Las guerras romano-etruscas fueron una serie de guerras libradas entre la antigua Roma (durante el periodo tanto de monarquía como de república) y los etruscos, desde los primeros años de la historia de Roma. La información sobre muchas de estas guerras es muy limitada, particularmente sobre las sucedidas durante los primeros años de Roma, y en gran medida solo existe información proveniente de textos antiguos.
Antes de la fundación de Roma
Según el mito de la fundación de Roma que explica Tito Livio, los etruscos, liderados por Mecencio y aliados con el rey Turno de los rútulos, atacaron a los latinos y a los troyanos exiliados, que estaban liderados por Latino y Eneas, respectivamente. Los latinos y los troyanos resultaron vencedores, y Turno murió en combate. La paz consiguiente estableció las bases según las cuales el río Tíber sería la frontera común entre los etruscos y los latinos.
Fidenas y Veyes Primera guerra contra Fidenas y Veyes
El Marte de Todi, escultura de bronce a escala real de un soldado realizando una ofrenda votiva (final del s. a. C. - comienzos del s. a. C.)|thumb
En el siglo a. C., durante el reinado de Rómulo, el primer rey de Roma, la ciudad etrusca de Fidenas decidió atacar Roma para evitar que se convirtiera en una futura amenaza e inició el saqueo de su territorio. Para contraatacar, Rómulo marchó contra Fidenas y acampó en su frente. Preparó una emboscada en las cercanías de la ciudad y envió una buena parte del ejército a las puertas de Fidenas para hacer salir a los soldados enemigos. Ante el aparente desorden de las filas romanas, las tropas de Fidenas salieron a su encuentro y cayeron en la emboscada. Las fuerzas de Rómulo presionaron al ejército de la ciudad hasta las mismas puertas; la proximidad de los romanos impidió a Fidenas cerrarlas, lo que Roma aprovechó para ocuparla.
Los habitantes de Veyes se preocuparon por la situación desencadenada en Fidenas, tanto por su proximidad a Veyes como por su relación de consanguinidad con la gente de Fidenas, que también eran etruscos, motivo por el cual iniciaron una incursión en el territorio romano. Tras saquearlo, volvieron a Veyes con el botín conseguido. En ese momento, Rómulo y el ejército romano marcharon hasta las puertas de la ciudad etrusca y combatieron al ejército de Veyes delante de las murallas de la ciudad. Los romanos lograron la victoria y obligaron a sus habitantes a recluirse en la ciudad. Como en aquel momento los romanos no tenían la fuerza suficiente para asediar la ciudad, decidieron arrasar su territorio. Los habitantes de Veyes intentaron negociar y finalmente se acordó un tratado de paz que debía durar cien años, que también incluyó la cesión de ciertos territorios a los romanos. En la segunda guerra contra Fidenas y Veyes, durante el siglo a. C., Livio describe Fidenas como una colonia romana.
Segunda guerra contra Fidenas y Veyes
En el siglo a. C., durante el reinado del tercer rey de Roma, Tulo Hostilio, las tropas de Fidenas y Veyes volvieron a marchar contra Roma. Según Livio, fueron incitados a la guerra por Mecio Fufecio, rey de Alba Longa, el cual había sido derrotado anteriormente por Roma y se había convertido en su vasallo.
Fidenas se rebeló abiertamente contra Roma. Tulo hizo venir a Mecio y su ejército desde Alba Longa y, junto con el ejército romano, se dirigieron hacia la ciudad etrusca. El ejército combinado de romanos y albanos cruzó el Aniene y acampó cerca de la confluencia entre este río y el Tíber. El ejército de Veyes, mientras tanto, también cruzó el Tíber y, junto con el de Fidenas, formó una línea de batalla cerca del río; las tropas de Veyes situadas junto al río, y las de Fidenas al borde de las montañas. El ejército albano-romano se situó frente a ellos: los romanos ante el ejército de Veyes, y los albanos ante el de Fidenas.
