La rebelión jacobita de 1745 (, «el Año de Carlos»), fue un intento fallido por parte de Carlos Eduardo Estuardo, también conocido como Bonnie Prince Charlie o El Joven Pretendiente, con la intención de recuperar el trono británico para la Casa de Estuardo. Tuvo lugar durante la Guerra de sucesión austríaca, cuando el grueso del Ejército británico se encontraba luchando en Europa continental, y fue la última de una serie de rebeliones que habían comenzado en marzo de 1689 y entre las que se contaron las de 1708, 1715 y 1719.
Carlos lanzó la rebelión el 19 de agosto de 1745 en la aldea de Glenfinnan en las Tierras Altas Escocesas, capturando Edimburgo y ganando la Batalla de Prestonpans en septiembre. En un concejo en octubre, los escoceses acordaron invadir Inglaterra cuando Carlos les aseguró que tendrían un apoyo sustancial de parte de los jacobitas ingleses, así como un desembarque simultáneo de tropas francesas en el sur de Inglaterra. Partiendo de esta base, el ejército jacobita entró a Inglaterra a comienzos de noviembre, pero ninguna de las promesas de Carlos se cumplió. Al llegar a Derby el 4 de diciembre, se detuvieron para discutir su estrategia futura.
Discusiones similares habían tenido lugar en Carlisle, Preston y Mánchester, y muchos creían que ya había de hecho ido demasiado lejos. La ruta de invasión había sido elegida de manera que cruzara por áreas que eran consideradas de fuertes simpatías jacobitas, pero el prometido apoyo inglés nunca logró materializarse. Con varios ejércitos gubernamentales en marcha hacia su posición, estaban en desventaja numérica y en peligro de quedarse atrapados. La decisión de retirarse fue apoyada por la inmensa mayoría, pero dio lugar a una grieta irreparable entre Carlos y sus partidarios escoceses. A pesar de una victoria en Falkirk Muir en enero de 1746, la derrota en la batalla de Culloden en abril puso fin a la rebelión. Carlos escapó a Francia, pero fue incapaz de ganar apoyo para otra intentona, y murió en Roma en 1788.
Antecedentes
En 1688, la Revolución Gloriosa reemplazó en el trono a Jacobo II por su hija protestante María y su esposo Guillermo. Como ni María ni su hermana Ana tenían hijos vivos, el Acta de Establecimiento de 1701 excluyó a los católicos de los tronos inglés e irlandés y, después de la Ley de Unión de 1707, del de Gran Bretaña. Cuando Ana ascendió al trono como última soberana de la dinastía de los Estuardo en 1702, su heredera fue la electora protestante Sofía de Hannover, no su medio hermano católico Jacobo III. Pese a que Sofía murió dos meses antes que Ana en agosto de 1714, su hijo fue coronado como Jorge I y el gobierno quedó dominado por los pro hanoverianos Whigs durante los siguientes treinta años. Los jacobitas siguieron siendo importantes en la política británica e irlandesa, pero con objetivos muy diferentes y enfrentados. Los Estuardo eran absolutistas que querían tolerar el catolicismo. Los jacobitas ingleses eran principalmente tories protestantes de la Iglesia de Inglaterra, pero poco fiables, ya que el resentimiento ante la exclusión del gobierno era un aspecto clave de su posición. El hecho de que no se tuviese en cuenta el declive posterior a 1715 de los jacobitas ingleses fue un factor importante en 1745. Los irlandeses jacobitas esperaban el cumplimiento de las promesas hechas por un reacio Jacobo II sobre una Irlanda católica y autónoma y la devolución de las tierras confiscadas por Cromwell. La mayoría de los jacobitas escoceses eran nacionalistas protestantes que se opusieron al gobierno «arbitrario» y que deseaban disolver la Unión. Estas divisiones se hicieron cada vez más visibles en 1745.
