miniatura|Escudo de Salvatierra
La historia de Salvatierra, en la provincia de Álava, puede darse por iniciada en el , cuando existen testimonios que acreditaban la existencia en su actual emplazamiento de una pequeña aldea denominada Agurain. Dos siglos después, en 1256, Alfonso X el Sabio reconoció su condición de villa y le otorgó el fuero de Vitoria. A pesar de las promesas de los reyes subsiguientes de no enajenarla del patrimonio real, en 1384 Juan I concedió la villa al canciller Ayala, con el título de condado. A partir de allí Salvatierra se vio enfrentada constantemente con los habitantes de las aldeas aledañas de su jurisdicción por cuestiones de contribuciones, aprovechamientos de pastos etc., autonomía administrativa etc. En la Baja Edad Media tampoco faltaron conflictos con la casa de Ayala a la que estaba sometida (el levantamiento de 1433 es una prueba de ello), pero éstos alcanzaron mayores cotas de tensión a comienzos de la Edad Moderna, cuando amplios sectores de la villa se mostraron disconformes con las intervenciones del conde Pedro de Ayala en la vida concejil y sus abusos en el plano fiscal. Pese a los números pleitos impulsados por Salvatierra, uno de los cuales contemplaba su incorporación al realengo, el señor de Ayala pudo salir victorioso en casi todos ellos, aunque con un costo político evidente.
Durante la guerra de las Comunidades de Castilla, en 1520 y 1521, el concejo de Salvatierra declinó todos los requerimientos del conde rebelde para que se uniese a su causa, prefiriendo ponerse firmemente del lado del rey y las autoridades provinciales. Tras la derrota de Pedro de Ayala y el fin de la revuelta comunera, Carlos I premió la fidelidad de la villa incorporándola al patrimonio real y confirmando sus antiguos privilegios. En 1532 fue modificado su sistema de elección de oficiales concejiles para dar paso a uno más directo, y en 1538 se redactó un nuevo cuaderno de ordenanzas municipales.
Los resultados electorales de Salvatierra durante la Segunda República Española, entre 1931 y 1936, dan cuenta de las vicisitudes políticas del país. Salvatierra siempre tomó parte en el proceso del Estatuto Vasco, asistiendo a todas las asambleas convocadas por Gestoras y ayuntamientos y mostrándose como uno de los municipios alaveses más autonomistas. En 1934, en el marco del conflicto con el gobierno central por el desgravamen del vino, envió representantes a las dos asambleas enfrentadas (la de Bilbao y la de Vitoria), y dos de los oficiales de su ayuntamiento renunciaron como medio de protesta ante las presiones del gobierno republicano.
Durante la guerra civil española, transcurrida entre 1936 y 1939, Salvatierra estuvo desde el principio dominada por el bando de los militares sublevados al gobierno republicano, aunque mayormente no tuvieron lugar ejecuciones en ella debido a la disposición mostrada por el alcalde Julián Ibáñez para evitarlas. El gobierno local, mientras tanto, estuvo en manos de dicho alcalde y de la denominada "Gestora Municipal".
Edad Antigua thumb|250px|right|Dolmen de Sorguineche, en Arrizala. Desde los tiempos más remotos Salvatierra fue una encrucijada de caminos, como lo demuestra el dolmen de Sorguineche, en Arrizala, situado al pie de una de las vías de trashumancia ganadera de hace cinco mil años, utilizada aún en la actualidad, entre los pastos estivales de la sierra y los invernales del llano. Antes no había habido una población estable, solo cazadores procedentes de asentamientos más al norte, que establecían sus abrigos de caza en las cuevas de la ladera meridional de la sierra de Araz. Luego los pastores del Neolítico y del Calcolítico empezaron a desbrozar el bosque para obtener pastos de invierno y zonas de cultivo.