Cuando comenzó la batalla, sin embargo, Mecio y los albanos comenzaron a desplazarse hacia las montañas, con la intención de desertar. Tulio habló con sus soldados, asegurándoles que el movimiento de los albanos estaba motivado por órdenes precisas suyas. Las tropas de Fidenas, que ya era una colonia romana, entendían el latín, por lo que comprendieron lo que Tulio le dijo a sus soldados y tuvieron miedo de que el ejército de Alba Longa cargara después desde las montañas por la retaguardia. Según Livio, abandonaron el campo de batalla y los romanos se dirigieron contra las tropas de Veyes.
Guerra contra Veyes y los etruscos
En el siglo a. C., según Livio, el sexto rey de Roma, Servio Tulio, fue a la guerra contra Veyes, después de que expirara una tregua anterior, y contra los etruscos. De este conflicto se sabe muy poco, excepto que el rey era reconocido por su valor y su buena suerte, que se enfrentó a un gran ejército formado por tropas etruscas y de Veyes, y que la guerra le ayudó a fundamentar su posición en Roma, en donde no hacía mucho que reinaba. Según los fasti triunfales, Servio celebró tres triunfos sobre los etruscos, incluyendo uno del 25 de noviembre del 571 a. C. y otro del 25 de mayo del 567 a. C.
Livio escribe que durante el reinado de su sucesor, Tarquinio el Soberbio, Roma renovó el tratado con los etruscos. Se desconoce cuál fue el tratado de paz anterior que se renovó.
Roma contra Tarquinia
Guerra contra Veyes y Tarquinia (509 a. C.)
En el 509 a. C. la monarquía romana fue derrocada y comenzó la República romana, que ese mismo año elegiría a sus primeros cónsules. El rey depuesto, Tarquinio el Soberbio, cuya familia provenía de Tarquinia, en Etruria, consiguió el apoyo de las ciudades de Veyes y Tarquinia, recordándoles a los primeros sus derrotas militares pasadas y las tierras perdidas ante Roma, sin olvidar sus lazos familiares. Los ejércitos de ambas ciudades siguieron a Tarquinio en la batalla, pero fueron derrotados por el ejército romano en la batalla de la Selva Arsia. El cónsul Valerio se apoderó de un gran botín proveniente de los etruscos derrotados y volvió a Roma, donde celebró su triunfo el 1 de marzo del 509 a. C.
Livio escribe que más tarde, ese mismo año, Valerio volvió a luchar con el ejército de Veyes. No se puede precisar si este combate fue una continuación de la batalla de la selva Arsia o bien fue una disputa diferente. Tampoco se sabe cuándo tuvo lugar esta disputa.
Guerra contra Clusium (508 a. C.)
Plano animado de la batalla|350px|thumb
Tarquinio, incapaz de recuperar el trono utilizando las tropas de Tarquinia y Veyes, solicitó en el 508 a. C la colaboración de Lars Porsena, rey de la ciudad etrusca de Clusium. En ese momento Clusium era una de las ciudades más importantes del mundo etrusco.
El Senado romano se enteró de la aproximación del ejército de Porsena y temió por la posibilidad de que el pueblo de Roma se asustara y permitiera la entrada de los enemigos en la ciudad. Según esto, el Senado tomó una serie de medidas para fortalecer la resolución del pueblo llano, que incluían la compra de grano a Volscos y a Cumas, nacionalización de las licencias para la venta de sal y eximió a las clases más bajas de pagar impuestos y obligaciones aduaneras en el puerto. Estas medidas tuvieron el éxito esperado, y la moral del pueblo se volvió contra el enemigo.
Porsena y su ejército atacaron Roma. Mientras sus tropas se dirigían hacia el puente Sublicio, uno de los pasos sobre el Tíber que permitía entrar en la ciudad, Horacio Cocles cruzó la construcción para retrasar al enemigo y permitir a los romanos destruir el puente. Allí se unieron Tito Herminio Aquilino y Espurio Larcio. Herminio y Larcio se retiraron cuando el puente ya estaba prácticamente destruido. Horacio esperó hasta que el puente cayera, y luego atravesó el río nadando bajo el fuego enemigo. Se erigió una estatua en honor a Horacio en el Comitium, y además el mítico héroe fue obsequiado con tierras pagadas por el estado y otros reconocimientos individuales.