La restauración de los Estuardo requería respaldo francés, pero, después del Tratado de Utrecht de 1713, la prioridad era mantener la paz. Los términos de la alianza anglo-francesa de 1716 obligaron a los Estuardo a dejar Francia; se mudaron a Roma, invitados por el papa Benedicto XIV. Como la religión era una objeción clave para los Estuardo, su condición de pensionistas papales se combinaba con el devoto catolicismo personal de Jacobo para hacerlos menos atractivos para sus posibles partidarios; el nacimiento de los hijos de Jacobo, Carlos y Enrique, mantuvo viva la causa, pero las perspectivas de una Restauración parecían remotas. miniaturadeimagen|izquierda|Divisoria tradicional entre Highlands y Lowlands miniaturadeimagen|Luis XV de Francia, enfrentado a los británicos izquierda|miniaturadeimagen|George Murray, destacado jefe jacobita.
Esto cambió por una serie de razones. La fortaleza financiera del Estado francés centralizado había proporcionado una gran ventaja sobre sus rivales, pero se vio amenazada por la expansión del comercio británico a partir del 1713. Si bien los Estuardo eran un instrumento útil para los políticos franceses, la restauración era costosa y era poco probable que cambiase la cuestión de la fortaleza financiera del Reino Unido. Esto hizo que las revueltas existentes, baratas de sostener para Francia, le resultasen más oportunas a esta, pese al gran coste que podía suponer para los escoceses, como señaló el propio Carlos. Como el apoyo tenía que ser barato y los estadistas franceses no apreciaron el costo o la complejidad de las operaciones marítimas, esto dio lugar a una gran cantidad de planificación, pero muy poca acción. En 1739, el conflicto comercial entre España y el Reino Unido precipitó el estallido de la Guerra del Asiento, a la que siguió en 1740-41 el comienzo de la Guerra de Sucesión de Austria. El veterano primer ministro británico Robert Walpole fue obligado a renunciar en febrero de 1742 por una alianza de tories y partidarios de la guerra, los Patriot Whigs, que rápidamente hicieron un trato para mantener a sus socios fuera del gobierno. La ira por esto llevó a los tories menores, entre ellos al duque de Beaufort, a solicitar ayuda francesa para restaurar a Jacobo en el trono británico, mientras que la Asociación escocesa Jacobita hizo una petición similar para devolverle el trono de Escocia y disolver la Unión. El primer ministro francés, el cardenal Fleury, sin embargo, siempre vio las afirmaciones jacobitas con escepticismo y desoyó ambas solicitudes.
Esto cambió cuando Fleury murió en enero de 1743; aunque Gran Bretaña y Francia aún no estaban en guerra, las hostilidades parecían inminentes y, en agosto, Luis XV envió a su maestro de caballos James Butler a Inglaterra para evaluar las perspectivas de los jacobitas. A Butler se le dieron listas de partidarios, incluida una que afirmaba que 190 de los 236 miembros de la poderosa asociación comercial de la Corporación de Londres eran «jacobitas». Cuando Luis preguntó por qué los ingleses necesitaban ayuda si el apoyo era tan generalizado, sus asesores lo atribuyeron a la aversión hacia los extranjeros, y la represión gubernamental. En realidad, era una combinación de ilusión y confusa indiferencia con los hanoverianos y entusiasmo por los Estuardo.
En noviembre, Luis notificó a su tío Felipe V de España y a Jacobo su decisión de emprender una invasión cruzando el Canal de la Mancha en febrero. Se aprestaron doce mil soldados en Dunkerque; cuando las fuerzas navales francesas hubiesen alejado a la Royal Navy del Canal, las tropas abordarían los transportes y desembarcarían cerca de Londres. Como el éxito dependía de la velocidad y la sorpresa, Jacobo permaneció en Roma, mientras Carlos viajaba en secreto a Gravelinas, en Francia, para unirse a la invasión.
Los planes se frustraron: el proyecto se filtró y la flota británica se negó a perseguir a la escuadra francesa que zarpó de Brest el 26 de enero. Las tormentas luego hundieron doce barcos franceses y dañaron gravemente los transportes, mientras que el Gobierno británico arrestó a un gran número de jacobitas sospechosos. A fines de marzo, Luis anuló la invasión, declaró la guerra al Reino Unido en octubre y se centró en las campañas en el continente.
