development and Cooperation, Vol. 36, 2009, No. 12

Los esfuerzos para mejorar la eficacia de la ayuda han ganado un impulso significativo en el sector de la salud, debido en gran parte al trabajo de la Alianza Internacional por la Salud (en 2018 denominada con el acrónimo CSU2030, cobertura sanitaria universal para 2030, y anteriormente con las siglas inglesas IHP+). Creada en 2007, CSU2030 es un grupo de socios comprometidos con la mejora de la salud de los ciudadanos en los países en desarrollo. Estos socios colaboran con el fin de poner en práctica principios internacionales para la eficacia de la ayuda. CSU2030 moviliza a gobiernos nacionales, agencias de desarrollo, sociedad civil y otros para apoyar una única estrategia nacional bien coordinada.

Las críticas a los efectos de la ayuda se han vuelto más atronadoras a medida que las campañas mundiales para aumentarla han cobrado fuerza, particularmente desde 2000. Hay quienes argumentan que la ayuda nunca es eficaz. La mayoría de cooperantes están de acuerdo en que la ayuda no siempre ha funcionado a su máximo potencial, pero sí ha conseguido efectos significativos cuando ha sido adecudamente dirigida y gestionada, particularmente en áreas como salud y educación básica. Existe un amplio acuerdo en que la ayuda es solo un factor en el complejo proceso que necesitan los países pobres para desarrollarse, y en que el crecimiento económico y la buena gobernanza son prerrequisitos.

Para maximizar la eficacia de la ayuda, las donaciones deben dirigirse a áreas como industrias locales, franquicias, o centros de beneficio (grandes unidades, dentro de una empresa, cuyos ingresos y costes se computan como si se tratara de empresas independientes) en países en desarrollo. Estas acciones pueden sostener el gasto sanitario y resultar en crecimiento a largo plazo.Garrett, Laurie. 2007. The Challenge of Global Health. Foreign Affairs 86 (1):14-38]

La OCDE ha explorado —a través revisiones por pares y otros trabajos del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD)— las razones por las que la ayuda ha funcionado o no. Esto ha resultado en un conjunto de buenas prácticas y principios que pueden aplicarse mundialmente para una mejor cooperación al desarrollo. El objetivo final de los esfuerzos actuales por una ayuda eficaz es ayudar a los países en desarrollo a construir sistemas y estructuras locales que funcionen, de modo que sean capaces de gestionar su propio desarrollo y reducir su dependencia de esta ayuda. En otras palabras: cuanto mejor es la ayuda, menos ayuda se necesita.

Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda, febrero de 2005 En febrero de 2005, la comunidad internacional se reunió en el Foro de París sobre la eficacia de la ayuda, acogido por el gobierno francés y organizado por la OCDE. El papel de la ayuda en el fomento del desarrollo había llamado la atención de la opinión pública durante la preparación de la Cumbre del G8g8.gov.uk en Gleneagles, Escocia, y estaban en marcha campañas mundiales como Hagamos que la pobreza pase a la historia.

Aunque se había hecho algún progreso en armonizar el trabajo de los donantes, se reconoció que quedaba mucho por hacer. La ayuda todavía estaba demasiado dirigida por las prioridades de los donantes y demasiado administrada por ellos, dificultando que los destinatarios tomaran el control. La ayuda todavía era demasiado descoordinada, imprevisible y poco transparente. Se consideraba esencial una reforma más profunda si se quería que la ayuda demostrara su auténtico potencial para luchar contra la pobreza.

En la reunión de París, más de 100 firmantes —gobiernos donantes y receptores, agencias multilaterales, bancos regionales de desarrollo y las agencias internacionales— aprobaron la Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda. Esta declaración fue mucho más lejos que acuerdos anteriores; representó un consenso más amplio entre la comunidad internacional sobre cómo hacer más eficaz la ayuda. Se nucleaba en torno al compromiso para ayudar a los gobiernos de países en desarrollo a formular y aplicar sus propios planes de desarrollo nacionales, según sus propias prioridades nacionales, utilizando, a ser posible, sus propios sistemas de planificación y aplicación.

La Declaración de París contiene 56 compromisos de asociación destinados a mejorar la eficacia de la ayuda. Fija 12 indicadores para proporcionar una forma —medible y basada en la evidencia— de seguir los avances, y establece que en 2010 once de estos indicadores deberán alcanzar unas cifras determinadas. Algunos sistemas de gestión de información sobre la ayuda, como la Base de datos de ayuda al desarrollo, se basan en los principios de la Declaración de París para seguir la eficacia de la ayuda y la actuación de los donantes.

Esta declaración se centra en 5 principios que se refuerzan mutuamente: Apropiación: los países en desarrollo tienen que dirigir sus propias políticas y estrategias de desarrollo, y gestionar sobre el terreno su propio trabajo de desarrollo. Esto es esencial si la ayuda es para contribuir verdaderamente a un desarrollo sostenible. Los donantes tienen que apoyar a los países en desarrollo en el aumento de su capacidad para ejercitar esta clase de liderazgo, a través de fortalecer el conocimiento, las instituciones y las administraciones locales. El objetivo establecido por la declaración es que en 2010 tres cuartas partes de los países en desarrollo tengan sus propias estrategias nacionales de desarrollo. Alineamiento: los donantes tienen que alinear firmemente su ayuda con las prioridades perfiladas en esas estrategias nacionales de desarrollo. A ser posible tienen que utilizar procedimientos e instituciones locales para gestionar su ayuda gestora, de modo que se construyan estructuras sostenibles. En París, los donantes se comprometieron a utilizar más los procedimientos de los receptores para administración de las finanzas públicas, contabilidad, auditoría, aprovisionamiento y seguimiento. Donde estos sistemas no son bastante fuertes para gestionar eficazmente la ayuda, los donantes prometieron contribuir a fortalecerlos. Prometieron también mejorar la previsibilidad de la ayuda, reducir a la mitad la cantidad de ayuda que no es desembolsada en el año para el que está planificada, y continuar desligando su ayuda de cualquier obligación gastarla en bienes o servicios del donante. Armonización: los donantes tienen que coordinar mejor su trabajo de desarrollo con el fin de evitar duplicidades y altos costes de transacción para los países pobres. En la Declaración de París se comprometieron a coordinarse mejor a nivel nacional para aliviar la carga de los receptores, por ejemplo reduciendo el alto número de misiones de campo duplicadas. Acordaron el objetivo de, en 2010, proporcionar 2/3 de toda su ayuda a través de los llamados “planteamientos programáticos”. Esto significa la ayuda es acumulada para apoyar una determinada estrategia de un receptor —como un plan sanitario nacional— en vez de fragmentada en múltiples proyectos individuales. Gestión por resultados: todas las partes en la relación de ayuda tienen que centrarse en el resultado, la diferencia tangible que produce en las vidas de las personas pobres. Tienen que desarrollar mejores sistemas y herramientas para medir este impacto. El objetivo fijado por la declaración es, para 2010, reducir en 1/3 la proporción de países en desarrollo sin marcos sólidos para medir el impacto de ayuda.