La microeconomía es una rama de la teoría económica que estudia el comportamiento de los agentes económicos individuales, como los consumidores, las empresas, los trabajadores y los inversores, así como su interacción en los mercados. Analiza las decisiones que cada agente toma para alcanzar determinados objetivos y cómo dichas decisiones afectan la oferta y demanda de bienes y servicios, la producción, la fijación de precios y el equilibrio del mercado.
Los elementos fundamentales del análisis microeconómico incluyen los bienes, los precios, los mercados y los agentes económicos.
En contraposición, la macroeconomía se ocupa del estudio global de la economía, analizando las variables agregadas como el producto total de bienes y servicios, el nivel de empleo, la balanza de pagos, el tipo de cambio y el comportamiento general de los precios.
Distinción entre Microeconomía y Macroeconomía
La diferencia entre microeconomía y macroeconomía fue introducida en 1933 por el economista noruego Ragnar Frisch, co-receptor del primer Premio Nobel de Ciencias Económicas en 1969. Sin embargo, Frisch en realidad no usó la palabra "microeconomía", sino que hizo distinciones entre análisis "micro-dinámico" y "macro-dinámico" de una manera similar a como se usan hoy en día las palabras "microeconomía" y "macroeconomía". El primer uso conocido del término en un artículo publicado fue Pieter de Wolff en 1941, quien amplió el término "micro-dinámica" a "microeconomía".
Ramas thumb|right|240px|El modelo de oferta y demanda describe como varían los precios según el balance entre disponibilidad del producto a diferentes precios (oferta) y los deseos de aquellos con poder adquisitivo según el precio (demanda). La gráfica muestra un desplazamiento a la derecha de D1 a D2 con el correspondiente incremento en el precio y en la cantidad requerida para alcanzar un nuevo punto de equilibrio en el mercado en la curva de oferta (S). La microeconomía tiene varias ramas de desarrollo de las cuales destacan el equilibrio parcial, el equilibrio general y el equilibrio de Nash para entender los problemas del consumidor y del productor en mercados de bienes y servicios.
Estas ramas o subdisciplinas no pueden considerarse enteramente separadas porque los resultados de unos aspectos influyen sobre los otros (en particular la teoría del equilibrio general habla de la interacción entre ellas). Por ejemplo, las empresas no solo ofertan bienes y servicios, sino que también demandan bienes y servicios para poder producir los suyos. La microeconomía propone modelos matemáticos que desarrollan ciertos supuestos sobre el comportamiento de los agentes económicos, las conclusiones a la que se llegue usando esos modelos solo será válida, en tanto en cuanto, se cumplan los supuestos, cosa que ocurre rara vez, especialmente si se trata de supuestos muy fuertes o restrictivos.
Una de las incorporaciones más importantes al estudio de la microeconomía es el equilibrio de Nash, como concepto de solución a los juegos planteados. La teoría de juegos es una teoría matemática que estudia el comportamiento de varios agentes cuando las decisiones tomadas por cada uno influyen en las decisiones de los otros.
A pesar de los éxitos de teoría microeconómica neoclásica en el entendimiento de algunos de nuestros problemas económicos, no los comprende todos porque en estos modelos están prácticamente ausentes las relaciones institucionales de las sociedades, más allá de los mercados de bienes y servicios. Al valorar sus alcances y límites, se podría decir que la teoría neoclásica es como el primer polinomio de Taylor, es una primera aproximación, valiosa pero insuficiente. Hay esperanzas de que los avances recientes en "microeconomía institucional" y "microeconomía de economías complejas" proporcionen una mejor comprensión sobre el rol de las instituciones, la evolución y el aprendizaje en el comportamiento de los agentes dentro y fuera de los mercados.
Teoría del consumidor
En lo que sigue y, a menos que luego se diga lo contrario, todo lo dicho se referirá a la teoría del consumidor a la teoría neoclásica dominante. La teoría del consumidor neoclásica parte de unas preferencias que tiene un individuo. Con base en ellas el consumidor realizará una elección racional entre los bienes disponibles y los que puede adquirir con el presupuesto que tiene.
Preferencias del consumidor
Los consumidores tienen preferencias sobre los bienes y servicios, esto es, dadas cestas de bienes (conjuntos de bienes y servicios que un individuo consume. en las que, de cada tipo de bien puede ser cero, uno u otra cantidad de bienes, incluso una cantidad no entera), si le dieran a escoger entre dos cestas, un consumidor preferirá una sobre la otra (también puede ser indiferente entre ellas).