Carlos llegó a París para pedir un plan alternativo para Escocia, y allí conoció a Murray de Broughton en agosto de 1744. Más tarde, Murray afirmó que le aconsejó no hacerlo, pero Carlos afirmó que estaba «decidido a marchar el verano siguiente... aunque fuera con un solo lacayo». Al escuchar esto, los escoceses jacobitas reiteraron su oposición a un levantamiento sin el apoyo militar francés, pero Carlos apostó una vez más a que los franceses tendrían que respaldarlo.
Carlos en Escocia miniaturadeimagen|Royal Standard of Scotland Carlos pasó los primeros meses de 1745 comprando armas, mientras que la victoria en la batalla de Fontenoy en abril de 1745 animó al Gobierno francés a proporcionarle un apoyo armado a su causa y persona, aunque fue limitado, apoyo que comprendió a 700 voluntarios del Regimiento du Claire de la Brigada irlandesa, que era parte del ejército francés, y dos naves de transporte: una de las cuales era la Elizabeth, de gran capacidad de carga, un buque de guerra de 64 cañones, capturado de los británicos en 1704 y el buque privado que fue adaptado para contar con 16 cañones: el Du Teillay. miniaturadeimagen|Batalla de Prestonpans
A principios de julio de 1745, Carlos abordó el Du Teillay en Saint-Nazaire acompañado de siete de sus partidarios, más tarde conocidos como los Hombres de Moidart. El más destacado de ellos era John O'Sullivan, un exiliado irlandés y ex oficial del ejército francés que actuó como su asesor principal.
Después, el 15 de julio de 1745, luego de unirrse con el Elizabeth, las dos naves partieron para las Islas Occidentales, pero fueron interceptadas a los 4 días de travesía por el buque de guerra británico HMS Lion, con lo cual se desarrolló una batalla de 4 hora, el enfrentamiento fue tan violento que dejó tanto al Lion como al Elizabeth tan gravemente dañados que tuvieron que regresar a puerto.
Este fue un gran revés para los jacobitas, ya que el Elizabeth llevaba la mayoría de las armas y a los voluntarios irlandeses, pese a esto el Du Teillay continuó la travesía y Carlos desembarcó en Eriskay el 23 de julio de 1745.
izquierda|miniaturadeimagen|El príncipe Guillermo Augusto, duque de Cumberland
miniaturadeimagen|Carlos Estuardo, ícono romántico; de Una Historia de Escocia de H. E. Marshall publicada en 1907 miniaturadeimagen|El monumento Glenfinnan, erigido en 1814 para conmemorar la rebelión Su recepción fue poco alentadora ya que no se produjo el apoyo que se suponía que existía entre la mayoría de los habitantes, e incluso entre sus partidarios. En este sentido los jefes de los clanes MacLeod y Mac Donald aconsejaron a Carlos que volviera a Francia, pero luego el poderoso e influyente Donald Cameron de Lochiel convenció a dichos jefes para que se uniesen al pretendiente. Con ellos, Carlos reunió una fuerza de aproximadamente 1,000 hombres y el 19 de agosto de 1745 se proclamó la rebelión izando el estandarte real en Glenfinnan. Los jacobitas partieron luego hacia Edimburgo; alcanzaron Perth el 4 de septiembre de 1745, donde se les unieron más simpatizantes. Entre estos se contaba lord George Murray, un soldado veterano previamente indultado por el Gobierno por su participación en los levantamientos de 1715 y 1719. Murray sustituyó a O'Sullivan como jefe del ejército jacobita en virtud de su mejor comprensión de la cultura militar de las Tierras Altas y pasó la semana siguiente reorganizándolo. El representante del Gobierno en Escocia, el lord presidente Duncan Forbes, recibió la confirmación del desembarco el 9 de agosto de 1745, que remitió a Londres. Su jefe militar, sir John Cope, apenas contaba con 3,000 reclutas, en su mayoría bisoños, por lo que poco pudieron hacer al comienzo los representantes británicos para sofocar la rebelión. Forbes confió en sus relaciones personales para conservar la fidelidad de la población y, aunque fracasó con Lochiel, Murray y lord Lovat, muchos otros notables no se unieron a la rebelión como resultado de sus esfuerzos.