En un lugar habitado desde hace tanto tiempo como el cerro de Agurain, sobre el que se han sucedido distintas poblaciones, cuyas edificaciones han cavado sus cimientos sobre los escombros de las villas anteriores, que ha sufrido guerras, catástrofes naturales, incendios y otras calamidades, se torna difícil encontrar vestigios de sus primeros pobladores.
No obstante, a través de una extrapolación teórica de otros lugares similares del entorno —el cerro de Henayo, en Dulanci; el de Santa Lucía, en Gebara; el de Olarizu, en Vitoria; o el de Oro, en Zuya—, se ha determinado que el otero de Aguráin resultaría un lugar idóneo para el asentamiento de una población de las edades del bronce y del hierro. Según esa suposición, los romanos cuando llegaron a esta tierra, a principios del antes de Cristo, se encontraron con un pequeño poblado, cuyo nombre se desconoce, enclavado en torno al punto más alto, donde hoy se encuentra el Ayuntamiento. Sus habitantes pertenecerían a la tribu de los bárdulos.
Recientemente han aparecido en la ermita de San Martín unas lápidas romanas con inscripciones y dibujos solares que podrían datar del .
Edad Media El que la calzada Iter XXXIV ab Asturica Burdigalam pasara precisamente por Salvatierra da una idea de su importancia estratégica. Tras la caída del imperio romano, por Laua discurría la frontera entre el Ducado de Vasconia y la Hispania visigoda, sustituida en 756 por el emirato de Córdoba. Sin embargo, la comarca ahora alavesa pasó a formar parte del Reino de Pamplona a partir de 824 hasta 1200, cuando Alfonso VIII de Castilla conquistó y anexionó a su corona los entonces territorios navarros occidentales. En el año 1025 el nombre "Hagurahin" aparece citado por primera vez en el Cartulario de San Millán de Cogolla cuando la aldea comienza a contribuir al dicho monasterio.
left|thumb|Imagen de Alfonso X el Sabio, que convirtió a Salvatierra en villa concediendole su fuero en 1256.
Su sucesor, Alfonso X, concedió el fuero el 23 de enero de 1256, dándole a Aguráin el nombre de Salvatierra, así como los mismos derechos que Vitoria. Entre este año y los dos siguientes las aldeas de Alangua, Arrizala, Eguileor, Opacua, Ula, Sallurtegui, y Lequedana se vieron incorporadas a su jurisdicción. En 1259 se inició la construcción de la muralla, la cual para que pudiese ser concluida con rapidez el monarca Sancho IV dispensó a la villa, en abril de 1286, del pago de impuestos a la Corona. Tres años después, en 1289, las aldeas Ocariz y Munain se avecindaron en Salvatierra para protegerse de las vejámenes que sufrían de los caballeros de la región.
Posteriormente, en 1367, en el contexto de la guerra de los Cien Años y de la guerra entre el rey de Castilla Pedro I y su hermano bastardo Enrique de Trastámara, Álava retornó al Reino de Navarra durante cuatro años. Tras una segunda conquista por parte del nuevo rey Enrique II, Salvatierra volvió al Reino de Castilla con la promesa de que nunca dejaría de pertenecerle, ratificándolo así en las Cortes de Burgos de 1379. Pero esta circunstancia fue incumplida por su sucesor Juan I, ya que en 1384 donó la villa al señorío del canciller Pedro López de Ayala con el título, heredable, de condado.
thumb|right|240px|Grabado de Pedro López de Ayala, primer conde de Salvatierra.
Pocos años después, el 24 de julio de 1395, los vecinos de Salvatierra fueron autorizados por un alcalde ordinario a pagar peaje al alcaide del castillo de San Adrián solamente por el ganado vacuno que pasaran por la citada fortaleza, quedando exento el resto. La sentencia fue confirmada luego por la monarquía en enero de 1408. Ese mismo año de 1395 el rey Enrique III concedió a Salvatierra el privilegio de celebrar una feria en octubre. En 1457 la villa se incorporó a la Hermandad de Álava, designando a miembros de su élite social como procuradores en las juntas provinciales de hermandad.