Como el ataque no había salido tal como se esperaba, Porsena decidió sitiar la ciudad. Dispuso una tropa en el Janículo para bloquear el transporte fluvial y envió partidas para saquear los campos que rodeaban la ciudad.
Durante el asedio, el cónsul Valerio Publícola consiguió eliminar un grupo del ejército de Clusium con un rebaño de ganado que hizo salir por la puerta Esquilina. Se ordenó a Tito Herminio que esperara en la vía Gabinia, a dos millas de Roma; Espurio Larcio dirigía un grupo al interior de la puerta Colina; el cónsul Tito Lucrecio Triciptino esperaba con más tropas en la puerta Nevia; mientras que el mismo Valerio dirigía un destacamento que tenía que bajar por Celio. La emboscada salió como se esperaba y el destacamento clusio fue aniquilado.
El asedio, sin embargo, continuó. Tras la aprobación del Senado, un joven romano llamado Mucio Escévola entró de incógnito en el campamento etrusco, con el objetivo de asesinar a Porsena. Sin embargo, cuando Mucio estaba cerca del rey, no pudo diferenciarlo de su secretario, a quien mató en lugar del monarca. Mucio fue capturado por los etruscos, quienes lo llevaron ante Porsena. El joven romano declaró su identidad y cuál era el objetivo de la entrada al campamento. Alegó que él solo era el primero de trescientos jóvenes romanos enviados para poner fin a la vida del rey. Para demostrar su valor, Mucio puso la mano en una de las hogueras del campamento etrusco, lo que le valió desde entonces, para él mismo y sus descendientes, el apellido de Scaevola (manco). Mucio también se ganó tierras estatales al margen derecho del Tíber, una zona que posteriormente sería conocida como la Mucio Prata ("prados de Mucio"). Porsena, sorprendido por la valentía del joven, lo liberó del campamento para que pudiera regresar a Roma.
Representación del siglo XVI de Clelia|thumb
En este punto, según Livio, Porsena envió embajadores a Roma para ofrecer un tratado de paz. Porsena pedía que Tarquinio fuera restaurado en el trono de Roma, pero los romanos se negaron. Sin embargo, los romanos aceptaron devolver a Veyes las tierras que habían ocupado durante las guerras anteriores, así como la entrega de algunos rehenes romanos, a cambio de la retirada de las tropas etrusca situadas en el Janículo.
Así se acordó firmar la paz y se enviaron varios rehenes a Porsena. Uno de estos rehenes fue una chica joven llamada Clelia, que, al frente de un grupo de vírgenes romanas, abandonó el campamento etrusco y volvió a Roma. Cuando Porsena pidió que fuera devuelta, los romanos se la volvieron a enviar. Cuando llegó, sin embargo, sorprendido por la valentía de la joven, el rey etrusco le permitió escoger entre todos los rehenes la mitad que sería liberada. Entonces Clelia escogió a los chicos jóvenes, que volvieron a Roma. Por este motivo Roma honró a Clelia con una estatua en lo alto de la vía Sacra, montada a caballo, como un équites, honor muy poco habitual para una mujer romana.
Livio explica que, aunque durante su época, las subastas públicas de bienes en Roma, se referían tradicionalmente como ventas de bienes del rey Porsena, esto se asociaba de alguna manera con la guerra contra Clusium. Concluye que, probablemente, este hecho estaba relacionado con la retirada de Porsena de Roma, cuando dejó sus provisiones atrás como un obsequio para la ciudad.
Livio también escribe que, tras la guerra, varios soldados etruscos volvieron a Roma buscando refugio tras la guerra entre Clusium y Aricia, y que muchos de estos etruscos se habían establecido en Roma, donde se les garantizó un espacio para vivir, que pasó a conocerse como el Vicus Tuscus.