Se supone entonces, que para la mayoría de los consumidores habrá unas preferencias que podrían manifestar para cualquier conjunto de cestas que se les presentara. Cada individuo tendrá sus preferencias y no tendrían por qué coincidir con las de otro sujeto, aunque pudiera ser así. Sin embargo, se espera que para la mayoría de los consumidores esas preferencias sí que tengan unas propiedades comunes. La teoría de la conducta del consumidor se basa en estos supuestos o propiedades básicas de las preferencias de los individuos por una cesta frente a otra, que se exponen. De manera que si estas condiciones no se cumpliesen, las conclusiones extraídas en la teoría del consumidor no serían plenamente válidas. Estas propiedades serían:
Completitud: el consumidor podría clasificar todo los tipos de cestas, es decir todos los conjuntos de indiferencia no tienen fisuras. Universalidad: Dado cualquier par de cestas imaginable en una economía, un consumidor siempre podría decir si prefiere una cesta a otra. Nótese que es posible también que no pueda considerar a una cesta realmente mejor que la otra, pero se espera que pueda decir que una cesta es al menos tan buena como la otra. Es decir, no se necesitará que la preferencia sea siempre estricta, sino que dadas cualquiera dos cestas, el consumidor pueda siempre decir, o bien que lo mismo le da la una que la otra, o que considera una de las dos mejor que la otra. Transitividad: Generalmente, si un consumidor prefiere la cesta A a la cesta B, y la cesta B a la C, también debería preferir la cesta A a la C. Monotonicidad o cuanto más, mejor: Si una cesta A tiene los mismos bienes que otra cesta B, y alguno más, o bien mayor cantidad de alguno de ellos, entonces A se prefiere o se considera al menos tan buena como B. En consecuencia, los consumidores siempre prefieren una cantidad mayor de cualquier bien a una menor. Convexidad: Se espera, aunque este supuesto es algo restrictivo, que dadas dos cestas A y B de bienes, se prefiera a ambas una cesta C que fuera una combinación convexa de ambas. Es decir, una cesta que se compusiera en un porcentaje de las cantidades de cada uno de los bienes presentes en A y en el resto del porcentaje (hasta completar el 100%) de las cantidades de los bienes de B. Este supuesto está relacionado con el principio de utilidad marginal decreciente.
Restricción presupuestaria
Teniendo en cuenta que los bienes tienen precios, y considerando estos datos, está claro que un consumidor no puede conseguir trivialmente la cesta que prefiera de entre todas las posibles. Si tenemos en cuenta además de los precios de los bienes la renta disponible del consumidor, tenemos lo que se llama la restricción presupuestaria. Esta es la que nos indica qué cestas de bienes son las que el consumidor puede elegir y conseguir, teniendo en cuenta el dinero de que dispone y los precios del mercado. La misión del consumidor será entonces conseguir de entre todas esas cestas aquella que prefiera a todas las demás (o alguna de las cestas que considere son al menos tan buenas como todas las demás). Encontrar esto es lo que se llama maximización del consumidor. Generalmente, es habitual que la cesta elegida del consumidor se encuentre en la frontera de la restricción presupuestaria, es decir, que sea una cesta cuyo valor (multiplicando los precios de los bienes por las cantidades de estos en la cesta) sea exactamente igual a la renta disponible del consumidor. Por tanto, el consumidor siempre elegirá la cesta que le proporcione la máxima utilidad, la que le produzca el mayor bienestar posible.
Función de utilidad
Una forma de representar las preferencias, cuando éstas tienen las propiedades adecuadas, es mediante lo que se llama una función de utilidad. En este caso, las canastas de bienes se pueden representar también como vectores numéricos, donde cada componente del vector nos dice qué cantidad de cada bien hay en esa cesta. Introduciendo dos vectores de bienes en una misma función de utilidad y viendo qué números nos devuelve esta, es posible ver si una canasta es preferida a la otra o considerada como igual a la otra desde el punto de vista del consumidor. Entonces, el problema del consumidor podría considerarse como el problema matemático de maximizar una función matemática (a menudo de varias variables), que sería la función de utilidad, dentro del conjunto representado matemáticamente por todas las canastas de bienes (vectores) que cumplieran la restricción presupuestaria, esto es, que su valor (resultado de multiplicar el vector de bienes de la canasta por el vector de los precios correspondientes) fuera igual o menor que el valor de la renta disponible.
Nótese que la función de utilidad se considera una función monótona creciente de los bienes, pero que su valor es puramente ordinal, esto es, sirve para ordenar canastas , pero no para decir cuánto es mejor una canasta que otra, esto es, no es una función cardinal. De hecho, pueden usarse distintas funciones de utilidad para representar unas mismas preferencias, y al resolver el problema de maximización todas darían el mismo resultado.
Curvas de indiferencia
Otra cuestión de importancia en el estudio de la teoría del consumidor son las llamadas curvas de indiferencia. Una curva de indiferencia representaría a todas las cestas que para una función de utilidad dada tienen el mismo valor.
La principal utilización de las curvas de indiferencia es encontrar los puntos de maximización de la utilidad al superponerlas con las restricciones presupuestarias del consumidor, que define los puntos al alcance de cada individuo dependiendo de su disponibilidad en unidades monetarias.
Por otro lado la relación marginal de sustitución nos informa de cuanto es capaz de intercambiar un consumidor de un bien por otro de manera que su utilidad se mantenga igual.
Tipos de bienes
Se puede estudiar cómo cambian las soluciones al problema del consumidor cuando cambian los parámetros de la función de utilidad o bien cambian los precios o la renta disponible del consumidor. Por ejemplo, si cambia el precio de uno de los bienes, el cambio en la pendiente de la restricción presupuestaria llevará a cambiar de cesta de bienes escogida, en la que el bien cuyo precio ha cambiado, también cambiará en cantidad (y posiblemente las de otros de los bienes también cambien). Según el efecto que se produzca, se puede clasificar a los bienes. Así, normalmente los bienes disminuyen en cantidad demandada cuando aumenta su precio, aunque existen excepciones a esto, en las que aumentan (llamados bienes giffen). Lo que hace que un bien cambie es la suma de dos efectos, el efecto renta y el efecto sustitución.