Levantamiento de 1443 A fines del representantes de las familias Paternina y Zuazo, linajes hidalgos procedentes del medio rural, estaban establecidos en Salvatierra participando activamente en los distintos oficios municipales. En 1439 Martín Martínez de Paternina y Ospina Chacón tomaron parte en la recaudación de la renta de diezmos y aduanas en la villa y su jurisdicción.
En 1443 ambas familias se enfrentaron a raíz de un importante levantamiento antiseñorial ocurrido en la villa. Según consta, varios vecinos (entre los que se encontraban algunas personalidades importantes), apoyados por las aldeas del alfoz y la Hermandad de Álava, se alzaron contra el mariscal Ayala, que en esos momentos se hallaba en la ciudad, forzándolos a él y a sus servidores a refugiarse en la Iglesia de Santa María. Finalmente, el orden pudo ser restablecido en Salvatierra gracias a la ayuda de otros caballeros de la comarca, como lo eran el conde de Haro y Pedro de Avendaño. La represión recayó sobre los vencidos: se sucedieron ahorcamientos y degollamientos entre los sublevados; otros perdieron sus bienes o huyeron a Navarra o Guipúzcoa por miedo a las represalias del conde.
Se ha dicho más arriba que las familias Zuazo y Paternina se vieron enfrentadas ya que, si bien la revuelta tenía como causa principal los abusos de su señor, escondía además otros intereses: los representantes de la familia Zuazo consideraban que el conde de Salvatierra no beneficiaba más que a los de la familia Paternina, olvidándose de ellos y de los Arrain. Los primeros (los Zuazo), entonces, se sumaron a la revuelta, mientras que los segundos (los Paternina) permanecieron fieles a la autoridad señorial. Después de 1443 se verifica un reforzamiento de la posición en la villa de la familia Paternina, con la consiguiente caída en desgracia de los Zuazo. No obstante, esta situación vendría a invertirse a finales de siglo.
Organización municipal thumb|250px|Ayuntamiento y antigua iglesia de San Martín. Desde finales del y durante casi todo el , las sesiones concejiles de Salvatierra (celebradas o en el pórtico o en la cámara de la iglesia de San Martín) fueron de carácter abierto, es decir pudieron asistir libremente a ellas los vecinos de la villa. En la primera mitad del , cuatro regidores se sumaron al organigrama municipal compuesto por un alcalde ordinario, algunos jurados, y un procurador. Sin embargo, a finales del siglo, los Reyes Católicos dictaron un nuevo ordenamiento por el cual el concejo de Salvatierra pasaba a ser cerrado y estar constituido por dos regidores, un alcalde ordinario, un procurador síndico y cuatro diputados. Lo cierto es que esta modificación no fue acogida favorablemente por todos los vecinos de Salvatierra, pero los monarcas la justificaron alegando las dificultades que acarreaban, desde el punto de vista de la monarquía, el sistema de concejo abierto:
Conflictos con los vecinos aldeanos La propia villa de Salvatierra se vio, a lo largo de los siglos y , enfrentada a las aldeas de su jurisdicción principalmente por tres cuestiones: la de la sisa del vino, la del aprovechamiento de los pastos, montes y dehesas, y la de la autonomía jurídica.
Sisa del vino Durante el reinado de Enrique II los hidalgos de la Junta de San Millán se negaron a contribuir al pago de la sisa del vino impuesto por el concejo salvaterrano, pero la oposición no triunfó y en 1377 se dio sentencia favorable a la villa. Esto no significó el fin del conflicto. En 1498 el procurador de los hidalgos apeló ante el Consejo Real y logró su propósito. Inmediatamente la villa de Salvatierra se dirigió a los Reyes Católicos dándoles a conocer la sentencia de 1377. Esto fue suficiente para ellos, que en 1499 ordenaron a los hidalgos a contribuir en la sisa del vino, aunque con ciertas modificaciones favorables a estos últimos.
Aprovechamiento de pastos, montes y dehesas